Chapter 52: LII

Palacio Imperial

Planeta Xirgón

—Ante la presencia de Su Majestad Imperial —anunció el chambelán, un gigantesco gastrópodo dénuzeb de cinco metros y color púrpura— los gobernantes autónomos de las Provincias del Imperio; el Sultán de Carlagia, el Gobernador de Dénuzeb, el Patriarca de Dashán, el Presidente del Gobierno Autónomo de Marte y la Princesa Shianka de Lobaria Occidental.

Al lugar entraron un anciano carlagiano vestido por unas túnicas aptas para el desértico ambiente de su planeta, y un turbante, de piel muy gruesa y oscura, y totalmente lampiño. Un gigantesco gusano dénuzeb de cinco metros de altura. Un molusco con seis tentáculos, manos y pies palmeados, cabeza de calamar, tres ojos rojos, boca pequeña y nariz de ventilas. Un humano de raza negra vestido de traje. Y una hermosa mujer lobariana de largos cabellos como enredadera y piel celeste, vestida de ropa florida. Todos hicieron reverencias ante la soberana, y se mantuvieron de pie aunque tenían lujosas sillas colocadas al pie del trono.

—Bienvenidos sean —dijo Yashak— es para mí un placer recibirlos y escuchar sus problemas para resolverlos. Siéntense, por favor. Me interesa que sus comunidades estén bien. Haré lo posible por mejorar las condiciones en el Sultanato Carlagiano, el Estado Libre Asociado Dénuzeb, la Reservación Dashanita, el Gobierno Autónomo Marciano y el Reino Lobariano Occidental.

Después de una larga charla de unas tres horas, los gobernantes regionales comenzaron a despedirse.

—No se vaya aún, Princesa Shianka —pidió Yashak.

—Como usted ordene, Su Señoría.

—Estoy considerando seriamente en devolver la totalidad de Lobaria a la Afiliación —le dijo una vez que estuvieron solos, salvo por Ushuk y los guardaespaldas.

—Eso sería muy noble, Emperatriz —le respondió Shianka.

—Es lo más adecuado. Deseo mejorar las relaciones con la Afiliación. El problema es que, mi situación todavía es vulnerable y si entrego territorio del Imperio mi cabeza corre peligro. Pero pronto tendré un esposo fuerte que me ayudará a realizar muchas reformas.

—¿Reformas? —preguntó Ushuk.

—Democracia, igualdad para las mujeres, derechos para los trabajadores... El Imperio será muy diferente pronto.

Nave Walhalla

Día 5 del Mes 12 del Año 2105 D.A.

En medio del puente, Kerozt y Arg tenían una airada disputa.

—¡Basta! —reclamó Zílog adentrándose al puente y deteniendo en seco la contienda. —Me voy del puente diez minutos y comienzan a pelear como niños.

—Disculpe, Capitán —dijeron ambos al unísono.

—¿Qué pasó? —preguntó Zílog.

—Nada importante —respondió Kerozt. —Peleábamos por una tontería. Debe ser este vacío que nos rodea lo que nos pone nerviosos. Discúlpame, por favor, compañero.

—Emito mis disculpas también —dijo Arg.

La nave se estremeció súbitamente.

—¿Qué demonios sucede ahora...? —preguntó Zílog y ocurrió otro estremecimiento consistente en tres golpes cortos.

—Señor —dijo Cheng— no se como... como explicarlo... pero creo que nos hemos topado con una forma de vida nativa de ésta dimensión.

—¿Qué?

—Percibo una extremidad larga y delgada, similar a un tentáculo, que está golpeando la nave.

—¿Disparamos en defensa? —preguntó Kerozt.

—No, puede ser simple curiosidad. Quizás nunca ha visto una nave. Cheng, ¿puedes descifrar la consistencia de la forma de vida?

—No está hecha de materia, señor. Es... como una oleada de energía.

—¿Y que te hace suponer que está viva? —preguntó Arg entre varios estremecimientos. —Tal vez sea un choque de energía natural.

—Está viva. Cuenten los estremecimientos... —dijo Cheng.

—Uno... tres... siete... quince... —dijo Zílog— ¡Números primos! Números que sólo se pueden dividir entre uno y entre si mismo...

—Evidencia absoluta de inteligencia racional —destacó Cheng. —La criatura intenta comunicarse con nosotros.

—Enciende y apaga las luces de la nave con números primos para que sepa que entendimos el mensaje —ordenó Zílog y Cheng obedeció.

Algunos minutos después llegó Velkhar al puente.

—Hemos llegado a la conclusión —le dijo Zílog— que la única forma de hablar con éste ser es por medio de la telepatía. Pero es algo extremadamente peligroso para el telépata que sirva de médium, pues no conocemos la naturaleza de esa criatura, ni sus intenciones. Tú, Velkhar, eres la psíquica más fuerte de la nave, pero no puedo ordenarte que corras el riesgo, debes tomar la decisión voluntariamente. Eso sí, debes saber que ésta criatura de ser amistosa, podría suministrarnos información clave para regresar a nuestra dimensión.

—Comprendo, Capitán, no temo correr el riesgo.

—Cheng —ordenó Zílog— reduce los campos de fuerza al mínimo.

Velkhar comenzó a concentrarse para ser receptiva a la comunicación telepática de la criatura en el exterior. Pasaron varios minutos y la tripulación se desalentó ante la inopia del esfuerzo.

Súbitamente, Velkhar se elevó por los aires flotando unos tres metros sobre el piso, sus largos cabellos blancos se movían sin viento que los moviera, y sus ojos se pusieron absolutamente negros.

—¿Quiénes son ustedes...? —preguntó con una voz seca y carente de sentimientos.

—Nave Walhalla del Ejército Galáctico —explicó Zílog.

—¿Cómo llegaron aquí?

—Por accidente. Atravesamos un pasaje interdimensional sin querer. ¿Quién es usted?

—Nosotros...

—¿Son varios?

—Sí, somos muchos.

—¿Cuántos?

—Muchos.

—¿Son originarios de ésta dimensión?

—No...

—¿Cómo es que están aquí, entonces?

—Fuimos... exiliados...

Los ojos de Velkhar volvieron a la normalidad y su cuerpo cayó al suelo estrepitosamente. Zílog se le aproximó para atenderla.

—¿Te encuentras bien, Velkhar?

—Sí... Capitán, pero agradecería un analgésico...

Planeta Nixengaard

Tras tres días de cautiverio, los guardias nixengaarditas liberaron a Sálax.

—¡Maldito idiota! —le dijo Sálax a Wushuk en cuanto se lo topó a las afueras del calabozo. —¿No puedes hacer nada bien?

—Fue un error. Pero los nixengaarditas no levantarán cargos contra tú y yo.

—¿Y que pasó con Zum?

—Lo ejecutaron ayer en la tarde.

El sacerdote que los había arrestado se les aproximó.

—¿Qué quiere ahora? —preguntó Sálax molesta.

—Quiero que hagamos el amor —le dijo el sacerdote a Sálax, la cual respondió ofendida con un manotazo en la cara del prelado. —Sólo una bruja que tenga pacto con el Demonio se opondría a satisfacer a un sacerdote.

—No debiste hacer eso —advirtió Wushuk en cuanto el furibundo clérigo se alejó.

—¿Qué pretendías? ¿Qué me acostara con él?

—En Nixengaard persiste la creencia de que sólo las brujas estarían en contra de tener sexo con los sacerdotes. Creencia que crearon los sacerdotes, lógicamente.

—¿Y qué importa que crean que soy bruja?

—Que en éste planeta, el castigo por ser bruja es la muerte por desmembramiento.

—¿¡QUE!?

—Así como lo oyes. No se ha reportado un caso de brujería en 500 años.

—¡Maldita sea! ¡Tengo que salir de éste estúpido planeta cuanto antes!

—Lo siento, pero la nave en que viajamos es la nave que recopila el impuesto del 20% del PIB anual, que es el único vínculo de los nixengaarditas con exterior, y se fue ayer. Recuerda que no teníamos planeado quedarnos más de un día.

—¿Y eso que significa?

—Que esa nave llega al planeta una vez al año.

—¿QUÉ!? ¿Quieres decir que estoy atrapada con estos degenerados por un año?

—Sí...

—¡Maldito idiota —dijo aferrándolo de las solapas— por qué no me avisaste de todo esto antes! ¡Un momento! —dijo soltándolo— mi comunicador. Soy novia de uno de los mayores magnates de la Galaxia. Max enviará una nave a recogerme... —Sálax afrontó la terrible realidad de que su comunicador no funcionaba. —¿¡Que es esto!? ¿¡Por qué mi comunicador no funciona!?

—No hay satélites en muchos años luz de distancia, querida Sálax. Un simple comunicador no sirve. Se requeriría un sistema de comunicación avanzado como el de una nave...

Sálax comenzó a estrangular a Wushuk, pero fue interrumpida cuando el sacerdote regreso, rodeado de otros cinco clérigos, y diez guardias armados.

—¡Arresten a la bruja! —ordenó.

—¡No! —dijo Sálax temiendo ser desmembrada viva. —Esperen... es que... soy extranjera y no conozco bien sus costumbres. Para mí será un honor... sa... satisfacer al honorable sacerdote.

Los sacerdotes comentaron entre sí en su lengua, lanzando miradas lujuriosas a Sálax.

—Será un año largo para ti, Sálax —dijo Wushuk con mirada burlona. —Para cuando pase el año, todos los sacerdotes de éste planeta te conocerán muy bien... ¡ja ja!.

Nave Walhalla

—Por lo que pude dilucidar —dijo Velkhar con una bolsa de hielo en la cabeza, mientras hablaba con el resto de los oficiales en la sala de reuniones— son una especie muy antigua y avanzada, que ha estado encerrada en éste lugar por más tiempo del que fui capaz de concebir. Sus conocimientos científicos son mucho más desarrollados que los nuestros. Sin duda, pueden ayudarnos a escapar, pero creo que sólo lo harán si los ayudamos a ellos.

—La pregunta es si son confiables —dijo Kerozt. —Si los exiliaron en éste infierno deben haber hecho algo muy malo.

—No importa que hayan hecho —comentó Zílog— nadie merece un castigo como éste. Además, ¿qué tal si eran disidentes políticos enviados aquí por una dictadura tiránica?

—¿No tienes idea de la razón de su exilio? —preguntó Cheng a Velkhar, y ésta negó con la cabeza.

—Hay algo en ellos que no me gusta —dijo Némesis. —Algo... extraño...

—No me parecen peligrosos —dijo Zílog— sugiero que mantengamos el contacto. Trata de extraerles más información, Velkhar, en cuanto puedas.

—De acuerdo.

Planeta Nixengaard

—Veo que te estás preparando para la noche de hoy —dijo un Wushuk burlón y sardónico por la ventana de la celda donde Sálax se encontraba aprisionada. —Escuché que los sacerdotes van a hacer fiesta contigo...

—¡Maldito cerdo! —dijo Sálax furiosa intentando aferrar a Wushuk por entre los barrotes de la ventana. Pero éste fue más rápido y se alejó, por lo que Sálax sólo pudo aferrar el aire.

—Te diré la verdad, querida Sálax. Todo esto estaba planeado. Un enemigo tuyo me pagó una muy buena suma para que te trajera engañada a Nixengaard. Fui yo quien alertó secretamente a las autoridades para que nos arrestaran tres días y así perdiéramos el transporte. Todo para que sufrieras éste castigo de ser la zorra de los sacerdotes nixengaarditas por un año.

—¿Quién me odia tanto?

—No te lo puedo decir. Secreto profesional...

—Me vengaré por esto, Wushuk, tenlo por seguro.

—Bien, bien, mientras tanto, que disfrutes tu estadía aquí. Tal vez aprendas una nueva profesión... —dijo riéndose y se alejó dejando a Sálax sumida en ira y desesperación.

—Hay una solución —dijo una voz siniestra y oscura, que hablaba desde el calabozo de enfrente.

—¿Quién es usted? —preguntó Sálax intentando entrever algo en las insondables sombras dentro de la celda.

—Un amigo... Puedo liberarla... pero con una condición...

—¿Cuál?

—Que usted me ayude a cumplir mis propósitos...

—Sí, sí, lo que sea. Sólo libéreme...

La conversación fue interrumpida cuando al lugar entró el sacerdote con dos fornidos guardias y comenzó a abrir la puerta de la celda de Sálax.

—¿Lista? —preguntó lascivo el sacerdote.

Un escandaloso estrépito les llamó la atención y los forzó voltearse. Se trataba del portón de la celda contigua, de donde provenía la voz, que fue arrancada desde los goznes. Una malévola figura sombría, toda cubierta por una capucha negra, emergió del lugar y con un movimiento de su mano huesuda y de piel callosa, lanzó a los tres hombres contra la pared, dejándolos inconscientes.

—¿Quién eres...? —preguntó Sálax.

—Me llamo Lothus —dijo el ser siniestro— y debes haber escuchado de mí.

—Claro que sí... eras... eras un poderoso mago guardián hace cinco mil años. Uno de los valtáricos cofundadores de la Logia Guardiana. Pero fuiste seducido por el Planeta Oscuro y te convertiste en un servidos de los Abismales, traicionando a tu pueblo. Eres el único valtárico que alguna vez sirvió al Planeta Oscuro.

—Conoces mi historia excelentemente.

—Pero... se supone que fuiste encerrado por siempre en otra dimensión poco después de ser derrotado durante la Guerra de las Esferas Solares...

—Me escapé, como mis otros hermanos oscuros. Puedo ver en ti un gran potencial, Sálax. Serás una excelente servidora.

—¿Y como se supone que saldremos de éste planeta?

—¿En verdad crees que tu regordete y traidor amigo Wushuk se iba a quedar un año entero aquí? Él tiene alguna nave escondida.

Una hora después, Lothus torturaba a Wushuk dispersando dolorosos rayos eléctricos de color azulado por sus manos, que invadían todo el cuerpo del xirgón estremeciéndolo de agonía y sufrimiento.

—¡Ya le dije donde está la nave! —dijo Wushuk en tono de ruego— ¿Por qué me sigue torturando?

—Te torturo por placer, no porque quiera preguntarte algo —respondió Lothus y aplicó el suplicio una vez más. Luego lanzó el cuerpo inconsciente de Wushuk al suelo.

Lothus y Sálax llegaron a la pequeña nave que el xirgón había escondido, y con ella salieron del planeta.

—¿Qué quiere exactamente de mí? —preguntó Sálax escalofriada.

—Lo sabrás pronto... —respondió lúgubremente.

Oficina de Rupert Corrado

Sistema Carixis

Rupert, acompañado de Maktub y Kriggs, conversaba con un grupo de nixengaarditas que había salido de su mundo en la nave xirgona que recolectaba el PIB. Los nixengaarditas eran diez hombres de todas las edades, pero el líder era un sujeto mayor.

—Lo que queremos realmente, Gobernador, es formar una humilde colonia nixengaardita aquí en Carixis. Una comunidad pequeña y agrícola. Estamos cansados de vivir en nuestro mundo bajo la opresión del clero.

—¿Por qué en territorio afiliado?

—Nos parece el más apropiado y próspero.

Mientras, Kriggs se encontraba de pie recelosa y caminando de un lado a otro como fiera enjaulada.

—Se cuidadoso, Rupert —le dijo Kriggs al oído. —No confío en los nixengaarditas. No olvides que son devoradores...

—¿Es esa su mujer? —preguntó el líder nixengaardita con una expresión de evidente molestia.

—Podría decirse... que sí —respondió Rupert.

—Pues debería tenerla más educada. No es cortés que una mujer interrumpa las conversaciones de los hombres. Mi esposa solía hacer eso, pero le di unos buenos azotes y se corrigió...

Kriggs estuvo a punto de lanzarse contra el anciano, pero Maktub la detuvo.

—No veo el inconveniente —dijo Rupert tratando de cambiar el tema. —En que ustedes formen una pequeña colonia. Hay algunos territorios fértiles que no están en uso, aunque están muy alejados de los centros urbanos...

—Descuide, es mejor así.

—De acuerdo, les autorizaré formar su colonia en Carixis.

—Muchas gracias Gobernador. Como una forma de agradecimiento le tenemos un regalo. —Dos nixengaarditas salieron de la oficina por unos instantes para luego traer a una hermosa joven de unos 15 años. —Ella es nuestro regalo para usted, Gobernador. Es toda suya.

—¿¡QUE!? —exclamó Kriggs entre celosa e indignada.

—No puedo aceptar —se excusó Rupert. Sus palabras provocaron una mirada de ira en el anciano y de terror en la joven.

—Rupert —le dijo Maktub al oído— los nixengaarditas castigarán brutalmente a ésta joven, considerándola deshonrada por el hecho de que no la aceptaste.

—Rectifico —se apresuró a decir Rupert. —Será para mí un honor tener tan hermosa doncella...

—Una última cosa, Gobernador —dijo el anciano complacido. —Su... mujer... ¿No la vendería? Le daré buen precio por ella.

—¡Lárguese de mi vista maldito viejo estúpido! —vociferó Kriggs enfurecida.

Apartamento de Rupert Corrado

Sistema Carixis

Rupert, Kriggs y la joven nixengaardita que acaban de “adoptar” se adentraron en su residencia.

—¿Cuál es tu nombre? —preguntó Rupert, pero la muchacha adolescente parecía no hablar estelar. —Yo soy Rupert —dijo lentamente y señalándose a si mismo —Kriggs— dijo señalando a Kriggs.

—Rupert —respondió la joven señalándolo— Kriggs —dijo señalando a la soth. —Ak’nakhata’Umaelh’Fakhothu —dijo señalándose a si misma.

—¡Maldición! —exclamó Rupert— ¡Que nombre tan complicado!

—Llamémosla Akna, es lo único que capté.

—Akna —dijo Rupert señalándola, así que la joven asintió.

—Akna —repitió.

—Me pregunto porque los nixengaarditas me dieron como regalo una joven que no habla estelar...

—Probablemente los nixengaarditas piensan que las mujeres no necesitan hablar.

—Démosle algo de comer —dijo Rupert adentrándose a la cocina. Kriggs le abrió la puerta del cuarto y le señaló el interior, con el fin de que la joven se bañara o acostara a descansar mientras preparaban alimento.

Rupert y Kriggs prepararon comida sencilla, particularmente porque no conocían las costumbres culinarias de los devoradores.

Entraron al cuarto sosteniendo una bandeja con comida, y se quedaron asombrados cuando observaron a Akna desnuda esperándolos sobre la cama.

—Supongo que pensó que queríamos... —comenzó a decir Rupert.

—Sí, sí —interrumpió Kriggs— está muy claro lo que pensó.

Apartamento de Sálax

Conglomerado Comercial Sáuxer en Carixis

—Déjame mostrarte de lo que soy capaz de hacer... —dijo Lothus a Sálax y la transportó mágicamente a un tiempo y un lugar muy diferentes.

—¡Bienvenidos a la ceremonia # 534 de la entre de premios Estrella Dorada, premio otorgado por la Facultad de Artes de la Universidad Afiliada a lo menor del cine, la música, el teatro y la literatura!

En un lujoso hotel en Ciudad Capital, la capital de la Afiliación ubicada en Brazzky, se aglomeraban filas enormes de fans ansiosos por saludas a sus ídolos que bajaban de sus lujosas aerolimusinas con rumbo al interior del local. Dentro del cual, amplias filas de asientos y palcos de lujo que franqueaban una alfombra roja, contemplaban de frente el escenario donde desfilarían las principales estrellas del arte afiliado.

—Con ustedes —continuó el locutor— su anfitrión, el actor, director, guionista y ex ministro de Cultura, Ki—Kélog.

—Gracias, gracias y bienvenidos —saludó el atractivo y maduro hermano de Zílog ante el aplauso del público. —Muchas gracias al señor presidente de la Afiliación, a los señores embajadores de los diversos Estados miembros del Consejo aquí presentes, al señor ministro de Cultura, a la señora rectora de la Universidad Afiliada y resto del cuerpo académico. Y gracias al público en genera que nos acompaña. Comenzaremos la premiación al mejor documental, y los nominados son:

>>”La Revolución de las Máquinas” documental sobre la Guerra Civil Afiliada y el proceso de creación de Androidistán.

>>”Armando Corrado; el Disidente” documental biográfico sobre el caudillo rebelde Armando Corrado”.

>>Y “La Guerra y la Paz” documental sobre la tensa paz entre la Afiliación y el Imperio Xirgón. Y el ganador es... —dijo abriendo el sobre— “Armando Corrado: el Disidente”.

Se escucharon estruendosos aplausos conforme los productores del filme fueron a recoger su premio.

La premiación prosiguió largas horas, durante las cuales Sálax contempló con curiosidad.

—Siempre supe que Eclipse ganaría otra vez el premio a mejor grupo musical —dijo Sálax intentando disminuir el aura mórbida de Lothus, pero éste ignoró el comentario.

—...Y el ganador a mejor película extranjera es... —anunció Kélog— “El Primer Emperador; Biografía del Avatar Surath” producción xirgona —nueva lluvia de aplausos. —Y ahora, el premio que hemos estado esperando. El premio a la mejor película del año...

Nave Walhalla

Día 7 del Mes 12 del Año 2105 D.A.

Zílog hacía el amor con Cheng. La hermosa humana oriental se encontraba sobre el capitán brazzky a horcajadas.

Súbitamente, Zílog observó horrorizado los ojos de Cheng, volviéndose negros totalmente, y contempló con repugnancia como un tentáculo largo y negruzco emergía de su boca y le aferraba el cuello estrangulándolo.

—¡NO! —gritó Zílog y se despertó de golpe en la cama, sentándose agitado y respirando entrecortadamente. Estaba desnudo, y a su lado yacía Cheng, desnuda también.

Zílog se recostó de nuevo e intentó conciliar el sueño.

Es justo entonces que una gran iluminación pareció invadir su cuarto. Él y Cheng se despertaron extrañados y notaron que ya no estaban en la Walhalla, sino en un enorme salón rodeados de seres extraños.

—¿Qué es esto? —preguntó Zílog alarmado. —¿Qué sucede aquí?

Cheng cubrió su dorso celosamente con las cobijas.

Estaban en un palacio gigantesco, rodeados de una enorme gradería repleta de criaturas extrañas. Seres de todas las formas y colores imaginables.

—Bienvenido de nuevo, Capitán —le dijo una figura de piel azul, vestido con un sari dorado y con una extraña corona sobre la cabeza que se sentaba en un enorme trono.

—Rey Brahma... —expresó Zílog. —Es un Primario, rey del Universo Conocido —explicó Zílog a Cheng. —Debemos estar en el Planeta Krishnaloka, en el centro del Universo.

—Se encuentran ante el Círculo de los Antiguos —le dijo Brahma— donde se congregan los representantes de las especies más antiguas del Universo. Algunas provenientes de su Galaxia, como ellos —dijo señalando a una mesa situada frente a la cama.

—Yo soy un mohay —dijo comunicándose telepáticamente un ser de piel púrpura y lampiña, cabeza alargada hacia arriba pero plana en la parte superior, con una larga nariz y ojos cuadrados muy pequeños de córneas verdes sin pupila. Vestía un traje espacial elástico y tenía tres dedos en las manos. Media más de dos metros.

—Su aspecto me resulta familiar —comentó Cheng.

—Mi especie creó las estatuas en la Isla de Pascua de la Tierra.

—¿Cómo nos trajeron aquí? —preguntó Cheng.

—Bueno, Mayor —respondió el mohay— siendo las especies más antiguas del Universo, es de suponer que nuestra tecnología nos permite hacer... prácticamente cualquier cosa.

—¿Qué quieren? —preguntó Zílog.

—Advertirles —dijo Brahma. —Aunque hace milenios los Antiguos decidieron jamás intervenir en los asuntos de ustedes, las Especies Jóvenes, lo cierto es que lo que están haciendo pone en peligro a todo el Universo. Las criaturas que han contactado se llaman los Destructores. Son seres muy antiguos, más antiguos que la mayoría de las especies aquí presentes, que consideran que es su deber erradicar a todas las demás formas de vida del Universo. Exterminaron a todas las demás especies de su galaxia de origen, y luego viajaron de galaxia en galaxia arrasando con millones de otras especies. Fueron los primeros servidores de los Abismales, algo así como su Planeta Oscuro.

—Nos tomó cientos de miles de años derrotarlos —dijo el mohay. —Y aún derrotados no fuimos capaces de matarlos. Sólo pudimos encerrarlos por siempre en esa dimensión de vacío donde no tienen acceso a tecnología y no podrán salir nunca.

—¿Quieren decir que nuestra nave está rodeada de esos monstruos? —preguntó Zílog.

—Así es —respodió el mohay. —Desean tomar su nave y matarlos a todos ustedes, para luego utilizar la tecnología de la nave para escapar. No han podido penetrar porque ahora están débiles por tanto tiempo de cautiverio y su campo de fuerza los mantiene afuera. Probablemente intentarán convencerlos de que desactiven el campo de fuerza.

—No puedo creer que en tanto tiempo seamos la primera nave con éste problema —dijo Zílog.

—No, no lo son —respondió Brahma— pero ésta clase de cosas ocurren con varios miles de años de intermedio. Nuestra tecnología nos permite mantener a raya cualquier nave que pase cerca de los pasajes de entrada a esa dimensión, pero a veces hay fallos como con todo. Nuestra tecnología también nos alerta cuando alguien penetró a dicha dimensión.

—¿Pueden ayudarnos? —preguntó Cheng— ¿Sacar nuestra nave con su tecnología?

—No —respondió Brahma. —Nuestra tecnología no nos permite extraer un objeto tan grande como su nave sin que corramos el riesgo de que escapen. Sólo podemos extraer objetos pequeño por un breve lapso y una sola vez, como acabamos de hacerlo.

—¿Qué se supone que hagamos entonces? —preguntó Zílog.

—Lo más loable —respondió el mohay— sería que ustedes hagan explotar su nave. Tomen en cuenta la peligrosidad de éstas criaturas y que todo el Universo corre peligro si escapan.

—De acuerdo —dijo Zílog tristemente —nuestra nave y tripulación es insignificante compara con el resto del Universo...

—Hay otra opción —dijo el mohay. —Iré con ustedes a su nave e intentaré que salgan de esa dimensión seguros con ayuda de la tecnología y ciencia de los Antiguos. Pero, debo advertirles que a la menor evidencia de peligro, destruiré su nave.

XXII Congreso Galáctico de Especies Insectoides

Sistema Carixis

Seres similares a toda clase de insectos deambulaban por las calles de Carixis 3, reunidos en el Salón de Eventos del Consejo Galáctico. Había de todos los tamaños; pequeños de hasta metro veinte, y gigantescos de hasta seis metros, gordos como gusanos rechonchos y alargados como mantis religiosas. En general, un vergel extraño de todo tipo de criaturas.

—Majestad, Es muy importante —le decía Rupert a la Reina Madre Serg, gobernante de Kinosha— que el Planeta Kinosha cimiente su liderazgo dentro de las especies insectoides.

—Los kinoshanos —respondió la Reina— como los únicos miembros insectoides de la Afiliación, tenemos gran interés en usar el Congreso como medio de promover los ideales afiliados entre nuestros hermanos insectos.

—Sin embargo —dijo Rupert— siento que la mayor parte del Congreso se llevará en discutir la lucha contra el Planeta Oscuro. Aunque es lógico en éstos momentos. El Consejo necesita toda la ayuda posible contra los oscuros, así que por favor, intente convencer a las demás especies insectoides de lo trascendental que resulta su ayuda.

—Así será —dijo la Reina— he conversado con los markuritas sobre... —la Reina Madre fue interrumpida por el comunicador de Rupert.

—Disculpe, Reina Madre —dijo Rupert respondiendo. —¿Qué sucede?

—Rupert, es Akna —le dijo Kriggs— según los exámenes médicos que le hicieron, está embarazada.

Rupert llegó de inmediato al Hospital General de Carixis, donde se encontraban Kriggs y Shikha atendiendo a Akna.

—Shikha vino amablemente —le dijo Kriggs a Rupert— para ayudarnos con sus poderes psíquicos a comunicarnos con Akna. Está hablando con ella en este preciso momento.

—Akna no sabe quien es el padre —le dijo Shikha a sus amigos en cuanto se separó de la joven interrogada. —Entre los devoradores es muy común el incesto. Para ellos las mujeres son propiedad de los hombres y es muy normal que sus primeras experiencias sexuales sean con parientes cercanos como el padre o los hermanos.

—¡Que detestable! —expresó Kriggs indignada.

—¿Qué haremos ahora? —se preguntó Rupert.

—Hasta donde se —dijo Shikha— eres el guardián legal de la chica, Rupert. Tendrás que responsabilizarte por el bebé...

Nave Walhalla

Zílog y Cheng llegaron al puente plenamente vestidos con el uniforme y acompañados del mohay para sorpresa de todos.

—¿Quién es él... Capitán? —preguntó extrañado Irggs.

—Mi nombre les es impronunciable —sentenció el mohay. —Llámenme sencillamente Mohay.

—Es un antiguo —explicó Zílog— nos ayudará a salir de este predicamento de una forma o de otra. —Luego compartió lo que acaban de descubrir.

—Eso explica —aseguró Némesis— porque sentía una aprehensión hacia estos seres. Era una cierta familiaridad ya que fueron el primer Planeta Oscuro.

Un alarido espantoso les llamó la atención. Zílog salió a inspeccionar al pasillo transversal del puente, donde observó a Zárig desmayada en el suelo.

—¿Qué ocurrió...? —preguntó atendiendo a su congénere.

—... ... una cosa... horripilante... —dijo con un hilo de voz.

—Señor —llamó Cheng por el comunicador— se reportan visiones de seres horribles por toda la nave...

—Los Destructores están penetrando —dijo Mohay que apareció repentinamente al lado de Zílog y que extrajo una especie de bola brillante de su traje espacial. Zílog supuse era algún explosivo y notó que Mohay estaba por accionarlo.

—¡Espera! Pueden ser simples proyecciones telepáticas.

Nuevos gritos provenientes desde el puente los alertaron.

Cuando entraron al lugar observaron una figura horrible y amorfa, toda compuesta de largos tentáculos negros, con una espina dorsal repleta de espinas, una boca vertical repleta de colmillos y ubicada en el vientre, sin nada parecido a ojos que fuera visible, pero si tenía unas extrañas antenas similares a cornamentas intrincadas y filosas que probablemente servían como sentidos tácticos.

La aparición desapareció tan esporádicamente como surgió.

—Son proyecciones mentales —dijo Mohay. —Deben irse cuanto antes.

—¿Cómo? —preguntó Zílog.

—Con esto —dijo extrayendo de su traje un tuvo verde fosforescente que desapareció en medio de un resplandor. —Lo coloqué en la fuente de poder de la nave, deben abrir ahora un agujero de gusano dirigiendo toda la energía de la nave hacia la generadora de agujeros.

—Pero eso sobrecargaría el sistema —explicó Arg— y explotaría la nave.

—No —dijo Mohay— confíen en mí.

Velkhar se vio invadida de nuevo, y sus ojos se volvieron oscuros súbitamente. Dispersando golpes telequinéticos lanzó a toda la tripulación al suelo...

—¡NO! ¡No se irán sin nosotros!

Mohay iluminó sus ojos con un resplandor refulgente y comenzó una batalla psíquica con la valtárica.

—Percibimos en los sensores —dijo Cheng aproximándose a la consola— como estamos rodeados y aferrados por los tentáculos de los Destructores.

—La luz —dijo Mohay— han pasado tanto tiempo en tinieblas que la luz los hiere.

Cheng accionó un dispositivo que hizo iluminar toda la nave con las luces especiales guardadas para exploraciones inusuales. Como si la luz fuera fuego ardiente, los Destructores se alejaron heridos.

—¡Ahora! —ordenó Zílog y Cheng obedeció las indicaciones de Mohay. La nave abrió un gigantesco agujero de gusano por el cual entró de inmediato y salió a su dimensión de origen. Velkhar quedó inconsciente súbitamente.

—Estará bien —dijo Mohay. —Pero deberá descansar mucho. Los felicito.

Luego desapareció en medio de resplandores dorados.

—Señor —anunció Arg—, detectamos un planeta habitable en la cercanía. Al parecer emite una enorme fuente de energía. Podría ser…

—La Esfera Perdida… —murmuró Zílog, ordenando dirigirse ahí.