Sergio
Un año y medio más tarde
Dicen que la preparación es clave. Mi papá tenía razón tal vez a los veinte no se está suficientemente listo o consciente para ser presidente de nada, pero, en este tiempo he sido un empresario, inversor financiero, mejor amigo, militar y hermano mayor inigualable.
Apenas bajo del avión veo a mi familia junto a las otras, Olimpia tiene globos y mis hermanos sostienen un cartel, los chicos de mi cuadrilla señalan a la Olimpia la cual no deja de gritar mi nombre.
—¿Tu hermana? —repite uno de ellos incrédulos.
—Sí, la hija de mi mamá y mi papá.
—Esa mujer te ama Sergio y tú diciendo que no te esperaba nadie.
—Seguro también le calienta la cama.
—Olimpia es eso y más. —Les di un abrazo y les deseé el mejor de los éxitos antes de ir corriendo hacia mis hermanos y mis papás.
Los seis corrieron hacia mí.
Mily logró subirse encima de mí como una garrapata y Olimpia tenía su lugar especial, mi mamá les pidió a todos que se quitaran para poder revisarme como es debido y abrazarme como si el mundo se estuviese acabando, le devolví el abrazo de la misma manera y después fue el turno de mi padre y nuevamente el de mis hermanos de manera individual.
Fuimos a casa mientras mis hermanos me contaban todo lo que tenían planeado para los días que planeaba estar en Mainvillage, le preguntó a Olimpia como va su ONG y me dijo que es fantástico porque tiene a Mehr a la cual se le da muy bien inventar eventos de caridad. Mi papá hizo énfasis en la palabra inventar y mi mamá dio un asentimiento, porque ella y mi prima tiene el corazón en el sitio correcto, el único defecto es que son más gastonas que recolectadoras.
—Estoy tan feliz de que estés aquí —Dijo mi hermana mayor. —Es que es un mal puesto el que elegiste, qué tal francotirador, es más discreto.
—Sí, Sergio no puedes cambiar de desactivador de bombas a algo de oficina, como papá, él no corre ningún peligro y tiene guardas de seguridad
—Olimpia soy el proveedor de esta familia, para que lo sepas.
—Sí Olimpia, trata bien a tu papá, que él solo se siente a contar sus billetes mientras otra gente salva vidas—Se burló Milo y mi mamá sonrió.
Estar con ellos es estar en casa y estar en casa es como tener diez años de nuevo, la habitación muy arreglada y mi mamá recordándome donde están todas mis cosas como si fuese un niño chiquito.
—¿Se te antoja algo?
—Comida, todos juntos, ¿pijamas? —mi mamá asintió y me dio un beso en la mejilla.
—Te amo demasiado, cielo.
—Te amo, mamá.
—Faltan dos horas para la cena, salmón, arroz y unos vegetales.
—Mamá puré de yuca y pescado frito y…
—Helado de chocolate —completó y ella sonrió encantada.
Me duché y me quedé en bajo el agua unos minutos solo disfrutando de la sensación del agua contra mi piel. Cuando salí y me sequé fui en busca de ropa, me encontré con mis hermanas sentadas sobre la cama. Las dos sonrieron y yo igual antes de ponerme unos pantalones.
—¿No vas a ponerte bóxer?—preguntó Olimpia indignada.
—No, Oli, me dejan marca y me duele.
Las dos rieron y Milena me preguntó si creía que era fácil llevar sostenedor, calzones y ropa encima, le di la razón, no es fácil.
Me llevé a mis hermanos por una vuelta a la ciudad, ellas ven Mainvillage todos los días por lo que no les parece maravilloso el orden en le que vivimos, lo libres que somos o lo colorido del lugar que les vio nacer. Yo conduje hasta un par de floristerías y compré varios ramos, unos paras mis hermanas, otro rojo para mi mamá y unas blancas para mi esposa.
Conduje hacia el hospital y les dije a los chicos que dieran vueltas al perímetro, Bastian se apresuró a tomar las llaves del auto y Milena me vio igual que si estuviese disfrazado de terrorista.
—¡¡Despacio!! Des pa cio —gritó nuestra hermana mayor y todos rieron, yo corrí hacia el elevador, intenté no cruzarme con nadie, fui hacia el piso en el que se encuentra Arabela. Y la encontré en su cama como siempre, solo que esta vez ligeramente mayor, me incliné para ver si de verdad está una cana.
—Arabela, te vas a morir. Tienes canas, guapa. No sé si es sufrimiento o agotamiento, pero, voy a resolver que te vengan a tratar como una reina. —Dije y le tomé de la mano. —Estoy feliz de verte, mañana vengo de nuevo.
Me devolví al auto corriendo, porque mis hermanos estaban en un proceso de volver locas a mis hermanas con sus habilidades de conducción. Milena me dio una de sus caricias llenas de compasión y Olimpia preguntó cómo sigue Arabela. Sonreí y le recordé que igual, nunca hay cambios.
Cuando regresé a casa, mis papás estaba cocinando juntos mientras reían de una de sus bromas privadas. Sonreí y me senté en un banquillo en el cual está la computadora de mi padre, le pedí permiso para usarla y asintió.
Abrí mi correo y leí el último mensaje de Isabela.
#Isabela
Estoy cansada. Te lo juro. Estoy cansada desde el dedo gordo de mi pie hasta la última fibra de pelo de mi cabeza.
La gente es horrible, nunca te equivoque en pensar que necesitan alguien que les lidere, la gente es mala y eso no va mejorar por nada de lo que nosotros podamos estar pensando Sergio. Ahora, me compré una inyección de vitamina C con unas mierdas que suenan a magia para el sistema inmunitario, fui me lo pusieron, se me hizo una pelota, finalmente, después de que casi perdiera la nalga esto no ha hecho su efecto y ahora tengo una pelota que estoy chineando, con fiebre y síntomas de infección. Esas son mis noticias. ¿Tú, ya llegaste a Mainvillage?
Era de tan solo unos minutos atrás y yo tengo el arte de la escritura dominado y el multitasking, que creo desarrollé cuando vivía solo con dos mujeres que siempre quieren hacer cuarenta cosas a la vez y doscientas tareas mínimas por día, así que fui escuchando a mis hermanos con sus bromas. Vi a mis papás con sus habilidades culinarias mientras escribía la respuesta a Isabela.
#Sergio
Espero no estés dormida. Voy a ser un hijo de puta mal agradecido por lo que estoy a punto de escribir, pero, necesito decírselo a alguien: me caga un poco regresar a casa y sentir que no soy parte de nada, o sea, mañana voy a ver a tu hermano y va a contarme cosas que no han pasado y así con el resto de los humanos, y me corrijo, son cosas que han pasado, pero, no conmigo. Es como si no tuviese nada que contar, pero, todo que decir y lo mismo con las personas, todos tienen una vida y siento que la mía no es mía. ¿Es triste o es momento de busca un psiquiatra?
#Isabela
No me he dormido. Tengo problemas para dormir, y lo sabes, no he salido de la cama ni abierto las cortinas puede que sea... ¿La tarde? Estoy abriendo una botella de vodka y preparando un coctel para la vida. Asumo que estás en Mainvillage y tus correos cada vez más poéticos. Sergio… no sé qué decirte. Me pasa, pero, no siento esa necesidad de formar parte. Creo que me he acostumbrado a ser solo yo y es que llevo mucho tiempo siendo. Isabela, “la que está a cargo” y es muy difícil dejar de serlo. La verdad no extraño a nadie, pero, me gustaría tener a alguien que haga más que calentarme la cama. Ya sabes, un emparedado mal tostado y de vez en cuando unos camarones. Hacer planes para el futuro, pero, no me quejo por no estar, sobre todo porque no estoy de paseo matando gente y viendo otra gente morir.
#Sergio
No estoy paseando y matando gente, cabrona. Estoy trabajando, pues sí, seguro tiene que ver el tipo de trabajo, pero, no estoy acostumbrada a la sensación de “no formar” parte de mi familia y tú eres la que necesita un doctor, tienes un problema de desapego enorme. No sé Is, solo concuerdo con el final que sé no vas a admitir, me siento solo, y a diferencia de alguien me gusta conectar con la gente.
—¿Sergio, te sientes bien?—preguntó Bastian y asentí.
—No, en serio, ¿eso enseñan en la academia militar?
—No, soy muy bueno escribiendo —respondió y mis papás me vieron teclear mientras les veía a los ojos como si el teclado no existiera. Mi hermana se acercó a leer lo que estaba escribiendo y mejor cambié la página para que no se sintiera mal.
—¿Quieren dictarme algo? —pregunté y mi hermano comenzó a dictar lo que había hecho en el día.
Inició con una competencia estúpida la cual ganó Milo, luego vinieron a desayunar, mamá y Olimpia se veían felices porque es el día de mi llegada y papá le dio órdenes a los de servicio: volver a limpiar mi habitación y la ropa de cama tenía que estar limpia, luego fueron por los regalos para mí, se supone que no tengo que saber eso, ya era tarde, pero, pasaron por los carteles y de camino compraron los globos, finalmente, fueron a recogerme.
—Ni pestañeó, pero, lo tiene todo—acercó Olimpia.
—Eso es arte, Sergio—Reconoció Bastian y me miró sorprendido.
—Sí, solo le hace falta edición.
—Sí, pero... cool Debes hacer muy buenos apuntes —me felicitó Milo.
—Sí. —respondí y le di un abrazo mientras cerraba el computador— ¿Quieren que les ayude en algo?
—Te tocan los platos—Advirtió Milena y Bastian me extendió su puño. Todos le vieron y rieron, antes de contarme que él es el rey de quemar la cocina, no la comida, la cocina y le mostraron todo lo que tuvieron que reformar la cocina.
El timbre de la casa sonó y los de seguridad informaron que era la familia de mi esposa. Les pedí a mis hermanos y a mis papás que me disculparan para recibirles y fui hacia la sala para ver a la madre de Arabella y a su papá. Cristina, su madre, me saludó con cariño y alegría mientras su padre me vio tan serio como siempre.
—¿Desean algo de beber? —pregunté.
—No, vayamos al grano.