Capítulo final

Observo mi habitación sin las cosas que han estado en el mismo lugar por pocos años, pero que fueron mías y no tuve que estar pendiente por si alguien entraba a robarlas; utilizaban este sitio como depósito de chaquetas; habitación de hotel o cosas peores. Fue mi cueva en esta casa. Un refugio que necesité en los días más complicados de mi vida.

Este cuarto siempre será mío, pero ya no tendrá el mismo fin que le di cuando me mudé a la casa de Brody. Es decir, es un paso más en lo que se llama avanzar en la vida: dejar el cómodo cuarto de adolescente donde me recuperaba del descontrol del mundo y de mi propio cóctel emocional. Seguirá siendo un sitio en el que puedo quedarme a dormir hasta que tenga que irme nuevamente, pero mi vida completa estará en otro lugar.

En la noche que hablé con Brody sobre mi partida a Manhattan guardé silencio cuando noté el temblor en su voz al brindar por ello. Esa despedida fue en casa de Regina y estaban presentes Bella y Martie que también dijeron que me extrañarían más de lo que podrían describir.

Termino de reconocer lo que fue el sitio que me permitió reflexionar, alejarme de todo y todos y sentir que a pesar de los problemas que había afuera, estaría bien apenas entrara a mi refugio.

—¡Diecinueve años encima y mis padres continúan tratándome como si todavía fuera un niño! —La voz del principito me hace voltear hacia la puerta. Él aparece con una expresión de fastidio. Al ver a su alrededor, la mala cara se convierte de manera instantánea en una de sorpresa—. Por esto tardabas tanto en bajar —susurra.

Mi novio llega a mi lado, entrelaza su mano con la mía y deja caer su cabeza en mi hombro a la vez que un profundo suspiro se escapa de su boca.

—Voy a extrañar este cuarto tanto como tú. Sobre todo, porque fui el primer chico que trajiste aquí. —Él queda frente a mí—. ¿Estás listo?

Lo primero que quiero responder es sí, solo que todavía sigo asombrado de que haya logrado ingresar al CIA y que Liam vaya a estudiar en NYSID, una de las escuelas de diseño y decoración de interior más famosas de New York. Ninguno de los dos tenía esperanzas de llegar a ser aceptados a pesar de que estuvimos arrastrando nuestros traseros por dos años para conseguir calificaciones que nos permitieran al menos ser considerados para una beca.

—Sí —digo al final—. ¿Subiste todo al auto? ¿No olvidas nada?

—No empieces a sonar como mis padres. —Se aleja de mí y revisa su celular que comienza a sonar—. Otra vez… Discúlpame, mi madre parece que olvidó decirme un par de cosas.

—No pudieron quedarse para despedir a su querubín, tenles paciencia.

—Su ángel no se irá a vivir con vagabundos bajo un puente, vivirá con su muy responsable y varonil novio en Manhattan. No tienen de qué preocuparse.

Liam sale del cuarto a grandes zancadas, hablando otra vez con su madre.

Miro la hora en el reloj que me regaló Emerson. Tenemos tres horas de viaje y son las cinco de la tarde.

De no ser por Margot y su insistencia en pagar mi educación universitaria no estaría tan tranquilo de saber que viviré en Manhattan por un tiempo y en uno de sus tantos apartamentos.

Cuando salgo de la casa me encuentro con Brody y Regina. Bella y Martie no pudieron estar aquí porque enfermaron luego de pasar un día entero en la piscina municipal a pesar de que el día no estaba tan infernal para ir a nadar.

—Mason, imagina cómo me sentiré cuando mis niños dejen el nido —comenta Regina, abrazándome apenas estoy cerca de ella—. Si a ti te voy a extrañar, no sé cómo haré para contenerme de no atar a Bella y a Martie para que nunca me dejen.

Brody abraza a su ahora prometida, luego me brinda una sonrisa calmada.

—¿Dónde está Liam?

—Sus padres siguen llamándolo por teléfono, le dije que les tuviera paciencia.

Brody no siente tanto mi partida porque se fue acostumbrando a la idea de dejarme ir desde que celebramos que fui aceptado en el CIA.

—¡Soy libre! —Liam sale de mi casa con una enorme sonrisa.

De nuevo Regina me acurruca en sus brazos deseándome buena suerte, después llega el turno de Liam.

Brody se aproxima a mí, sonriendo al ver cómo su prometida despide al principito.

—Tengan cuidado, hay muchos conductores locos en la carretera —advierte, dándome unas palmadas en la espalda—. Buena suerte, diablillo. Ya lo sabes, ahora las decisiones que tomes tendrán más peso, armas el camino de tu futuro y tienes a alguien que cuida tu espalda; sé consciente siempre de eso y nunca pierdas de vista lo que es importante para ti.

Asiento a lo que dijo mientras intento darle las gracias por todo lo que hizo por mí en estos años. No es fácil, pero supongo que con decirlo de manera simple alcanza.

—Gracias por todo, Brody.

Antes de que se genere en mí una melancolía por la pérdida, subo al auto del principito. Reviso que no haya olvidado nada por unos segundos hasta que mi compañero sube y se abrocha el cinturón.

—Cuando quieras —dice, suspirando al final.

—¿Colocaste la dirección y la ruta en el GPS? —Me abrocho el cinturón, encendiendo el GPS y verificando las direcciones guardadas.

—Sí, fue lo primero que hice.

Con todo listo, le damos un último adiós a Brody y Regina y nos ponemos en marcha hacia Manhattan.

***

Abro los ojos porque las luces y el ruido de los autos me despiertan de la pequeña siesta de media hora que quise tomar mientras el principito conducía.

—¿Ya llegamos?

—Una calle más y estamos en nuestro apartamento. Que suerte que no tendré que lidiar con el tráfico. Esto es el infierno.

Me estiro un poco y observo que por lo menos ahora estamos avanzando más rápido.

Nuestro hogar está en el centro de la ciudad, cerca de las maravillas de Manhattan, por lo que el tráfico será un pequeño problema con el que lidiar. Elegimos esta ubicación de tres disponibles porque nos quedaba cómodo a ambos. Liam puede caminar hasta su escuela y yo usaré el auto para ir al instituto que queda a una hora de aquí. Los otros apartamentos que Margot nos dio como opción estaban muy lejos del instituto de Liam o a un día del CIA, incluso llegué a considerar que tendría que vivir en el campus y mi novio en un apartamento que compartiríamos los fines de semana u días en los que pudiera escapar un rato, pero al final vimos la luz en el camino.

Como cereza de pastel, Irina y Evan, su novio, están dos calles más debajo de donde viviremos nosotros. Ellos estudian en universidades prestigiosas aquí en Manhattan porque son dos malditos genios que no tuvieron que mover un dedo para aplicar y en solo un año barrieron, aniquilaron, aplastaron, la competencia en sus respectivas instituciones.

—¡Llegamos! —exclama mi novio—. ¡Por fin!

El principito estaciona frente a un edificio de estilo neoyorquino típico de ladrillo rojo con escaleras para incendios, escaleras en la entrada y muchas ventanas con luces apagadas y otras con algunas personas deambulando por ahí. De todo lo que nos ofreció Margot, esto era lo más simple y lo que quise aceptar.

Bajo del auto y me ocupo de sacar algunas cajas que colocamos en la parte trasera y no en la cajuela. Son nuestras cosas esenciales como también hay algunas frágiles. El principito, mientras tanto, busca las llaves con el chip de acceso al edifico y las llaves del apartamento.

—¡Mono! —Irina se lanza contra mi espalda y casi me hace tirar una caja con el maquillaje de Liam y otras cosas delicadas.

—¡Ey! ¡No vayas a romper a mi Mason o mis cosas! —protesta Liam desde la entrada del edificio—. Uno es irremplazable y lo otro exclusivo.

Irina le saca la lengua y ni siquiera se molesta en ayudarme al menos.

—¿No deberías estar estudiando? —Subo las escaleras hacia la entrada del edificio—. ¿Evan no vino contigo?

—Él se quedó estudiando, en mi caso, ya estudié hace como una semana. Por cierto, Margot está terminando de acomodar las cosas en el apartamento.

Los tres entramos al edificio y vamos directo al elevador. Al salir al pasillo, encontramos a Margot saliendo de nuestro nuevo hogar. Por la nada que pude escuchar asumo que los vecinos son seres tranquilos. No hay discusiones ni golpes contra los muros. Es lo que se supone debemos esperar cuando vivimos en un lugar cerca de Times Square.

—¡Bienvenidos a su nuevo hogar! —Margot nos saluda con ambas manos—. Vine a ver si todo estaba en orden.

—Hogar dulce hogar —habla el principito al momento en que entramos por la puerta blanca.

Dejamos las cajas a un costado, tomándonos un momento para admirar esto.

Hay bastante tiempo invertido en la decoración y termino de convencerme de que será un lindo lugar en el que vivir. Al principio me pareció de mucho mantenimiento y limpieza. No estoy en contra de eso, solo no quería preocuparme de pisar una alfombra demasiado cara que después tendremos que remodelar cuando entreguemos las llaves.

Tenemos tres cuartos. Aprovecharemos los dos sobrantes como lugar propio de estudio y cuando necesitemos dormir separados en caso de tener distintos horarios y no queramos despertar al otro. El cuarto principal será el que trataremos de usar todas las noches. También los espacios extra sirven para cuando los padres de Liam vengan de visita o para nuestros amigos, si alguna vez deciden quedarse una noche.

—Este sitio es claustrofóbico —opina Irina mientras explora por ahí—. ¿Por qué eligieron un sitio pequeño cuando Margot les dio hasta la posibilidad de tener uno que era dos veces más grande?

—A Mason le gusta lo simple y a mí me gusta verlo feliz —aclara el principito, encogiéndose de hombros—. Eso es todo.

Margot e Irina nos ayudan a subir el resto de las cosas. Luego de eso, ambas tienen que irse porque casi con las diez de la noche.

Nosotros pasamos varias horas colocando las cosas donde sea que encajen. Estamos cansados de pensar después de la primera tanda como para ordenar todo de manera organizada e impecable. Por lo menos fue algo obvio que los elementos de cocina, los que tuve que comprar para el instituto, estarán en las gavetas y estantes más accesibles. El único problema fue que varias cosas tuvieron que irse a mi habitación porque no había lugar para todo y no íbamos a dejar de lado los utensilios que usaríamos todos los días.

Ordenamos pizza antes de las nueve de las nueve de la noche, pero recién a las tres de la mañana caímos rendidos y hambrientos en los cojines que colocamos frente a una ventana con vistas a los techos de los otros edificios más que vista a la ciudad. Detrás de nosotros está la pequeña mesa donde desayunaremos o almorzaremos. Al menos serán lindos ratos para mí aquí admirando cuántos gatos se pelean por una gata en temporada de apareamiento.

—¿En qué piensas? —Mi novio llama mi atención—. Has estado un poco callado desde que salimos de tu casa.

—Estoy asimilando las cosas. Estudiaré en el CIA, vivimos en Manhattan, llevamos dos años de novios. Es increíble.

—No es increíble que hayas logrado aplicar en el CIA, tampoco vivir en Manhattan, creo que lo que te hace caer de trasero es lo último.

Lo observo en un repentino intento de corregir lo que dije, pero es inútil, no puedo pensar en nada.

—Antes de que apareciera este oasis en el desierto de nuestra indecisión insistías mucho en que sería mejor si vivieras en el campus y yo tuviera mi propio lugar donde podrías llegar algunas veces. Lejos de enojarme porque evitabas el tema de vivir juntos, entendí que tenías miedo de dar ese paso.

—¿Qué?

Mi novio toma de la mano y me da esa mirada llena de cariño y amor que no ha cambiado, solo se ha intensificado en estos dos años.

—Me costó mucho convencerte de que estaríamos bien, de que muchas parejas apuestan por eso cuando pasan un tiempo juntos y sí, es un poco preocupante porque piensas: ¿qué haré si me deja? ¿qué pasará si no podemos sostener nuestra relación? A pesar de que ya convivimos un tiempo en casa de mis abuelos, no es lo mismo convivir solos, hacernos cargo de nuestras cosas y problemas.

—Supongo que tienes razón —admito con algo de pena—. Si un día los dos ya no queremos estar juntos… No sé cómo lo podría enfrentar.

—Como has enfrentado todo lo que se ha puesto en tu camino, Mason: con la frente en alto y el coraje como escudo.

El principito se sienta a horcajadas en mi regazo, jugando con los cabellos que rozan mi nuca.

—Me gusta cuando me reconfortas de ese modo —susurro, apoyando mi cabeza en su pecho.

Él ríe por lo bajo y alcanza otro trozo de pizza.

—Te prometo que voy a dar todo de mí para hacerte feliz —anuncia—, comprenderte y arreglar nuestros problemas con comunicación, tolerancia y paciencia. El secreto de toda buena relación, según las sabias palabras de mi padre felizmente casado. —Muerde la rebanada grande y llena de queso que recogió—. Ahora, querido novio, dime lo que harás para que esto tan bonito que tenemos se conserve intacto por mucho tiempo.

Me aseguro de no apartar la mirada de sus ojos expectantes a pesar de que siento que voy a morir en cualquier momento por lo acelerado que tengo el corazón.

—Prometo que te escucharé y haré lo posible para hacerte feliz. Si fallo en algunas cosas trataré de no ser tan obstinado, hablaré contigo e intentaré arreglar lo que sea necesario reparar. Como te dije una vez, ambos conoceremos al otro y podremos trabajar los errores como también comprenderlos.

—Cómo lo hemos hecho por dos años, ¿verdad?

—Como espero que lo hagamos siempre —aseguro.

Sin previo aviso un trozo de pizza está a centímetros de mi boca.

—Muerde la pizza del compromiso y sellemos nuestra primera promesa como pareja que pasó al siguiente escalón de la larga escalera llamada relación.

Río sin pensar que eso arruina un poco el aura seria alrededor de todo esto.

—¿Qué? —El principito ríe también—. Las primeras veces siempre son especiales.

Eso aleja mi risa y arranca un suspiro de lo profundo de mi pecho.

Él sigue acercando la pizza.

—Vamos, no me dejes colgado, muerde. —Obedezco las ordenes de su majestad—. Listo, ¡estamos casados! —exclama, abrazándome de repente.

No sé lo que el futuro tenga preparado para nosotros. Si en un mes estamos caminando por rutas diferentes, si estaremos todavía comiéndonos con los ojos o llorando por lo perdido; pero estoy seguro de que quiero sostener su mano tanto como pueda y hacerlo feliz tanto como sea posible.