Capítulo 126
Bajamos las escaleras dando tumbos en vez de pisar como personas normales porque estamos más dormidos que despiertos. Aria nos llamó hace media hora para desayunar mientras abrimos los regalos. Al llegar a la sala nos encontramos a todos sentados alrededor de una mesa pequeña repleta de cosas dulces y tazas humeantes con delicioso aroma.
Por algunos minutos saludamos a todos, pero no preguntamos ni ellos nos dicen qué fue de Ansel y su familia. Confío en que eso se resolvió de la mejor manera. Reconciliarse con uno mismo es más complicado que buscar la paz con otra persona.
Cuando nos sentamos en la alfombra Darlene deja una bandeja de galletas recién horneadas al lado de dos tazas de chocolate, puestas en una gran bandeja de cristal.
—Muy bien, hora de abrir regalos—. Emerson extrae una caja mediana de entre el montón que hay debajo del árbol de navidad y se la entrega a Aria.
Una enorme sonrisa se estampa en su rostro al momento en que mira dentro de la caja y extrae dos libros de cocina de edición limitada de su chef favorito.
Llega el turno de Connor quien recibe un obsequio de su padre. No sé si todos confabularon este año para que el padre del principito reciba regalos pequeños o nada directamente porque la pequeña caja que tiene entre manos no puede contener más que un accesorio. Quizás me equivoque y allí dentro estén las llaves de un nuevo auto, no lo sé, esta familia hasta ahora no ha parado con lo inesperado. Un par de gemelos de oro impresionaron al señor Hundson de tal manera que pasó cinco segundos examinándolos con cuidado. Parecía un joyero analizando un diamante.
No me parece raro que Connor se haya tomado tiempo para apreciar su regalo. Últimamente también me gusta mirar cómo lucen los gemelos en las camisas de los hombres y la forma en la que se arreglan para verse elegantes. Sabía que el padre de mi novio los usaba, pero no tenía idea de cómo se llamaban hasta que Emerson me explicó su uso, los tipos y su colección perfectamente cuidada y de la que está muy orgulloso.
Las galletas en nuestro lado ya son historia. Tanto el principito como yo las devoramos sin control alguno y las tazas humeantes son solo tibios contenedores que mantienen la mitad de su contenido.
Connor y Aria dejan dos regalos frente al principito que no piensa dos veces en rasgar el papel hasta que encuentra dos hermosas camisas de color rosa pastel con acabados delicados y aire principesco, por supuesto.
Ya que lo pienso, tampoco he visto mucho de ese color en él…
—Ahora, lo mejor para el final —anuncia Emerson, colocando dos presentes en frente de nosotros—. Uno es para Liam y el otro es para ti, Mason.
El principito acerca mi regalo hasta que casi lo tengo en mis manos. Al destapar la caja pequeña encuentro un reloj al lado de un par de gemelos. Son sencillos, pero tan elegantes y masculinos que me roban el aliento. Levanto la vista hacia Emerson que ahora está junto a Connor; ambos contemplándome como si fuera un hombre al que respetan además de tenerle cariño.
Extraigo ambos accesorios, bastante asombrado por su acabado y colores. El reloj es algo que hubiera elegido: correa de cuero oscura, mediano y una estructura dorada brillante, pero no en exceso.
En cuanto a los gemelos, tienen una M en el centro y son de plata.
Esto es magnífico.
—Cualquiera que haya sido el genio que decidió regalarle esa combinación a Mason, mi respeto y aplauso —dice Liam—. Dejaron a mi novio perdido en la inmensidad de la sorpresa.
Los demás ríen, pero yo sigo sin creer que esto que tengo en mis manos es mío. Lo más increíble de todo es que acertaron en todo.
—El reloj es un regalo de parte mía y de mi esposa —explica Emerson —. Los gemelos son de parte de Connor.
—Nos gustó conocerte y pasar tiempo contigo, Mason —continúa el abuelo del principito—. Eres alguien que desea aprender a ser un buen hombre, te esfuerzas bastante por pulir tus cualidades y eso sin dudas llega a convencer a cualquier abuelo que mereces estar al lado de su nieto.
El principito besa mi mejilla mientras se acurruca a mi lado con una enorme sonrisa.
—Cuando mi padre me comentó que estabas interesándote mucho en los accesorios que algunos solemos usar —dice el padre de Liam—, fuimos con Aria a comprar un par de gemelos para dártelos y decirte que estamos agradecidos de que cuides tan bien a nuestro Liam y lo hagas feliz. Dure el tiempo que dure su relación, siempre te recordaremos con cariño, Mason.
Trago en seco porque desde que los conocí a los dos quise aprender de ambos, vi las cualidades que cada uno posee y las anoté en mi memoria para llegar a ser así algún día. Un hombre trabajador. Un esposo cariñoso. Alguien que sepa mucho del mundo o que haya descubierto su mejor versión y la haga relucir con elegancia y porte.
—Gracias, señores Hundson.
Ambos asienten, manteniendo su amplia sonrisa.
—Ahora sigue mi obsequio —anuncia Darlene—. Este me parece será compartido.
El principito se despega de mí y abre el regalo que su abuela le entrega.
—¡Oh por Dios! —Liam eleva un libro en lo alto —¡Escribiste una novela gay!
Connor se ahoga con el café y Aria se encoge en su lugar, pero de la risa. Emerson mira a su esposa con curiosidad y yo solo dejo caer la mandíbula porque no pensé que Darlene sería capaz de algo así, aunque no era imposible.
—Por Dios, no me miren así —protesta la señora Hundson, dándoles una mirada ceñuda a los demás—. No escribí una novela homoerótica.
La abuela de Liam mantiene la calma al tiempo que su nieto salta como conejo con exceso de azúcar, de pronto queriendo que mire el libro y por ello colocándolo demasiado cerca de mi cara.
—¡Dos príncipes! —exclama Liam, después se detiene—. Espera, abuela, no leo tus novelas porque siempre haces finales tristes.
Aria ríe más fuerte y Connor deja de estar asombrado para al fin soltar una pequeña risita.
—Son finales realistas, Liam. —Se defiende Darlene—. Tendrás que leerlo para saber si es triste o no. A mí me gustó hacerla, de hecho. Y para que tus padres no piensen que escribí el Kama-Sutra gay, la trama es sobre dos príncipes que decidieron unir sus reinos. Los problemas que tienen los protagonistas casi la hace ser una comedia romántica. Vas a divertirte mucho.
Su nieto corre hacia ella, lanzándose encima y abrazándola tanto como puede. Connor junto a su padre son los que ríen ahora mientras que Aria mira conmovida la escena.
—¡Mason! —El principito vuelve a mí, escondiendo la mitad de su cara tras el libro —¿Lo leeremos juntos?
Es un libro de más de mil páginas. Parece más un bloque de concreto, pero la dulce mirada de mi novio me convence. Me levanto, bajando el libro entre sus manos hasta que su rostro enrojecido aparece.
—Por supuesto que sí. —Le doy un pequeño beso—. Incluso si el final te hace llorar, podemos hacer uno feliz e ideal en la vida real.
De repente caigo en la cuenta de que dije algo cursi en frente de toda su familia. No puedo seguir cohibido por mucho tiempo, el principito se lanza a mis brazos con el libro en mano, más entusiasmado y alegre que antes.
—¡Te quiero tanto!
—También te quiero mucho, principito.