LA SIGUIENTE PUERTA
Lo interesante que al atravesar aquellas puertas, estábamos en una cueva anaranjada y detrás de nosotros no había puerta alguna. Nos vimos entre sí, y comprobamos que habíamos recuperado nuestros cuerpos, no habíamos cambiado esta vez.
- Te diré algo, si me hubieras advertido de estos cambios y estas cosas extrañas… - pensé que él me iba a decir algo rudo pero no fue así, sonrió y agregó – realmente hubiera venido antes - y sonrió
- Te soy honesto a donde he venido en nada se parece a este lugar, a donde se comparaba a un paraíso, esto está fuera de mi comprensión
- Bien, no nos queda más que seguir, porque regresar como que no, menos con ese grandulón durmiendo – y volvió a sonreír mientras se adelantaba
- Si, tienes razón, creo que es mejor seguir
Si alguien recuerda la película yellow submarine, aparecían hombres altos, con sombreros y pintados completamente de azules, algo surrealista, igual lo que estábamos experimentando en este lugar, y estoy seguro que no había tocado ningún tipo de tóxicos, pero en comparación a esto, cualquiera pensaría que estaba bien “high” bajo los efectos de una mezcla genial de psicotrópicos.
Al final del corredor había una puerta de cristal color blanco brillante, era extraño pues no se podía ver a través de él. Sin embargo, sujetos al plan, continuamos, y la abrimos. Un destello nos cegó por un momento mientras sentíamos un exagerado calor que quemaba nuestra piel, al recuperar nuestra vista, no podíamos creer lo que mirábamos. Quedamos simplemente estupefactos. Estábamos en un desierto arenoso.
- No, no puede ser – Sollocé mientras intentaba regresar a la puerta blanca, pero esta ya no estaba
- Bueno, la respuesta a la pregunta si estamos solos en este mundo ya nos fue respondida, estamos completamente solos.
- Sí que eres optimista, John, pero por el incandescente sol y el paisaje inhóspito y desértico delante de nosotros, creo que tendremos con suerte un día para seguir riéndonos – y de pronto sin causa alguna me puse a reír, más por terror de la idea que de las imágenes apocalípticas en mi mente
John, me miró seriamente, incrédulo a si aquello era un sarcasmo o era que me había vuelto loco. Finalmente, me repuse y sin decir más palabra seguí caminando. Él me siguió a cierta distancia, más por precaución que por lentitud en su caminar. No sé cuánto tiempo pudo haber transcurrido pero parecía que llevamos horas, mientras nuestras ropas se impregnaban de la fina arena, y nuestros pasos se hacían cada vez más pesado y en el horizonte ni a millas a la redonda un alma, ni señal de población alguna. Nuestra suerte estaba echada. Mi garganta seca, mis labios resecos y partidos y mi piel ardiente, me impedían tan siquiera emitir una leve queja. Sé que John, venía detrás de mí, pero a diferencia de mi suerte, él venía fresco como una lechuga.
- John, ¿Traes agua escondida? – Le pregunté un poco inquieto
- No, me dijo muy tranquilo
- Pero hemos caminado todo el día y me estoy muriendo y tú pareces que acaba de salir de la ducha, ¿cómo es eso?
- Pues, francamente, quien ha estado caminando ha sido tú desde que salimos de esa puerta y te vi caminando en círculos y regresando al mismo lugar, yo no me he movido de aquí amigo
- No, no puede ser – Estaba petrificado al darme cuenta que efectivamente mis huellas eran las únicas impresas en la arena y se dibujaban en círculos al mismo punto de partida. Un poco perturbado, le pregunté: - ¿Cómo es posible?
- Creo que permitiste que tu mente controlara tu razón. Te iba a decir que me parecía que este lugar no es diferente a los otros que pasamos.
- ¿Cómo es eso? – Aún sentía el cuerpo adolorido
- Pues, cada habitación nos ha sorprendido presentando lo que quiere que veamos, y hemos caído de esa manera, pero si no sucumbimos a sus juegos podríamos ver lo que nos parece más favorable a nosotros.
- Explícate mejor John, que mato ahorita por un vaso de agua
- Exacto – y de pronto me extendió un refrescante vaso de agua, el cuál tome como un energúmeno, cual abandonado en las áridas arenas del desierto por semanas.
- ¿Cómo lo hiciste, John? – No salía de mi asombro
- Lo que más deseaste en este momento fue lo que este mundo te ofreció. No quiero calor, no quiero quemarme, no quiero tan siquiera sentir una leve ampolla del sol
No había terminado la frase, cuando de pronto, el sol en el cenit era un adorno, pero sus rayos ultravioleta ya no los sentía sobre mi piel. Una fresca brisa de pronto, comenzó a refrescar mi cuerpo y a enfriarlo. Era increíble. Pero poco a poco empecé a entrar en razón. Había botado muchas gotas de agua, pero mi corazón deseaba que aquel líquido no desapareciera y el vaso se volvía a llenar, mientras sonría del milagro.
- ¿No deseas, John?
- No, gracias, y trata de no desperdiciar el agua, que aunque sea abundante realmente no la necesitamos, así que deja para los demás.
- ¿los Demás? – No dejaba de tomar, hasta que no pude más y el estómago me iba a reventar - ¿John? ¿John, para dónde vas? Espera.
- Nuestra jornada aún no finaliza, y quiero llegar hasta el final de este espejismo.
- ¿Espejismo? Ese vaso con agua, proveyendo un manantial eterno, no era un espejismo
- ¿Crees que en el mundo el agua sale gratis a borbotones?
- Pues no, creo que no, sin pagar un cuentón por todo ese montón de agua, lo dudo mucho – sonreía más tranquilo y feliz porque podíamos caminar en el desierto sin molestia alguna del calor o de las quemaduras, pero ahora mi problema era evacuar tanta agua
- Si tienes que hacerlo, hazlo ya y luego me sigues – Me dijo John
- ¿Pero aquí? – repuse
- ¿Dónde más? Yo no veo a nadie aquí que te pueda ver – Se sonrió y siguió caminando mientras no dejaba de reír por lo absurdo que sonó aquello, pero lógico.
Cuando estaba en pleno gozo de liberar mi vejiga, vi que la arena a mis pies se movía, eso me perturbó por un momento. Al rato un leve temblor debajo me inquietó, y llamé la atención de John, quien volteó a verme desde lejos y mientras yo retrocedía unos pasos atrás, se iba formando un montículo ascendente, que me atemorizo. Debajo de la arena, emergió un enorme tubo de concreto, que se detuvo a cuatro metros del suelo. Pude observar una puerta de dos metros frente a mí, color rojo. La abrupta aparición de John, quien me toco el hombro, me hizo sobresaltar.
- No vuelvas a asustarme así – le dije con fuertes palpitaciones en mi corazón
- ¿Qué será eso?
- No lo sé, ni creo que deberíamos ni siquiera pensar en entrar
- Pues, creo que es todo lo contrario. Si ves, alrededor de nosotros no hay nada y de pronto sale esta cosa de la nada. Creo que es parte del camino, así que no nos queda más remedio que ir a averiguar, ¿no lo crees?
Y sin decir más, él giró la perilla de la puerta pero para su sorpresa, la misma se desprendió quedando en las manos de él. Me miró fijamente mientras se encogía de hombros y dio media vuelta y se marchó.
- Oye espera, y ¿no era que teníamos que entrar?
- Ya lo ves, la perilla se rompió, ya no hay forma de entrar, así que si no se puede, no se puede
- ¿Cómo? ¿Eso es todo? ¿y dónde está el John, de hace unos segundos optimista, que me dijo que no había que sucumbir por este mundo, ah?
- Eso fue hasta antes que la perilla se rompiera, así que ahora sigamos
- No – grité con todas mis fuerzas – No me moveré de aquí hasta que descubramos como abrir esa maldita puerta
- Entonces, vas a quedarte todo el día, amigo, si lo logras no dejes de avisarme – y no dejo de caminar
- Bien – le grité – vete, si lo que te gusta es caminar como un nómada, pero yo abriré esa puerta aunque tenga que derribarla
- Qué bien, suerte