¿CREES EN FANTASMAS?
Efectivamente, al salir, nos encontramos en aquel paisaje desolado y arenoso, y detrás de nosotros sobresalía la estructura cilíndrica que poco a poco se fue enterrando nuevamente hasta que no se le vio más. Solo estábamos nosotros tres ahí en aquel mundo.
- ¿Hacia dónde? – preguntó kwark
- Creo que por allá te caíste y por allá veníamos, así que nos queda dos orientaciones, ¿Cuál quieren seguir? – en realidad no tenía ni idea hacia donde ir
- Bueno, entonces que lo decida la suerte – John, comenzó a contar hasta que definió que seguiríamos hacia el Oeste
En realidad el calor no se sentía tan pesado como esperaba, caminábamos más rápido de lo pensado y sin estimar el tiempo, si fue bastante el recorrido y antes de lo esperado el sol se escondió y las estrellas iluminaban como grandes luces nuestro camino y ninguno de los tres nos sentíamos cansados, y sin decir una sola palabra continuábamos. Solo una palabra dicha por John, rompió aquel silencio:
- Tengo hambre
Efectivamente, teníamos mucha hambre, bueno al menos los dos humanos, el amiguito no sabía si padecía de ese tipo de sufrimiento humano. Así que al divisar unas pequeñas palmeras en aquel desierto, nos dirigimos hacia allá, y créanlo o no, era un pequeño oasis. Cada quien se acomodó en una de las tres palmeras, solo John, y yo, nos apresuramos a beber un sorbo de aquella agua cristalina. Kwark, solo nos miraba sin decir una sola palabra.
- ¿Y tú no bebes con nosotros? ¿Te da asco beber de la misma fuente? – le pregunté a aquel inquietante amigo
- No, del todo, para nada
- ¿Entonces, por qué no vienes a beber un poco, me imagino que tienes sed, no?
- Lo haría con mucho gusto, pero no bebo de la misma agua que utilizan los animales para dejar sus orines
Inmediatamente John, y yo, nos levantamos de aquel lugar y escupíamos por todos lados, mientras la repugnancia en nuestros rostros era evidente, con solo imaginar cuantos microbios habías ingerido durante nuestro arrebato de sed. No podíamos creer que nos pasara esto. Miraba a Kwark, y muy campante seguía mirándonos.
- ¿Y no pudiste decirnos antes? – le gritó John
- No me lo preguntaron
- No hacía falta preguntártelo, si conocías que era el sanitario de este lugar, debiste comentarlo – me apure a increpar a nuestro acompañante
- Mucho grito, mucho grito. Ustedes vienen a este lugar, no los traje. Si yo no beber de esa agua cuando llegamos ¿por qué ustedes si?
- Porque era obvio que se veía potable – le contestó furioso John
- Parecer y ser, son dos cosas diferentes
- Bueno, ya, ya está bien – traté de mediar en la situación porque ya no había nada que remediar, teníamos no sé qué clase de microrganismo invadiendo nuestro cuerpo y solo había que esperar que no nos hiciera daño
- Ay no – dijo John de pronto
- ¿Qué tienes? ¿Te pasa algo? – lo vi llevándose un brazo al estomago
- Me siento algo extraño – Vi que su rostro se ponía verde
- Tranquilo amigo, solo cálmate, siéntate para que te relajes
- No, realmente lo que quiero es… - acto seguido vomito cerca de nosotros, que kwark se levantó inmediatamente caminando unos pasos lejos de nosotros
- Dios mío, qué asco
- ¿Tú no te sientes así? – Me preguntó con una cara de dolor
- No, realmente no
- ¿Seguro? Porque siento que voy a – y nuevamente se inclinó para volcar el estómago, aquello me estaba enfermando.
- Si sigues así, vas a provocar que vomite
- Te envidió porque la verdad es que con este olor y el color de este… - y no pudo proseguir mientras todo aquel líquido salía de sus fosas nasales y boca
- Kwark, debemos ayudarlo – me dirigí a mi pequeño amigo que ya había buscado otra palmera donde sentar en primera fila viendo a John, vomitar
- Él ya se está ayudando solo – contestó
- Sí, pero no es natural que tenga tantas nauseas
- Pues no es natural que tú no las tengas
- ¿Qué? – No había terminado de confeccionar la pregunta, cuando mi estómago dio un giro de 360 grados y comencé a vomitar
Aquello parecía un coro, entre John y mi persona, tomando turno para vomitar. Primero él, luego yo, seguido él e iba en ese camino. Pensé que jamás iba a terminar aquello, hasta que finalmente no hubo más que extraer del interior, más que el estómago completo.
- Fue muy divertido – Como si fuera un espectáculo, kwark, con su voz graciosa se refirió a nuestro problema de esa manera
- John, creo que ya se detuvo
- Pensé que me saldrían todos los órganos por el cuerpo
- Prefiero esto a que morir por envenenamiento ¿no crees?
- Esto me recuerda las borracheras con los muchachos del grupo – nuevamente sonrió entre aquellas penurias
- Pero una cosa es vomitar por intoxicación alcohólica y otra por orines de camellos
Aquel último comentario hizo romper en carcajadas a John, seguido de mi sonora risa, por la ocurrencia. En realidad, me preocupa un poco que nuestra salud mermara con la ingesta de aquel líquido. Por lo demás, en realidad, no quería pensar en comer, así que dormimos un poco. Lo fresco del viento, lo hermoso del cielo oscuro y las bellas estrellas, más lo sucedido no permitía pensar en nada más que no fuera dormir. Kwark, no cerró los ojos y continuaba mirándonos. Solo esperaba que no fuera un caníbal que nos devorara mientras dormíamos pero no tenía mucha fuerza para poder evitarlo, ni tampoco energía para mantenerme despierto. Vi en la otra palmera y John, ya estaba roncando. Así que cerré mis ojos y me encomendé a la divina providencia para despertar en la mañana. Por lo menos completo.
El mal sabor de boca, y el brillo de la luz del sol, que cegaba fueron los primeros factores que me permitían concluir que aún seguía vivo. Por más que pretendí aguantar la larga jornada nocturna, aparentemente fracasé y finalmente me entregué a los brazos de Morfeo. John, no estaba en su palmera, pero conociendo lo primero que se hace al despertar, pensé que estaría en los alrededores buscando un sanitario. Kwark, aún estaba en el mismo lugar y sin dejar de ver.
- Buenos días, amiguito
- Es el medio día, así que más bien ya es tarde
- O disculpa, debo haberme quedado dormido. ¿Pudiste descansar?
- Nadie podría hacerlo cerca de ustedes, con el ruido que hacen con la boca abierta
- Perdón, no sabía que roncaba
- Y yo no sabía la pestilencia de ustedes al amanecer ¿No se están descomponiendo?
- ¿Pestilencia? – Olfateé mi axila y en realidad no era un agradable olor, pero al parecer nuestro amigo tenía un olfato bien fino para detectarlo a distancia
- ¿Y no sabes dónde está mi amigo? – le pregunté al odioso amigo
- Dijo que seguiría el final del arco iris
- ¿Ah, sí? ¿Y hace cuánto que se fue?
- No hace mucho
- ¿Llevas el tiempo?
- No, aún están sus pisadas frescas en la arena – y señaló a un punto donde se podía ver con claridad las impresiones de los zapatos de John
- Bueno, creo que es hora de que continuemos y al mismo tiempo le demos alcance, así que en marcha
- ¿Cuál es la prisa? Aún no he terminado de comer
- ¿En serio? – Lo observé y no tenía nada en sus extrañas manos y no lo miraba masticar
- ¿Ya voy a terminar?
- ¿Terminar de qué?
- Ya te dije, estoy comiendo
- ¿Pero qué estás comiendo?
- Aire
- ¿Aire? – La respuesta me extraño - ¿Cómo que aire?
- ¿Ustedes necesitan aire para vivir, o no? – fue su respuesta
- Pues claro, nadie podría vivir sin aire, bueno al menos nosotros los seres humanos
- ¿Y por qué se creen tan importante, que piensan que los demás no requerimos del mismo aire para vivir?
- Disculpa, no era mi intención ofenderte pero es la primera vez que conozco a alguien de tu especie, y pues, ignoro de qué viven
- Siempre sintiéndose especiales – Al final, se levantó y en eso le miré un rabo que había estado clavado en el suelo y se metió en su trasero – Bien, ya terminé, continuemos
- Oye, espera, pero ¿exactamente cómo estabas comiendo aire?
- ¿Quieres una especie de clase particular sobre nosotros? – Me miró detenidamente y por lo tanto pensé que no me gustaría escuchar la respuesta, así que era mejor desistir de preguntar y concentrarme en busca a John
Al parecer el día iba a ser largo caminando junto a esta criatura misteriosa, que hablaba mi idioma al ritmo de un robot, pero tenía el aspecto de un pequeño brujo con su indumentaria y capota. Se notaba que tenía una mecha de cabello rubio que sobresalía, pero el resto me aventuraba a apostar que era calvo, y seguro su pequeño y redondeado cuerpo, era el de un barrigón empedernido. Solo pensarlo me hacía gracia tratando de adivinar lo que escondía aquel remedo de sotana color café.
Llegamos a un punto de una empinada duna donde las huellas finalizaban. Exploré los alrededores y nada de John, realmente era extraño. Recordaba precisamente el momento que ante mis ojos, a lo lejos, John, era consumido por la arena, y eso me hizo pensar que tal vez él estaría en el mismo problema. Asustado por la idea, comencé a escarbar por los alrededores, y vi que Kwark, comenzó a hacer lo mismo sin que le dijera nada, pensé que se burlaba de mí, imitando mis acciones. De pronto, mis manos detectaron un objeto debajo de aquella arena picante. Lo levanté y con estupor descubrí que eran los clásicos anteojos redondos de John. Me llevé la mano a la boca, con una sola idea en mi mente: John, se hundió en aquella arena. No podía creerlo, sin fuerzas me senté sobre la arena. Kwark hizo lo mismo.
¿Cuántas aventuras, cuantas conversaciones, cuantos consejos de aquel maestro, filosofo, innovador, creativo, y ahora solo quedaría en los recuerdos, y yo con un par de anteojos que ni siquiera eran de mi medida ni tampoco medicado para mí? ¿Cómo se lo informaría a su viuda? Véanme hablando de la viuda en este momento tan caótico. Si aún no salía de aquel extraño lugar y me compadecía de John, cuando seguro estaba pronto a sufrir su misma suerte. Oh, Dios, lo que sería un simple paseo de una noche, llevaba días en una especie de viaje a lo desconocido. Mis ojos se mojaron. Tanto la perdida de John, como lo precario de mi fin, que no era nada alentador, solo me recordaba que mi idea de vivir con la música en los colores, probaría que en lo negro siempre hay notas que interpreta el diario vivir positivo de todos.
No quería darme por vencido, así que junte todas mis fuerzas, y me levante, me quité la camisa, fabriqué una especie de turbante y protegí mi cabeza para continuar en aquel inhóspito y soleado lugar. Guardé el último bien que ahora sería un tesoro, y un motivo para salir de aquel lugar, los lentes de John. No era un consuelo, pero era eso o nada. Y lo peor eran mis dudas, considerando que fui el único con quien él salió, podrían culparme de su desaparición. Obvio, ¿Quién me creería? Salió conmigo y no regresa. De repente, armaba el rompecabezas y mis temores crecían. Podría explicar todo, pero ¿Creerán simplemente que él se hundió en la arena? Seguro que no. Dirán que murió asesinado y yo soy el autor de su muerte. ¿Matar a John? ¿Yo? Los fanáticos estarán más interesados en la sangre del culpable que no me escucharan. Todos los medios repetirán la misma historia y sin llegar a sentarme a la silla de los acusados, todos me habrán culpado.
Kwark, venía muy cerca detrás de mí. Callado sin decir nada. Creo que al menos merecía una explicación.
- Te agradezco que vengas aun conmigo, pero ya no es necesario, si quieres regresar a tu casa, no me opondré ni tampoco me sentiré mal
- Dije que los acompañaría y eso es lo que hare
- Sabes ¿lo qué paso allá atrás?
- Si, buscabas algo que comer
- No, no fue eso. ¿Comes algo de lo que hay debajo de la arena?
- Ya te dije que lo que como es aire
- ¿Al decir aire, te refieres al oxígeno, cierto?
- ¿A cuál otro más?
- Es que me refiero, si en realidad te metes algo dentro de tu boca, para ingerir y alimentarte
- ¿Por qué haría algo así?
- Porque es lo que hacemos lo de mi especie. Nos alimentamos con comida que nos metemos a la boca y llega a nuestro estómago.
- ¿Y qué hace ahí lo que comen?
- ¿Qué hace? Bueno, se aprovechan los nutrientes y desechamos el resto
- ¿O sea que ustedes tienen que buscar algo que introducirse en la boca para luego volver a expulsarlo?
- Bueno así suena hasta extraño, pero básicamente esa es la idea de alimentarnos, extraer de los alimentos lo que nuestro cuerpo requiere
- Nosotros no hacemos eso, simplemente tomamos el aire y nuestro cuerpo se siente bien.
- ¿No lo expulsan?
- ¿Para qué expulsaríamos algo que necesitamos para vivir?
- Desde su lógica tal vez, no desde la nuestra, pero tranquilo ya entendí, pero lo que si quería era explicarte que allá atrás buscaba a mi amigo, no era que buscaba algo para comer
- Kwark, trataba de ayudar, por eso también hice lo que hacías
- Gracias, pero no, más bien lo que encontré fue esto – le enseñe los lentes – al parecer la arena se tragó a mi amigo
- Y si eso estaba ahí, ¿Tú amigo no podría estás más abajo?
Aquello no se me había ocurrido, en realidad, al ver los lentes deje de buscar, la simple idea que estaba dejando a su suerte a mi amigo, me aterrorizo y corrí a buscar el punto donde había encontrado los lentes. No podía creer que tal vez John, estaba enterrado cerca y por mi torpeza en estos momentos podía estar muerto sin oxígeno. Mientras corría iba gritando su nombre, y mi compromiso que lo encontraría para ayudarle a salir, a vivir. Pero no pude entre tantas montañas de arena, dar con el lugar. Mi frustración se volvió desesperación y como un comencé a escarbar la arena de un lado a otro. No podía renunciar, tan solo la idea que se formaba en mi mente al imaginarme a John, sin poder moverse debajo de la arena era tan simplemente una tortura. Cada segundo era crítico y contaba, y ya llevaba mucho tiempo desaparecido. Ya me veía enfrentando a las masas de fanáticos con antorcha, pico, pala, piedras, pero ¿qué estaba pensando? Como si estuviéramos en el medievo. Ahora sería simplemente un paredón de fusilamiento, o inyección letal.
- ¿Seguro no estás buscando algo para comer? – Vi de pie junto a mí a Kwark, impávido, sin expresión facial, ante mi conducta propia de alguien que no se encuentra en sus cabales.
- En vez de hacer preguntas tontas, ayúdame a desenterrar a mi amigo – le grité enfurecido por lo que consideraba una falta de sensibilidad
- En primer lugar si él está enterrado, yo no fui quien lo enterré y en segundo lugar, si tú amigo al igual que tú viven del aire, dudo que aun siga con vida, entonces ¿Por qué desperdiciar esfuerzo quitando toda esa arena?
- Bien, no me ayudes entonces y déjame hacerlo a mi manera
- ¿Sabías que la profundidad estimada en este sector es de 3 kilómetros? – aquello me detuvo
- ¿Qué quieres decir? - de rodillas me acerqué a él, y lo tome por sus hombros - ¿Qué es posible que él esté bajo tierra unos 3 kilómetros?
- ¡Qué extraño! Pensé que hablaba bien tu idioma – fue lo que me contestó, lo cual sentí un sarcasmo de su parte, pero su rostro estaba apacible
- Entonces todo está perdido – me senté a gemir – perdí a John para siempre
- Ustedes sí que son dramáticos, todo lo hacen ver como un valor absoluto ¿Cómo que para siempre?
- Entonces, ¿Hay una esperanza? – aquellas palabras me hicieron tener fe que aquel pequeño tenía una mejor opción
- A lo que me refiero que no vas a perder para siempre a tu amigo, simplemente, en algún momento podrás extraerlo a la superficie si cavas unos 3 kilómetros
Aquel argumento me enfureció, y me arroje sobre aquel sujeto que se burlaba de mi dolor, lo agarré del cuello y comencé a apretar y a apretar, para acallar su armoniosa voz que contrastaba con mi melancolía desenfrenada. Sin embargo, sus ojos se fueron volviendo oscuros, se apagaban y de pronto, volví en sí, reconsideré mi actitud. Lo solté y me di cuenta que había enloquecido. Había perdido la razón, culpando a otros de lo que no tenían responsabilidad. Con ojos desorbitados miraba a mi anfitrión, mientras me alejaba de él. Sentí vergüenza por lo que había intentado hacer. La impotencia de no poder resolver mi situación, me llevaba a la locura. Había perdido el control de mí mismo y necesitaba serenarme.
- ¿Qué fue todo eso? – Me pregunto el pequeñín
- Perdona amigo, perdona, perdí la razón – no quería ni verlo a los ojos
- Al contrario, fue muy divertido. No sé qué era, pero me hizo gracia.
- No seas tan condescendiente, que sabes bien que quise matarte
- ¿Matarme? ¿A mí? Eso es muy difícil
- ¿Difícil? Si vi como tus ojos iban perdiendo el color y tu vida se escapaba en mis manos
- Estás equivocado compañero, mis ojos se vuelven oscuro cuando estoy riéndome. A diferencia de ustedes no tengo que abrir mi boca para manifestar risa o alegría
- ¿Por eso siempre estás tan serio?
- Ah, ya veo. Eso se puede arreglar – Inmediatamente, su rostro desapareció ante mis ojos, y quedo con una tela de nylon gris, sin rostro. -¿Así está mejor?
- Todo lo contrario, así me das temor
- ¿Quién los entiende? Con rostro no soy aceptado y sin él, doy miedo
- Mejor te sigo viendo serio, no hay problema
- Como guste – y regreso otra vez aquel rostro al que estaba acostumbrado
- Y ese otro rostro ¿Es para robar un banco y no ser reconocido? – Creo que en las situaciones difíciles, tengo el mal habito de hacer chistes, y mi propia ocurrencia me hizo reír
- No, es mi rostro para dormir
- Pues anoche no lo tenías puesto
- ¿Será porque no tenía sueño?
- Te juro que con ese rostro hasta el mejor cómico renunciaría a hacer carrera
- No comprendo
- Tranquilo es un decir
- Bueno, ya que se te olvidó la cruzada de excavador ¿Podemos seguir?
- Sí, creo que si – volví a ver por última vez lo que sería la tumba de John – ya no tenemos nada que hacer aquí
De pronto, el rostro de Kwark violentamente, cambió a su modo de “sueño” y cayó sobre las dunas. Me abalancé sobre él, tratando de reanimarlo, pero aquello era en vano. Estaba en un sueño profundo. Pensé que aquello era lo que me faltaba, tener a un enano dormilón. No me quedo más remedio que levantarlo y caminar con él en mis brazos. Más peso menos fuerza para todo el día que faltaba, así que encontrar algún lugar donde descansar era una prioridad. Caminé y caminé, y solo se veía arena y más arena. El sol comenzaba a resecar los labios y a quemar la piel. Lo único que se me ocurrió fue de vez en cuando colocar a Kwark, sobre mi cabeza usándolo de sombrilla. Consideré que él era más fuerte para resistir el calor. De todos modos no se daría cuenta hasta que despertara, eso sí, un poco más tostado por el sol.
Finalmente, mis plegarias fueron escuchadas, cuando a lo lejos me pareció ver algo, como una pequeña choza. Era una cantina al mejor estilo del salvaje oeste americano. Afuera un bramadero, lleno de agua turbia. Coloqué a kwark, y me refresque el rostro con aquella agua, la cual tampoco por más sed que tuviera tenía intención de beber. La experiencia de los vómitos me hizo ser más precavido. Se oían una bella música norteña en el interior de la cantina. Así que lo primero que se me vino a la mente fue una deliciosa cerveza de sifón, no importa la marca, toña, imperial, Heineken, lo que fuera que me reavivara. Al pasar por las compuertas, la música dejo de sonar y en su interior estaba el inmobiliario pero no había nadie más.
Desde muy pequeño tenía la habilidad de sentir cuando alguien estaba cerca, o me miraba. Nuevamente aquello regresaba a mí. Cada paso que hacía hacia la barra, era claro que alguien o algo me seguía con su mirada. Los vellos de mi cuello, se electrificaban, advirtiéndome del peligro. Me controlé y miré que al otro lado de la barra, había un buen surtido de licor. De todos los lugares y de todas las marcas. Lo extraño era que se notaba muy nuevo, no había telarañas, ni polvo, el lugar estaba bien limpio. Encima de los estantes, había un gran espejo. La sed pudo más que el temor, y me empiné a recoger debajo de la barra un gran vaso de vidrio. Y luego tomé una de las botellas de whisky más cercano.
Comencé a servirme, esparciendo una buena cantidad de aquel licor, cuando de reojo miré al espejo, y miré que alguien estaba a mi lado derecho. Me agité y me distancié, para mirar mejor al personaje junto a mí, y no había nadie. Miré al espejo y ahí estaba, pero en realidad no había nadie a mi lado. Mi corazón palpitaba desenfrenadamente. Tenía que calmarme. Luego de restregarme bien los ojos, miré al espejo y aquel viejo vaquero con pañuelo en el cuello, me observaba. Saqué valor y le hablé.
- ¿Quién eres tú?
- El cantinero
- No puede ser, el cantinero siempre está al otro lado de la barra
- No hablaba contigo, pregunté en dónde está el condenado cantinero
Y de repente del espejo, salió un obeso sujeto, con delantal y un peinado corto, y se colocó detrás de la barra.
- ¿En qué le puedo servir caballero?
- A mi nada, gracias – le respondí
- Él se dirige a mí, forastero – me dijo el vaquero – a ver sírveme un buen trago de ron
- Como no, señor, como guste
- ¿Y por qué esta tan solo está cantina? – le preguntó el vaquero al cantinero
- Fue por la llegada de ese facineroso, señor – y dirigió su mirada a mi
- ¿Perdón? ¿Fasi…qué? ¿Yo? ¿De qué habla? – Estaba desconcertado
- Aquí mismo lo dice – debajo de la barra, extrajo un pedazo de papel en que se me buscaba por homicidio, con un precio por mi captura
- A ver, enséñeme eso – por un momento se me había olvidado que aquellos espectros no eran de este mundo, pero la curiosidad fue más poderosa que el miedo a lo paranormal
- ¿Usted es él, no? – Preguntó el vaquero
- Pues sí, ese soy yo, pero no sabía que me buscaban, ni tampoco que había asesinado a alguien
- ¿No quiero que me mate por favor? – Dijo gimiendo el cantinero
- ¿Cómo dice? ¿Yo? Por favor no nada que ver, yo no vengo a matar a nadie
- ¿No? – volvió a preguntar el cantinero
- Claro que no
- ¿Oyeron? – preguntó el cantinero mirando al espejo
Del espejo asomaron varias cabezas, no eran solo las bailarinas, sino hasta el pianista, y con rostros más tranquilas, hasta los parroquianos salieron de su interior y se acomodaron en las mesas y la música y la algarabía del inicio, volvió a sonar en toda la cantina. Risas, conversaciones y ruidos de los vasos, llenaron todo el lugar.
- Por cierto, soy Fernando Fernández, el ranchero más rico de por aquí
- Mucho gusto, Yo soy…
- El mero mero, ¿Quién más? Solo por eso le invito a beber un trago conmigo, no me lo desprecie
- No, claro que no, será un honor
- A ver, tú, sírvale un trago a mi amigo – le gritó el vaquero al cantinero
- ¿Y está muy lejos su rancho de aquí? – le pregunté mientras me empinaba el primer trago
- Espera un momento, ¿No estarás pensando en ir a asaltarme, cierto?
- No, por supuesto que no, me buscan por asesinato no por robo – y reí, lo cual aquel hizo más tranquilo imitando mi risa
- Pues no, no está muy lejos, en un día a caballo llegas, ¿tienes caballo?
- No, llegué caminando ¿Pero afuera no vi ningún caballo?
- Pues si ahora sales, los vas a ver, es que también se asustaron cuando te vieron llegar
- Ah
- ¿Y todos aquí son fantasmas?
La música se detuvo y todos dejaron de hacer lo que hacían, para mirarme. Aquello me desconcertó.
- Hijo ¿Tú crees en fantasmas? – Se bebió el trago y en su figura traslucida se miraba por donde recorría en su interior el líquido hasta mojar el suelo
- Creo que al morir uno va a algún lugar y que su espíritu permanece por acá
- Mira ese reloj muy bien, ese que esta sobre el espejo, en la pared. Cuando se aproxime a las 12 de la noche, los fantasmas vienen a la cantina y nosotros no podemos estar aquí, hay toque de queda, y te sugiero que tu también lo hagas – y se bebió de seguido otro trago