Cap. 2

Tomando la autopista con rumbo a Córdoba y sumergida en sus pensamientos, Daniela contemplaba por la ventana los kilómetros de bastas tierras áridas, desde luego, todo debido a la época del año, una muy calurosa. Lucía no se mostraba muy conversadora debido a su resaca, bueno… no mucho. ─ ¿Sabes?, tu ex estuvo preguntando por ti… por enésima vez en lo que fue de semana ─ Daniela repara en su amiga que con sus lentes oscuros mantenía su mirada fija en la carretera, al escuchar semejante noticia rodó la mirada resoplando con aburrimiento. ─ ¿Otra vez? ─ No hallo como darle el mensaje, tu sabes, los dos son tal para cual, bien cabezotas ─ ¡Hey!, no me compares, él fue quien falló ─ ¿Por qué no hablas con él? ─ ¿Cuántas veces?, con o sin indirectas no capta el mensaje ─ Daniela le dio una mirada inquisitiva después de un par de segundos de silencio. ─ Esa fiesta estuvo bien buena anoche ─ Lucía amplía una sonrisa somnolienta. ─ Ni que lo digas, y la compañía ni hablar, habían muchos chicos lindos ─ ¿Ésta vez con quién amaneciste? ─ preguntó enarcando un ceño mostrando una sonrisa cómplice y conocedora. ─ ¡He!, cualquiera piensa que soy una golfa que se va con el primero que pille ─ No, no eres así, solo con el segundo que pilles después de haberte besado con media fiesta ─ Te estás pasando de zorra, ¿Sabías?, no tengo la culpa de vivir felizmente mi vida y que tu vuelo haya sido una mierda ─ para cortar la conversación Lucía enciende el reproductor y lo primero que sonó fue una canción de Bad Bunny, Daniela frunce el ceño y la nariz en total desacuerdo. ─ ¿No hay otra cosa mejor? ─ Oye, éste tío es la leche, muchas guarras babean por él ─ Daniela rueda la mirada. ─ Si quieres causarme una aneurisma te apoyaría, pero eso no es música ─ Ha ganado premios ─ Espero que sea por ecologistas, ya que es pura basura lo que expresa ─ Lucía resopla. ─ Nunca entenderé tus gustos ─ Ni yo los tuyos, así que solo apaga esa cosa y sigue manejando ─ Te advierto que si me quedo dormida es por tu culpa ─ Yo no te mandé a ir de fiesta ─ Lucía apagó el reproductor y siguió conduciendo en silencio, dejando que su mejor amiga dormitara inclinando el asiento un poco hacia atrás para estar más cómoda.

─ Margaret te estuvo llamando durante toda la semana ─ ¿Alguna buena noticia? ─ Es sobre la campaña de la nueva línea de ropa íntima para el verano, te quieren trabajando en ello ─ ¿Qué les dijiste? ─ Que te estarías comunicando con ellos en cuanto llegaras ─ Gracias, te debo una ─ No me debes una, me debes la vida, además no soy tu secretaria ─ No. Eres la cosa más mona que he conocido ─ los colores se le subieron al rostro sonriendo tímidamente, manoteó el aire sin dejar de sonreír para restarle importancia al halago. ─ Que no te escuche mi esposo porque se pondrá celoso ─ ¿Cómo te va con él? ─ De maravilla, dentro de dos meses cumpliremos nuestro quinto aniversario y te cuento, quiere que vayas ─ Mauricio parpadea enarcando sus cejas ante la invitación. ─ ¿De verdad? ─ Desde luego, sino fuera por ti jamás, jamás nos hubiéramos conocido, eres como nuestro padrino mágico ─ dijo tamborileando con sus dedos sobre el volante con esa sonrisa de enamorado, Mauricio no sabía que decir ante aquellas palabras, así que solo se quedó un segundo pensativo asimilándolas para luego terminar diciendo. ─ Gracias ─ Serás idiota, has sido un buen amigo, ¿Cómo no tomarte en cuenta? Y si no fuera por ti no hubiera conseguido este trabajo jamás ─ Cualquiera pensaría que soy un santo ─ Casi, querido, casi ─ ambos rieron un poco, luego hubo un corto silencio durante el viaje y la sonrisa de Carlos desaparece para preguntar. ─ ¿Quieres pasar a verla antes de ir directo al local? ─ Mauricio se quedó mirando la distancia, pensando. ─ No ─ dijo finalmente después de un par de latidos. ─ Ya falta poco para otro año más ─ Iré cuando sea el momento, antes no ─ Solo sugería ─ Simplemente quiero llegar y ducharme y dormir ─ dijo Mauricio con media sonrisa palmeando el hombro de su amigo para sumergirse otra vez en pensamientos.

Carlos vio la hora en el salpicadero del auto, 14:44, (2:44 PM), ya se habían saltado la hora del almuerzo cuando llegó al local a un par de cuadras después de la Menéndez Pidal, por la avenida de los Custodios y las Torres de Aquino, algo de Christina Aguilera sonaba en el reproductor mientras que Carlos ayudaba a Mauricio a bajar sus cosas del coche. Una señora de piel blanca y mejillas regordetas saludó alegremente desde la ventana de su apartamento con gato angora en brazos, cargaba bigudíes en su cabello castaño, desde luego ambos le correspondieron el saludo con cortesía y una sonrisa. ─ La señora Roberta no ha cambiado en nada ─ comentó Mauricio colgando su maletín en su hombro. ─ Y aún sigue insistiendo en querer una sesión de fotos contigo ─ ¿Estás de coña? ─ No, ayer me volvió a preguntar cuando regresabas para solicitarlo en persona ─ Sabes que no puedo… ─ Me dijo que ya faltaba poco para su cumpleaños y quería algo especial, tu sabes, para su “marido” ─ aclaró Carlos riendo con sarcasmo haciendo el gesto con sus dedos de entre comillas para enfatizar cuando quiso decir marido. Mauricio se quedó algo pensativo, él no le había conocido marido alguno. ─ Lo consideraré ─ dijo segundos después, tirando del asa de su equipaje e iniciando la marcha para el local, Carlos se le quedó mirando de hito en hito por un largo latido. ─ No me mires así, tú mismo lo dijiste, se acerca su cumpleaños y ella no ha sido mala persona con nosotros ─ Querrás decir contigo, mi amor, tú eres su vecino ─.

Una vez dentro, tomaron el elevador hasta la primera planta, en realidad el local era un edificio abandonado de dos pisos, un depósito, que Mauricio acondicionó gracias a las buenas pagas de las compañías en las que él había prestado sus servicios, había propuesto el sitio para sus trabajos y las compañías, independientemente, no sabiendo de sus planes, aceptaron en pagar un porcentaje del alquiler, y como eran tres compañías a las que él colaboraba, prácticamente le salía gratis vivir allí, y en dicho edificio, Mauricio dispuso de mucho material de trabajo fotográfico, inclusive en la planta baja había abierto un foto-estudio para su amigo Carlos y su esposo, la cual, Mauricio era dueño y Carlos era su asistente a la hora de trabajar en las campañas de las empresas en las que Mauricio trabajaba; era un lugar enorme, y Mauricio podía disponer de él a sus anchas, el decorado de la primera planta constaba de fotos y cuadros abstractos que el mismo había realizado y adornos que él había comprado con el pasar del tiempo, al igual que el amoblado eran contemporáneos, un juego de muebles entre blanco y azul de cuero, una mesita de centro con un montón de revistas donde aparecían publicados sus trabajos, el suelo seguía en elaboración, ya que era de cemento rústico, el baño era otra habitación enorme con jacuzzi, Carlos adoraba ese baño forrado en cerámicas negras con motivos de puntos blancos, hacían la sensación o la ilusión de estar en el espacio, pero uno de los lugares favoritos de Mauricio era la cocina, empotrada con línea marrón con la cocina en medio con una gran plancha y seis hornillas con su habitual extractor arriba, al lado de la cocina yacía un amplio mesón donde podía picar, rebanar y hacer cuanto quisiera para hacer de su cocinar más cómodo, abajo del mesón un gabinete con todos sus instrumentos de cocina, en uno de los extremos, a su izquierda tenía el horno, lavavajillas y a su espalda un fregadero doble y una enorme nevera de doble puerta con dispensador de hielo y agua en una de las puertas, a su derecha una percha donde colgaba su delantal, no se podía negar que vivía bien aunque la fachada de aquel edificio decía todo lo contrario, no obstante, se preocuparía en arreglar ese detalle más adelante.

Mauricio respiró profundamente el aire de su hogar, sintiéndose por fin relajado, dejó su gran maleta al lado del elevador, acomodaría eso después, lo primero era lo primero, darse un baño y descansar, no tenía ganas de cocinar, pediría comida a domicilio, Carlos se dejó caer en un sillón mientras veía a Mauricio enfilarse escaleras arriba para su habitación, lo que una vez fueron las oficinas, Mauricio lo había acondicionado para volverlas habitaciones. ─ ¿Debo esperar o bajo para el estudio? ─ gritó Carlos desde la parte baja. ─ No eres mi sirviente, Carlos, puedes bajar libremente al estudio o irte a casa, yo estaré bien ─ ¿No se te olvida contactar con Margaret? ─ ¡Lo tengo todo bajo control! ─ contestó desde la parte alta. Mentira, tenía la mente en blanco por el cansancio, solo quería acostarse y olvidarse del mundo por un día, luego se pondría en ello, cuando escuchó el elevador funcionar, tomó el control que reposaba sobre la cama matrimonial y encendió el equipo reproductor de última generación y una música estalló, una música retro de los 90, algo de Blur, R.E.M, Radiohead, seguido de Jet, entre otras agrupaciones de la época; no perdió el tiempo, bajó las escaleras rápidamente en bata de baño con toalla en el hombro, decidido en tomar una ducha que le hiciera olvidar.

Un enorme suspiro de alivio soltó Daniela al estar por fin en casa, bueno, en realidad era la residencia de la universidad donde vivía, pero era su hogar, su segundo hogar. Dejó el grupo de maletas desplomarse a sus anchas mientras ella se dejaba caer en el sofá beige de cuero, nunca se había sentido tan bien estar en casa, Lucía pasaba delante de ella y se desplomaba en el sillón, se quita los lentes, también, sintiendo un alivio tremendo. ─ Creía que nunca llegaría ─ dijo frotándose la frente con sus dedos, se podía apreciar que le dolía la cabeza. ─ Estoy muerta ─ fue la respuesta de Daniela con la mirada puesta en el techo. ─ ¿Qué tal tus vacaciones? ─ preguntó Lucía reparando por fin en su amiga, se levantó del sillón en busca de unas aspirinas solo para darle tiempo a su amiga de contestar y, también, porque el dolor era insoportable. ─ fueron lo máximo, visité muchos lugares, tomé muchas fotos, no me quejo, aunque el calor es espantoso, traje un montón de cosas y salí con un chico lindo, y aclaro antes de que abras tu bocaza, solo salimos como amigos ─ Lucía solo mostró sus manos en gesto de rendición con vaso en mano después de haber tomado el medicamento, no sentía el cuerpo con ánimos de nada. ─ por lo menos saliste, que es lo importante y con respecto a los recuerdos… espero que no sean esos adornos raros de ellos ─ ¿Qué tienen de malo? ─ Son inquietantes, por lo menos para mi, por ejemplo ese estúpido gato que te saluda todo el día con sus ojos abiertos como dos huevos fritos ─ Eso es un adorno chino, sabes la diferencia, ¿No?, y si al caso vamos, entonces no disfrutarás de la ropa que te he traído, ya que es “inquietante” para ti ─ el rostro de Lucía se iluminó… solo un poco. ─ Si es ropa no tengo problemas ─ Ya lo dijiste ─ Hablé sobre los adornos, no de la ropa─.

Con un gruñido de alto esfuerzo, Daniela se sienta para encarar a su amiga, y solo pudo darle una mirada inquisitiva por un par de segundos. ─ En cambio a ti, te puedo asegurar que no te fue tan mal en estas vacaciones ─ ¿Por qué lo dices? ─ ¿Tu cara sirve de ejemplo?, ¿Desde hace cuánto que no duermes bien? ─ Tengo que aprovechar al máximo el tiempo ─ Si eso lo aplicaras con tus estudios… ─ dijo poniéndose en pie sin prestarle mucha atención a las protestas de su amiga, quería darse un buen baño y descansar antes de ponerse a lo suyo y acomodar todo lo que había traído de sus vacaciones, miró con una mueca llena de flojera a todo el equipaje regado por el suelo, reparó en el maletín negro, el que se asemejaba al maletín del fotógrafo y por alguna razón le trajo recuerdos de su conversación y fue… raro, porque después de un buen instante de hablar con él se sintió… bien, se sentía que podía hablar de todo con él y no la juzgaría, parpadeó en espabile suavemente volviendo a la tierra, con media sonrisa, considerando que, a lo mejor, se sentía así ya que era un perfecto extraño y sabía que apenas salieran de ese restaurante de aquel aeropuerto jamás volverían a encontrarse, esa fue otras de las razones por el cual no le pidió su número, ni él, tampoco, se molestó en hacerlo, porque él, también, era consciente de ello, solo dos extraños en una conversación casual de nada en particular.

Una buena tarde y un buen sueño reparador después de una buena ducha, tanto Daniela como Mauricio se sentían con fuerzas renovadas al día siguiente, ella tomaba de su café de la mañana como siempre lo hacía con una toalla en su cabello y en bata, él revisaba el periódico tomando de una buena taza de chocolate caliente, ambos miraron a sus respectivos equipajes arrinconados e hicieron una mueca ante todo lo que les esperaba, no obstante, el deber llamaba, para Mauricio porque debía estar organizado antes de contactar con los agentes de las compañías, en las cuales, había visto en su correo y la que tanto le había hablado Carlos. Daniela tenía un poco más de trabajo, no solo con su ropa sino con todo lo que había traído de la India; con otra mueca miró hacia el enorme maletín que tanto le había costado cerrar antes de salir del hotel. ─ Creo que me pasé ─ pensó considerando el montón de trastos que traía que, seguramente, una mitad no usaría o lo arrinconaría y la otra mitad eran regalos para sus amigas y para sus padres.

Con un suspiro de resignación ambos decidieron ponerse manos a la obra. Lo primero que hizo Daniela fue tomar su pesado maletín, su morral lleno de ropa y lo llevó a su habitación, aprovecharía el tiempo sin una Lucía que la distrajera con preguntas que no quería contestar por ahora, gracias a Dios ella aun dormía y fue el momento perfecto, acomodó sus ropas diligentemente y se entretuvo tanto en ello que no se había dado cuenta cuando había terminado, en cambio Mauricio, típico como todo soltero, se tomó su tiempo, total, nadie le esperaba, una vez que terminó, bajó al comedor a buscar su maletín y ponerse a trabajar cuanto antes. Cuando llegó el momento para Daniela de arrastrar el pesado maletín y el maletín parecido al del fotógrafo a su habitación, notó algo raro en él, tenía unas iniciales marcadas en una pequeña placa dorada, y dada a dichas iniciales, ningunas coincidía con su nombre, y si no fuera por el hecho de que ella no recordaba haber mandado hacer ninguna placa lo hubiera dejado pasar por alto, pero esto no pintaba nada bien y ese punto en particular era lo que le inquietaba. Mauricio notó algo en su presunto maletín, ¿Dónde estaba la pequeña placa con su nombre?, lo examinó por ambos lados y nada, inclusive, revisó el lugar donde debería estar dicha placa dorada por si se había desprendido, pero no, allí no había nada, nunca lo hubo; se rascó la parte trasera de su cabeza con aquel gran signo de interrogación en su cabeza. ─ ¡El aeropuerto! ─ pensaron ambos al mismo tiempo totalmente horrorizados y olvidándose de todo.

Daniela se sentó en la cama y Mauricio en una mesa, él empezó a sacar sobres, una laptop, (que no era el suyo), y una libreta, tal vez era un diario, no lo sabía y tampoco le interesaba, esto no podía ser cierto o solo era el producto de un mal sueño. Se levantó y comenzó a caminar de un lado a otro con la mirada perdida, recordando el momento justo donde posiblemente pudo haber pasado el intercambio, en cambio Daniela sacó una cámara fotográfica, no es que ella supiera mucho de cámaras, pero ésta se veía complicada y pudo leer en un lado Canon EOS 650D y en una parte de la lente decía 67 milímetros y EFS 18, ¿dieciocho qué?, el resto era tan confuso…, en fin, siguió revisando y sacó una laptop, (que no era el suyo), y unas carpetas que no tenían nada que ver con lo que había traído de la India, algunas eran fotografías, otros correos impresos con membretes. Con ceño fruncido se levantó y caminó de un lado a otro en su habitación, pensando, recordando cuando fue el momento justo en que pasó el intercambio. Ambos se volvieron a sentar y volvieron a escrutar ambos maletines como si esperaran un milagro, como si quisieran estar totalmente seguros que eran sus maletines y todo fue un fallo de sus vistas, pero no, todo estaba sobre la mesa y cama y ambos sacudieron los maletines en espera de que saliera una de sus pertenencias, pero no, del maletín que tenía Mauricio no contenía nada más a parte del diario unas postales y la laptop, en cambio Daniela, salieron un montón de tarjetas de presentación regándose por toda la cama y una de ellas cayó al suelo.

Esto no podía ser cierto, sus maletines se habían confundido, ella tenía el maletín de Mauricio y él el de… el de… ¿Cómo era que se llamaba?, ¿y ahora que iban a hacer?, ninguno tenía el número del otro ya que no se preocuparon en lo más mínimo por tenerlo, ni mucho menos tratar de intercambiarlo, Mauricio miró las postales y el diario, consideró en revisar el diario ya que posiblemente encontraría un número, si no fuera el de ella sería el de una amiga, pero lo consideró mejor y decidió revisar primero las postales; en cambio Daniela decidió revisar tarjeta por tarjeta, posiblemente encontraría la de aquel fotógrafo y lo llamaría.

La búsqueda de un posible contacto que lo acercara a su desconocida no lo llevaron a ningún lugar, si tan solo se acordara de su nombre… todas aquellas postales no tenían nada escrito, como que no tenía intención de enviarlas, miró otra vez al diario, solo era una portada de cuero y ella lo había forrado con papel autoadhesivo transparente con dibujitos de corazones y unicornios, sacudió la idea de su mente enérgicamente y decidió encender la laptop, genial, ¡simplemente genial!, pedía una contraseña.

Ninguna de las tarjetas tenía algún nombre o dirección, la cual, pudiera orientarle a su desconocido fotógrafo, ni las cartas con membretes, solo decían su nombre con su número de identificación y eran correos electrónicos impresos, ¿y si llamaba a una de esas compañías para pedir información?, no, Daniela lo consideró mejor y decidió apartar la idea enérgicamente de su cabeza, eso sería llamarse a complicaciones, una: porque posiblemente se viera muy sospechoso y dos: lo metería posiblemente en problemas legales por haber perdido materiales importantes de su trabajo, así que optó por encender la laptop… esto no podía estarle pasando, ¡pedía una contraseña!. Ambos se peinan con los dedos mirando aquella pantalla encendida con sus caras llenas de frustración, la angustia y el miedo corroyendo desde lo más hondo hasta quemar en el pecho, ¿Qué iban hacer ahora?, sus vidas estarían envueltas en un lío grande si no recuperaban sus pertenencias.

Esto era una emergencia, inclusive se podría calificar como emergencia nacional, y no sabía si llamar a emergencias, ¿Qué les diría?, lo más probable es que se rían antes de colgarle o le reprendan por hacer ese tipo de llamadas con semejante solicitud tan ilógica, eso era su responsabilidad y fue su error haberlo perdido y debía ingeniárselas para recuperarla. Lo último en lo que pensó, y debido a la emergencia, era revisar el diario, se disculparía luego, pero era su trabajo y su cuello lo que estaba en juego, así que se armó de valor pasando sus manos por el rostro y se sentó dispuesto a abrir el dichoso diario.

Lucía se acercó a la habitación de Daniela y se quedó plantada en la puerta paseando la vista por todo el caos desatado por todo el lugar, papeles, tarjetas y carpetas regados por toda la cama, el maletín tirado al suelo y una laptop encendida y Daniela mirando a la pantalla como si esperase que le contestara. ─ ¿Y este desorden?, ¿Qué ha pasado? ─ preguntó, Lucía pudo jurar que Daniela giró hacia ella con una expresión tan escalofriante que la comparó con Linda Blair en el exorcista. ─ Perdí mi maletín ─ dijo con voz sombría. ─ ¿Qué perdiste qué? ─ Daniela se levantó como si un resorte la hubiera empujado por su trasero y comenzó a explicarle, totalmente exaltada, consternada, al borde de la histeria sobre la pérdida de su maletín que, para los oídos de Lucía, no tenían ningún sentido, ni siquiera un orden, hablaba de un joven en el aeropuerto, después señalaba todo el desorden, las compañías, el café del aeropuerto, la cámara, el vuelo, para luego saltar al restaurante otra vez y terminar sentada sintiéndose totalmente estúpida y abatida.

Con mucho cuidado, para no desordenar aún más aquel desorden, Lucía sorteó un morral, recogió el maletín y miró una tarjeta en el suelo, con ceño fruncido en interrogante la recogió y la sostuvo a la altura de su cara, y la leyó en voz alta. ─ Mauricio, X. Montenegro L, diseñador y fotógrafo ─ leyó la dirección y el número; eso era música para los oídos de Daniela, ¿había escuchado bien? ─ Repite lo que dijiste ─ señaló, desde luego no esperó a que su amiga leyera la tarjeta, en cambio se la quitó de las manos y ella misma lo leyó, ¿Cómo será de idiota en no darse cuenta de la tarjeta que se había caído?, tal era su desespero que no pudo fijarse, así que leyó la tarjeta, una, dos, tres y hasta cinco veces para estar segura, la sonrisa que se le plasmó en el rostro no solo fue de alivio, se podía decir que tenía un deje de histeria por el hallazgo, así que saltó sobre su amiga y salió corriendo a la sala, buscó su teléfono móvil y…

Mauricio revisaba las primeras páginas en busca de algún número o dirección, en cambio solo consiguió algo tan, totalmente, desagradable en las primeras líneas de una de las páginas al azar, era la fecha de inicio de la menstruación de Daniela, sintió en un segundo el instinto de cerrarlo y buscar otros medios, no quería volver abrir ese “pequeño” diario.

Con mirada puesta en algo y a la vez en nada, permitiendo que su mente revoloteara en más ideas que le ayudasen a solucionar su situación. ─ La universidad ─ pensó, posiblemente alguien la conozca y le puedan dar su dirección y arreglar este desastre, miró el diario pensando en abrirlo de nuevo y… su teléfono móvil sonó, vio un número desconocido plasmarse en la pantalla. Con ceño fruncido deseó que no fueran ninguno de sus clientes, no estaba de humor, y si fuera el caso, ¿Qué excusas les daría? Tocó la pantalla y… ─ ¿Hola? ─ dijo al atender la llamada en el quinto repique tratando de no sonar tan amargado. ─ ¿Mauricio? ─ ¿Si? ─ contestó arrastrando la palabra tentativamente, una voz femenina al otro lado del auricular no era muy seguido, no cuando lo primero que dicen es tu nombre, y por el tono de voz, lo que tenía que decir era urgente. ─ ¿Mauricio Montenegro? ─ Si, soy yo, ¿Quién habla? ─ un suspiro de alivio se oyó al otro lado de la línea. ─ Gracias a Dios, soy Daniela ─ ¿Daniela?, ¿Qué Daniela? ─ Si, soy Daniela, Daniela Iriarte, la del aeropuerto, ¿Te acuerdas? ─ ¡Ha!, si, si, claro, he… ─ Mauricio carraspea, en realidad no se acordaba, y si… ─ Disculpa yo… he… estoy pasando… estoy pasando por un momento… ─ Tengo tu maletín ─ la noticia que recibió fue como una cachetada mental, obligándolo a cerrar la boca. ─ ¿Perdón?... ¿Qué tienes qué? ─ Tengo tu maletín, se confundió con él mío y… ─ Y yo tengo él tuyo ─ dijo con un suspiro de alivio, acordándose por fin de quien era, soltando aún más todo aquello que le consumía como el ácido en los intestinos, ahora solo hacía falta una cosa, concretar un encuentro para volver a intercambiar los maletines, tenía que ser cuanto antes para poder seguir con sus vidas.