Vino y risas

Era impresionante lo que tres botellas de vino y muchas risas podían hacer por un grupo de personas que parecían tener asuntos pendientes. Mila no dejaba de asombrarse con la rapidez con la que el ambiente había cambiado aquella tarde, habían pasado de una tensión incómoda a un estado de relajación que no había sentido hasta ese momento. Los más risueños eran Sergio e Isadora y ella no terminaba de comprender si se debía al alcohol o solo porque esos dos se llevaban mejor de lo que imaginaba. Camero era el único que todavía miraba un con poco de recelo, intentaba comprender la razón, pero solo observaba rayos de esos sentimientos cuando veía a su esposa riendo.

Quiso hacerle la pregunta, pero sabía que si lo hacía probablemente la tensión volvería y eso era lo que menos deseaba, ya tenía suficiente de esa situación. Así que dejó que Sergio e Isadora se distrajeran hablando y riendo antes de levantarse con la excusa de servirse más vino, llenó su copa con cuidado para luego darle la vuelta a la mesa sentándose junto a Cameron quien la miró unos segundos antes de que esa oscuridad deseosa se mostrara con fuerza en su mirada.

-¿Alguna razón por la que decidieras cambiar de puesto?- Le preguntó él con una sonrisa.

-Esos dos se están divirtiendo- afirmó ella señalándolos -supuse que podríamos hacer lo mismo.

Cameron observó de nuevo a la pareja antes de que pudiera observar esa incomodidad una vez más en sus ojos. De nuevo la pregunta estuvo en la punta de su lengua, pero el hombre se le adelantó.

-¿Qué propones?- Le peguntó Cameron con sensualidad, haciéndola estremecer.

-Te ofrecería nadar, pero eso significaría tener que bajar- ofreció ella con una sonrisa -y no quiero dejar ni este puesto tan cómodo ni mi copa de vino.

-Yo tampoco quiero dejar mi vino- convino él con una pequeña sonrisa -pero no puedo negar que nadando me hubiera recreado la vista, me gustan partes de esa opción.

-Las opciones siguen sobre la mesa- soltó ella riendo -para recrearse la vista solo hace falta mirar algo que te guste, fácil de cumplir.

Con soltura ella dejó su copa de vino en la mesa con suavidad, se levantó y se colocó frente a Cameron quien la miraba como si no quisiera perderse ningún detalle. Mila dirigió sus manos a ese nudo que se había hecho con fuerza en la parte superior de su traje de baño y lo soltó, luego procedió a hacer lo mismo con el nudo de su espalda. Sus pechos quedaron libres una vez más, sonrió satisfecha cuando los ojos de Cameron alzaron sus pezones cambiando su expresión por algo casi salvaje.

-Una vista maravillosa, en efecto- afirmó él mirándola a los ojos unos segundos antes de regresar la mirada deseosa a sus pechos.

Ella se sentó lentamente mostrándose para él. Se sentía hermosa, sensual y tan atrevida como podía serlo. La oscuridad que percibía en Cameron era algo que la atraía como nada, no lo comprendía del todo, pero no podía negarlo. Desde que esa tensión oscura la había devorado no había podido dejar de pensarlo, quería sentir sus toques rudos del mismo modo que lo había visto hacer esa noche de la disco con su esposa.

-Me alegra que te guste- musitó ella bebiendo de su copa con las mejillas ruborizadas.

La tensión creció entre ellos hasta que las palabras de Isadora rompieron el silencio.

-Sergio, cariño- lo llamó la mujer -¿me acompañas al jacuzzi?

Él se volteó hacia ellos como si quisiera la aprobación tanto de ella como de Cameron. Mila solo sonrió mientras Cameron movió levemente su cabeza en un asentimiento invisible. Los vieron levantarse entonces, llevaban sus copas en las manos mientras Isadora parloteaba al caminar, desparecieron en las escaleras aunque todavía se escuchaban sus voces. Su corazón se aceleró un poco con la anticipación de sentir que algo sucedería.

-Supongo que solo quedamos nosotros dos- comentó Cameron haciendo lo que mirara -¿alguna otra propuesta?

-¿Qué tal si en esta ocasión ofreces algo tú?- Rebatió ella con un poco de reto en su voz.

El hombre sonrió antes de moverse en la silla para ponerse cómodo.

-No hará falta mucho más- fueron sus palabras.

Unos segundos más tarde los sonidos llamaron su completa atención. Suaves gemidos resonaban en el lugar como si el placer fuera el centro de su origen, sus pezones se alzaron casi de inmediato y su cuerpo reaccionó, sus piernas se apretaron con sutilidad mientras su humedad crecía más rápido de lo que imaginaba posible. Siguiendo su instinto, dirigió su mirada hacia el barandal y al piso de abajo, fue entonces que se encontró con una escena realmente sensual. Isadora recostada en el borde del jacuzzi mientras la cabeza de Sergio se hundía entre sus piernas.

Se estremeció con deseo antes de regresar la mirada a Cameron, él solo la miraba atentamente. Escuchó gemidos más intensos antes de que su atención volviera a la pareja de abajo, estaba casi sorprendida de que el esposo a su lado no corriera a interrumpir. Vio como Isadora gritaba unos momentos más tarde en un orgasmo que la hizo temblar, la mujer se retorcía con las manos en el pelo de Sergio. La humedad entre sus piernas corría con intensidad, estaba realmente excitada.

La pareja se movió en ese momento, podía imaginar lo que sucedía, pero no podía verlo. Sus piernas se movieron casi por instinto y ella se levantó de la silla, dejó la copa en la mesa antes de acercarse lentamente al barandal. Sus manos se posaron en la barra de metal al mismo tiempo que su mirada se dirigía hacia abajo, Isadora estaba sobre el cuerpo de Sergio devorando sus labios. Ambos gemían hasta que él les dio la vuelta para mover sus caderas como si estuviera probando la humedad de Isadora, ella gimió en ese momento. Podría correrse solo al verlos.

Vio como las caderas masculinas se alzaron y se hundieron con fuerza, un grito lujurioso resonó haciendo que sus piernas temblaran. Sergio comenzó las embestidas, ella sentía la humedad bajar por sus muslos, estaba tan concentrada en lo que observaba que fue una sorpresa cuando unos dedos bajaron su traje de baño con rapidez para sentir una lengua lamerla como si fuera un caramelo extramadamente dulce. Ella gimió inclinándose hacia el placer, su rostro se volteó intentando ver a Cameron, pero el traje de baño en sus rodillas y las manos en sus muslos se lo impedía.

-No te voltees- gruñó Cameron con una voz tan oscura que no pudo faltar a su orden -observa detenidamente la escena que tanto te atrajo, disfrútala y no te muevas.

La lengua regresó castigadora haciéndola estremecer, se movía desde su vagina húmeda hasta ese punto sensible que la hacía empujar las caderas hacia atrás. Observaba como Isadora cerraba los ojos entregándose completamente a las embestidas duras de Sergio, escuchaba sus cuerpos chocar con ímpetu mientras esa lengua la volvía loca como nunca antes, que no pudiera moverse solo añadía un toque prohibido que no había tenido con anterioridad. Estaba tan excitada, tan necesitada. Sus pezones se alzaban con el placer lujurioso de su cuerpo.

-Te gusta lo que ves, ¿verdad?- Le dijo Cameron haciéndola gemir con frustración por alejar su boca -¿es eso lo que te tiene tan mojada?

Ella gimió inclinando sus caderas en una clara invitación. Un azote fue lo que recibió y Mila gritó.

-Dímelo- ordenó Cameron con esa voz de autoridad que la hacía mojarse.

-Sí- afirmó ella -me gusta lo que veo, me excita verlos así. Es como si yo estuviera allí, recibiendo cada embestida.

Las últimas palabras fueron dichas entre gemidos porque la lengua de Cameron una vez más la devoraba, sus nalgas fueron empujadas para que cada lamida cubriera completamente su sexo, fue como si su fuerza se vaciara completamente. Sus piernas fallaron, pero él la sostuvo sin dejar de lamerla, cada vez con más fuerza mientras los gemidos de abajo se hacían más salvajes. Fue en el segundo en el que se escuchó un grito de Isadora corriéndose que Cameron le dio un pequeño mordisco en ese punto hipersensible que la hizo volar con fuerza. Gimiendo se corrió en ese instante, su vagina palpitaba mientras los espasmos de placer la golpeaba como olas.

Sin aliento o fuerza su cuerpo quedó colgando del barandal, Cameron se levantó para tomarla de los brazos y llevarla con suavidad hacia las sillas. El orgasmo todavía se repetía por lo que ella todavía no recuperaba la consciencia, él la dejó con delicadeza en la silla antes de regresar a su puesto y beber de su copa con tranquilidad. Mila creía que las cosas estarían más tranquilas en el piso de abajo, pero más pronto de lo que imaginó los suaves gemidos se escucharon una vez más. Su consciencia regresó lentamente.

Observó a Cameron con atención, el hombre no había dejado de mirarla ni un segundo. Esa mirada oscura la devoraba con una intensidad que casi la marcaba. Sin saber cómo ella se excitó de nuevo. Se movió lentamente quitándose la parte de su traje de baño que había quedado atrapada en sus rodillas, sus ojos se fijaron en Cameron con resolución antes de levantarse para colocarse frente a sus piernas abiertas. Una erección inmensa se mostraba debajo de sus pantalones y ella quiso probarla en ese segundo, ya sabía cuál sería su próximo movimiento y no se demoró en cumplirlo.