Capítulo 107

Habría dado mucho por tener personas que, a pesar de mis errores, el cómo soy o qué es lo que hago, continuaran apoyándome de manera incondicional. Incluso si ellos no se llevan bien, hay desilusiones, heridas que quizás tarden más en cicatrizar; no pueden dejar de lado el amor que en algún momento los unió. Eso tal vez es el reflejo del verdadero amor.

Liam se aferra a la ropa de su abuelo y esconde su rostro en ella.

—Está bien pequeño querubín. —Emerson descansa la barbilla en la cima de la cabeza de su nieto—. Estás a salvo aquí y vamos a cuidarte tanto como lo necesites.

—Sé que puedes con esto, querido. Siempre supiste superar los obstáculos en tu camino. —Su abuela suspira, negando con la cabeza —. No hay mucho que podamos hacer. Es tarde, y estoy segura de que el té de valeriana hará su efecto muy pronto.

—No creo que sea solamente el té. —Emerson ríe en voz baja y mira un momento a su nieto casi dormido—. Todavía tengo el toque.

Darlene me hace un gesto con la mano. Me acerco hasta ellos y levanto al principito profundamente dormido.

—Si mañana despiertas antes que él —susurra su abuela—, déjalo dormir y baja a desayunar.

Digo que sí con la cabeza y me llevo al que de verdad parece un príncipe de cuento de hadas inmerso en un sueño profundo gracias a una pócima mágica.

***

A la mañana siguiente hice lo que Darlene me dijo si llegaba a abrir los ojos antes que el principito. Salí del cuarto luego de una agradable ducha y bajé a desayunar, solo, porque Agnes me comentó que los Hundson decidieron dormir un poco más. Para mí no había excusa válida que pudiera poner para evitar el tiempo de clases, el almuerzo, las tareas, mis responsabilidades. Cuando al fin acabé con todo eso decidí salir a caminar un poco por los alrededores.

Hablé con Brody y le pregunté cómo iban las cosas por ahí. Me dijo que no tenía muchas novedades. Margot era la que estaba con Connor tratando de ver cómo terminar los ataques de Grayson y parecía que hasta el momento solo lograron hablar con Conrad. En eso estaba hasta que Irina llamó y conversamos un momento sobre lo que había pasado en nuestras vidas. Por un momento extrañé su locura con los videojuegos y sus constantes maldiciones cuando perdía, pero no le dije eso.

Aprovechando que todavía me quedaba tiempo libre hice muñecos de nieve con lo que se había acumulado en la noche. Podría haber cocinado algo, pero Agnes tenía que hacer la cena y ni siquiera me dejó tocar una cuchara.

—¡Mason! —Dejo una enorme bola de nieve que estaba por colocar encima de otras tres y me acerco hacia la puerta corrediza de la cocina porque la abuela de Liam llama mi atención —¿Qué haces congelándote aquí afuera? ¿Terminaste tus obligaciones de hoy?

—Quería probar mi habilidad en la nieve. —Varias nubes de vapor acompañan mis palabras—. Y sí, acabé gran parte de lo que tenía que hacer.

—Bueno, ya que pareces tener tiempo de sobra, ven conmigo.

Sigo a la señora Hundson a través de la cocina donde olfateo como un perro. Agnes está preparando cuscús para la cena. Pasamos por el comedor en el que Emerson está trabajando con su portátil y otros documentos que parecen ser partituras; hasta que llegamos a una pequeña sala ambientada a la perfección por una chimenea encendida. Aquí hay varias canastas llenas de estambre y otros tipos de telas enrolladas por ahí.

—¿Cómo está Liam? —pregunto, quitándome el abrigo húmedo y dejándolo cerca de la chimenea.

No lo vi en todo el día. Cuando los abuelos de mi novio dijeron que no vagabundearíamos, tenían un plan infalible que está dando frutos desde el primer día.

Darlene desliza un baúl de madera que estaba al lado de un sofá pequeño.

—Él despertó a la hora del almuerzo. Te estaba buscando, pero le dije que ya tendrían tiempo de verse después. Ahora está terminando de tomar sus clases del día. ¿Puedes buscar una pequeña caja plástica en ese cesto? —Voy hacia donde ella señala y revuelvo los estambres hasta que extraigo una caja transparente con varios hilos, agujas, cinta métrica y alfileres—. Por favor trae eso y ayúdame a sacar algunas cajas del baúl que tengo aquí.

Dejo la caja en una pequeña mesa alta de madera torneada y me acerco al baúl. Al abrirlo, el aroma a madera es tan fuerte como el de guardado. Dentro está lleno de ropa apilada en contenedores plásticos de color celeste. Frunciendo el ceño porque no entiendo de quién es todo eso, saco uno por uno hasta contar cuatro contenedores repletos de todo tipo de prendas, algunas más nuevas que otras. Cuando todo está fuera, la abuela de mi novio cierra el baúl y se sienta encima.

—Esta es la ropa que Connor usaba cuando tenía más o menos tu edad. —Darlene lanza un suspiro melancólico. Miro la cantidad de cosas en el suelo, después a la señora Hundson—. Si quieres, puedes escoger algo de aquí. Con esto no pretendo decirte nada malo. Quiero darles un uso a las cosas antes de que las polillas y el tiempo hagan lo suyo.

Sigo dudando sobre este plan.

—Solo mira —insiste ella—, si decides que no es tu estilo, entonces respeto tu decisión. También, si hay algo que te guste y necesita ajustarse a las medidas de tu cuerpo, puedo ayudarte con eso.

Relamo mis labios mientras abro uno de los contenedores, el que tiene ropa de colores oscuros. Hurgando entre las cosas del padre de Liam reconozco que hay varias que me parecen dignas de una pasarela, pero también tan cómodas que me veo a mí mismo usándolas. Connor tenía una envidiable colección de chaquetas, sudaderas geniales y lo mejor de todo es que esto es casi nuevo.

—Ahora me doy cuenta de dónde sacó Liam su entusiasmo por la ropa —comento, casi queriendo abrazar una chaqueta de cuero negro—. Esta se parece a la que usa el cantante de mi banda favorita.

—Podrías decir que estoy generalizando, pero todos los hombres de esta familia han adorado tener su guardarropa a reventar de cosas. —Darlene ríe—. Por ejemplo, Emerson tiene su propia colección de albornoces y camisas extrañas que me sacan canas azules cuando decide ponérselas.