Cap. 3

Daniela tenía su celular pegado al oído con Lucía como una sanguijuela pegada al lado escuchando la conversación, no quería perderse detalle alguno de la conversación, y por su cara, no había conocido al tipo y ya le caía bien, Daniela le dio una mirada plana ya que su amiga estaba instando para que fijaran la hora y el lugar para ella acompañarla y así darle su puntuación. Su sonrisa indicaba que Daniela iba por buen camino. ─ Bien, bien… ─ dijo Daniela escuchando las indicaciones de Mauricio. ─ Si, si, conozco el lugar ─ ¿Qué tal si nos vemos allí en una hora? ─ U… u… ¿Una hora? ─ Si, una hora, ¿Hay algún problema? ─ He…. Bueno… yo… ─ Dile que si ─ instaba Lucía susurrando, pero Daniela le dio un codazo, ésta trastabilló sobándose el costado fulminándola con la mirada. ─ Si, me parece bien ─ Nos vemos entonces en el café del Paseo de La Ribera, en una hora ─ Allí estaré ─ Adiós─ Hasta pronto ─ ella colgó y suspiró, al fin todo se estaba aclarando y fue Lucía quien dio el grito triunfal. ─ Al fin te verás con un hombre ─ canturreó eufórica con una sonrisa llena de travesura, en cambio Daniela contestó con una mueca de lo obvio. ─ Solo le devolveré su maletín y arreglar éste enredo ─ Pero tiene una voz sexy, no puedes negarlo, ¿Por qué desperdiciar la oportunidad?, además, esto solo sucede en las películas, en las novelas y ahora a ti, ¿No es increíble?, y hasta puedo jurar que es romántico ─ Ya detente, Lucía, esto no es romántico, no es una novela, no es una película y para ti todo hombre es sexy siempre y cuando tenga un buen bulto llenando sus pantalones ─ ¿Qué tiene eso de malo? ─ Sabes lo que pienso de eso ─ ¿De qué sirve tener un instrumento si no lo usas?, y esto deberían darlo en la facultad de medicina, miembro del cuerpo que no se usa se atrofia. Apréndete eso ─ Daniela rueda la mirada con media sonrisa socarrona, mostrándole el dedo del medio en un gesto grosero, en cambio Lucía resopló con frustración elevando sus manos en gesto de rendición. ─ A veces no te entiendo, sinceramente eres de otro planeta ─.

Daniela salió disparada al ver la hora en la pantalla de su móvil a vestirse y a recoger todo el desastre en su cama; mientras que Mauricio recogía todo dentro del maletín de su desconocida amiga, subió a su habitación y buscó entre el armario la combinación más adecuada para el encuentro, con ojo clínico escogió lo más sencillo para el momento, unos vaqueros azul pálido desgastado, una sudadera manga larga negra con capucha y unos zapatos deportivos haciendo juego, tomó sus lentes Ray-ban de sol del armario, se terció al hombro el maletín y salió tomando el elevador.

Saliendo a la calle, giró hacia la derecha, rumbo al local y se encontró con Carlos y a su pareja atendiendo a unos clientes, se acercó y saludó alegremente. ─ ¡Hey!, Carlos. Necesito un favor ─ Si es por dinero… ─ Mauricio rodó la mirada, en realidad Carlos lo fastidiaba de vez en cuando con eso. ─ Necesito las llaves del coche ─ ¿Las llaves? ─ Si ─ ¿Las llaves de mi coche dices? ─ Si, las llaves de tu coche ─ Carlos parecía debatirse ante la idea, siempre lo hacía y al final terminaba accediendo con una letanía de precauciones antes de entregarle las llaves. ─ ¿Sabías que hay un viejo dicho que dice: el que presta su coche presta a su mujer? ─ dijo haciendo entrega de las llaves, Mauricio se quedó un segundo pensativo ante tan raro refrán y más sabiendo de quien provenía, así que con la misma expresión ausente contestó. ─ Sabes que ese refrán no aplica contigo, ya que eres… gay ─ Carlos estuvo a punto de refutar, pero cerró la boca ya que Mauricio cortó antes de que hablara. ─ Ustedes son dos hombres ─ señaló entre Carlos y su pareja con diversión en su mirar, Carlos abrió sus ojos con perplejidad sintiéndose indignado, pero Mauricio sabía que todo eso era puro drama. ─ ¿Sabes que con ese argumento estás subiendo en el ranking de los gilipollas machistas? ─ Lo siento, Carlos, pero es lo obvio y es lo que veo ─ dijo dando pasos de espaldas, encogiéndose de hombros, mostrando sus palmas mientras daba una mueca traviesa de sonrisa.

Daniela y Lucía cotorreaban como dos urracas rumbo a la puerta del apartamento, ambas vestían casual, Lucía con Jeans azul ajustados, zapatos deportivos blancos y una chaqueta blanca de cuello mullido y una camiseta blanca debajo, Daniela vestía con leggins negros, zapatillas deportivas, una minifalda de jeans azul con sus dobladillos deshilachados, un top negro y una chaqueta con capucha mullida azul oscuro, Lucía le daba instrucciones de cómo entablar una conversación con aquel extraño mientras que Daniela le replicaba una y otra vez, de diferentes formas, que solo iría a devolver el maletín, que no estaba interesada, pero en la mente de Daniela había un centenar de cosas menos querer entablar una conversación con él, haciendo que las palabras de Lucía fueran lejanas y ajenas a ella; cuando llegaron a la puerta, Daniela revisó por última vez que todo estuviera allí, ¿tarjetas?, bien, ¿carpetas?, bien, ¿laptop?, allí estaba, ¿la cámara?, ¿Dónde mierdas estaba la cámara?, escaneó la sala en una pasada con sus ojos muy abiertos, miró por encima del hombro de Lucía hacia su habitación y vio la cámara sobre la cómoda, se devolvió y la guardó, aun Lucía esperaba en la puerta, expectante y ansiosa por salir a conocer a la nueva adquisición de su amiga. Si Daniela hubiera querido comparar a su amiga con un animal lo hubiera hecho con una perra pouddle con ganas de salir a orinar hidrantes.

Abriendo la puerta, la perorata de ambas mujeres se detuvo en seco, asombradas de encontrarse con una persona totalmente inesperada, Lucía hace una mueca mirando a otra dirección mientras que Daniela resopla dejando caer los hombros y rodaba la mirada, de todos los seres humanos que ella conocía, su ex, era una de las que ella menos quería ver en el mundo; parado allí, como un idiota, con su barba incipiente y descuidada, con una bufanda en su cuello y un abrigo marrón, que por cierto, se veía arrugada al igual que toda su ropa, tenía sombras bajo sus ojos azules por el mal dormir y su cabello castaño hecho una maraña, enarca sus cejas igual de sorprendido, saltando de un rostro a otro, entre Daniela y su amiga, ya que lo habían encontrado con la mano levantada en un puño con toda la intención de llamar a la puerta. ─ ¿Qué haces aquí, Maximiliano? ─ preguntó, más que eso, fue una exigencia llena de aburrimiento colocando sus manos en sus caderas, el pobre imbécil balbuceó solo un poco y eso le costó a Daniela otro rodar de su mirada.

Escucharla decir su nombre como si no significara nada le hería; ella lo sabía y no le importaba; así que solo Maximiliano optó por lo más sencillo y directo. ─ ¿Podemos hablar? ─ Daniela se quedó allí apoyando la mano en la jamba de la puerta, considerando, no la forma de acceder a su petición, sino el como despacharlo rápido, educada y muy eficientemente, por lo tanto… ─ En éste momento no puedo, de verdad, voy tarde para un compromiso ─ dijo fríamente con indiferencia cerrando la puerta mientras que él se hacía a un lado y Lucía pasaba de largo dejándolos a ellos dos resolver su problema, como mucho asintió en un gesto de saludo al muy infeliz, él solo le dio una mirada debido a que toda su atención la tenía en Daniela.

Como veía que su ex no se marchaba, ella resopló rodando la mirada y… ─ ¿Qué quieres? ─ Solo hablar… solo… ─ No puedo, de verdad, aunque quisiera, voy a verme con alguien ─ ella lo notó y se vio en su cara y lo disfrazó, pero no muy bien, esa última parte le había pegado, y todo lo que pudo hacer Maximiliano fue boquear como un pez ligeramente, buscaba desesperado por alguna palabra que decir al respecto y solo dijo: ─ Me alegro que te esté yendo… muy bien ─ dijo con amarga y distante alegría. ─ No es lo que crees, solo…, (suspiro) ─ No es necesario que me des explicaciones… he… tu… ya sabemos que… ─ ella se sintió aliviada en no tener que inventar alguna excusa, ya estaba harta de hacerlo y tampoco era de su incumbencia en darle explicaciones. ─ De verdad no tengo tiempo, en otra ocasión será ─ dijo marchándose, dejándolo allí plantado delante de la puerta como un perro suplicante de cariño, viéndola marchar, y como último intento… ─ ¿Puedo llamarte? ─ preguntó, pero ella lo ignoró tomando las escaleras a pasos raudos.

Por un segundo, Maximiliano pensó en dejarla ir así sin más por él día de hoy, ya llegarían más días en las cuales él pueda o intentaría hablar con ella, pero cuando en su mente bailó la frase: voy a verme con alguien, el gusano de la incertidumbre danzó en él y sin poderlo evitar se marchó con la intención de, por cualquier medio, saber de quien se trataba ese “alguien”; él vio cuando Daniela abordó el taxi y la dirección que había tomado, detuvo otro y le pidió al taxista seguir el auto donde viajaba Daniela, por un segundo se sintió tan idiota en seguirla y, también, en tratar de hacer una parodia barata de un típico cliché de una patética película de espías.

Daniela y Lucía llegaron antes, con alto alivio, habían tomado un taxi apenas saliendo de la residencia, no querían estar allí cuando saliera Maximiliano como mendigo en busca de una limosna de atención de Daniela.

El día se mostraba parcialmente nublado y más en la parte donde se encontraban. En el sitio acordado. Sentadas en una de las mesas de un café al aire libre, si había un lugar donde hubiera buena vista, era en ese lugar, se podía apreciar la parada de los transportes públicos, una pequeña plaza y los autos pasar libremente.

El móvil de Daniela suena, y en un parpadear ya lo tenía en su oído contestando la llamada. ─ ¿Hola? ─ Lucía insistía en que su amiga pusiera la llamada en altavoz tratando de sujetar el celular para poder escuchar ella también, pero Daniela, con labios tensos y ceño fruncido, le dio varios manotazos para que no distrajera y la dejara conversar. ─ ¿Daniela? ─ Si, soy yo ─ Es Mauricio, ya voy llegando, tuve un pequeño retraso por el tráfico ─ Lucía había escuchado esa parte, hizo una “O” con su boca llena de asombro he hizo la pantomima de estar manejando, haciendo hincapié de que su cita tenía auto con aquella sonrisa amplia y llena de picardía, levantó ambos pulgares en aprobación y se volvió a inclinar para seguir escuchando. ─ Si, voy por… voy por… Gutiérrez de los Ríos, saldré por… saldré por… Carlos Rubio y Consolidación, fue la vía más corta que pude encontrar ─ Daniela asentía a medida que él iba explicando, y de un momento a otro, aparece un Maverick del año 70 azul metalizado en muy buen estado, deteniéndose al otro lado de la calle.

Daniela seguía pegada a su móvil sin percatarse de aquel auto, solo Lucía se dio cuenta, pero no estuvo segura si era o no. ─ Déjame adivinar, eres la que está con el móvil en la oreja y tu amiga está a tu lado ─ Daniela parpadea ante aquella conclusión y dirigió su mirada al Maverick, alguien tenía los cristales abajo y saludaba con el móvil en el oído también, Lucía le quita el celular a su amiga hablando por ella. ─ Y tú eres el hermoso que está en el coche azul ─ desde la distancia se le vio sonreír y Daniela la fulminó con la mirada arrebatándole su celular nuevamente, Lucía solo plasmó un “¿Qué hice?”, en su cara encogiéndose de hombros, mostrando sus manos. ─ ¿Tienes mi maletín? ─ preguntó, él levantó el maletín para que ella lo pudiera ver, así que ella se levantó y Lucía la siguió cruzando la calle al trote, él salió del auto y Daniela pudo jurar que Lucía quedó impactada por la presencia del nuevo amigo de Daniela, la mirada que ella discurrió de arriba abajo por el cuerpo de Mauricio sugería mucho, y era de esperarse, se veía bien para ser solo algo casual, tuvo que admitirlo en sus adentros. ─ Extraña forma de volvernos a ver ─ dijo con una sonrisa casual, ella le devolvió la sonrisa un tanto apenada por la confusión.

Mauricio se presentó ante Lucía, Daniela y él se volvieron a estrechar la mano amistosamente, ella se disculpó por lo acontecido en el aeropuerto, y él le restó importancia ya que fue un accidente, intercambiaron maletines y por un momento de pausa en la conversación Mauricio miró a ambas direcciones. ─ Será mejor que me vaya, estoy mal aparcado y no quiero que me remolquen el coche ─ ella asintió y se despidió, él asintió en un gesto de despedida y Lucía empujaba a Daniela para que dijera algo más, así que ella rio tontamente disculpándose por Daniela y tomó las riendas de la conversación. ─ Verás, mi amiga estuvo como loca buscando tu número, pero como ella ni siquiera sabe donde tiene esa linda cabecita… lo que quería decir es… ya que veo que tienes prisa, ¿Cómo haríamos para volvernos a reunir? ─ ¡Lucia! ─ reprendió Daniela con sus ojos abiertos de par en par, a veces, de verdad, Lucía era tan impredecible y otras tan indiscreta. ─ De verdad me tengo que ir, fue un gusto conocerte, de todos modos… Daniela tiene mi número y… yo debo irme ya, el trabajo me espera ─ contestó levantando el pulgar señalando a donde debía dirigirse. ─ El trabajo de fotógrafo debe ser fascinante ─ dijo Lucia desnudando con una mirada lasciva a Mauricio, en cambio Daniela juró que su amiga ronroneó por el comentario. ─ ¡Cierra la boca, Lucia! ─ Lo es ─ contestó abordando el auto con una cálida sonrisa. ─ Un gusto volverte a ver, Daniela ─ lo encendió y se fue.

─ ¿Qué?, ¿Y no piensa llevarnos? ─ protestó Lucía al quedarse como dos idiotas en la acera viendo como se alejaba. ─ Ya lo oíste, tiene trabajo ─ Pero nos pudo dejar cerca de alguna parada ─ protestó, pero Daniela señalo sobre su hombro con el pulgar hacia la parada de bus que había a media cuadra. Ambas cruzaron la carretera y volvieron a sentarse en la misma mesa, Daniela a revisar su maletín para ver si tenía todo completo mientras que Lucía suspiraba por él. ─ ¡Dios!, es un mangazo ─ Lucía ─ Y le gustó verte otra vez ─ Solo fue por amabilidad ─ Amabilidad o no, le gustó verte, eso quiere decir que tienes posibilidades ─ Lucía, basta, me asustas ─ La que me asusta eres tú, no puedo creer que ya hace seis meses terminaron tu y Maximiliano y no te quieres dar otra oportunidad, cuando te digo para salir a divertirnos… ─ Voy contigo, no puedes negar que no comparto con ustedes ─ Eso lo sé, estás allí, pero a la vez no, porque siempre tienes esa cara de perdida, de estar en otro mundo menos en la fiesta, todo chico que se te acerca lo terminas echando de tu vida a patadas ─ Son unos idiotas sin cerebro ─ ¿Incluyendo a los que te presento? ─ Los que me presentas, la mayoría, son del equipo de rugby y esos menos tienen cerebro ─ Pero no puedes negar que son lindos y tienen un cuerpazo ─ ¿Es mucho pedir a un chico que piense por si mismo y sea lindo, inteligente, amable… ─ Estás pidiendo a un gay. Escucha, si, es cierto, si son feos son inteligentes, si son feos y con dinero son cantantes de reguetón y tienen a una supermodelo porque así se lo demanda la disquera, pero si son bellos con cuerpo e inteligentes, definitivamente están fuera de nuestra liga porque son maricas ─ ¿Estás diciendo que Mauricio es…? ─ No, no lo estoy diciendo y no creo que sea uno porque no tiene el porte de un chico guay y todo eso que hace que las chicas flipen por él, solo para decirles un día que batea para el otro equipo… un momento, ¿Estás reconociendo que te gustó Mauricio?, ¿De que es lindo? ─ ¡No!, ¡no!... (resoplido), Lucía, no estoy diciendo eso… ─ Lo acabas de decir ─ Lo decía por la cara que tenías tú desnudándolo con la mirada ─ Es porque tiene estilo, se ve así todo misterioso, sexy, así como en las cincuenta sombras, ¿sabes? ─ Ya he escuchado mucha mierda por el día de hoy, será mejor que nos vayamos ─ ¿Tienes todo? ─ Si, si… tengo todo ─ ambas se levantaron y llamaron otro taxi, Lucía le recomendaba que, de verdad, debería considerar en volverse a llamar, que si no lo hacía ella, tenía un buen prospecto para ella y quería presentárselo, obviamente Daniela no le estaba prestando atención mientras abordaban el taxi.

Sencillamente se veía y no se creía, nunca pensó que de todas las personas, ella, su amada Daniela, se hubiera rebajado a tanto en verse con alguien de los bajos fondos, aunque veía las grabaciones una y otra vez, no lo podía asimilar, pero ver la actitud sospechosa como actuaba Daniela al salir del apartamento con tanta prisa, y ver a éste sujeto intercambiar maletines con ella en mitad de la calle como algo casual…, no, definitivamente aquí había algo raro, y si Daniela estaba en algo turbio, buscaría la forma de sacarla de allí antes de que saliera perjudicada, y más cuando el hombre vio a ambas direcciones y con prisa abordó el auto, como si supiera que lo estaban viendo o siguiendo, él sabía sobre lo que estaba haciendo Daniela con respecto a la carrera de periodismo, pero esto era el colmo, y éste video no era suficiente prueba para llamar a las autoridades, y si lo hiciera, el video comprometía a Daniela y eso no sería bueno para ella y menos teniendo a un padre trabajando en la cancillería. Acomodándose su arrugado abrigo, se levantó y tomó el bus, pensaría en algo más adelante.

─ Hoy es sábado, deberíamos salir hoy ─ proponía Lucía llegando al apartamento mientras que Daniela tiraba sus llaves sobre la repisa y Lucía se dejaba caer en el sofá. ─ No, hoy no estoy de ánimos─ Lo estarás cuando llames a tu misterioso fotógrafo y lo invites ─ No, Lucía, y tú tampoco lo llamarás, ya lo oíste, él es alguien ocupado y yo no tengo tiempo para gente como él ─ Pero por lo menos salgamos con el grupo, tú sabes, para celebrar que recuperaste tus cosas ─. Daniela se quedó un segundo pensativa ante la idea. ─ ¿Solo los del grupo? ─ Solo los del grupo, en el lugar de siempre ─ Daniela accedió y Lucía, con sonrisa en labios, se frotó las manos, ansiosa para dar inicio a la celebración.

Durante el trayecto a su pacifico recinto, Mauricio concertó la cita con la agente que le había hablado Carlos, discutirían sobre la nueva línea de ropa interior de verano el día lunes en horario de oficina en la agencia de modas Aqua Fashion, su vida ya había vuelto a su cause y así le gustaba y haría todo lo posible para que así se mantuviera. Llegando a su hogar, dejó sus llaves donde siempre, sobre una percha, se dejó caer en la silla mientras abría su maletín para corroborar que todo estuviera en orden… como por una hora estuvo descifrando todo el caos que Daniela le había dejado dentro, desde luego todo se veía ordenado a simple vista, pero las fotos y los correos, todo se encontraba mezclado, las tarjetas de sus clientes entre otros documentos en el bolsillo equivocado, pero lo más importante era que su cámara no había sufrido daños, la tomó entre sus manos y la encendió, enfocó un punto blanco cualquiera y comprobó el disparador, todo en orden. Una llamada lo hizo pisar tierra. Dejando su cámara a un lado, tomó su móvil y vio el identificador de llamadas, sonrió. Una vieja amiga de Francia había pisado España por asuntos de negocios y quería verle, desde luego le confirmó que sí se podían ver ésta noche, confirmaron lugar y hora, bien, hora de distraerse un poco y quitarse el estrés, por lo menos se merecía eso después de un buen susto.

─ Date prisa que vamos tarde ─ llamó Lucía desde la sala del apartamento buscando las llaves, Daniela aún se maquillaba, Lucía se asoma en la puerta y resopla a ver que su amiga apenas se daba los últimos retoques. ─ ¿Aun no estás lista? ─ Daniela solo le dio una mirada y siguió en lo suyo, a los pocos minutos, ambas se veían divinas, lista para saltar a la noche y divertirse a lo grande, ambas vistiendo trajes de gala para un club nocturno llamado Soul Bar en el centro de la ciudad. Por otra parte, Mauricio terminaba de organizar su trabajo cuando recibió una llamada importante, recordándole que su amiga, que había llegado a España desde Francia, necesitaba de la guía de alguien de confianza, Mauricio sonríe ante la propuesta. ─ ¿Y quién mejor que tú para ser mi guía? ─ preguntó la voz femenina desde el otro lado de la línea en francés, y Mauricio contestó en un francés fluido. ─ Te aprovechas porque sabes que no puedo decirte que no─ (risa pícara), Así es ─ ¿Dónde nos vemos? ─ ¿Ya se te olvido? ─ No, simplemente es una excusa para oírte hablar ─ (suspiro), Estoy en el hotel donde siempre me hospedo ─ Allí estaré en una hora ─ ambos se despiden confirmando la cita y que él la pasaría buscando, Mauricio apagó su laptop y se enfiló a su habitación a buscar una muda de ropa y su toalla.

Una vez llegado al hotel vestido con traje y corbata, todo de negro, fue recibido en el lobby por una hermosa mujer de cabello castaño, ojos verdes y labios finos, pero muy tentadores, vestida en pantalones blancos casual y sandalias Beverly Feldman de tacón alto, una blusa blanca manga larga ajustada en las muñecas y un chal hasta las rodillas a juego, parecía toda una ejecutiva usando una colección de Armani, el monedero de cuero modelo de Louis Vuitton, su cabello lo llevaba suelto en ondas con unos ganchillos de flores sujetando unos mechones para darle forma a su rostro, no cargaba mucha joyería, Mauricio sabía de antemano que no le gustaba, con manos en los bolsillos enarcó un ceño admirando lo hermosa que se veía, y ella también hizo lo mismo admirando la combinación de Mauricio, él se acercó a pasos casuales con una amplia sonrisa, ella lo recibió con un beso en cada mejilla, pero el perfume que percibió Mauricio de ella era exquisito, uno de Carolina Herrera, y él de Calvin Klein. ─ Creí que me dejarías plantada ─ dijo ella en modo de saludo. ─ Eso jamás. ¿Qué te trae por España?, porque no creo que sea solo por una excusa de invitarme a salir ─ (risilla), Que modesto ─ ella caviló un poco, su saludo fue en un español muy limpio, pero aun así se podía distinguir el acento francés. ─ Solo quería un paseo antes de mi concierto ─ Eso suena prometedor ─ Lo es ─ ¿Estoy invitado?, digo, al concierto ─ preguntó Mauricio ofreciendo su brazo para escoltarla, ella rio con travesura prendiéndose de su brazo. ─ ¿Cómo puedes preguntar eso?, te quiero allí. Conmigo. Sabes que eres como mi amuleto de buena suerte ─ el rio bajamente mientras que ella le daba una suave palmada en su brazo. ─ Espero que no te moleste en haber mandado a mi manager a reservarnos un lugar ─ ¿Adónde vamos? ─ ¿Hace falta preguntar? ─ Claro que no… vamos a donde el destino nos lleve ─ (risilla), Tan poético como siempre ─ dijo ella y salieron del hotel. ─ Estamos bien combinados ─ dijo ella abordando el taxi, Mauricio solo sonrió ante el comentario mientras mantenía la puerta abierta para ella.