Epílogo
Luego de ese último encuentro con Jack, Mila se había levantado solo para darse cuenta de que estaba sola en la habitación. Eso había significado que él se había ido en algún momento de la noche sin que ella lo notara. La tristeza llenó su cuerpo con intensidad al pensar por fin en Sergio y Jack, sentimientos encontrados se presentaban por ambos. Tantas cosas habían pasado y no podía pensar en ninguno de los dos sin que las dudas y las verdades a medias se sintieran demasiado pesadas como para poder ignorarlas. Se levantó temprano, lista para empacar sus cosas, en el momento en que su maleta estuvo lista se bañó con rapidez y ordenó algo para desayunar.
Disfrutó de la comida hasta que el teléfono fijo de la habitación sonó y ella supo que era momento de retirarse.
“-Señorita Becker, le hablo desde la recepción- le dijo una mujer amable -hoy culmina su estadía en el hotel y debe dejar la habitación al mediodía, ¿desea que su auto esté esperando en la entrada?”.
“-Eso sería maravilloso- aceptó ella -y si alguien puede ayudarme a bajar la maleta, incluso mejor”.
“-Le enviaré al botones a la hora indicada- ofreció la mujer”.
“-Muchas gracias- dijo ella antes de colgar”.
Las horas pasaron con demasiada velocidad, los toques en la puerta la sorprendieron y al abrir la puerta se encontró con un botones sonriente. Dirigió al hombre hasta su maleta para bajar juntos a la recepción, fue allí que terminó de llenar sus papeles de salida y pagó algunas cosas que no estaban en su plan, no era demasiado por lo que no prestó demasiada atención. Salió luego de que todo estuvo listo y su maleta la esperaba dentro de su auto frente al hotel, ella se volteó unos segundos para darle un último vistazo antes de subirse y alejarse sin mirar atrás.
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Ahora se encontraba en la casa de sus padres, después de unas maravillosas vacaciones llegó a su departamento para saber que su madre había ido a su casa múltiples veces hasta que al llamar a su oficina Bianca le avisó de sus planes y del hotel en el que había decidido quedarse. El drama la había golpeado de inmediato, aceptó que era algo que se merecía al reconocer que no había contestado ni un solo mensaje de todos los que su madre le había enviado durante su mes de estadía, algo imperdonable para su madre y para cualquiera.
-Lo lamento, mamá- ofreció ella por décima vez -no sé qué más quieres que te diga, solo recibí la notificación del trabajo sobre mi tiempo laboral y no pude quedarme. Me ofrecieron estadía en un hotel cinco estrellas, no iba a negarme. No soy tan tonta.
-Eres lo suficientemente tonta como para no responder ninguno de mis mensajes- reprochó su madre dando vueltas por la cocina.
-Y lo lamento- suspiró Mila con cansancio.
-Es que no entiendo por qué no nos lo dijiste- le dijo su madre viéndola por fin -podías haber venido a la cabaña de la montaña con nosotros.
-Sabes que me gusta la playa, mamá- comentó ella con una mueca.
-Con avisarnos que no estarías trabajando habría sido suficiente- dijo su padre entrando al lugar -nos preocupamos cuando no te encontramos en tu departamento, Mila.
-Lo siento, de verdad- dijo ella de nuevo -solo quise disfrutar de mis primeras vacaciones en mucho tiempo.
La diatriba de su madre continuó hasta que les contó sobre los lugares que había visitado y lo bien que lo había pasado en el hotel, el resto de la tarde se basó en las experiencias vacacionales de todos hasta que fue el momento de irse. Era de noche para cuando su madre la dejó irse de la casa, al día siguiente comenzaba su rutina laboral, así que tendría que prepararse para todos los asuntos que tendría pendientes.
Llegó a su departamento y se duchó con rapidez, se tumbó en la cama dispuesta a dormir, pero sus pensamientos se dirigieron a dos hombres que no habían dejado de acosarla. Habían pasado varios días desde su llegada y todavía no podía dejar de pensar en ellos, se le hacía imposible, su mente rememoraba cada beso, cada caricia y la excitación que había sentido hasta que inevitablemente terminaba tocándose en su cama, justo como sucedía en ese segundo.
Ella gemía mientras se penetraba con su dildo lila y presionaba su vibrador en su clítoris sensible en su máxima velocidad con una necesidad que no la dejaba tranquila. Su mente se llenaba con los recuerdos de Sergio tomándola en su yate, hundiéndose en ella y jugando con su cuerpo en la playa al mismo tiempo que Jack se había presente con su sonrisa lobuna, sus manos dominantes y todos los zotes que le había dado llevándola a un estado de placer que nunca había experimentado. Se corrió con la imagen de ambos hombres y supo que estaba hundida hasta el fondo.
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El trabajo la esperaba sin novedades, todos sus compañeros la saludaron con cariño y la felicitaron por tomarse vacaciones después de seis años de evitarlo. Todo el ambiente era alegre, las personas contaban sus anécdotas y ella participada por fin, hablaron hasta que cada quien se sentó en su escritorio con el llamado de sus responsabilidades. Las horas transcurrieron lentamente y ella se dedicó a su trabajo con tanta diligencia y eficacia como siempre lo hacía, fue a la hora del almuerzo que su jefa la interrumpió.
-Mila, me alegra mucho que hayas disfrutado de tus vacaciones- le dijo la mujer -todo el mundo está hablando de eso.
-Me imagino- comentó ella con una sonrisa -fue excelente y debo agradecerte por eso.
-Te lo merecías- afirmó Bianca -y hablando de las cosas que te mereces, me gustaría que te reunieras conmigo en la oficina.
Ella frunció el ceño antes de seguir a la mujer. Entraron en el lugar y ella se sentó en la silla teniendo un deja vu que reconocía.
-¿Qué sucede?- Preguntó Mila.
-Al parecer los jefes de arriba se dieron cuenta con tu ausencia de lo indispensable que eres para la empresa y quieren ofrecerte un aumento- le explicó la mujer con una sonrisa.
-Eso es muy bueno, pero muy inesperado- afirmó ella.
-Creo que en parte tiene que ver con la oferta de trabajo que llegó esta mañana.
-¿Oferta de trabajo?- Preguntó ella confundida.
-Sí, te enviaré la información a tu correo para que la revises- le ofreció la mujer -avísame lo que piensas.
Ella se levantó casi corriendo y fue a su computadora, abrió el correo casi desesperada para leer con ojos sorprendidos la oferta de trabajo de la que hablaba Bianca. El hotel de Cameron e Isadora le ofrecía un puesto de trabajo en las oficinas administrativas con un exorbitante sueldo y muchas más ventajas. Mila no podía creer lo que estaba leyendo, al parecer había alguien que se negaba a dejarla ir, siendo sincera con ella misma se sentía de la misma forma y estaba tan tentada de aceptar la oferta, pero había muchas cosas que decidir antes de hacerlo. Las decisiones tendrían que esperar hasta el futuro cercano. Dejó el mensaje abierto mientras los rostros de dos hombres que conocía se mostraban en su mente comenzando un rayo de excitación.