Cap. 38

Lenaya llega a un gran salón lleno de monitores, dichos monitores mostraban imágenes de todo el mundo y algunas emitían noticias en todos los idiomas, y Lenaya podía entenderlas, hablaban sobre los problemas económicos de diferentes países, los conflictos y guerras entre otras naciones por dominios y creencias, mientras que hombres y mujeres mueren de hambre, políticos discuten aparentando y exigiendo paz, prácticamente apuñalándose por las espaldas, Lenaya mira con pesar a toda esa gente ciega, ciega y siguiendo a otras personas más ciegas que ellos, otras no tanto, solo usaban la popularidad y el poder para guiar a un pueblo a su autodestrucción. Su reino no sería así. Problemas meteorológicos azotando al mundo, la naturaleza haciendo estragos a los más débiles, las noticias nacionales emitían la extraña tormenta que azotó a España en los últimos días y el gran asueto de turistas saliendo por los puertos y aeropuertos, trenes, con destino a España, Lenaya sonríe amorosamente al ver con solemnidad que su pueblo había atendido al llamado, brillando en sus mentes las letras o la marca del Renaceres, (Nota: escritura correcta Renatzeres: es la combinación de la marca de la Evana (una estrella de siete puntas), y el Nafal, Nafal: es el término que se le da a los Nefilim en hebreo, los caídos o derribadores), nadie normal podía ver esa marca, solo ella y su pueblo. Una mesa enorme llama su atención, una mesa tan enorme como para ocho sillas, pero ésta no era una mesa cualquiera, contaba con una pantalla que funcionaba de manera táctil, en ella se podían ver noticias, informes, un amplio mapa del mundo entero con vista satelital, era como estar en una base militar con tecnología de punta.

Darlen hace acto de presencia asombrada haciendo una reverencia. ─ Mi señora, ¿Qué hace aquí? ─ Quise venir a ver como andaban las cosas, son mi pueblo, son mi gente, debo estar atenta ─ Tenemos ojos y oídos por todas partes, gente infiltrada que nos dan información de todo lo que pasa ─ informa Darlen señalando los monitores. ─ Me sorprende que no hayas recibido noticias de tu hermano, aunque me enorgullece como estás llevando las cosas ─ Gracias su majestad, me honran sus apalabras, mi hermano sabe cómo camuflarse, no es sencillo dar con él ─ Entiendo ─. Un guardia interrumpe emitiendo un informe. ─ Mi señora. Su alteza ─ el guardia hizo una reverencia. ─ Tenemos reportes desde Turquía ─ ¿Qué dicen? ─ autoriza Darlen muy intrigada. ─ Cuatro personas han sido arrestadas y están siendo llevadas a Bursa, un oficial perseguía a un quinto sujeto, pero no responde a la radio ─.

¿Cuatro personas?, el quinto debía ser Darién y el oficial que no respondía, si se enfrentó a su hermano, posiblemente ya estaría muerto. ─ Veo que tu hermano no es del todo sutil ─ Como dije Alteza, no es sencillo dar con él ─ Lenaya solo asiente con respecto al comentario de Darlen mirando a la mesa con sus manos apoyadas en los bordes, levanta un poco la mirada. ─ ¿Dónde está Flora? ─ Con Sofía su Alteza, como usted lo ordenó ─ Bien, ya saben, cualquier cosa que pase inesperadamente debo saberlo de inmediato ─ Darlen hace una reverencia en afirmación antes de que Lenaya saliera de aquella base, una vez que Lenaya se retira, Darlen mira por las pantallas y vuelve a concentrarse en sus informes y transmisiones.

─ Hay una cosa que no entiendo, ¿Por qué arrestarlos si solo infringieron el límite de velocidad?, ¿No es suficiente una multa? ─ Son latinos, turistas, ¿Qué más razones tienes para arrestar? ─ contesta Darién cruzando por una avenida. ─ ¿Cómo los vamos a encontrar? ─ la pregunta de Youlin fue contestada, el auto que usaban para escapar de aquellas bestias, yacía estacionada entre dos patrullas; ¡bingo!, Darién sonríe con malicia, Youlin interpretó esa sonrisa como problemas. ─ No ─ ¿No qué? ─ Sea lo que sea que estés pensando no lo harás ─ (bufido) ─ Dijiste que no matabas inocentes ─ Solo los voy a sacar en silencio, total discreción, no te preocupes, confía en mi ─ contesta Darién aun con la misma sonrisa buscando un buen sitio donde aparcar, por alguna razón, a Youlin no le convencieron en lo más mínimo sus palabras.

─ Espera aquí ─ indica Darién antes de entrar a la comisaría de Bursa. Gente saliendo y entrando de la delegación, incluyendo oficiales, abogados y una prostituta más que otra, Darién entra y recorre con la mirada todo el recinto, una oficina como cualquier otra en la recepción, solo con la diferencia de que algunos oficiales tomaban declaraciones en cubículos separados, otros empujando delincuentes esposados, puro trabajo de oficina, un día como cualquier otro para los humanos.

Se acerca a la recepcionista, cuya recepcionista era una mujer rellenita de mejillas sonrosadas, que, para Darién, era igual a gorda, cabello teñido de rubio, cejas delineadas, pero su cara no mostraba amabilidad alguna, tomaba de su café mientras leía las noticias. ─ Buenos días ─ Mm ─ Acaban de traer a unos amigos míos por error ─ Eso dicen todos ─ Necesito sacarlos de aquí ─ Has la fila y espera ─ contesta la recepcionista sin levantar la mirada de su periódico señalando el lugar con su taza de café, Darién mira dicho lugar, una fila de sillas vacías. ─ Esta puta gorda no hará nada ─ pensó Darién. ─ Disculpe, de verdad es importante, necesito hablar con su superior, ha habido un error y tengo prisa ─ la mujer por fin despega los ojos del periódico fulminándolo con la mirada por haber interrumpido su lectura, suspira fuertemente para controlar su temperamento, Darién la comparó con un búfalo a punto de embestir. ─ Desde que todo el mundo se hace amigo de abogados y gente con influencia todo es importante, toma asiento y cállate, ya te anuncio ─ Que conste que quise ser amable ─ un solo golpe fulminante directo en la boca dejó a la pobre mujer inconsciente en su asiento. Pasando por la única entrada donde en ella había detectores de metales, comienza hacer un estruendoso pitido, oficiales se pusieron en alerta. ─ Disculpe señor ─ insta un oficial levantando su mano con cautela. ─ Necesito revisarlo, por favor coopere ─ el oficial con detector de metales en mano, se dispone a revisar. ─ Desde luego ─ contestó Darién sonriendo. Saca sus dos Casull gemelas calibre cuarenta y cinco plateadas de su espalda, el oficial en acto reflejo deja caer el detector para sacar su arma de reglamento, tarde, ya el oficial ya estaba en el suelo inconsciente.

Youlin esperaba tamborileando los dedos en el volante algo nerviosa en el auto con el motor encendido, preparada por si acaso alguna eventualidad de último momento. Su corazón martilleaba desbocado, ella quería creer en las palabras de Darién, pero alguien que solo vive de sus reglas no era de fiar.

Policías aparecían y caían como moscas al paso de Darién, usando toda clase de objetos como armas para incapacitar a los oficiales, menos armas de fuego. Rosa, Renata, José y Sebas escuchan la algarabía, esposados en una oficina se miraban a las caras confundidos, el oficial les había quitado sus pasaportes, enseguida Renata sonríe, solo una persona podía hacer semejante escándalo. Un cuerpo derriba la puerta de dicha oficina, cae un oficial totalmente aturdido delante de Sebas, Darién hace acto de presencia mirando a su alrededor como un cazador, Rosa se sintió intimidada por aquellos ojos azul-plata que escrutaban la oficina como un animal salvaje, Sebas casi se orina encima y José solo quería salir corriendo de esa jefatura. Darién, sin necesidad de llaves, abre las esposas, José y Sebas se quejan por la brusquedad, pero con Rosa y Renata tuvo más cuidado. ─ Nuestros pasaportes ─ apunta Rosa apresuradamente, Darién levanta al oficial por el chaleco antibalas y le sonríe. ─ Por favor ─ fue lo único que dijo, y razón suficiente para que el oficial mojara sus pantalones, señalando con una mano temblorosa y tartamudeando indica la oficina. ─ Gracias ─ dijo Darién antes de dejar al oficial inconsciente en el suelo. Varios oficiales irrumpen en la oficina con armas en mano, solo bastó que Darién se girara mostrando unos ojos rojos refulgentes y azul-plata, los oficiales quedan asombrados y aterrorizados con la boca abierta y algunos hicieron la señal de la cruz. ─ Cúbranse ─ ordena Darién con tanta serenidad mortal que a Rosa le recorrió un escalofrío por la espalda, y sin perder un segundo, los cuatro se meten debajo de un escritorio.

Youlin ya estaba un poco más relajada en el auto escuchando algo de música turca, a pesar de no entender una mierda sonaba agradable a sus oídos, ya había pasado media hora y sin señales de violencia, al parecer Darién dijo la verdad, iba a ser discreto, de pronto todos los cristales de la jefatura estallan haciendo en la calle un gran alboroto de gente corriendo asustada por todas partes, disparando las alarmas de los autos en un concierto descoordinado de pitidos, Youlin da un respingo gritando toda histérica dentro del auto no solo al sentir los cristales estallar, sino también la lluvia de cristales cayendo sobre el auto, ¿Qué coño pasó?, a los pocos instantes, Darién hace acto de presencia con los cuatro corriendo en tropel con sus pertenencias, Darién detiene un auto y saca al conductor a punta de golpes dejándolo en el suelo aturdido, abre la puerta del otro auto y saca a la arqueóloga a tirones por un brazo llevándola al otro auto que era más grande, Youlin solo podía hacer miles de preguntas confundida y no obtenía respuestas, mas, sus quejas y protestas que Darién hizo caso omiso de ellos. ─ Genial ahora estamos robando un auto ─ farfulla Youlin cruzándose de brazos en los asientos traseros. ─ Ya somos fugitivos al escapar de una comisaría ─ aclara Rosa. ─ ¡Acelera Darién, acelera! ─ aclama Renata emocionada con los ojos bien abiertos y con gran sonrisa en labios, en cambio José y Sebas pedían lo mismo, pero sin tanta emoción como Renata. ─ ¡Sujétense! ─ instó Darién poniendo en marcha el auto a toda prisa. ─ ¡¿Pero tenías que golpearlo?!, ¡dijiste que serías discreto! ─ las preguntas, protestas y diatribas de Youlin se acallaban en la distancia al igual que los gritos de emoción de Renata.

Preocupada y asustada, Youlin miraba constantemente por el cristal trasero del gran auto, un Chevrolet Lumina. ─ Relájate, no nos van seguir ─ comenta Darién con una sonrisa casual con un deje de arrogancia. ─ ¿Cómo estás tan seguro? ─ pregunta Youlin fulminándolo con la mirada ─ Estarán muy ocupados levantando el desorden, que para cuando se organicen bien, ya estaremos lejos y en otro auto ─ ¿Pretendes seguir robando? ─ pregunta Youlin horrorizada. ─ Así es este oficio, acostúmbrate dulzura ─ Youlin quería seguir protestando, pero las palabras no podían salir de su boca, solo la abría y la cerraba como un pez, hasta que solo emite un gruñido de frustración e indignación apretando sus manos en puños. ─ Espero que no hayas matado a nadie ─ señala Youlin con un dedo acusador. ─ No ─ Por lo menos, ya no quiero tener más cargos de conciencia en mi vida ─ Esto es solo el inicio cariño ─ replicó Darién con una amplia sonrisa ofreciendo una mirada por el espejo retrovisor, Youlin solo deja caer los hombros en derrota rodando los ojos dejándolos en blanco.

En algún lugar de Turquía, cerca del estrecho de Dardanelos y con otro auto, el grupo de aventureros recorrían el lugar en busca de un buen sitio para aparcar y ocultar el vehículo “adquirido”, el sol ya comenzaba a ocultar su luz en el ocaso, mezclando en el cielo un matiz de azul y naranja con algo de amarillo, un paisaje armonioso para el momento y un lugar tan silencioso, recreando cierta sensación de paz al verlo, donde las aves ya cantaban sus horas de dormir. Una vez encontrado el lugar, encienden la luz dentro del auto, sacan el mapa. ─ ¿Y bien?, ¿Dónde sugieren que comencemos? ─ pregunta Sebas apoyándose en el respaldo del asiento del copiloto. ─ Cómo dijo Darién, deberíamos buscar cerca de los aposentos y cámaras mortuorias ─ Pero solo hay extensiones de nada ─ opina José mirando por la ventanilla. ─ Cuando dices cámaras mortuorias, te refieres a… ─ Rosa se obligó a cortar su comentario. ─ Si, a los cementerios familiares ─ afirma Youlin, eso no sonaba bien para los oídos de Rosa. ─ Pero ¿cómo vamos a buscarlo en esta oscuridad? ─ pregunta Sebas. ─ Esperemos hasta mañana ─ la sugerencia por parte de Rosa a todos les pareció lo más sensato, sin embargo, para Youlin algo no encajaba, pero asintió como el resto del grupo.

Una vez organizados y con fogata encendida, arreglaron colchas y carpas para dormir, ya que tuvieron la dicha y la suerte que el dueño de aquel vehículo se estaba preparando para un viaje, durante la cena se preguntaban como harían para regresar, debido a los consecutivos actos delictivos, de seguro ya eran los más buscados de Turquía, obviamente para muchos, ser delincuentes no era precisamente lo que tenían en mente, no como en las películas, ¿Cuándo todo se puso de cabeza?, ¿desde cuándo pasaron de ser técnicos y peluqueras a ser fugitivos de la ley y además de un país ajeno?, se suponía que solo buscarían la tumba de Lenaya y regresarían.

Rosa es la primera en romper el silencio. ─ Cuando regresemos a casa me tomaré unas vacaciones ─ Creí que éstas serían vacaciones ─ comenta Renata con su mejor cara de niña inocente. ─ ¿Perdón? ─ pregunta Rosa indignada. ─ Renata… por si no te has dado cuenta somos fugitivas, ¿Notas la diferencia?, somos fu-gi-ti-vas y si salimos vivas de ésta, nada será igual, una amiga que resultó ser reina de Dios sabe que… ─ No metas a Dios en esto, Él es el primero que nos odia ─ interrumpe Darién. ─ Tú te callas, que eres el primero… ─ Disculpa cariño, tus frustraciones de vida no son por mí, ¿De acuerdo?, el primero en proponer en venir solo, fui yo, cuando regresemos háblalo con tu reina ─ ¡José dile algo! ─ ¿Qué puedo decir, Rosa?, tiene razón ─ ¡José! ─ Él quería venir solo, pero por algo Har… Lenaya insistió en que viniéramos con él ─ Yo apoyo a Rosa ─ opina Youlin levantando la mano. Renata pide la palabra. ─ Chicos, chicos, tiempo fuera, esperen, solo escuchen, nuestros pasaportes son falsos para empezar ─ ¡¿Falsos?!, ¡¿Cómo que falsos?! ─ pregunta Youlin con una mezcla de horror y asombro. ─ Ni yo misma sé y ¿Por qué preocuparse?, ¡somos como agentes espías para una Reina!, solo piensen un poco en ello; es cierto que nuestras vidas eran simples y… sencillas… ─ Pero en comparación a esto, nuestras vidas eran el paraíso ─ Pero algo le faltaba, Rosa ─ (sonrisa sarcástica) No, Renata, era perfecta, ¿Dónde están las sucursales de nuestra peluquería?, lo famosas que seríamos, ¿Dónde está Harley? ─ los ojos de Rosa ya se comenzaban a llenar de lágrimas y su voz sentirse más pesada en su garganta por la impotencia y la rabia de que toda su vida se había torcido de una manera astronómica, no solo su vida, sino la de sus amigos, ¿Qué pensaría su familia si las vieran cometiendo tales delitos?, ¿tendría el valor de verles a las caras nuevamente? ─ Hola mamá. Papá, ¿me vieron en las noticias robando un coche y escapando de una comisaría de otro país? ─.

¿volverá todo a ser como antes?, ¿regresarán a México algún día?, pero, sobre todo, ¿saldrán vivos de ésta?, todo indicaba que la situación estaba en su contra, sonara increíble o no, contar con un Nefilim que los detestaba no pintaba muy bien el panorama, ─ ¡Basta las dos! ─ interrumpe José. ─ Lo menos que necesitamos en este momento es una pelea o que se maten entre ustedes, solo (suspiro profundo), solo consigamos la pinche tumba y regresemos; luego veremos ─ No sé qué te hizo Harley en la cabeza, Rena, pero le diré que te arregle ─ reprochó Rosa mirando a su hermana con pesar antes de irse a su colcha de dormir. ─ ¡Ella no me ha hecho nada! ─ replicó Renata a cambio, se levanta y se dirige a otro lugar, Youlin, Sebas, José y Darién fueron testigos de una extraña discusión, en aquellas palabras había más cosas ocultas de lo que se habían dicho en realidad. ─ Oigan, ¿Qué es la cena? ─ pregunta Youlin intrigada para cambiar de tema y suavizar el ambiente. ─ ¿Por qué la pregunta? ─ Darién enarca una ceja. ─ Está delicioso ─ Suerte que encontramos un auto con provisiones ─ ¿Encontramos?, será que robaste ─ corrige José. ─ Dejaste a una familia sin comida, we ─ reprende Sebas. ─ Pero estamos vivos, además, para calmar la conciencia, hablaré con tu Reina, y como ella tiene recursos les devolveremos las cosas, (segundos pensativo), ella tiene recursos, ¿Cierto? Debe tenerlos, es una reina ─ ¿Pueden hacer eso? ─ pregunta Youlin asombrada. ─ Suponemos, es una Reina ─ contesta José de igual dubitativo. ─ ¿Y qué es la comida? ─ pregunta Youlin dándose un gran bocado. ─ Vísceras de cordero, serpiente deshidratada, sesos de mono… ─ Youlin no pudo aguantar la exquisitez del menú yéndose en vomito, en cambio Darién no pudo disimular su risa ─ Y estas son las comidas típicas de estos países ─ Es (vomitada) asqueroso (vomitada) ─ Sebas y José miran sus platos con disimulo y los hacen a un lado, Darién sugiere ir a dormir, ya que el viaje los había dejado a todos exhaustos, todos se levantan enfilándose para sus colchas y carpas de dormir, Youlin camina dando tumbos, mareada con ganas de seguir vomitando. ─ Te odio ─ fueron sus buenas noches. Darién se quedó frente a la fogata comiendo de su exclusivo menú con una gran sonrisa.

Renata se encontraba sentada sobre una piedra sollozando, tecleaba algo en su celular. ─ ¿Qué haces? ─ Renata se sobresalta ocultando su celular. ─ Nada ─ contesta Renata sorbiendo por la nariz mientras se limpiaba las lágrimas con ambas caras de su mano. ─ ¿Nada y te asustas? ─ Me tomaste desprevenida, ¿Qué quieres? ─ Quería saber cómo estabas ─ Bien, estoy bien… ─ Bien ─ repite Darién. ─ Y… ¿A quién le escribías? ─ A mi mamá ─ ¿La extrañas? ─ Un chorro ─ ambos se quedan en silencio mirando las estrellas, Darién suspira profundamente. ─ Tu hermana se preocupa mucho por ti ─ (bufido) ¿Me lo dice alguien que odia la suya? ─ No la odio, a veces me estresa ─ Vaya forma de demostrar tu estrés ─ Ella quiere, (carraspeo), su vida de regreso ─ Renata lo mira de soslayo con silencioso interés, esperando si Darién proseguiría su perorata. ─ Y tu… ─ prosiguió Darién después de un par de segundos de silencio. ─ ¿Yo que? ─ ¿Quieres tu vida de vuelta? ─ (segundos pensativa) Una parte de mi quiere volver a la normalidad ─ ¿Y la otra? ─ La otra… ─ Renata suspira profundo por la nariz. ─ No lo sé, es emocionante y todo, pero… ─ ¿Pero? ─ Cuando pienso en mi vida y como era antes de saber todo esto, conocer todo esto, conocerte… ─ ¿Conocerme? ─ ¡Ay!, es confuso… yo solo quiero seguir y nunca detenerme ─ Eso significa vivir, ¿Pero lo harías sin tu hermana? ─ No. Quiero que ella esté siempre conmigo, que vivamos estas cosas, ¡maldita sea!, estas cosas se viven solo una vez, ¿Quién tiene el honor de ser la peluquera particular de una reina? ─ Darién sonríe levemente acercándose un poco más a Renata, se quita su abrigo y se lo ofrece para el frío. ─ Eso no es todos los días ─ ¿Cómo puedes ser tan idiota y lindo a la vez? ─ Mi vida ya es un lío y lleno de problemas; es parte de mi oficio; (mueca), tiene un poco de cada cosa ─ Tu chaqueta está destrozada ─ Ya lo sé ─ Pero aun así es calientita ─ Las noches en los desiertos son muy fríos ─ ¿No quieres que me resfríe? ─ Tengo cuidar de ustedes ─ ¿Y por qué no abrigas a mis cuates? ─ Tú estás más cerca ─ ¿Sabes?, no eres tan malo como aparentas ─ Darién enarca una ceja. ─ ¿No? ─ sus miradas se cruzan y Renata se volvió a perder en aquellos ojos azul-plata, dejándose envolver y llevar, para cuando se percata solo estaba a un suspiro cerca de los labios de Darién, quería decir algo al respecto, pero sus labios no gesticulaban palabra alguna, no podía pensar. ─ Yo… bueno… quiero decir… que… Rosa y yo… bueno ella es mi hermana y… tú me… ─ sus balbuceos fueron acallados al sentir los suaves labios de Darién junto a los suyos.

Renata nunca había experimentado un beso como ese, suspira al sentir su suavidad, la forma tan tierna de acariciar sus labios con los suyos, haciéndole sentir mil cosquilleos por todo su cuerpo, como una electricidad abrumante, suave y cálida; cuando sintió su lengua, su sabor, su demanda, su ternura, su sutileza, ¡Dios!, vaya forma de mover la lengua, estaba dejándola sin aliento, no sabía si atribuirlo a tantos siglos de experiencia o es la sensación que dan los seres sobrenaturales al besar, una cosa era segura, ¡era grandioso!

Darién corta el beso con suma delicadeza, contempla con sonrisa tierna lo aturdida que estaba Renata por el beso. ─ Será nuestro secreto ─ le susurra rozando sus labios con los de ella sintiendo su aliento, Renata asiente en un ligero gemido, su cabeza giraba como un torbellino, al igual que dentro de su cuerpo bullía mil sensaciones inexplicables. ─ Deberías descansar, mañana será otro día ─ No me quiero ir ─ Habla con tu hermana ─ Hablo con ella por la mañana ─ las respuestas de Renata eran casi suspiros. ─ No, ve ahora, ella te necesita, te extraña ─ Ven conmigo ─ No estás pensando con claridad ─ (suspiro) No ─ Yo te llevo ─ Darién se levanta ofreciéndole su mano caballerosamente, aun prendida en los ojos de Darién, Renata acepta, caminaron de regreso tomados de la mano en silencio hasta la carpa donde yacía Rosa descansando, de pronto Darién se detiene unos segundos afinando sus oídos. ─ ¿Qué es ese ronroneo?, ¿Quién o que hace ese ruido? ─ Renata pasa un mechón de cabello detrás de su oído para prestar atención también, ríe por lo bajo disimuladamente, Darién la observa de forma curiosa como ríe robándole así una sonrisa. ─ No es un animal, es Sebas, bueno a veces se comporta como un cerdo, pero es normal en él ─. Darién asiente ante la aclaratoria de Renata para luego sonreír aún más, y esa sonrisa desarmó a Renata, no era la sonrisa arrogante, ni la maniática, ni ninguna de esas, esta era Su sonrisa natural, era Darién siendo él mismo sonriendo con amabilidad y calidez. ─ Deberías colocarle un bozal, no vaya alguien por allí y lo confundan ─ ¡Darién! ─ Renata le da un suave empujón, con sonrisa en labios levanta las manos en gesto de rendición. ─ Buenas noches ─ Buenas noches ─ en el instante que Darién se gira sobre sus talones, Renata lo toma de su brazo y tira de él con fuerza para robarle un beso aún más apasionado y apremiante. Ni parándose de puntillas fue suficiente, Darién se tuvo que inclinar para dejarse robar. Al sentir el abrazo de Darién rodeando por su cintura, se rindió ante su respuesta dejándose caer y llevar por sus besos y su abrazo, con sus manos recorrió sus brazos bien definidos de arriba abajo, y de regreso se quedó prendida abrazando por el cuello, jugando con su cabello, el mundo perdía todo sentido y razón en sus besos, el tiempo dejó de existir en ese instante que se volvió un mismo latido.

¿Cómo rayos la noche puede ser fría en un desierto?, entre tantas vueltas, Youlin no podía conciliar el sueño, y más con los susurros que provenían desde fuera menos la dejaban dormir, tenía que salir a orinar, con mucho cuidado baja el cierre de la carpa, con expresión somnolienta se estruja los ojos, pero todo rastro de sueño se vio espantado al ver a dos personas besándose en las sombras, ¿Darién y Renata?, ¡guacala!, no supo si sonrojarse por el momento de ambos o sentir pesar por Renata, así que lo único que hizo fue volver a adentrarse en su carpa y hacer de que no había visto nada.

Para cuando cortaron por fin el beso. ─ No me diste mi beso de buenas noches ─ susurra Renata deslizando un dedo por el brazo de Darién con las mejillas encendidas y una mirada tímida que no se atrevía verle a la cara, solo seguía el dedo que le recorría el brazo, Darién sonríe y da golpecitos en la nariz de Renata. ─ Buenas noches ─ otro beso corto, y Renata, con un suspiro algo triste, se adentra a la carpa echando otra mirada en dirección a Darién y como su silueta se desvanecía entre las sombras, esa noche aferrada al abrigo de Darién, contempló como su hermana dormía dándole la espalda, quiso despertarla, pero tenía miedo de que Rosa reaccionara de malagana, Renata no quería discutir con ella, quería reconciliarse, odiaba estar peleada con su hermana, recordó un día en el colegio prometerse nunca más pelearse por cosas tontas, pero su discusión de ésta noche no fueron por cosas tontas, esto era algo grande, el trabajar para una reina era algo inimaginablemente grande y quería compartirlo con ella, pero sobre todas las cosas quería decirle que se había besado con Darién. ─ Será nuestro secreto ─ el susurro de Darién y el beso le hizo subir los colores al rostro y sentir un calor tremendo. ─ Quita esa cara de estúpida y duérmete ─ aquella frase la trajo a la realidad como una cachetada, Rosa no estaba del todo dormida, aunque no se podía negar que sus ojos estaban algo hinchados y rojos de tanto llorar. ─ Quiero pedirte perdón ─ aquella súplica le hizo espabilar el sueño, por unos instantes ambas hermanas se miraron la una a la otra, con lágrimas en los ojos y sin decir una palabra se abrazaron como si sus vidas dependieran de ello, dejando sus corazones desahogarse en reconciliación. Darién mira hacia la carpa de Renata y sonríe, el secreto de los gemelos, cosa que el mundo no podría comprender del todo bien.