Reto prohibido
Mila estaba realmente excitada y con el corazón acelerado aunque acababa de correrse, no podía creerlo, pero ese era el efecto que Cameron tenía sobre ella. Estaba de pie, totalmente desnuda entre las piernas del hombre mirando fijamente la erección que la llamaba, su boca estaba ansiosa por probarlo. Se lamió los labios haciendo que los ojos de Cameron se oscurecieran hasta límites insospechados, él la miraba atentamente por lo que se sentía bastante poderosa. Se arrodilló lentamente sin atreverse a tocarlo, sus rodillas se quejaron de estar en el piso, pero eso no la detuvo ni un segundo. Fue entonces que sus manos se posaron con suavidad en los muslos masculinos frotando con sutileza, no era que quisiera devolver el favor, era simplemente un deseo que necesitaba ser saciado.
Cameron se levantó entonces acercando su rostro a ella con una sonrisa maliciosa que lo hacía ver como todo un tentador, le impidió tocar la dureza que se alzaba entre sus piernas colocando sus manos sobre las suyas. Ella casi gimió por el deseo contenido.
-No sabes lo mucho que me gusta tenerte de rodillas para mí, preciosa- le dijo él acariciando suavemente su mejilla con el pulgar -eres toda una vista.
Ella inclinó su rostro hacia la caricia mirándolo a los ojos.
-Quiero complacerte- musitó ella sin saber de dónde venían esas respuestas.
-Y yo quiero que lo hagas- convino él con la voz ronca -pero no es esto lo que quiero que me des, no es así como te quiero en este momento.
Cameron dijo esas palabras frotando sus labios con el mismo pulgar, fue entonces que el dedo se hundió en su boca y ella lo chupó casi sin pensarlo, quería provocarlo de la misma forma que él hacía con su cuerpo. Él sonrió con placer antes de empujar el dedo en su lengua haciéndola chupar con más fuerza, aquel era un ejercicio de excitación que estaba perdiendo porque su humedad corría una vez más en sus muslos.
-Eres tan tentadora, Mila- gruñó él con un sentimiento oscuro bajo su tono -casi me gusta que seas tan complaciente, pero debo decir que también me encanta el mal comportamiento en una mujer porque los castigo son bastante entretenidos.
-Puedo portarme mal- afirmó ella con esa misma sensación de complacencia mientras mordía el dedo en que se mantenía en su boca con algo de fuerza.
-Ah, pero no lo harás- negó él con una sonrisa maliciosa -porque estás tan lista para seguir mis órdenes que tu cuerpo está ansioso por eso.
Ella gimió sintiendo como esa afirmación le hacía cosas extrañas a su mente. Él se puso de pie dejando su dureza exactamente frente a sus ojos por un segundo antes de que la tomara por las axilas para levantarla con rapidez. De esa misma forma la sentó en la mesa tirando todas las cosas en el proceso, el estruendo se escuchó unos segundos, pero a ella no podía importarle menos. Todo lo que quiera era seguir escuchando su voz oscura.
-Abre mi pantalón y quítalo de mi cuerpo- ordenó él arrancándose la camisa del cuerpo -ya no lo quiero entre nosotros.
Mila hizo exactamente eso, con manos ansiosas abrió el botón y jaló la tela hasta que cayó a los pies de Cameron. Su erección apareció frente a sus ojos con un suave bamboleo que la hizo estremecer con anticipación, pero un vistazo fue todo lo que pudo darle antes de que él la empujara para recostara en la mesa, su mirada la recorrió en segundos con el anticipo de tomarla de las caderas paran girar su cuerpo dejando su rostro mirando a la mesa y sus nalgas listas para él en una posición donde solo podía sentir.
-Te ves tan ansiosa- afirmó él rozando los dedos por su espalda haciéndola gemir -estira tus brazos y sostente de la mesa.
Sin dudar se sostuvo tal y como él le había dicho, la suave caricia siguió bajando por su cuerpo y ella supo que se trataba de una recompensa por su buen comportamiento.
-Ahora abre las piernas para mí, preciosa- ordenó él con un azote en su culo -y sigue sosteniéndote, porque esto no será suave.
Esas fueron las últimas palabras antes de que una suave caricia cubriera sus nalgas y él se hundiera en su cuerpo de una estocada. Ella gritó con el placer de sentirlo en su interior, se sentía tan bien por fin sentirlo profundamente, sus músculos internos lo apretaban con excitación. Él no se movió inmediatamente sin embargo, esperó unos segundos y cuando Mila no se lo esperaba inició las embestidas salvajes que tanto había querido experimentar, se sentía tan complacida que solo podía gemir con los ojos cerrados.
Sus cuerpos chocaban con fuerza mientras las respiraciones de ambos se mezclaban con todos los sonidos, ella se sostuvo con fuerza cuando sin comprender del todo lo que sucedía, su cuerpo se acercaba al borde a una velocidad nunca antes vista. Las embestidas eran salvajes, rápidas y brutales, Cameron cambió la inclinación de su cuerpo solo para poder tocar un punto en su interior que la hizo gemir con más fuerza, pero fue en el segundo que la mano masculina la sostuvo de la nuca impidiendo su movilidad que supo que se rompería.
Ella cerró los ojos en un estado de placer que solo aumentaba, lo sentía empujarse en su cuerpo con una excelente profundidad, sosteniéndola del modo que lo hacía, solo hicieron falta unos segundos para que ella se corriera. Gritó con tanta fuerza como fue posible mientras un orgasmo descomunal la recorría cegándola en el proceso, las embestidas de Cameron se hicieron más fuertes unos segundos, si eso era posible, hasta que lo sintió correrse en su interior con un gruñido y mientras ella lo apretaba con los espasmos de su placer, él la llenaba con su calor.
Se sentía sin aliento y sin consciencia cuando él rompió su conexión. Calmó su corazón lo suficiente para darse la vuelta con el objetivo de verlo a los ojos.
-Eso fue…- inició ella a media voz con un extraño deseo en su pecho -no tengo palabras.
-Y era exactamente de ese modo que quería verte, preciosa- afirmó él con una sonrisa de deleite que la hizo sonreír -te ves tan satisfecha. Te gusta ese toque de rudeza, ¿no es cierto?
-Me gusta- admitió ella a media voz -no sabía cuánto hasta este momento, ¿podemos hacerlo de nuevo?
Y esas palabras susurradas en un tono casi de súplica hicieron que un gruñido de gozo brotara del pecho masculino. Cameron se acercó a ella casi como un rayo, tomó sus caderas solo para recostarla en la mesa una vez más. Abrió sus muslos en un movimiento rudo que la dejó abierta y totalmente expuesta para él, usó sus dedos para recorrer su humedad con las esencias de ambos mezclándose en sus muslos. Él no dejó de verla ni un segundo mientras la tocaba, ella gimió tan lista para un segundo orgasmo.
-Tan buena y tan lista- gruñó él antes de mirarla con esa oscuridad de nuevo en sus ojos -agarra tus rodillas con fuerza y acerca tus piernas al pecho. Quédate así, voy a darte exactamente lo que deseas.
Mila sostuvo sus rodillas con un suave rubor en sus mejillas, él pasaba de sus ojos a su vagina en interludios que la hacían estremecer. Empujó su cuerpo hasta que sus caderas quedaron lo suficiente fuera de la mesa como para que su grueso miembro la frotara casi con sutileza. Ella gimió deseosa intentando no moverse, sabía que era algo que no debía hacer, pero no podía evitarlo. La mano de Cameron se posó en su cuello con suavidad al mismo tiempo que sostenía su cadera con la otra, la miró a los ojos entonces con tanta intensidad que sus músculos internos se apretaron.
-Dime que tanto me quieres en tu interior- exigió él.
-Muchísimo- musitó ella sin dudarlo.
-Más fuerte- ordenó él con esa mirada oscura.
-Muchísimo- afirmó Mila.
Se hundió en su interior con un solo movimiento, las embestidas fueron salvajes desde el primero momento. Cameron no dejó de sostener su cadera ni de sujetar su cuello, salvo que con sus estocadas la presión se hacía más fuerte para luego soltarse, era un gesto de dominio tan grande y tan sutil que ella casi gritaba con cada sensación. Estaba tan sensible, tan lista para correrse en ese segundo, pero él no la dejó.
Se detuvo un segundo antes de seguir embistiéndola, ella gritó una vez más hasta que la mano se soltó de su cadera para frotar ese punto sensible que se encontraba totalmente expuesto para él y ella se corrió. Como una llamarada el clímax la golpeó con la misma fuerza descomunal, lo apretaba en su interior por lo que dos segundos más tarde lo sintió correrse de nuevo. Ella disfrutó los espasmos de placer mientras él palpitaba en su interior llenándola de su intenso calor una vez más.
Él cayó sobre ella sin aliento, se sostuvieron los minutos que fueron necesarios para que ambos recuperaran el aliento junto a la consciencia. Se sentía tan complacida, que solo pudo sonreír cuando Cameron la miró. Unos segundos más tarde notaron que los gemidos del piso bajo se habían apagado y probablemente había pasado un tiempo desde que había pasado. Cameron la tomó de la mano para que pudieran ponerse de pie, era tiempo de reunirse con Sergio e Isadora.