Cap. 41
Miércoles por la mañana y Daniela esperaba por ser llamada en la sala del hospital, era el día más esperado por ella y sus nervios las tenían a flor de piel, por fin le quitarían el yeso, aunque pensándolo bien, cada vez que miraba aquel adorable dibujo, se aferraba al yeso, no quería que lo arruinaran porque sabía lo mucho que se había esmerado Mauricio por hacerlo, y desde luego, Mauricio yacía a su lado sirviéndole de apoyo, y cada vez que la veía, ella trazaba con su dedo las líneas de su nombre en el yeso sin siquiera ver, se veía ausente, meditabunda, y por lo que pudo apreciar Mauricio, ya Daniela se había aprendido los trazos del dibujo de memoria, ahí supo que Daniela estaba nerviosa. Tomando de su mano la distrajo por un momento y… ─ Te haré uno igual ─ dijo y ella solo hizo una mueca de sonrisa, ella no quería uno igual, ella quería ese yeso pintado. ─ ¿Y si le decimos al doctor para que no lo estropee? ─ esas palabras le trajeron una sonrisa amplia, cuando estuvo a punto de decir algo, una enfermera les avisa de que ya era su turno. ─ ¿Viene con la señorita? ─ Si, soy su novio ─ admitió Mauricio, al oír aquellas palabras, algo se le removió en el corazón de Daniela, era como si aun no se creyera esas palabras, ¿ella?; ¿novia de alguien a quien detestaba?, o por lo menos lo había detestado una vez, pero ahora… aterrizando rápidamente cuando notó que Mauricio esperaba por ella e igual la enfermera, Daniela solicitó para que él entrara con ella, no quería estar sola.
─ Muy bonito ─ opinaba el doctor analizando el yeso muy detenidamente. ─ Es una pena que no vaya a quedar mucho de él ─ Daniela casi quita el yeso de las manos del doctor, no le gustaba escuchar esas palabras, ella quería conservar el yeso, así que optó por otro punto. ─ ¿No hay otra forma de quitarlo sin estropearlo? ─ No. Si lo que quieres es conservar el yeso intacto, habrán partes donde el yeso colapsará y se desmoronará ─ Daniela solo hizo una mueca y no tuvo más remedio que aceptar la cruda realidad, así que asintió y el doctor se puso a trabajar.
Lo que vio a continuación, la visión que tuvo Daniela al ver como el yeso y su nombre se desvanecían con el uso del cortador, le causó tanto pavor que casi gritó, pudo ver como todo su mundo se desaparecía grano a grano si llevaba otra desilusión más por parte de Mauricio. Si llegaba o si daba el paso a dar su corazón en pleno. Y no quería hacerlo, de pronto recordó el como Mauricio quiso arriesgar su vida para salvar el amor de su vida, y eso le arrugó su corazón, escociendo en su pecho, y ese simple recuerdo le hicieron brotar un par de lágrimas acompañado de una pregunta. ─ ¿Me amará algún día Mauricio del mismo modo? ─ ella buscó su mirada, y cuando la encontró, Mauricio tomó su mano sonriéndole, y con su pulgar limpió las lágrimas de sus mejillas. ─ Te haré uno igual ─ prometió y ella solo se humedeció los labios y Mauricio le dio un corto y tierno beso. ─ Le sugiero que el brazo lo tenga haciendo constante ejercicio, la inmovilidad a largo plazo pueden atrofiar algunos músculos o tendones ─ recomendaba el doctor quitándose los guantes una vez finalizado el trabajo, Daniela vio su pálido brazo y vio el bote de basura y comparó los trozos de yeso con su corazón si algún día llegase a romperse nuevamente. ─ Me encargaré de que haga los ejercicios ─ concordó Mauricio trayendo a Daniela a la realidad y se aferró a él con fuerza por un costado, como si evitara que se desapareciese, eso lo tomó por sorpresa y le correspondió el abrazo, supuso que a lo mejor estaba feliz por recuperar la movilidad en su brazo, pero recordó cuan aferrada estaba al yeso, que lo pensó mejor y la consoló en silencio.
Saliendo del hospital, Daniela no paraba de examinar su brazo, se veía muy pálido y muy flaco, eso era lo que pensaba abriendo y cerrando la mano, en ese momento, Mauricio la toma de la mano y casi se sorprendió, ya que su brazo se veía tan delgado que pensó que podría romperse otra vez, pero cuando sintió la calidez de la mano de Mauricio, todo se le olvidó. ─ ¿Cómo te sientes? ─ preguntó frotando la mano de Daniela entre sus dedos en un gesto de tierna caricia. ─ Se siente extraño volver a usar el brazo ─ Si, uno a veces olvida el como se siente volver a usar una parte de ti que no has usado en mucho tiempo ─ Daniela sonrió a duras penas y Mauricio la abrazó.
─ Ven. Vayamos a comprarte esa pelota de terapia ─ propuso Mauricio rompiendo el abrazo, y antes de iniciar la marcha, entrelazó sus dedos con los de Daniela, pero con la mano derecha, Daniela comprendió lo que quería decir con ese gesto y asintió avanzando al lado de Mauricio, nunca se sintió tan feliz, inclusive, juró que el sol brillaba mejor que ayer.
Ahora solo faltaban un par de días para que Daniela acompañara ahora Mauricio a su cometido, ella necesitaba hacer esto con él y así ayudarlo a pasar página, o no se sentiría completa estando con Mauricio y él seguiría aun encerrado en el pasado, así que esto era lo mejor, solo había que esperar el día, y por lo que pudo notar, era un fin de semana, pero… ¿irían ellos solos?, esperaba que Lucía entendiera ese detalle.
Solo pasaron tres días, tres días para que las cosas fueran fluyendo tranquilamente, Daniela con su terapia y la pelota, y ahora cargaba con la frustración en volver a usar su mano derecha, que incompresible es la vida, a veces se estresaba tanto que terminaba usando la mano izquierda, aun tenía los dedos un poco torpes, pero iba mejorando conforme pasaban los días, inclusive, se iba adaptando más rápido que cuando estaba aprendiendo a usar la izquierda. En su rostro se le plasma una sonrisa al recordar aquellos desastres cuando trataba de hacer algo con su mano izquierda, ¿una de ellas?, hacer las galletas para Mauricio, no sabía que después de haber pasado la angustia de su vida, todo se volviera algo que recordar con alegría, claro, era para Mauricio.
Conversando con las chicas los próximos planes para el fin de semana, Maximiliano no pudo evitar escuchar y mucho menos alterarse, ¿Cómo que iría a un cementerio con el mafioso?, esos lugares eran los propicios para dos cosas, cerrar negocios o ejecutar a alguien, lo había visto en una película de la mafia italiana, y no permitiría por nada del mundo que Daniela asistiera, así que… ─ ¡Daniela!, ¡Daniela! ─ llamaba Maximiliano acercándose a zancadas a ella que cruzaba por el patio hacia la cancha de Rugby, había quedado con Lucía para señalarle quien era el chico que le presentaría, ya que como no podría asistir a la fiesta del sábado para ir con Mauricio al cementerio. Que bueno que Lucía entendió el detalle. Por lo tanto, Daniela, al oír la voz de su peor pesadilla, rueda la mirada respirando profundamente para controlar su temperamento, se da media vuelta sacando su móvil lista para llamar a Mauricio. ─ ¿Qué quieres? ─ ¿Se puede saber el por qué vas a ir al cementerio con… con… con él? ─ ¿Será porque es mi… mi… mi novio?, y no es asunto tuyo, ¿Okay? ─ Menuda mierda, ¡no puedes ir con él!, es más, no vas a ir ─ ¿Por qué no?, ¿Porque lo dices tu?, ¿El gran Maximiliano Larramendi? ─ Vas a estar en un grave peligro ─ ¿Cuál peligro?, el único peligro aquí eres tu, así que aléjate ─ Daniela se dio la vuelta dispuesta a largarse y seguir su camino, pero Maximiliano la detuvo sosteniéndola por el codo y sacó su móvil con todas las pruebas. ─ Si vas con él, llevaré estas pruebas a la policía ─ ¿Qué pruebas? ─ De que él no es quien dice ser ─ Así que tu eres el que anda publicando aquellas mentiras ─ ¿Qué mentiras? ─ No te hagas el imbécil que no te queda. ¡Por Tu culpa casi mi vida se va a la mierda! ─ ¿acaso ella sabía?, sin embargo Daniela agregó dándole un empujón por el hombro a Maximiliano totalmente hecha una furia. ─ ¡Y por estar publicando esas porquerías casi perjudicas la imagen de mis padres!, ¡pedazo de imbécil!, ¡Cabeza de culo!, ¡¿Tu no piensas?! ─ ¡¿De qué carajo estás hablando?!, si yo no he publicado nada ─ ¿Ha no?, pero me acabas de decir que llevarás unas fotos a la… ¿Policía?... ¿Por qué coño llevarías fotos de mi relación con Mauricio a la policía? ─ ¿Ahora eres tu quien se hace la idiota? ─ ¡No me faltes el respeto, gilipollas! Y ahora contesta… ¿Por qué llevarías fotos mías con Mi novio a la policía? ─ ¿Tuyas con el mafioso ese? ─ ¿Mafioso? ─ (bufido) Que chorrada de actuación al hacerte la que no sabes ─ ¿De qué estás hablando? ─ Tu novio… el tal Marco…─ Mauricio ─ Como se llame. Tiene negocios turbios con la mafia y tú lo has estado ayudando ─ Daniela estuvo a punto de replicar, pero se detuvo en seco parpadeando del asombro con un dedo al aire y la boca abierta, ¿Mauricio?, ¿mafioso?, ¡pero que estupidez!, sus oídos debían estar fallando, sin embargo no pudo evitar desternillarse de la risa.
─ ¿Qué es lo que te causa tanta gracia? ─ Tu… (carcajadas) ─ ¿Ahora soy tu mono de circo? ─ (carcajadas) ─ ¡Daniela! ─ Un mono gay, (carcajadas) pobres animalitos, (carcajadas) ─ ¡Ya basta! ─ replicó Maximiliano sujetándola por el brazo, zarandeándola, ¡que atrevido!, pero aquella diversión se esfumó para reemplazarla por más furia, así que se soltó de un tirón, y lo que no vio venir Maximiliano, fue una gran cachetada que le hizo tambalear. ─ (dientes apretados) Que sea la última vez que me tocas, ¿Te queda claro? ─ Dios, Maximiliano no sabía que Daniela tuviera una buena izquierda, porque sintió como el mundo le dio un giro de 360 grados por el tortazo, hasta podría jurar que le dislocó la mandíbula. ─ Ahora tengo que quemar mi suéter porque no me atrevo a donarla, no quiero que los más necesitados se infecten de Ti. Y no te atrevas a llevar esas fotos porque te va a ir muy mal, Maximiliano, te lo advierto. Esas fotos paran a la policía y te hundo ─ con esas palabras llenas de odio, Daniela se da la media vuelta y se marcha, satisfecha en muchos puntos y uno de ellos es haber descartado la idea de que era Maximiliano el amarillista, dos: la satisfacción de haberle puesto en su lugar y tres: la buena cachetada que le propinó se sintió de un bien… así que… quedaba otra interrogante, ¿Quién era el amarillista?, eso tendría que discutirlo con Mauricio en lo que tuviera tiempo y ponerle en sobre aviso acerca del plan de Maximiliano en llevar las fotos a la policía.
Sentadas en la banca, Daniela le cuenta todo a Lucía, aunque no era para menos que Lucía se sintiera asombrada por saber que Maximiliano tenía una idea errónea de Mauricio y quisiera denunciarlo con la policía, pero al saber que no era el amarillista… de todas formas aun quedaba la interrogante al aire, así que Lucía le aconsejó que hablara con Mauricio lo más pronto posible. ─ Eso mismo pensé, no quiero que esto se agrave más, de todas formas se lo advertí ─ ¿Y crees que te escuchará?, si no te ha escuchado las veces que le has dicho que lo quieres lejos de ti, mucho menos ahora que tiene a Mauricio entre ceja y ceja ─ Eso es lo que quiero evitar ─ ¿No estará enamorado de Mauricio? ─ ¡Que asco, Lucía! ─ fue la reacción de Daniela que casi se fue en vómito al imaginarse a Maximiliano en querer ligar a Mauricio e intentar tocar sus… ¡Dios no! ─ ¡¿Cómo puedes decir semejantes…?! ─ Solo pregunto, nada más, y lo primero que se me viene a la mente es a un Maximiliano sin dientes ─ ¿Por qué? ─ El puñetazo que recibiría de Mauricio sería de escalas astronómicas ─ Daniela se imaginó el momento, incluyendo mandar a Maximiliano sin dientes al espacio como en la caricaturas y eso le robó un poco la amargura.
Gracias a Dios, Mauricio había venido a buscarla cuando había salido del trabajo, todo estaba saliendo como la seda, y todo volviendo a su cause, así lo vio Daniela, solo con un hermoso detalle, contaba ahora con la compañía de Mauricio, y caminar con él por las alumbradas calles, ya no le daba tanto miedo como aquellas veces que salía y debía prácticamente correr para tomar el bus hasta el apartamento o tomar un taxi, ahora solo caminar con él tomados de la mano, era como caminar en plena luz del día, claro, la preocupación seguía, uno nunca sabe, sin embargo, se sentía más segura con su compañía, y de una vez le comentó, otra vez, sobre el encontronazo con Maximiliano y le contó sus sospechas, cuyo anécdota le robó una sonrisa al saber que Daniela le había dado su bien tortazo que le hizo bailar los ojos, pero había vuelto a optar toda su seriedad ante las conclusiones. ─ Entonces… si Maximiliano no es el amarillista…─ Si, también me lo he estado preguntando ─ Pero déjame darte las gracias por cuidarme ─ (bufido) ¿Cuidarte? ─ Si, cuidarme ─ (sonrisa traviesa) Yo no te estaba cuidando ─ en ese momento Mauricio se detiene y la abraza por la cintura aferrándola a él y… ─ Claro que me estabas cuidando, en advertirle a Maximiliano sobre sus sospechas, por Dios, ¿A quién le cabe en la cabeza eso de que soy un criminal? ─ Solo a él ─ al recordar las acusaciones de Maximiliano, Daniela rio por lo bajo y Mauricio le robó un beso corto dejando a Daniela con ganas de más. ─ ¿Por qué me besas? ─ Porque me provocó ─ ¿Y sin mi permiso? ─ ¿Dónde hay que firmar para solicitar el permiso? ─ Daniela sonríe con travesura y se da unos toquecitos en los labios y Mauricio no lo pensó dos veces y la besó.
El sábado por la mañana, Daniela se alistaba para salir, no sabía que conjunto llevar, así que se acostó bien tarde pensando en lo apropiado, y a pesar de ello, se había levantado muy temprano para vestirse y eso le sorprendió a Lucía, inclusive había preparado el desayuno, incluyendo el que le llevaría a Mauricio, vestía un conjunto toda de negro, jeans negros, una blusa y un chal de gasa haciendo juego, y no olvidar sus lentes Gucci para el sol y las zapatillas Vic Matie. ─ Estás muy sonriente para ir a un cementerio ─ ¿En serio?, no debería ir muy alegre ¿O si?, es…─ Tu tranquila, relájate, solo lo vas a acompañar y es un gran paso para él abrirse de esa manera contigo ─ Mm ─ Daniela no estaba muy convencida, pero tampoco podía negar que se sentía muy feliz al estar con Mauricio y compartir ésta etapa de su vida, la cual, una vez fue un suceso traumático y ella tarareaba una canción, ¡Santísima!, debería tomar las cosas más en serio. ─ Dani ─ llamaba Lucía entre chasquidos para hacerla aterrizar. ─ ¿Perdón?, ¿Ah?, ¿Qué? ─ Cálmate, lo importante es que estás avanzando con él. Cuando lo veas así todo tristón, solo toma su mano y aférrate a él, que te sienta a su lado ─ Mm ─ Y ya deberías largarte que se te hace tarde ─ ¿Me perdonas? ─ ¿Por qué? ─ Por no poder acompañarte a tu sábado de farra ─ Ya habrán más sábados, ahora lárgate, que Mauricio te espera ─ Daniela la abrazó con fuerza despidiéndose, tomó la cesta con comida y se marchó.
─ ¿Ella vendrá con nosotros? ─ preguntó Daniela al encontrarse con la hermana de Emily en el local de Mauricio. Catalina Costello. Y por un segundo, Carlos y Walter estuvieron a punto de objetar algo porque como Daniela saltaba de un rostro a otro con la interrogante pintada en la cara… enseguida Mauricio no perdió tiempo y aclaró todo. ─ ¿No te lo mencione? ─ No ─ contestó tentativamente, en cambio Catalina solo observaba a Daniela con cierta… cautela. ─ Error mío ─ Ciertamente ─ replicó Carlos para nadie en particular. Mauricio se rasca el ceño sin saber como hacer la introducción, porque ya ellas se habían encontrado una vez y el encuentro no fue nada grato. ─ Catalina… hem… ─ Mauricio carraspea. ─ Supongo que ya conoces a mi novia Daniela ─ Si ─ contestó sin despegar ojo de Daniela, y por la cara que tenía, no estaba muy convencida de que alguien tan inestable como Daniela les acompañara, y entre Carlos y Walter sentían que serían testigos de una futura pelea entre dos tigresas, inclusive, se lo imaginaron, ver a esas dos mujeres agarrarse de las greñas y rugiendo como dos animales salvajes de la selva.
Por otra parte, Daniela tampoco no estaba muy convencida, pero era porque aun se sentía tan apenada y un poco estúpida por aquel mal entendido. ─ Mauricio, no quisiera contradecirte con tus decisiones y con quien te relaciones, pero… ¿Estás seguro que es buena idea? ─ Daniela no sabía que responder a ello, bueno si, pero no quería ser grosera y mucho menos por un enredo al no saber la realidad que ocultaba Mauricio, así que intentó por otro enfoque. ─ No es que sea una mala idea, yo tampoco me siento muy cómoda al saber que todo aquello fue por culpa de un mal entendido ─ Mal entendido que no dejaste que aclarara ─ Y si de algo sirve, aunque lo dudo, ¿Puedo pedir disculpas?, oye… ya me enteré que fue lo que pasó y lo entiendo, de verdad lo entiendo y no quisiera entrar en detalles vergonzosos ahora, pero, ya que vamos al mismo lugar, podríamos…─ Te entiendo y…─ Si luego me permites unas palabras a solas ─ Mm ─ esto no pintaba nada bien, pero era por la cautela de Catalina la que no ayudaba, y Mauricio solo se podía sentir en el borde de un precipicio con esas dos mujeres. ─ Me pido el puesto de atrás ─ solicitó Catalina dejando a Daniela el puesto de adelante, era lógico ya que Daniela era la novia de Mauricio y Catalina no sabía si sentir pena por el pobre, ya que al final, irían al cementerio de Sevilla, así que el viaje sería un poco largo y silencioso, algo incómodo para los tres, ese era el augurio que estimaba Mauricio para el viaje.
Y en efecto, el viaje fue un tanto incómodo, pero eso no quitó que trataran de mantener una conversación casual, por lo menos de parte de Mauricio y Daniela tratando de incluir a Catalina en sus temas, pero solo podían obtener un par de palabras a secas cuando mucho y lo máximo una oración donde daba a entender que más de allí no opinaría volviendo toda su atención por la ventanilla del coche, aun parecía un tanto dubitativa en querer dirigirle la palabra a Daniela, y no es para menos, Daniela tampoco la culpaba, porque esa sería exactamente su misma reacción si la hubieran insultado de las formas en la que Daniela había insultado a Catalina.
Nunca el camino se había hecho tan largo, por lo menos eso fue lo que sintió Mauricio. Fue un alivio contar con el reproductor y una buena lista de música para relajar las tensiones. Los tres cruzaron las enormes verjas del cementerio y Daniela tomó la mano de Mauricio para hacerle saber que ella estaba con él, que no le dejaría solo, y Mauricio por agradecimiento le dio una mirada y apretó su mano con gentileza.
Como todo cementerio, amplio y silencioso, a Daniela se le cruzaron tantas cosas por la mente como por su corazón un sinfín de pensamientos y sensaciones, preguntas e inseguridades, sobre todo el querer saber lo que estarían sintiendo tanto Mauricio como la hermana de la fallecida Emily, que tanto habían vivido juntos y ese montón de cosas. Solo fue una corta caminata de diez a quince minutos cuando Daniela sintió que se detuvieron. Regresó a la realidad y vio una lápida de mármol pulido con dos fechas, el epitafio y una foto de Emily, era la otra mitad de la foto que faltaba.
A Daniela se le forma un nudo en la garganta al recordar todos aquellos malos entendidos causados por no saber la verdad, y ahora que la realidad era otra… sin darse cuenta dibujaba en su brazo su nombre como si el yeso aun estuviese allí cuando Mauricio dijo. ─ Ella es Emily ─ con una expresión vacía, o tal vez había tanto dolor en él que no sabía como expresarlo. Catalina dio un paso al frente para colocar unas flores en unos floreros que se encontraban postrados en cada lado de la lápida, apartó un par de hojas secas y… ─ ¿Cuánto tiempo, hermanita? ─ en respuesta, el viento sopló con fuerza agitando su cabello, Daniela sorbe por la nariz trayendo a todos su atención hacia ella, Daniela lloraba y no se había dado cuenta o tal vez estaba haciendo de tripas corazón para no hacerlo, pero… ¿Cómo no llorar ante todo lo que habían vivido ambos?
Soltando la mano de Mauricio, se postró delante de la tumba y apartó un par de hebras de hierba seca, no sabía si sentirse apenada o idiota, últimamente se había vuelto una llorona compulsiva. ─ Perdóname ─ dijo tomando un gran suspiro y una voz a punto de quebrarse, en cambio Catalina solo guardó silencio observándola atentamente. ─ No tenía idea… (sorbe por la nariz), no tenía idea y me siento tan, tan estúpida…(sollozo), ¿Por qué no los escuché?, (sorbe por la nariz) ─ se levantó y se aferró a Mauricio en un fuerte abrazo ocultando su rostro en su pecho.
Rompiendo su abrazo, ella con sus ojos húmedos encuentra la mirada de Mauricio y ella enmarcó su rostro, quería decir algo, un montón de cosas, una avalancha de cosas, pero su voz, su garganta no le daban, en cambio Mauricio entendió y tomó sus manos y las besó. ─ Lo sé ─ fueron sus palabras y la volvió abrazar. Catalina se pone en pie, se acerca a Daniela colocando una mano sobre su hombro, Daniela le dio una mirada, rompió el abrazo de Mauricio para abrazarla a ella pidiéndole una vez más perdón. ─ Descuida… no sabías y… supongo que estabas… pasando por alguna complicación en tu vida… yo…─ No tienes idea de lo mal que me siento ─ Te entiendo, ¿Aun quieres hablar a solas conmigo? ─ No… ya no ─ contestó con una triste sonrisa, porque sintió que ya todo estaba aclarado.
─ No pretendo reemplazar a tu hermana en la vida de Mauricio, pero por lo menos dame la oportunidad de ser tu amiga ─ Catalina sonrió y asintió, otro abrazo y Daniela volvió al lado de Mauricio. ─ Mau… yo… quisiera… quisiera decirte que… no estás solo, que de ahora en adelante estaré contigo, que cualquier cosa que te preocupe o te pase… aquí estaré para ti… no quiero, ni pienso ser un reemplazo de lo que sentiste una vez por Emily, pero por lo menos permíteme ser esa parte de tu vida, que te permita dar ese paso y seguir viviendo ─ dijo con la mirada puesta sobre la lápida, porque si miraba directamente a los ojos de Mauricio no tendría la fuerza de decirlas, sentiría el mismo nudo en la garganta porque recordaría todas aquellas palabras, aquel relato contado por Carlos y Walter y eso le arrugaría el corazón. ─ Sé que aun te culpas por todo aquello…─ Si la hubiera logrado sacar a tiempo…─ al oír aquellas palabras, Daniela se planta delante de él buscando su mirada tomando sus manos. ─ No Mau… tu hiciste lo que podías humanamente, y hasta puedo jurar que hiciste más de lo que podías, pero si te hubieras quedado más tiempo, yo no te hubiera conocido ─ Daniela tiene razón, al principio te culpé, pero con el tiempo me senté y pensé las cosas, y más cuando recordé esa noche cuando te vi en el hospital todo lleno de sangre, creí que era de mi hermana, pero al final eran tuyas con todas aquellas quemaduras, fue el precio que tuviste que pagar por intentar salvar a mi hermana ─ Mau… Mau mírame… por favor mírame… estoy aquí… contigo… en el hoy y en el ahora… y estoy agradecida en estos momentos por compartir contigo y apoyarte en éste momento ─ Mauricio cerró los ojos, respiró profundamente y abrazó a Daniela, ella sabía que Mauricio no olvidaría tan fácilmente, pero estaba dando lo mejor de sí para empezar.
De camino de regreso al coche, todos volvieron en silencio, y durante el trayecto, Daniela estuvo pensando en muchas cosas y entre ellas se planteaba en no tocar más el tema de Emily, ni mucho menos en preguntar el como había sucedido el accidente, no cuando vio que las heridas de Mauricio apenas estaban comenzando a cicatrizar, porque eso fue cuando cruzó su mirada con la de él, ya no había ese vacío, si había una profunda tristeza y tal vez la culpa, pero ya no había ese vacío que tanto odiaba, podía ver al Mauricio que le gustaba.
Ya estando en el coche, Daniela confesó algo que en realidad Mauricio no se esperaba, bueno si. ─ Invito el almuerzo hoy ─ Mauricio la contempló en silencio, parpadeó un par de veces y luego sonrió, tomó su mano y la apretó con cariño. ─ Una idea mejor…─ refutó Catalina desde el asiento trasero, Daniela y Mauricio repararon en ella en espera de cual sería esa idea. ─ Daniela invita, pero paga Mauricio ─ no pudieron evitar reír como tontos, pero para sorpresa de ambas. ─ Yo pago el almuerzo pero ustedes las bebidas y el postre ─ y desde allí fue un mar de debates.