Capítulo 34

La brisa de la tarde refrescaba su rostro alborotando un poco su cabello. Las risas de los niños jugando en los alrededores alegraban el entorno y muchos transeúntes caminaban disfrutando de su paseo.

Charlotte se encontraba sentada en uno de los bancos del Central Park gozando de una grata charla con Vincent, Buck y John. Después de todo lo ocurrido ella se sintió eufórica, por fin había escapado de su confinamiento y estaba con las personas que tanto apreciaba.

Todos le contaron cómo se habían conocido y quedó impresionada al enterarse que Buck y John eran los que mandaban en la Asociación de Cazadores. También conoció a Morghan y le cayó bien, por lo menos no tenía el mismo sentido del humor que Enzo, el cual extrañamente se encontraba muy callado y alejado de todos. Casi moría de risa cuando se enteró lo que tuvo que hacer Enzo para encontrar la ubicación de Crono, claro Morghan evitar algunos detalles al contarle la historia, pero todos estaban más que convencidos de que aquel traficante quería algo más con Enzo.

Con gran emoción presento a Vincent ante ellos y aunque explicó lo que tuvo que vivir siendo prisionera de Crono se guardó algunos detalles importantes que solo compartió con Régis en privado. Al estar de nuevo con su guardián ella se dejó llevar por sus emociones y lloró a moco suelto todo lo que se estuvo aguantando y él se arrodillo sin despegar la mirada del suelo disculpándose por haberla hecho sufrir.

Es cierto que los dolores que soportó por medio del vínculo fueron espantosos, pero sabía que en ningún momento él lo hizo para lastimarla. Estaba completamente preocupado por ella, solo quería recuperarla y entendía a la perfección ese sentimiento.

Ahora podría continuar con su objetivo de llegar a Egipto sin ningún problema ya que estaba de vuelta. Buck y John se despidieron de ella y John casi que se lleva encadenado a Buck, el cual no se quería despegar de su “mudita”, pero prometieron que la visitarían luego y se divertirían juntos. Ella los extrañaría, aún no se podía creer que aquel borracho despechado fuera un líder de algo tan grande e importante, pero la vida siempre da sorpresas y algunas más grandes de lo esperado.

Colgando una llamada Régis suspiro estando en la sala de la cabaña. Charlotte estaba segura y Morghan mantenía una araña encima de ella para cuidarla solo por si acaso. Ambas se llevaban muy bien y Vincent… él le parecía un poco sospechoso, pero confiaba en lo que Charlotte le había contado y dejo el tema así. Luego lo conocería por su propia cuenta y confirmaría que no sea un peligro para ella. Al estar bajo el dominio de Crono no sabía que podía esperarse de él.

Saliendo a respirar aire fresco escucho unos ruidos sordos a un lado de la cabaña. Acercándose se encontró a Enzo en camiseta cortando troncos para la chimenea. Desde el momento en que rescataron a Charlotte estaba actuando raro y eso no era algo… común en él.

Régis lo conocía desde que tenía tan solo unos 13 años de edad y nunca lo había visto de tal manera eso… le resultaba extraño y dudas comenzaron a nadar en su mente.

—No recuerdo la última vez que te vi despejando la mente cortando madera.

Enzo cortó el pedazo para limpiar el sudor de su frente con un pañuelo y observar de soslayo al moreno que estaba de pie con las manos dentro de su pantalón mirándolo fijamente.

—De vez en cuando no cae mal… deberías intentarlo.

Volvió a colocar otro trozo de madera en el tronco seco para rebanarlo con el hacha dejando dos partes caer a cada lado.

— (Suspiro) Tengo otras maneras para despejar mi mente… pero sé que te pasa algo y no me lo niegues porque te conozco como si te fuera dado a luz —dijo entrecerrando sus ojos haciendo que Enzo riera por su comentario.

—No me pasa nada…quiero estar solo por un rato.

Enzo continuaba cortando madera sin mirar a los ojos a Régis.

—Entiendo que de vez en cuando uno quiera pensar en un lugar tranquilo, pero no soy tonto para que trates de persuadirme diciendo que no te pasa nada ¿sabes cuantas veces ya he escuchado esa excusa?

—Eres viejo así que me imagino que muchas.

Régis suspiro y se acercó más a él.

— ¿Qué te incomoda Enzo? Puedo percibir con facilidad que no te sientes tranquilo… acaso la razón de esto es… ¿Vincent? ––Pregunto enarcando una ceja y detallando las reacciones de Enzo, el cual frunció mucho el ceño ––O… ¿Charlotte fue quien causó tal actitud?

Su expresión cambió a una de perplejidad como si lo fuera tomado con la guardia baja y Régis sonrió triunfante.

—No es nada de eso… solo quiero organizar mis ideas.

—Claro…

Régis supo inmediatamente a donde se tornaba la situación.

—Bueno Morghan me contó lo que sucedió cuando te uniste a su lucha con Crono y según ella estabas en un completo frenesí incontrolable.

Enzo se detuvo en seco dejando el hacha a medio camino incrustada en el trozo de madera para mirar a Régis.

—Por fin te dignas a verme a los ojos ¿Qué fue realmente lo que pasó? Tú no eres de los que se ciegan con facilidad, admito que te emocionas bastante, pero no a tal grado.

Ambos mantuvieron el contacto visual por unos segundos hasta que Enzo suspiro y rasco su nuca sentándose en un tronco seco para tomar agua y Régis tomo asiento a su lado.

—Yo… —negó con su cabeza cerrando sus ojos para luego continuar— Ni siquiera se con exactitud que sucedió… solo sé que en un momento estaba con Angela y al otro golpeando a Crono junto a Morghan… recuerdo que algunas astillas de hielo me rozaron el rostro y un golpe me lanzo al suelo haciendo que recobrara la consciencia (suspiro), no supe el momento en que sucedió y no pude dejarla sola… así que solo continúe luchando a su lado.

—Y cuando saliste corriendo en búsqueda de Charlotte ¿no te paso lo mismo?

Enzo asintió sin saber qué responder.

Un pequeño silencio se hizo presente entre ambos haciendo que Régis riera y Enzo lo observara extrañado. El moreno le dio unas palmaditas en la espalda y lo miró sonriente.

—Fueras visto la cara que puso cuando huyó, le dieron una paliza —dijo sonriente haciendo que él también sonriera un poco— Pero… no te aísles cuando estas cosas te sucedan muchos se preocupan por ti y sabes que cuentas conmigo para todo lo que necesites.

Enzo asintió y le dio la razón, fue algo que nunca había sentido antes, pero no debía quedarse con la cabeza gacha y esconderse, más bien tenía que continuar y terminar con su viaje. Régis se colocó de pie y lo dejó solo para que continuara con su labor, aunque… con todo lo que había cortado era suficiente para casi todo un año.

Colocándose de pie se encaminó a la cabaña para darse una buena ducha y en su andar pudo observar a lo lejos como Charlotte reía, eso le saco una media sonrisa por fin estaba con ellos y podía estar tranquilo, pero al ver a Vincent todo se desmorono y siguió su camino sin poder seguir viendo la escena.

— (Risas) E-es que (risas) yo me estaba aguantando el dolor de la apuñalada casi que, muriendo, pero fueras visto tu cara cuando Régis nos encontró (risas) ¡por poco y te haces pipi!—dijo para volver a caer en carcajada limpia.

—Admito que si me intimido no todos los días tienes a una chica herida en tus brazos y un tipo que casi te mata con solo verte por el simple hecho de llevarte cargada —refuto Vincent negando con su cabeza mientras lanzaba migajas de pan a las palomas.

—Aun así, fue muy chistoso.

Charlotte se limpió una lágrima de su ojo y pudo ver como a Vincent se le escapaba una media sonrisa.

Se sentía feliz de poder estar al aire libre y disfrutar de una charla con alguien que no quería mantenerla encerrada. El tiempo con Vincent desde que lo conoció era completamente grato, ella se divertía bastante. Observando a las personas pasar le recordó las veces en que recorría el parque con su abuela y tan solo recordarla le sacaba una sonrisa nostálgica.

Unas mujeres haciendo ejercicio fueron asustadas dando un grito para luego reír. Charlotte y Vincent observaron el suceso desde la banca y ella no sabía si era verdad o estaba imaginándose cosas. Colocándose de pie se fue acercando lentamente y al estar más cerca ladeo su cabeza y se le quedó mirando a la causa que provocó el susto de las mujeres.

Un cuervo más grande de lo normal se encontraba cerca de ellas viéndolas con total interés en una banca y haciendo un patético intento de cantar.

— ¿Bábil?

El cuervo se espantó al escuchar una voz y cayó al suelo reincorporándose rápidamente para ver quien lo había nombrado. Ella pudo ver como los ojos del cuervo se expandieron y se lanzó a sus brazos haciendo que lo atrapara y el cuervo comenzara a acurrucarse en sus brazos.

Inmediatamente supo que era él, normalmente ningún cuervo es tan grande y mucho menos se lanza de manera “amistosa” hacia una persona… a no ser que quiera arrancarte los cabellos para su nido.

— ¡Qué lindo! Mira cómo se acomoda en sus brazos —dijo una de las mujeres observando a Charlotte — ¿Es tuyo?

La otra mujer se le acercó para tocarlo y él haciéndose el de rogar se dejó tocar con total facilidad. Charlotte le dio una mirada plana.

— (Suspiro) Prácticamente no es mío, pero lo conozco.

—Tienes razón las aves deben ser libres.

Concluyó la mujer que lo acariciaba y Charlotte sin aguantarse más la idea de ser cómplice de las artimañas de Bábil se despidió de las mujeres para regresar a la cabaña.

—Viejo pervertido me utilizaste para que esas mujeres se te acercaran ¿verdad?

El comentario de Charlotte hizo que el cuervo colocara un ala en su pecho fingiendo sentirse ofendido.

— ¿Cómo puede pensar eso señorita Charlotte? Yo solo pasaba por allí y quedé cautivado por su gran trabajo al querer estar en forma —se defendió el pájaro con total orgullo.

—Aja… claro, ni tú te lo crees —sentenció Charlotte haciendo que el pájaro se rascara la cabeza.

Vincent se le acercó extrañado por lo que vio y se sorprendió al ver el gran cuervo en sus brazos.

— ¿Estás bien no te pico?

—Claro que nunca picaría a la señorita Charlotte eso sería inaudito —comentó Bábil negando con su cabeza para que Vincent abriera los ojos como platos y le diera un golpe en toda la cabeza dejándolo tonto.

— ¿¡Qué haces!?

Charlotte lo apartó revisando que estuviera bien y solo se sacudió para fulminar con la mirada a Vincent.

—E-el cuervo habló.

Vincent señaló a Bábil sin creerse lo que veía, haciendo que Charlotte se riera de él.

—Por supuesto que hablo, niño mal educado yo soy Bábil el mejor Tengu que existe y tus acciones no fueron para nada agradables —se quejaba en los brazos de Charlotte.

— ¿Y espiar mujeres es una acción agradable?

La pregunta de Charlotte tomó desprevenido al ave y comenzó a dar excusas haciendo que ella siguiera riendo por haberlo atrapado con las manos en la masa.

Bostezando con pereza Morghan se encontraba sentada en la sala leyendo un libro mientras Régis hacia su magia cocinando cuando Charlotte entró a la cabaña muerta en risas. Morghan bajo el libro y enarco una ceja al ver lo que tenía en brazos.

Colocándose de pie se acercó a ellos y los observo extrañada.

— ¿Qué es tan gracioso? —pregunto observándolos a ambos de brazos cruzados.

— ¡Ay mamá! Pero mira lo que trajo la marea, a un pirata se le debió escapar el tesoro porque me encontré una joya—dijo Bábil detallando a Morghan de pie a cabeza.

La mujer fijó su mirada en el ave y lo abofeteó lanzándolo de los brazos de Charlotte a la pared para caer de cara al suelo casi que con estrellitas saliendo de su cabeza.

— ¡Bábil!

Charlotte salió corriendo a donde el cuervo para confirmar que estuviera bien.

— ¿Mamita? ¿Eres tú? —dijo para caer desmayado en las manos de Charlotte la cual lo zarandeo un poco hasta que lo escucho roncar y suspiró en alivio, se quedó dormido.

— ¿Por qué lo hiciste? —pregunto fulminando con la mirada a Morghan, la cual alzó las manos en defensa.

—Esa cosa hablo y como no sé qué era es mejor prevenir que lamentar.

— ¡Yo hice lo mismo! —agrego Vincent sonriendo con Morghan.

Charlotte rodó los ojos dándose un pequeño golpe en su frente.

Régis salió secándose las manos con un pañuelo y portando un delantal negro totalmente intrigado por lo que estaba pasando.

— ¿Por qué tanto escándalo?

Ambos boxeadores experimentados señalaron a Charlotte con el ave en el suelo y Régis negó con la cabeza reprimiendo su risa para no irritarla aún más, pero el bulto que comenzó a salir de la cabeza del cuervo fue todo para que no aguantara y se riera un poco haciendo que Charlotte dejara caer sus hombros en rendición y colocara al ave en uno de los sillones observándolos con recelo.