CAPITULO 25
(***)
Salgo de la casa de Adam, estoy sorprendida por lo que acaba de proponer, pero me dejo más sorprendida cuando menciono a mi padre, empiezo a recordar mi niñez y todo sobre el matrimonio de mis padres, mientras conduzco pienso y pienso, nunca vi a mi padre sonreír al lado de mi madre y la verdad es que a ella tampoco, aunque delante de las mujeres adineradas de la ciudad lo hacía, ella siempre ha vivido de las apariencias y del que dirán, pero jamás los he visto demostrarse afecto, un beso, una sonrisa entre ellos como son los padres de Adam.
También recuerdo que mi madre me dijo que si ella hizo que mi padre regresara del otro lado del mundo para casarse con ella yo también podría lograrlo con Adam.
Giro mi cabeza y veo que ya llegue a mi casa, estaciono mi auto y me bajo, entro a la casa y mi madre está en la estancia esperándome.
- ¡Hija! ¿Y qué quería Adam?
- ¡Uhm!... solo que decidiéramos el nombre de la bebe juntos, que no lo excluyera es todo
- Bueno hija –Sonríe de manera orgullosa- la bebe llevara mi nombre por supuesto
- ¡Mamá! Eso lo decidimos nosotros en todo caso yo porque es MI hija ¿está claro? –Le inquiero seriamente- ¿Dónde está papá? Necesito hablar con él
- ¿Pasa algo?
- No, solo quiero contarle algo de la empresa es todo ¿Está?
- Sí, está en su despacho como siempre –dice de mala gana-
- Bien iré a verlo
Me doy vuelta y sigo hasta el despacho de mi padre, al ver la actitud de mama me hace sospechar más sobre su matrimonio, toco la puerta y entro, asomo mi cabeza y lo veo sentado en su sillón preferido leyendo uno de sus libros con lentes enormes
- Hola papito –Me acerco y le doy un beso-
- Hola princesa ¿Cómo te has sentido?
- Bien, me gustaría conversar contigo a solas, ¿podemos salir a comer o a caminar? –Veo que la comisura de sus labios se alza en una gran sonrisa-
- Me parece perfecto vamos ¿Qué se te antoja comer? Hace mucho que no comemos en ese lugar que te gustaba mucho
- -Sonrío- Me parece perfecto
Salimos de la casa camino al restaurante al que íbamos él y yo solos, un sitio de pastas deliciosas.
- ¿Todo está bien mi niña?
- Sí, bueno es que quería preguntarte algo, que yo sé que es personal pero necesito saberlo
- -Me mira mientras frunce el ceño- ¿Qué pasa hija?
- ¿Eres feliz? –Le suelto sin más-
- - Noto como se tensa y se aferra al volante con fuerza- Lleguemos al restaurante y comamos tranquilos
- Asiento
Luego de media hora comimos muy rico en aquel lindo y privado lugar, decidimos sentarnos en el exterior, es una linda noche y no hay mucha gente lo cual me tranquiliza que no nos oigan.
- ¿Y bien papá?
- ¿Por qué me preguntas eso?
- Porque he estado pensando sobre mi situación y ese empeño en apoyar a Adam para que no se case conmigo, aun cuando yo soy tu hija pues… me hizo echar mi mente hacia atrás, nuestra vida y padre nunca te he visto sonreír al lado de mi madre, no he visto una sola muestra de cariño o de amor entre ustedes en todos estos años y recuerdo que mi hermano nació unos meses después que ustedes tuvieron su boda, antes no me había dado cuenta pero ahora sí, sabes que soy buenas en matemáticas, mi mama estaba embaraza cuando ustedes se casaron y ella me comentó que te viniste del otro lado del mundo.
Por primera vez veo la decepción y la tristeza en sus ojos y sin decir una sola palabra confirme lo infeliz que ha sido mi padre.
- Hija –Toma mis manos- si me lo preguntas es porque quieres que te sea sincero
- Así es padre, porque depende de tu respuesta podre guiar mi camino y escoger el mejor para mí y mi hija –digo tocando mi vientre-
- Bien –Inhala profundamente- Antes de casarme con tu madre yo vivía en Estados Unidos…
- Escuché atentamente la historia de mi padre y mi corazón se partió cuando escuché que no pudo ser feliz con la mujer que amaba y que esa mujer falleció esperando por él, tanto que no pude evitar que se salieran mis lágrimas al ver a mi papa tan triste.
- Hijita –limpia mis lágrimas- no te conté esto para que te pusieras triste
- ¡Papi! Pero toda tu vida has sido muy infeliz y nunca lo vi, fui egoísta
- No mi niña, tú y tu hermano me han hecho muy feliz, tenerlos ha compensado esa tristeza, tú no te preocupes. Pero por eso es que no quiero que te cases con Adam, no quiero que vivas lo mismo que vivimos tu madre y yo, porque aunque ella demuestre su orgullo tampoco ha sido feliz a mi lado y no quiero verte sufrir por un amor no correspondido, no quiero que sientas amargura en el futuro y te pierdas la oportunidad de encontrarte un hombre que en verdad te amé, te respete, te valore como la gran mujer que eres y ese no es Adam mi cielo. Los tiempos han cambiado, no hagas caso al que dirán o a las críticas de la sociedad porque al final nadie te ayudara a atender a esa bebe o a pagar sus cuentas, no te dejes llevar por eso.
Llorando caigo en los brazos de mi padre, procesando todo lo que me acaba de contar y los consejos que acaba de darme con el corazón en la mano, siempre preocupado por mí y demostrándome su apoyo y su cariño.
Ahora sé lo que debo hacer, gracias a él.