Mckarrigan

A pesar de todos sus juguetes, Mila pasó una noche insatisfactoria. Durmió bastante bien hasta que la luz del sol apareció en la ventana del balcón y ella sonrió sabiendo que tendría un nuevo día para disfrutar del hotel que tanto había cambiado su idea de las vacaciones. Debía agradecerle a Sergio porque de no ser por él y su extraña forma de interés todavía estaría recluida en su habitación sin experimentar del todo el lugar. Le agradecía también a Evangelina porque sin ella nunca hubiera visto la escena de la noche anterior que tanto le había gustado, solo le faltaba recordarlo para que su cuerpo reaccionara del mismo modo.

Sentía tanta curiosidad por esa pareja, pero no tenía los informantes de Sergio así que supuso que la única forma de que pudiera encontrárselos de nuevo era que ocurriera una casualidad, tenía algo de esperanza, pero no demasiada. Pidió el servicio a la habitación para su desayuno y luego disfrutó de la comida tumbada en la cama, se quedó allí todo lo que pudo hasta que comenzó a sentirse un poco aburrida. Había estado esperando las señales de Sergio, pero él todavía no se comunicaba con ella, por lo que se vistió con uno de sus trajes de baños para salir de la habitación.

Se subió al ascensor y bajó con una sonrisa, tal vez se encontrara con alguna de las personas que había conocido la noche anterior. Pensó en ir a la playa, al igual que todos los días, porque le gustaba lo natural del mar, pero imaginó que era el momento perfecto para darle una oportunidad a la piscina, así que se encaminó al lugar. Había pocas personas al llegar, se sentó en una de las mesas con sombrillas disponibles cerca de la piscina y un mesero se acercó para servirla.

-¿Le gustaría tomar algo?- Le preguntó el hombre, amable.

-Una piña colada- pidió ella con una sonrisa -creo que combina con el ambiente.

-Ya se la traigo- asintió el mesero antes de retirarse.

Ella se quedó recostada en la silla mientras miraba a las personas allí, todo el mundo estaba atento a sus actividades. Había varias parejas cerca de la zona infantil que miraban con ojo de halcón a los niños en la pequeña piscina. Otras dos parejas estaban alrededor de la piscina, pero eso era todo. Al parecer todo el mundo prefería ir a la playa, lo que tenía mucho sentido si lo considerabas detenidamente. El mesero regresó con su bebida y ella le agradeció con una sonrisa.

Se colocó bloqueador antes de tumbarse en la silla para tomar el sol, disfrutaba del trago afrutado mientras algunas otras personas se sentaban alrededor del lugar. Una hora más tarde había mucho más movimiento y los meseros no dejaban de moverse. El calor comenzaba a sentirse un poco sofocante por lo que se levantó para ir a las duchas antes de nadar en la piscina, pero al levantar la mirada su cuerpo se detuvo. Allí frente a ella se sentaba la pareja de la noche anterior.

Se encontraban en una de las partes altas del lugar y miraban todo con atención, era como si quisieran observar a las personas que estaban allí. La mujer se acercó al barandal y se reclinó allí, nadie le prestaba atención salvo ella, podía notarlo. La mirada fue recorriendo el lugar hasta que se detuvo en su rostro, la mujer la miró unos segundos y pudo jurar que sonrió levemente antes de darse la vuelta y regresar con su pareja. Hablaron unos segundos, Mila sentía como si de pronto la estuvieran observando.

Ya no se levantó, se quedó allí intentando acabarse su bebida para tener una excusa.

-¿Necesita algo?- Preguntó el mesero cuando lo llamó una vez más.

-¿Puede traerme otro?- Dijo ella señalando el vaso vacío -y algo para comer, unas papas fritas, algo parecido.

-Por supuesto- asintió el hombre antes de retirarse.

Ella esperó con paciencia a que el hombre regresara, se atrevió a observar a la pareja un segundo intentando no ser evidente. El hombre estaba en una llamada y la mujer hablaba con él como si ambos estuvieran ocupados, no pudo evitar notar que ese mismo aire de lujo y dinero los rodeaba igual que la noche anterior. Era como si sus miradas rebelaran ese aire de liderazgo que solo poseían las personas que estaban acostumbradas a estar a cargo.

-Aquí tiene- la interrumpió el mesero. Ella observó como el hombre dejaba las cosas en la mesa.

Y sin que la vergüenza creciera en su pecho se atrevió a preguntar.

-Disculpe- comenzó Mila -pero, ¿quién es la pareja que se encuentra sentada allí arriba?

-Llaman bastante la atención, ¿verdad?- Comentó el mesero con una media sonrisa.

-Sí- admitió ella devolviendo el gesto -¿sabe quiénes son?

-Esos son los Mckarrigan- dijo el mesero con simpleza.

-No me suena el nombre- negó ella con una mueca.

-Son los dueños de Mckarrigan Inn, la empresa de hostelería- le explicó él -y por lo tanto, los dueños de este hotel.

-Ya veo- comentó ella con sorpresa.

El hombre sonrió antes de alejarse dejándola con la boca abierta. Era por eso que la pareja se veía tan cómoda la noche anterior y esa era la razón de su aura de riqueza, ambos eran realmente adinerados. Se atrevió a lanzarles una nueva mirada, pero aquello fue un gran error porque ya ninguno estaba ocupado y al mirarlos ellos le devolvieron el gesto directamente. Sus mejillas se ruborizaron sintiéndose intimidada, fue casi un milagro que su celular sonara avisándole de un nuevo mensaje.

Sergio: Preciosa, por fin estoy casi libre. ¿Quieres que nos veamos más tarde?

Mila: Encantada, sabes que no me atrevería a negarme.

Ella sonrió sintiéndose emocionada y excitada.

Sergio: ¿En dónde estás?

Mila: Decidí quedarme en la piscina hoy.

Sergio: De acuerdo, nos vemos allí en unas horas.

Sonriendo y algo emocionada dejó el celular en la mesa para disfrutar de su bebida junto a sus papas. Pensar en las cosas que estaría haciendo pronto con Sergio la hicieron mojarse con anticipación, lo deseaba entre sus piernas. Ella levantó su mirada hacia la piscina y sus ojos se fijaron en la figura femenina que recorría el borde del lugar. Al parecer la mujer Mckarrigan había decidido unirse a los mortales, algunas miradas fueron lanzadas a su cuerpo escultural, ella no fue la excepción, antes de que se duchara y se lanzara a la piscina.

La observó comenzar a nadar, la mujer recorría la extensión de la piscina a una velocidad alucinante, no podía dejar de mirar. Fue como si su cuerpo le pidiera que se acercara porque de pronto se encontró caminando hacia las duchas tal y como la mujer lo había hecho, se demoró unos segundos allí antes de darse la vuelta para enfrentarse a la extensión de agua donde seguía nadando. Una mirada la marcó y ella subió los ojos solo para encontrarse con la mirada penetrante del hombre, sus pezones se alzaron mientras sus mejillas se llenaron de color, pero antes de que se notara ella se zambulló.

Se quedó debajo del agua todo lo que sus pulmones le permitieron intentando calmarse, cuando emergió nadó disfrutando del tiempo y el espacio. Siguió observando a la mujer aunque con mucha más sutileza mientras esta seguía recorriendo la piscina de lado a lado con fuerza, no entendía como no estaba agotada a esas alturas. Unos minutos más tarde la mujer emergió sin aliento, pero con una sonrisa en el rostro, ella pensó que se retiraría, pero en su lugar se recostó del borde de la piscina intentando recuperar la respiración.

Uno de los meseros se acercó para servirle diligente y ella solo pidió agua, fue en ese momento que pudo escuchar su voz. Era dulce y aguda, nada de lo que hubiera imaginado, incluso con su pelo rubio la mujer no se veía ni un poco suave. El mesero regresó y ella vio como la mujer se sentaba en el mismo lugar para beber su agua, sus miradas se conectaron por unos segundos y una sonrisa se mostró, su corazón se aceleró de pronto dándole el valor para acercarse. Iba a decirle la primera palabra cuando una voz la llamó.

-Mila, eres tú- saludó Franco con una sonrisa -¿cómo estás?

El hombre llevaba una toalla y claramente venía de la playa, porque sus sandalias estaban llenas de arena.

-Todo bien- respondió ella mirándolo con una sonrisa amable.

-¿Esta noche estarás por la disco?- Le preguntó él con entusiasmo -estoy cansado de rogar por un baile, eres la única a la que le gusta bailar tanto como a mí.

-Tal vez vaya- respondió ella sin ser demasiado clara debido a su encuentro con Sergio.

-Espero que lo hagas- insistió él -nos vemos más tarde.

-Nos vemos- se despidió ella.

Observó como el hombre se alejaba antes de darse la vuelta, por un segundo creyó que la mujer seguiría en el mismo lugar, pero había regresado a su ronda de ejercicios. Con algo de decepción miró sus manos arrugadas y decidió que era buen momento para salir del agua. Nadó hasta las escaleras más cercanas antes de subir, caminó hasta la mesa donde había dejado sus cosas y le dio un buen trago a su piña colada que ahora estaba algo caliente.

Se quedó allí pensando que había perdido su oportunidad, la mujer le había sonreído, había estado a punto de hablarle. Ahora esa curiosidad que sentía permanecería con ella y no era buena con eso, suspiró antes de seguir comiendo de sus papas, no eran un buen consuelo. Esperaría a que se presentara una nueva oportunidad, esa fue su resolución, estando en el mismo lugar tendría que suceder. Con una sonrisa pidió un trago un poco más fuerte y esperó.