LIII
Carixis, sede del Consejo Galáctico.
Día 9 del Mes 12 del Año 2105 D.A.
—La mayor concentración de naves oscuras jamás detectadas se aproximan a Carixis —explicó con preocupación Rupert—, nuestros satélites espías han contabilizado hasta tres millones. Están acompañadas de los devoradores y de lo que parece ser una facción disidente del Panal.
—¿El Panal? —preguntó Arsala intrigada.
—Tras la última derrota al parecer un sector de su colectivo se alió al Planeta Oscuro —explicó Rupert—, nuestros expertos creen que se debe a que consideraron a los oscuros una civilización digna por haberlos vencido. A nosotros no, a pesar de haber contribuido a la derrota. Los últimos reportes muestran que la derrota del Panal causó estragos en su psique pues nunca antes había sucedido y su cultura basada en la xenofobia y el supremacismo insectoide no ha podido asimilarlo. La civilización del Panal se sumió en el caos y están divididos y enfrentados matándose unos a otros. Esperamos que sigan así y que su civilización desaparezca, no que se divida en nuevas variantes que sean un peligro para los no insectos en el futuro.
>>Pero como insectos sociales que son requieren un monarca y tras la muerte de parte de su liderazgo algunas cepas encontraron en Cronos a un nuevo líder al cual seguir.
—No tenemos forma de vencer a los oscuros, los devoradores y el Panal juntos —auguró sombríamente Ushuk—, su plan debe ser simple: tomar el sistema Carixis como sede del Ejército Galáctico como antesala para una arremetida mortal contra el resto de la Galaxia.
—Así es —reconoció Rupert—, sugiero que ordenemos al grueso de nuestros ejércitos el dirigirse acá.
—¿No será peligroso? —preguntó 200-2000— ¿y si están deliberadamente distrayéndonos para tendernos una emboscada?
—No hay alternativa —aseguró Rupert— las fuerzas oscuras y sus aliados están concentrando sus fuerzas dirigiéndolas hacia acá. La mayor concentración bélica registrada en la historia de la Galaxia. No tenemos más remedio que defendernos. A menos que Zílog consiga la séptima y última esfera esta guerra terminará acá de una forma u otra…
Zona Anárquica
Día 13 del Mes 12 del Año 2105 D.A.
La Walhalla arribó finalmente a la órbita de aquél misterioso planeta sumido en brumas por su gruesa y gaseosa atmósfera. Los sensores detectaban la fuente de energía pero nada más en el interior así que una cápsula debió bajar. Sashak se quedó en la Walhalla como comandante y a la superficie bajaron Zílog, Velkhar, Nemesis y Arg.
En el interior el planeta entero estaba cubierto por un invierno interminable y por un casquete ártico que se extendía por todas partes. La única muestra de civilización era un gigantesco y ciclópeo templo localizado en el polo magnético del planeta.
Los cuatro tripulantes detuvieron la cápsula allí y se adentraron al lugar que contenía un aire de solemnidad.
—Bienvenidos, les esperábamos —aseguró una voz hablando en valtárico para sorpresa de todos. Al lado del altar y ante sus sorprendidos ojos estaba un ser de la misma especie que Maktub; un nativo marciano.
El extraño tenía la piel verde oscura, sin un solo cabello en la cabeza, de ojos grandes y alargados, de color amarillo pastel y pupilas negras. Su nariz eran dos pequeños orificios y su boca era bastante pequeña también. Vestía una túnica que le cubría los pies, y sus manos tenían tres gruesos dedos. Un medallón redondo de color azul colgaba de su cuello.
—¡Imposible! —expresó Zílog frotándose los ojos—, un maktubiano. ¡Pero estaban extintos!
El ser se les aproximó. Era más anciano que Maktub como mostraban los surcos en su cara.
—Hace milenios mis ancestros abandonaron nuestro mundo de origen escapando de la Gran Oscuridad y migraron lejos, atravesando el espacio por siglos hasta llegar acá donde nos asentamos.
—¿Hay más como usted? —preguntó Zílog. El anciano asintió.
—¡Salgan! —clamó—, estos seres son benévolos, incluso el oscuro. Puedo leerlo en sus mentes.
Múltiples maktubianos de todas las edades emergieron de escondites secretos entre las paredes. Hombres, mujeres, niños.
—¿Esto es todo lo que queda de los maktubianos? —preguntó Velkhar.
—No, nuestra civilización se extiende por el subsuelo de este planeta —aseguró—, somos millones. Allí prosperamos y vivimos cómodamente cerca del núcleo caliente donde hay agua líquida y alimento. Solo dejamos este templo en el inhóspito exterior para cuando ustedes llegaran.
—¿Nosotros?
—Sí, sabemos lo que están buscando —aseguró y se dirigió al altar de donde sacó la séptima esfera.
—¡La esfera perdida! —clamó Zílog felizmente.
—Es correcto. La herramienta para poner fin a la Oscuridad por siemp… —iba a continuar pero su rostro fue invadido por el dolor. Cayó al suelo fulminado y de su espalda brotó un escarabajo.
—¡Rastrero! —exclamó furioso Zílog. De todas partes emergieron pequeños insectos que se convergieron en un solo nuevo ser antropoide. Todos los maktubianos gritaron aterrados y retornaron de donde salieron.
—¡Bien! —se relamió Rastrero tomando la Esfera en sus manos— veo que me recuerdas. ¡Esto se termina ahora!
Rastrero rio maléficamente.
—Capitán —llamó Sashak por el comunicador— la Inferno acaba de aparecer y está atacándonos.
—Contraataque con todo el poder.
—Sí, señor.
—Es inútil —aseguró Rastrero—, hemos ganado. Con esto podré utilizar las Siete Esferas y todo su poder a favor del Planeta Oscuro. No es como que pudieran ganar de todas formas, tenemos una traidora que nos dio información muy útil —aseguró—, esto solo acelerará el proceso.
>>Pero antes pondré fin a este maldito planeta y todos sus habitantes para finalizar lo que empezamos hace 12.000 años… —anunció con la luz de la Esfera iluminándole siniestramente la cara.
Zílog se disponía a intervenir, pero Arg se adelantó disparándole con su rifle. Rastrero repelió el disparo con la Esfera y luego emitió de ella (que sostenía con ambas manos) un rayo de energía pura que lanzó a Kerozt contra la pared. Pronto el planeta entero empezó a retumbar como afectado por grandes terremotos. Las capas polares comenzaron a resquebrajarse y el hielo a derretirse. En el interior la civilización de Nuevo Maktub (como habían llamado al planeta) experimentaba tremendos terremotos.
El templo entero se hacía pedazos gracias a la energía de la Esfera.
—Sashak —llamó Zílog— prepara el armamento para disparar hacia mi posición con las bombas de antimateria.
—¡Pero señor…!
—¡Haz lo que digo! Nosotros no importamos mientras salvemos a la Galaxia…
Sistema Carixis
La descomunal batalla entre las fuerzas oscuras y las de la luz era como algo nunca visto. Millón y medio de naves de guerra del Ejército Galáctico enfrentaban a tres millones de las Legiones Oscuras y sus aliados.
Mientras esto ocurría una compungida Sálax miraba todo atormentada por la culpa a través de un monitor.
—Gracias —dijo una voz atrás suyo en su oficina, era Lothus— la información que nos diste sobre sus sistemas de defensa es efectivamente atinada como prometiste —aseguró fustigando más la culpa de Sálax. Lothus se transfiguró mostrando su verdadero ser: Cronos.
—¡NO! —gritó Sálax— ¡no puede ser!
—Sí —aseguró Cronos—, siempre supe que eras el eslabón débil de la cadena. Hoy es el día de la Alineación y el espíritu del Orm Infernal se liberará, todos en esta Galaxia serán sometidos… bueno, los que sobrevivan. Aquellos que no sean convertidos en esclavos serán convertidos en soldados de a pie para que iniciemos la campaña por conquistar el resto del Universo. Sólo tres especies serán libres por su servicio; los oscuros que serán sus amos, el Panal al que le permitiremos seguir con sus campañas genocidas (después de todo debilitan a nuestros enemigos) y los devoradores a quienes les ofrecimos a cambio todas las mujeres que deseen tener como sus esclavas sexuales. Incluida tú. Quizás quieras poner fin a tu miserable y traidora vida antes de que suceda…
Cronos estalló en risas macabras mientras se desvanecía en brumas.
Por su parte el Ejército Galáctico estaba perdiendo. Tantas bajas habían sufrido que el propio comandante Alum Siraiki vio su nave a punto de estallar.
—¡Viva la revolución! —gritó fuertemente, fueron sus últimas palabras antes de que su acorazado explotara.
Pero para desmoralizar aun más a los galácticos, un agujero negro comenzó a brotar en medio del espacio y pudo verse en su interior la enloquecedora visión del Orm Infernal preparándose para emerger aterrando a los soldados. Múltiples naves desertaron en el acto escapando enloquecidamente.
Nuevo Maktub
La Walhalla seguía sumida en una batalla campal contra la Inferno, pero tenía preparadas las armas de antimateria para disparar al punto indicado por Zílog.
—¡Es inútil! —aseguró Rastrero— mientras tenga en mi posesión la Esfera estoy protegido por su poder, incluso podré sobrevivir un bombardeo de antimateria. Solo te suicidarás.
—Valdrá la pena intentarlo —rabió Zílog. Iba a dar el fatídico comando cuando algo le sorprendió. Un tentáculo negro aferró a Rastrero del cuello. Para su sorpresa había salido del brazo de Velkhar que se había convertido en tentáculo. Sus ojos eran totalmente negros.
—¡La Esfera se usará para liberar a mis hermanos! —aseguró Velkhar con voz de trueno.
—¡Los Destructores! —clamó Némesis— uno de ellos debe haberse apoderado del cuerpo de Velkhar por ser psíquica. ¡Estuvo oculta en ella todo este tiempo!
—Buscarán libertarse mediante la Esfera —aseguró Zílog. Rastrero y la Velkhar poseída forcejeaban furiosamente creando una extraña contienda entre un ser hecho parcialmente de sombras y otro parcialmente se insectos carnívoros.
—¡Por Valthor! —clamó Némesis y se lanzó interponiéndose entre ambos, siendo destruido tanto por la energía negra que manaba de Velkhar como por los insectos de Rastrero, pero funcionó para causar que la Esfera saliera de entre los dos y rodara por el piso. Zílog saltó hacia ella para tomarla en sus manos ante la mirada aterrada de ambos monstruos.
La Esfera cayó en manos de Zílog. Sintió su energía descomunal y su cuerpo fue iluminado por ella. Zílog se puso de pie y con una orden de su pensamiento detuvo los terremotos que asolaban el planeta. Abrió una compuerta hacia la dimensión abismal que aprisionaba a los Destructores y una energía negra brotó del cuerpo de Velkhar quien pronto se desplomó exhausta, y el agujero también se tragó a Rastrero quien gritó resistiéndose pero fue consumido hasta el último insecto.
—¡Némesis! —dijo Zílog arrodillándose a su lado.
—Estaré bien —aseguró mal herido y escupiendo la sangre aceitosa de los oscuros—, voy camino a encontrarme con Valthor.
Némesis expiró, y Zílog le cerró los ojos.
—Así será —aseguró. Arg estaba muerto también, solo Velkhar se mantenía viva. De entre las paredes y escondites emergieron de nuevo los maktubianos. —Es hora de terminar esto… —aseguró.
Zílog retornó a la Walhalla que había sufrido graves daños en su enfrentamiento con la Inferno. La chica planta Shikha había muerto, Sashak, Cheng y Kerozt estaban mal heridos. Pero al puente llegó Zílog seguido de Velkhar, enfocó su mente y de la Esfera brotó energía que hizo explotar a la Inferno completa.
Entonces Zílog entregó la Esfera a Velkhar.
—Esto solo puede hacerlo un descendiente de un akashiano. Creo que sabes que hacer…
Velkhar asintió. Tomó la Esfera en sus manos y utilizó sus muy superiores poderes psíquicos para amplificar su poder.
Una a una las Esferas en los otros seis puntos se activaron; la que estaba en un museo en la Afiliación, la que se encontraba en el Palacio Imperial de Xirgón, la que se encontraba en un templo en Valtaris, e incluso la que custodiaba Cronos mismo en su castillo negro en el Planeta Oscuro…
Sistema Carixis
En Carixis la batalla estaba claramente perdida del lado del Ejército Galáctico. Un desanimado Rupert miraba a las estrellas desde la azotea de la Sede del Consejo con dolor pensando en todo lo que se había perdido y considerando el suicidio para él y su familia.
—Es tarde para eso —le dijo la voz de Curshok a su lado, apareciendo de la nada. —No esperes clemencia porque no la tendrás —le aseguró—, tu hijo vivirá el resto de su miserable vida como esclavo en alguna cantera, tu ex esposa Nam y tu novia Kriggs serán juguetes para los devoradores… y en cuanto a ti…
Pero Curshok no pudo finalizar sus palabras. La Esfera que se contenía en el Templo de Carixis en el territorio valtárico se elevó por los aires y podía verse desde la oficina. Tanto Rupert como él la vieron en su máximo esplendor. La Esfera subió hasta el espacio, a la órbita del planeta y se conectó con las otras siete.
—¡¡¡NOOOOOO!!! —gritó Cronos enfurecido quien comandaba las Legiones Oscuras desde la Nave Nodriza principal. La Esfera comenzó a cerrar el pasadizo por el que iba a emerger el Orm Infernal.
—¡Maldito! ¡Me has fallado! —dijo el Abismal enfurecido y con su último esfuerzo brotó un tentáculo que aferró a Cronos del cuello y lo introdujo al Abismo antes de que se cerrara para castigarlo por la Eternidad. Una vez sellado el pasadizo la Esfera expulsó un golpe de energía que cortó como cuchillo caliente sobre mantequilla entre las Legiones Oscuras destruyendo la mayoría de sus naves. A miles de años luz de distancia el Planeta Oscuro entero explotaba. Los pocos oscuros sobrevivientes ya no serían nunca más una amenaza.
—¡NO! ¡No puede ser! —gritó Curshok. Iba a desquitar su ira contra Rupert disparándole por lo que el humano se cubrió el cuerpo con los brazos, pero Curshok fue herido primero y hecho trizas por el disparo de Sálax quien acababa de subir a la azotea.
—Señorita Sálax —exclamó Rupert sorprendido— ¿Qué hace aquí?
—Vine… pues vine… pensaba… usted sabe —aseguró mostrándole el arma que tenía en la mano. Rupert comprendió las tristes implicaciones.
—Entiendo… Pero, todo salió bien al final. ¡Hemos ganado!
—No gracias a mí —aseguró—, entregué a los oscuros información clasificada. Por eso sabían que debían atacar Carixis primero y que no estábamos preparados para un enfrentamiento total.
—¿Por qué me dice esto?
—Tenía que sacarlo de mi pecho. Me siento mejor. Aceptaré los cargos por traición…
—Bueno, considerando que me salvó la vida, digamos que será nuestro pequeño secreto —tranquilizó Rupert con una mano en el hombro.
Epílogo
La celebración por la caída del Planeta Oscuro incluyó multitudinarias fiestas y algarabías en miles y miles de planetas.
A la Walhalla le tomó semanas regresar —después de todo había sufrido grave daño— pero finalmente lo hicieron y la mayoría de tripulantes se reencontró con sus familias. Monumentos especiales fueron levantados en sus planetas y en facilidades de la Afiliación para Shikha y Arg y otros caídos, así como lo fue para Alum en la República Polari.
Zílog y Cheng cimentaron su amor en una ceremonia privada oficiada por Rupert, a la que asistieron incluso Ushuk y Sashak quienes retomaron su romance más vibrantemente que antes. Kerozt llevó a sus esposas y sus muchos hijos. Solo faltó Maktub quien días atrás había decidido encaminarse hacia Nueva Maktub para reencontrarse con su pueblo, envío una felicitación desde allí.
Al tirar el ramo Cheng este cayó en manos de Kriggs quien recibió una mirada pícara de Rupert.
Lothar y Velkhar estuvieron presentes también. Eran de los últimos valtáricos que quedaban en la Galaxia pues la mayoría había migrado masivamente hacia la otra dimensión que habían descubierto tiempo atrás ahora que el peligro del Planeta Oscuro no existía. Cuando pasara la boda y la pareja hiciera el salto también los valtáricos habrían desaparecido por siempre del Universo, al igual que los oscuros.
Rupert se preguntó si quizás algún día, muchos años en el futuro, se convertirían en leyendas en seres mitológicos en los que muchos no creerían. Quizás todos algún día serían una leyenda más en los mitos contados en algún lugar frente a alguna fogata…