EL TIEMPO VUELA

¿Yo? Me volví un chico universitario, casado y con una niña, y trabajando para burócratas. La guitarra en el desván, guardando polvo entre sus cuerdas. Con cancioneros amarillentos. Oyendo de vez en cuando, en el poco tiempo, los discos de acetato de esos cuatros fabulosos melenudos de Liverpool. Seguro como cientos de mortales lo hacían desde que el grupo se desintegro oficialmente en 1970.

Han pasado casi 50 años, y hoy John, cumpliría setenta y cuatro años de edad, y seguro con el cabello poblado de canas, con sus singulares anteojos circulares y su peculiar forma de hablar, estaría sentado al lado de sus hijos, viendo como al final tuvo tanta razón que ahora son tan populares como nuestro señor Jesús.

Así es, no estuve en el momento del nacimiento de John, ni tampoco viví en Inglaterra, sino que nací al otro lado del mundo, y en la época en que Los Beatles, se debatían en seguir o terminar. Al año, así fue, cuando Paul, anunció el final de una gran época. Y yo no tenía ni la conciencia de lo que estaba ocurriendo.

Tenía diez años de edad cuando los periódicos se llenaron de noticias sobre la muerte de ese gran genio que no tuve la oportunidad de conocer pero que sin duda alguna ya estaba dentro de cada célula de mi cuerpo. Aquel radio transistor que me regalaron sirvió para escuchar cada una de sus canciones y aunque no hablaba inglés las repetía una y otra vez hasta memorizarlas.

Así fue que al aprender a interpretar la guitarra las primeras melodías que surgieron de aquellas cuerdas de nylon, fueron las de los Beatles. Quería ser como John Lennon, pero no era necesario, porque sabía que compartía su personalidad, jocoso, bromista, ambivalente, pensativo, creativo y cuando era necesario un comportamiento más analítico que el resto de mis hermanos.

Las primeras composiciones personales fueron una imitación del estilo de los Beatles, y me gustó oírlas como si fueran ellos quienes las interpretaban. ¿De dónde salió tanta dulzura en esas melodías? En el interior de mi dormitorio solitario con una grabadora que ya no existe. Frente a los micrófonos en uno de esos negocios de karaoke, resonaban con pasión y sentimiento las canciones iconos como A hard day´s night, I shoul have known, I wanna hold your hand, I saw her standing there, If I fell, Twist and shout, y otros más. La fiebre de los cuatro grandes me ha acompañado hasta estos tiempos.

Cuando hablaba con quien fue mi suegro los defendía a capa y espada. Cuando me enfrascaba con los amigos en una discusión bizantina sobre los mejores del rock en contra de los Rolling Stone, Abba, Lez Zeppelin, etc., era una fiera para imponer que los Beatles dejaron huellas en el mundo a diferencia de cualquier otro. Solo era suficiente preguntar a un niño hoy en día, acerca de ellos, y conocían su nombre pero no el del resto de bandas de rock sean británicas o americanas.

En realidad jamás pensé que pudiera ser un loco fanático de ellos, simplemente alguien que admiraba lo bueno. Cuando empecé a aprender el inglés no fue por un asunto de obligación educativa, sino por comprender cada letra de las canciones de ellos. Así de esa forma la dicción era la correcta para cantar cada uno de los temas que desde niño me encantaban. Al fin conocía el sentido de las mismas. Fue excitante.

Lo que jamás comenté a mis allegados más cercanos es que la presencia de él estaba en el ambiente, como mi interior, como mi consejero. Era John, acudiendo a mí con sabiduría. ¿Sería tanto leer acerca de él, desde que tengo memoria que se me insertó como un virus de computadora en mi cabeza? Lo cierto es que cada vez más nos parecemos el uno del otro.

El destino quería que viviera las mismas incidencias, inclusive, llegando a tener varios amoríos sin sentido, o una novia con el nombre de Cintya, así como circunstancias que te llevan a nublar la mente y a perder los sentidos en esas fiestas interminables de licor.

- ¿Buscabas en realidad detrás de la marihuana o las pastillas las respuestas a tus temores? – le preguntaba en esas reuniones de mi imaginación con él

- ¿Cuáles? ¿Temores? ¿De qué hablas? Solo queríamos vivir la vida, poder dormir y soportar la rutina que implicaba esa locura que habíamos originado – Me dijo mientras absorbía el humo del cigarro

- La sensación que emana los efectos de las drogas son excitantes que por algo no quieres alejarlos de ti – ¿sería inocente con esa pregunta o realmente estúpido?

- ¿Es lo que crees que nos pasó a nosotros? – Se levantó y se sentó a mi lado sin dejar de verme – pues no, no fue así, no fue tratando de evitar la realidad ni ser más creativos, solo fue un estado del momento, una forma de querer vivir nuestra realidad

- ¿Sabías que ocurría en tu alrededor, en el mundo? – le pregunté con inquietud

- No esperaba el periódico como tú lo haces en forma diaria, pero en todos los viajes es fácil observar que está sucediendo y que eres parte de ello, incluso que puedes ser parte de la solución – Dejo de verme y miraba al vacío

- ¿Se puede cambiar al mundo? – Tal vez pequé de inocente

- Si no eres fuerte en lo que crees, el mundo te puede cambiar a ti – esbozó una sonrisa sarcástica, a lo que yo hice eco y sonreí. Al rato quedamos en silencio y me compartió su cigarro, haciendo una inhalación profunda y me incliné al muro para mirar las estrellas del universo

Si se quiere aprender un poco de la increíble filosofía de los Beatles, se puede tener la oportunidad de escuchar su música, o sus entrevistas, pero jamás se lograría comprender el sentido profundo como seres humanos de cada uno de ellos, como individuos y no como un grupo.

A veces, se puede actuar para evitar que conozcan tu otro yo, ese que no deseas que nadie conozca porque te avergüenzas o porque no deseas compartir por tu egoísmo personal. Pero John, trató con todas sus fuerzas de no ser conocido como parte de una banda sino como una persona común y sencilla. Ese otro yo de él, a veces era la máscara que se colocaba todos los días cuando se encontraba con la prensa.

A veces no se vive en un campo de cerezas, ni tampoco se puede vivir tan solo un día en la vida, sino se ha llegado a la noche de un día difícil. Las letras de las canciones no son escritas a capricho sino que tienen una intencionalidad que sobrepasa el ánimo del autor para convertirse a veces en himnos de conciencia colectiva, que algunos pretenden ignorar o desconocer.

¿Realmente seremos esa morsa? Pueda que exista un tonto sentado en la colina hablando de paz y de amor, o que veamos luces en el cielo con diamante, a través del universo, más sin embargo, hacer lo correcto nos lleva a que pronto nos quieran crucificar.

Caminando por la trayectoria de lo que significaba ser un hombre de cualquier lado, de cualquier lugar, mirando hacia el horizonte, buscando lo mejor aquí, allá, en donde sea. Pidiendo auxilio, necesitando a alguien, no a cualquiera, sino a ese alguien especial. La meditación profunda a la que fueron inducidos John y sus amigos en la India, no era un asunto de experimentar, sino centrar los deseos intrínsecos que todos tenemos para conseguir un balance entre nuestras frustraciones y el poco temple de nuestras derrotas.

Cada día despertaba con la energía suficiente para abrir el grifo, bañarme y caminar hacia la parada. Ni sabía quiénes transitaban a mi alrededor, ni tampoco quienes me acompañaban en el bus, todo pasaba tan de prisa, que solo llegaba a la oficina, y la rutina era lo demás. Las hojas del calendario caían una y otra vez. Las estaciones de mis sentimientos volaban como papeletas en el viento del molino más cercano, de una sonrisa a una tristeza, de un llanto a una alegría. La vida es corta y no hay tiempo para estar en pleitos y luchas.

En algún momento todo se derrumbó, y en lugar de una vida feliz, me divorcié y al poco tiempo ya tenía un reemplazo. ¿Qué diablos me pasaba? Salía de un compromiso y ya estaba en otro. Así de tan fácil. ¿Por qué muchos hombres se quejan de que no encuentran parejas? ¿Por qué otros se preocupan que no les llegara su turno? Nada puede comprar el amor, pero si la compañía. Atontarse por las caricias, la piel, los besos, pero no por el respeto y la estabilidad. Se puede adquirir enfermedades en la soledad de un sofá viejo con alguien desconocida, a quien no conoce su nombre y no sé de dónde proviene ni si la volveré a ver. En cambio con aquella nueva relación, se puede ser diferente, es lo que se anhela.

- Si me enamorase de ti ¿Me jurarías fidelidad y me ayudarías a entenderlo? Porque ya estuve enamorado antes. Y comprendí que el amor era algo más que cogerse de la mano.

¿Cómo se le puede endosar nuestros pecados a quien no estuvo con nosotros? Es hipócrita pensar que las cosas saldrán bien con alguien nuevo, cuando no ha salido de nosotros mismos. La herida aún sigue frescas.

- Jonh, ¿Encontraste el verdadero amor en Yoko? – Quería estar seguro que alguien como él podría entender el verdadero significado del amor

- ¿Has escuchado la canción Woman?- Sonrió

- Si – le contesté con cara taciturna

- Entonces ¿Cuál es tu duda? – Me dijo mirándome fijamente

“Mujer, sé que entiendes el pequeño niño dentro de un hombre. Por favor recuerda mi vida está en tus manos. Y mujer mantenme junto a tu corazón Sin embargo la distancia no nos mantiene separados. Después de todo está escrito en las estrellas”

Aquellas letras de la melodía resonaba en mi mente. Después de todo, no es tan fácil encontrar a alguien que se desnude junto a uno para ser tomada la fotografía para la portada de un álbum que verán millones de personas. Ni tampoco una mujer que sin miramientos ceda a su asistente para que acompañe a su alma gemela en un viaje sin retorno a los placeres mundanos de la carne y el alcohol.

- John, ¿fue por el dinero, tal vez la fama o por la popularidad la atracción que tuvo Yoko hacia ti? – Lo que muchos fanáticos teorizaban sobre la peculiar relación de él con la artista japonesa.

- ¿Crees en el destino? – Me preguntó

- No sé qué decirte, en realidad – respondí con cierta ingenuidad

- Simplemente nos vimos y lo demás es historia. Si tuviera que haber pagado un precio por estar a su lado, entonces si valió la pena haberlo realizado – Y encendió un nuevo cigarro

- ¿Y no te molestaban las críticas de tus fanáticos, o del mismo Paul, contra ella? – continué con mi curiosidad

- ¿Cuáles? – Me miró fijamente –La gente no comprende que somos uno solo, y no dos. Así de sencillo, mi amigo. – Se sonrió – Y lo de Paul, tranquilo, él bien sabe que somos miembros de la banda del Club de los Corazones solitarios, viajando en un submarino amarillo hacia el jardín del pulpo donde todo queda oculto. Verás que algún día todo será diferente.

- Comprendo – Le dije aun tratando de digerir aquel palabrerío

No es fácil para alguien que haya convivido en las buenas y en las malas, sobrellevar la rivalidad o el alejamiento de su “hermano”, más allá de lo que se podría justificar como discusión o debate. Dibujemos el grafico:

Lo que les unió fue la música y la diversión, no hay discusión al respecto. La aventura fue el ingrediente que les mantuvo semanas después. La popularidad los afianzó. Las presentaciones, las grabaciones y los gritos de sus fans, les hizo vivir un cuento de hadas que muchos envidian y otros solo podemos fantasear. Entonces ¿Por qué la división? ¿Por qué el distanciamiento?

Tenía un buen amigo en la universidad, realmente alguien que se aparece de la nada y comienza a entablar una conversación tal vez sin sentido sobre los primeros días de clases y que cuando te das cuenta ya lo tienes dentro de tu rutina diaria. Sin darme cuenta tenía a alguien que se interesaba en lo que decía y en lo que hacía. Él era de origen humilde y se dedicaba a la carpintería. Inició a estudiar en la universidad la misma carrera que yo tenía predestinado, para tratar de salir adelante con su hogar.

A veces mi testarudez de estudiar más de la cuenta me llenaba de gratuitas críticas de algunos compañeros de clases y era este amigo quien salía al paso a defenderme sin pedírselo. La amistad llegó al extremo en que ambas familias pasamos almorzando en su casa de habitación mientras disfrutábamos de los partidos de nuestra selección nacional de fútbol en el mundial. Gritábamos, coreábamos al mismo tiempo cuando se aproximaba un intento de gol, o cuando al final la anotación llegaba. Aquello simplemente era una locura.

No habíamos terminado de cursar nuestra carrera, cuando ya habíamos hecho planes para abrir un consultorio para atender nuestros primeros clientes y de esa forma adelantarnos a tomar un poco de experiencia para no salir con el título bajo el brazo y perdido en lo que debíamos o no hacer. Él compró madera para hacer algunas remodelaciones para un pequeño cuarto que rentamos en el centro de la capital. El edificio estaba completamente abandonado, la propietaria, una viuda de unos sesenta años de edad, nos vio muy jóvenes y eso peso para que el alquiler fuera bien accesible. Éramos los primeros moradores desde hace un año que el edificio se encontraba solitario.

Ambos trabajamos para embellecer la pequeña oficina convertida ahora en dos aposentos con el trabajo que él realizó con la división de madera. Me encargué de aplicar para una línea telefónica y conseguir un escritorio y un par de sillas. Mi madre me regaló una mesa tipo secretaria y mi padre me hizo llegar una pequeña máquina de escribir Olimpia. Sin embargo, al momento de empezar a buscar clientes, mi amigo comenzó a buscar pretextos para evitar esas faenas. Muy tarde me acostaba escribiendo en la máquina de escribir, una improvisadas tarjetas de presentación que señalaba un porcentaje de descuento para quien la mostrara al solicitar algún servicio administrativo. En solo una noche había escrito alrededor de unas cincuenta tarjetas. Al día siguiente se las mostré, él asintió y me felicitó y le pregunté por su estrategia de oferta y dijo que él estaría hablando a familiares y amigos para que divulgaran nuestros servicios y nuestra ubicación. Para mí no era suficiente pero no dije nada.

Después de ese día, salí muy de mañana a la calle, para distribuir las tarjetitas y al mismo tiempo hablar con quienes las recibía para arengar la posibilidad de que llegaran pronto ampliando mayores beneficios que recibirían. Incluso, hablaba con los voceadores de periódicos para que me permitieran incluir unas volantas dentro de la edición matutina sobre el consultorio. Algunos me lo permitieron y otros, pedían dinero para hacerlo. La inversión fue poca pero con el correr de dos semanas mi sorpresa fue ver llegar al primer cliente, con la tarjeta en mano, al otro lado de la puerta de vidrio de la entrada principal del edificio. Ya para ese momento la vestimenta era diferente. Para entregar las tarjetas consistía en un jeans desgastado y una camiseta que indicaba que era el office boy de la oficina, y de esa forma podía entregar la publicidad, y la otra, con un pantalón de vestir y una camisa de manga larga con una pequeña corbata tejida, que representaba al “licenciado” de la oficina.

Era extraño pero esas mismas personas no me reconocían con la nueva vestimenta a pesar que no habían pasado mucho tiempo desde que en persona se las había entregado. Pero así inició todo. Después de uno, fueron dos y luego tres y cuando nos dimos cuenta, ya había gente esperando en la sala de espera. Muchos de ellos, eran asuntos domésticos o laborales. Pero a esa altura, era visible que el fruto de mi esfuerzo publicitario yacía en el fluir de esas personas necesitadas de ser escuchadas y en busca de soluciones a sus problemas. Mi amigo seguía llegando a atenderlas pero no hacía nada por conseguir clientela.

Cuando todo se inició, el acuerdo era ir todo cincuenta por ciento, de cada cliente que se conseguía, pero era obligatorio que ambos laboramos para que eso sucediera, sin embargo, él se estaba beneficiando de mi trabajo, y el cincuenta por ciento le llegaba mientras él esperaba desde la oficina. Luego supe que él dejo la carpintería y se había dedicado a la sastrería y que tenía más trabajo en eso que en lo que habíamos estudiado por lo que lo mantenía ocupado. Cuando me reveló esa situación, lo lógico era que se dedicara más a lo que le habíamos puesto empeño, pero él salió con la justificación que su familia necesitaba del dinero inmediato, y si dejaba la sastrería le iría muy mal con algo que no era seguro, como nuestra pequeña oficina.

Con todo el dolor en mi interior, y habiendo depositado mis sueños en esa aventura, a pesar que también era padre de familia y esposo, y que mi hogar requería de dinero para salir adelante, no consideré que él tuviera que aprovechar de mi propio esfuerzo. Así que le dije que tenía que escoger entre dedicarse a tiempo completo en la oficina, o la labor de sastre. Él se sintió mal ante lo que le indicaba, que incluso comprendo que se molestara. Me pidió tiempo mientras lograba estabilizar el asunto. Asentí y quedamos en un mes para ello. Pero no fue necesario después de una semana, solo llegó y me entregó las llaves y declinó, ante mi sorpresa de que tan siquiera no pudo intentarlo.

Ahí estaba ahora completamente solo, pues aunque las ganancias serían divididas en partes iguales, de la misma forma se distribuían los costos. Por lo que ahora el pago completo del alquiler recaía en mí. Hablé con mi esposa, le expuse la situación y ella me alentó a continuar y que no renunciara, incluso que ella podría trabajar para ayudarme con los gastos. Eso me pareció en aquel momento una mala idea porque la niña tenía un año de edad y requería de atenciones de alguno de los padres y la alternativa de entregarla a una vecina, a nuestros padres, o a un extraño, sencillamente no entraba en mi cabeza. Así que con más ahínco, conseguí un trabajo de medio tiempo para tener un ingreso seguro mientras la oficina salía avante y terminaba mis estudios en la universidad.

Salía a las cinco de la mañana de nuestro pequeño nido, un apartamento pequeño a menos de doce kilómetros de la capital, y regresaba alrededor de las diez de la noche, de lunes a viernes y los sábados era de siete de la mañana a las cuatro de la tarde, el único día de descanso eran los domingos, aunque los utilizaba para llenar más tarjetas y salir con la familia donde los suegros o donde mi familia al menos en la tarde del día. Tal vez era muy cansado pero tenía veinte años de edad, y podía con esa carga. John, tendría veinte años cuando su única preocupación era que la banda fuera reconocida en Liverpool, vistiendo ya no las botas y los jeans, sino con una imagen más limpia.

- ¿Tu vida me parece que era mucho menos pesada que la que llevaba a la misma edad? – Una vez le dije pensando en convertirme en un héroe por la diferencia de situaciones que ambos vivíamos.

- ¿Te arrepientes de lo que has hecho con tu vida? – Me respondió

- No sé qué decir, sería hipócrita decir que vivo en un cuento de hadas, pero si tuviera que decidir me gustaría estar en tus zapatos, grabando discos, ganando dinero y sin compromiso con nadie más que mi alma – le dije con una risa socarrona.

- Entonces, si cambiaras esas experiencias ya no serías quien eres ahora – Se ató las cintas de sus zapatos

- ¿Y si no quiero ser quién soy? – Deseaba encontrar una respuestas que en el fondo me diera la razón de lo que estaba sufriendo

- ¿En realidad crees que es algo genial lo que hacemos nosotros? – Me preguntó sin mayor miramiento

- Por lo menos pasan divirtiéndose, ¿no? – Creo que como en el ajedrez logré llevarlo a donde quería

- Ahora que todo va bien, ahora que tenemos el peso de la fama, ahora que la gente quiere escuchar algo de nosotros, eso es ahora, pero ¿mañana? – Se acomodó en el sofá - ¿Sabes qué pasara mañana? No, claro que no, y eso es lo interesante. La única misión de los Beatles, es ser reconocido porque no tenemos lo que tú tienes. Lo nuestro son las cuerdas y la batería. No cantamos gran cosa ni hacemos nada extraordinario que otros no han hecho ya. Pero tú. Sabes para dónde vas y por quién lo haces.

- Vamos, John, lo dices para levantar mi ánimo, pero en el fondo sabes que no es tan cierto. Ustedes saben que la banda ya vende discos y … - De pronto fui interrumpido por una carcajada muy inusual en él.

- Amigo, I´m a looser, es un tema que me gustas, sabes, si no vendemos los discos y si no logramos el éxito ¿Qué seríamos? Nadie. Un grupo más de músicos que pululan en bares embriagándose o drogándose hasta llegar a viejos y orinarse en sus propios pantalones hasta morir en la total soledad de un viejo cuarto de la calle Penny Lane. En cambio, has luchado por tener una profesión que nadie podrá arrebatarte, serás siendo “licenciado”, respetable, y por tanto es más posible adivinar que saldrás adelante mañana que nosotros. Tomorrow never knows. Así que lo nuestro es una ruleta rusa, algo incierto, lo tuyo amigo, es cada día una gran realidad. – y miró detenidamente la ventana buscando algo en el firmamento.

Así es como una amistad desde la universidad por tres años terminó de un pronto a otro. En algún momento en el Registro Público lo pude ver y me hizo una cara de poker, y evito hablar conmigo. Se notaba el resentimiento y la amargura. Supe que no logró terminar la carrera y que había logrado obtener ese trabajo asalariado con el Estado. Mientras, yo me encaminaba con pie seguro en mi carrera, que ya para entonces había aumentado la clientela y por tanto me había cambiado a una oficina más grande y tenía secretaria, cocinera, asistente y un office boy para los mandados. Había adquirido un vehículo y estaba en miras de comprar una casa de habitación, pero ya había alquilado un nuevo apartamento.

John y Paul, fueron amigos indudablemente inseparables en esos años de convivencia cuando la banda era tanto desconocida como cuando llegaron a ser el número uno en Gran Bretaña y luego en los Estados Unidos, con su disco Meet The Beatles, en enero de 1964. Pero la fama los obligó a buscar intereses personales que de alguna forma los desvió de aquellos primeros inicios y limaron la relación a tal punto que después de su separación en 1970, jamás se volvieron a reunir. Hubo intentos de organizaciones caritativas que los buscaron para una celebración especial pero siempre John, expresaba que los Beatles, ya no existían. Se dedicó a criar a Sean, hasta el día de su muerte. Ya ahí todos sabíamos que no volvería a ver más Beatles.

En mi pubertad, fui monaguillo, en la iglesia cercana a nuestra casa, en el mismo lugar donde por primera vez mi madre y yo hablamos de que uno de los muchachos del grupo que amenizaba las misas, me enseñara mis primeros acordes en la guitarra, más claro en su propia guitarra, la cual como dije tiempo después se convirtió en mi guitarra cuando mi madre le hizo una oferta que no pudo rechazar. Hasta el día de hoy me ha acompañado a pesar de los golpes y los rasguños que ha tenido que soportar viajando de un lugar a otro, cuando nos cambiamos de casa y de país, después de la guerra.

- John, ¿Qué paso con esa especie de banjo que te compró tu mamá Julia? – Le pregunté alguna vez.

- Se quedó en casa de mi tía Mimi – Me aclaró

- ¿Sabes qué paso con ella? – Volví a instigar

- Como todo aquello en mi vida, está guardado en el baúl de mi mente – Me respondió ahora con unos años más encima

- Sabes, cuando fui monaguillo, pensaba que asistir a un sacerdote sería algo espectacular, pero luego me di cuenta que no era así. Ese sacerdote maltrataba al otro monaguillo que vivía con él. Lo golpeaba y le decía cosas feas que realmente me desencanto para continuar.

- Father Mckenzie writing the words of a sermón that no one will hear, no one comes near, es exactamente lo que se de la religión, muchos de ellos trabajan para llevar esperanzas, es un trabajo más, así de simple, no son nada extraordinarios y como tú o como yo, son seres humanos con muchos defectos, pero no hay que medir a todos por lo que hace uno.

- ¿Crees en Dios? – Sentí que había hecho una pregunta que no debí hacer pero ya era tarde

- Hay muchos que me han preguntado lo mismo y otros que sin yo decir una palabra han puesto las equivocadas en mis labios. Tiene que haber alguien responsable de nuestros problemas, no sé cómo se llamara pero francamente a veces no está haciendo su trabajo. Tanto dolor, si existe un Dios, es un tremendo castigo que no tiene sentido lo brinde alguien que habla de amor. Pero respeto lo que crean todos como respeto lo que mi mente cree y mi corazón dice.

- A veces creo que hay un ser supremo, sin tanta, digamos, reglas y procedimientos para entenderlo o ser su seguidor. Creo que es algo más simple, algo que podemos hacer tú o yo, sin pretender tener en nuestra cabeza algún sentimiento de culpa por lo que hacemos o si nos apartamos por lo que dicen que no hagamos. No quiero sentirme temeroso porque soy defectuoso y mis actos son humanos, aunque otros juzguen que no es lo correcto y se crean superiores, ¿comprendes?

- Wow, tienes tantas dudas como tantas razones por las que sabes que nos rodea. La hipocresía de quienes visten y hablan con “sabiduría” pero engañan y dañan a otros; y de aquellos que no quieren ser partícipes de los cambios pero son buenos para apuntar con el dedo y señalarte ante todo el mundo. ¿Podemos cambiar eso? No lo creo. Solo tienes que saber que existen y let it be. Solo, don`t let me down, cuando tu conciencia te diga que haces lo correcto y no la escuches.

- Si te comprendo. Y es lo más cierto, John.