XLVII
Rupert despertó en una tierra repleta de espesa neblina, donde lóbregos árboles resaltaban entre las brumas. El cielo estaba totalmente cubierto por nubarrones blancos, y el césped era de hierva fresca y húmeda por el rocío.
Rupert caminó entre tan brumoso ambiente, hasta llegar a una costa, donde un mar cristalino se extendía en el horizonte. Una barca esperaba en la costa recogiendo otras almas descarnadas, que subían con ayuda de hermosas mujeres altas y de cabellos dorados...
—¡Valkirias! —pensó Rupert.
Las mujeres lo observaron sonrientes pero partieron de la costa, remando con largas varas, en cuanto Rupert se les acercó.
—¡Esperen! —gritó— ¡Estoy muerto! ¡Debo ir con ustedes!
—Te equivocas, Rupert —dijo una voz fuerte y profunda. Rupert se volteó hacia el origen de la voz y encontró a Wodan sentado apasiblemente en una de las piedras que estaba en la costa. Wodan era un Primario, de aspecto antropoide casi humano. Tuerto del ojo derecho, con largas barbas blancas, rasgos indoeuropeos, ropajes propios de atávicas eras, y con una capa y capucha gris que le cubría la espalda y la cabeza. —No estás muerto.
—¿No lo estoy? Pero un disparo láser me atravesó la espalda...
—En este momento estás siendo resucitado por una avanzada tecnología. Regresarás a tu vida. Digamos que este breve viaje es tan solo un proceso de regeneración. Todos debemos morir para renacer de nuevo.
—¿Seguro?
—Sí. Vete, regresa al Universo material y salva a Kriggs.
—Pero... ¿cómo derrotar a una criatura como Kezarath? Una diosa inmortal...
—Debes de saber algo, Rupert. Cuando los Abismales perdieron la Guerra Cósmica, ¿por qué crees que los Primarios no los matamos?
—No lo sé...
—Los dioses no podemos matarnos entre nosotros. Pero sí podemos morir.
—¿Cómo?
—De diversas formas. Kezarath, por ejemplo. Tratará de quebrar el Huevo Cósmico, y su ambición le provocará la muerte...
—¿Qué quieres decir? —preguntó Rupert pero las brumas lo cubrieron todo y ya no pudo observar más a Wodan.
Nave Nodriza Oscura
Día 10 del Mes 13 del Año 2104 D.A.
Rupert despertó. Abrió los ojos y cuando su vista se aclaró descubrió que aún se encontraba en el interior de la Nave Nodriza Oscura. Sobre su cuerpo, se encontraba su conocida amiga Jadi Bashar. Quien ya no era la fornida veinteañera que él conocía, sino una mujer en sus cuarentas, con una mirada que denotaba profundos sufrimientos. Tenía una notoria cicatriz en el ojo derecho y la mano izquierda totalmente sustituida por una mano mecánica.
—¿Se encuentra bien? —preguntó.
—Sí —respondió Rupert levantándose levemente. —¿Qué pasó?
—Utilicé un dispositivo de sanación automática muy moderno que le curó la herida...
—Pero era una herida terminal... ningún sanador podría...
—En el futuro la tecnología ha avanzado mucho.
—¿Qué?
—Provengo del futuro, Gobernador. De un posible futuro. Un futuro oscuro y amargo donde el Consejo perdió la guerra contra el Planeta Oscuro y donde todos somos esclavos. Algunos hemos conformado una especie de Resistencia, pero nuestros recursos son mínimos y nuestras batallas se pierden muy frecuentemente.
—¡No puede ser! ¿Qué tan en el futuro estamos hablando?
—Unos 20 años. En mi futuro, Gobernador, usted murió en esta nave. Algunos de nosotros tenemos la teoría de que, de haberse evitado su muerte, pudo haberse evitado la derrota galáctica. Por eso vine a revivirlo. ¿Qué sabe del viaje en el tiempo?
—Que en principio funciona como funciona el viaje en el espacio. Utilizamos agujeros de gusano artificiales para conectar dos puntos en el espacio, a grandes distancias dentro de la Galaxia que normalmente tomarían siglos de recorrer. El mismo sistema puede utilizarse para conectar dos puntos en el tiempo. Sin embargo, hasta ahora solo los valtáricos han logrado dominar el viaje en el tiempo y no han compartido su tecnología con nadie más que sepamos. Los demás Estados solo hemos viajado en el tiempo de forma accidental, cuando alguna nave forma un agujero de gusano defectuoso o cuando pasa por alguna anomalía cuántica.
—Bien, Gobernador. En el futuro, los valtáricos resguardaron secretamente unos dispositivos para viajar en el tiempo. Los cuales fueron recuperados por nosotros, la Resistencia. Tómelos, y utilícelos. Y salve a Kriggs.
Jadi entregó a Rupert una especie de brazaletes repletos de circuitos con un cronómetro en un extremo.
—¿Utilizarlos? ¿Pero como...? ¿No sería mejor escapar fuera de esta nave sin viajar en el tiempo?
—No hay forma de escapar. La única forma es por medio del viaje en el tiempo.
—De... de acuerdo...
Rupert y Jadi se movilizaron furtivamente entre los oscuros pasillos de la horrible nave, hasta llegar a la Cámara de Torturas donde se podían escuchar los gemidos desesperados de muchos desgraciados.
Entraron silenciosos al horrendo lugar y observaron a Kriggs encadenada con los brazos hacia arriba, a una maquinaria de tortura que le clavaría agujas y ganzúas en todo el cuerpo.
—Esto será solo el comienzo —dijo Curshok, quien contemplaba a Kriggs al lado de Kezarath y de una decena de espantosos seres oscuros de mirada sádica.
Antes de que Curshok accionara la máquina de tormentos, Jadi le disparó en el brazo. Los oscuros reaccionaron contraatacando, pero Jadi activó un campo de fuerza magnético que impidió el paso de los láseres.
Mientras esto acontecía, Rupert aprovechó la distracción para liberar a Kriggs y colocarle el brazalete.
—Opriman el botón rojo —les gritó Jadi— y serán enviados a otro lugar en el tiempo. No se preocupen por mí...
El campo de fuerza sucumbió y Jadi fue acribillada por los oscuros justo antes de que Rupert le obedeciera sus indicaciones y oprimiera el botón rojo en ambos brazaletes.
Un campo de energía cubrió ambos cuerpos. Rupert y Kriggs sintieron como sus moléculas vibraban a velocidades asombrosas poco antes de que todo el rededor se desvaneciera en un resplandor de luz. Poco después, viajaban en medio de un túnel de luz dorada, similar a los agujeros de gusano que atraviesan las naves espaciales.
Sistema Carixis
Año 3000 D.A.
Rupert y Kriggs se materializaron de nuevo y cayeron estrepitosamente sobre el piso frío y laminado.
—Bienvenido, señor presidente. Esperábamos su visita. —La mujer que habló era una mujer xirgona, cortos cabellos verdes y lacios meticulosamente bien peinados hacia atrás, y que vestía una especie de traje plástico de una sola pieza.
—¿Cómo me llamó...? —preguntó Rupert levantándose del suelo, para luego ayudar a Kriggs a hacer lo mismo.
—¡No me diga que me equivoqué! ¡Maldita computadora! Nunca acierta bien las fechas. ¿Cuál es su posición política actualmente?
—Gobernador.
—Ah... cierto...
—¿Quién es usted?
—Doctora Casiopea, científica e historiadora. Estábamos esperando su visita.
—¿Qué año es este?
—Año 3000 Después de la Astromaquia. Es decir, mil años en su futuro.
—Es mucho tiempo —dijo Kriggs. —¿Qué ha pasado en todo este tiempo?
—La pregunta correcta es, ¿qué podría pasar? Vengan conmigo.
Rupert y Kriggs siguieron a Casiopea por entre las avanzadas instalaciones de lo que aparentemente era un laboratorio científico de estructura muy blanca. Cientos de individuos de muy diferentes especies caminaban por el lugar. Notaron la presencia de extraños organismos artificiales, cuyos cuerpos estaban hechos de un material plateado brillante.
—¿Qué son ellos? —consultó Rupert.
—Androides. En una versión mucho más sofisticada que los de su época. Este es el Instituto Científico de Carixis, adscrito al Ministerio de Ciencia del Imperio.
—¿Imperio?
—Eventualmente el Imperio Xirgón se impuso convirtiéndose en la única potencia de la Galaxia. Especialmente después de que los valtáricos peregrinaran a otra dimensión.
—¿Quiere decir que la Afiliación ya no existe? —preguntó Rupert.
—Colapsó en su siglo. Usted fue uno de sus presidentes.
—Pero entonces... —dijo Kriggs— el Planeta Oscuro fue derrotado.
—El Planeta Oscuro jamás será derrotado. Porque es una forma de encarnación del mal. Lo que ustedes confrontaron fue la punta del iceberg. La lucha prosigue hasta el día de hoy. Y probablemente no termine nunca.
—Pero Jadi (la persona que nos dio los brazaletes del tiempo) me dijo que ella provenía de un futuro donde el Planeta Oscuro regía la Galaxia.
—Según entiendo —dijo Casiopea— los eventos originales acontecieron de tal forma que la agente Kriggs fue prisionera por un prolongado periodo de tiempo. Periodo durante el cual, a raíz de las torturas, pudo haber entregado información clave que implicó la derrota del Ejército Galáctico. No obstante, al impedir que esto aconteciera, impidió que el Planeta Oscuro ganara la guerra en aquél momento determinado.
—Usted dijo que la pregunta debía ser ¿qué podría pasar? —consultó Kriggs. —¿Por qué?
—Porque este futuro es simplemente un posible futuro que dependerá de las acciones que ustedes tomen en el pasado. Ni más ni menos. Las modificaciones en la línea del tiempo implican alteraciones, más o menos perceptibles. Lo sabemos porque en esta época dominamos plenamente el viaje en el tiempo, el viaje entre dimensiones y el viaje entre universos paralelos. Aunque nuestra Galaxia aún no forma parte del Reino Universal...
—¿El qué?
—El Reino Universal es un Estado intergaláctico gobernado por el Rey Brahma, un Primario, cuya sede se encuentra en el Planeta Krishnaloka, en el centro del Universo, y que gobierna sobre miles de galaxias y supergalaxias. Sostenemos relaciones estables con ellos. En todo caso, nuestro dominio del viaje intertemporal e interuniversal nos ha permitido tener un mejor conocimiento de la estructura del Multiverso. Claro que esto ha traído consigo el surgimiento de nuevas amenazas y enemigos peligrosos. Pero prefiero no darles ulteriores detalles.
—Ya que ustedes dominan el viaje en el tiempo —dijo Rupert. —Es de suponer que saben del riesgo que correríamos si modificamos el pasado.
—Así es. Pero no tenemos opción. Bien que mal, la Resistencia modificó el transcurso normal de la línea histórica cuando revivió a Rupert y los salvó a ambos. Es muy probable que este futuro, en el cual el Planeta Oscuro no gobierna la Galaxia, se diera a raíz de esas modificaciones. Si quisiéramos que se quedaran permanentemente en este tiempo, estaríamos alterando las posibles modificaciones que ustedes hicieron en primer lugar.
—Pero... —preguntó Rupert con un severo embrollo en la cabeza. —Si no hemos hecho aún la modificación... ¿Cómo es posible que el futuro ya cambiara?
—Es una paradoja. El solo hecho de que no murieran en la nave oscura generó algún tipo de cambio cualitativo en los resultados de la guerra contra el Planeta Oscuro. No trate de comprender todas las paradojas temporales, Gobernador, no siempre es posible hacerlo. Nuestros estudios del viaje en el tiempo nos han permitido descubrir algo.
—¿Qué?
—Hay eventos en la línea del tiempo que pueden ser corregidos y otros que no. Nadie sabe aún por qué, ni el cómo diferenciar uno del otro. Solo sabemos que algunos sucesos no pueden ser evitados. Y que, los viajeros temporales que lo han intentado, terminan siendo los involuntarios causantes de dichos eventos. Les recomiendo que tengan precaución ahora que viajen en el tiempo.
—¿Cómo sabe que viajaremos de nuevo? —preguntó Rupert.
—Porque en cualquier instante, la diosa Kezarath hará acto de presencia.
—¿¡QUE!? —preguntaron Rupert y Kriggs simultáneamente.
—Todo está registrado. Los Abismales son dioses (o mejor dicho, organismos sumamente evolucionados), capaces de viajar por el tiempo por sus propios medios. Pero ellos están limitados al vaivén del destino, como les acabo de exponer, en el tanto que, no son capaces de modificar aquello que no puede ser modificado. Suerte en su viaje.
Dentro del lugar hizo su aparición Kezarath, surgiendo mágicamente de entre una oscura bruma negra.
—¿En verdad creían que tenían forma de ocultarse de mí? —dijo con sorna conforme se aproximaba hacia los dos viajeros. Materializó de entre las brumas una larga y filosa espada. Rupert se dispuso a oprimir el botón rojo.
—¡Espera! —alertó Kriggs mientras se aproximaba Kezarath. —¿Cómo sabes que los brazaletes están conectados y viajaremos juntos?
—Ya pasó una vez.
—¿Y como sabes la dirección en el tiempo que tomaremos?
—A la par del botón rojo —dijo señalando— hay uno verde y otro azul. Es de deducir que uno es para el pasado y otro para el futuro. —Rupert oprimió el botón verde y el cronómetro del brazalete marcó una fecha particular que no fueron capaces de dilucidar. El cronómetro en el brazalete de Kriggs hizo exactamente lo mismo.
—¡Vámonos! —dijo Rupert oprimiendo el botón rojo, justo en el momento en que la espada de Kezarath lograba asestarle un golpe. Rupert se cubrió con el brazo, y la espada golpeó el brazalete haciéndole dispersar chispas.
Poco después, desaparecieron del lugar para viajar en el tiempo.
Zona Inexplorada
Día 9 del Mes 13 del Año 2104 D.A.
Habían pasado diez días desde el enfrentamiento de la Walhalla con el temible Panal. El acorazado del Ejército Galáctico descubrió un planeta rico en etérium, aunque de desolados y lúgubres paisajes de montañas pedregosas, suelos lodosos y cielo sempiternamente nublado. La Walhalla se apresuró a enviar una buena cantidad de naves para labores de minería. El propio Zílog y su tripulación de confianza (Sashak, Velkhar, Cheng, Arg y Kerozt) los acompañó, para eventualmente toparse con una muy desagradable sorpresa.
Zílog realizaba una supervisión de rutina en una de las plataformas mineras colocadas en los yacimientos eteriumíferos del planeta, y encontró masacrados horriblemente a todos los 34 soldados que laboraban en ese momento. Desconcertados y sin saber realmente la causa de la matanza, Zílog ordenó una cautelosa investigación.
—No parece obra de los oscuros —dijo Sashak al observar los cuerpos descuartizados. —Hay disparos láser, pero solamente por parte de nuestros hombres. No hay evidencias de que ellos recibieran ningún disparo. Además, la nave está destruida pero a golpes, no por explosivos.
—No fueron los oscuros —sentenció Velkhar. —Puedo percibirlo.
Un grupo de soldados que fueron a investigar detrás de unas colinas, comenzaron a dispersar alaridos estentóreos súbitamente. De entre las colinas surgió un horrible gusano grande como una torre, que vomitaba ácido candente y asesinó a todos los soldados.
Los disparos láser que inmediatamente lanzaron Zílog y su equipo (de unas 15 personas) parecían ser inútiles ante la gruesa y viscosa piel del gusano, por lo que sólo les restó huir camino al módulo.
La sorpresa proseguiría en cuanto una horripilante ave de rapiña, similar a un cóndor gigantesco de tres cabezas y cuatro garras filosas, amenazó con apresarlos. Igual de inmune a los láseres, el monstruoso ser exudaba chillidos ensordecedores.
Varios tripulantes murieron en las garras del espantoso ser, pero lograron abordar la nave.
Una llamada de auxilio los alertó de inmediato, y se dirigieron hasta donde estaba el segundo grupo, el cual estaba siendo atacado por una especie de gorila colosal, de seis brazos y con tres cuernos, que dispersaba baba amarilla y venenosa entre sus colmillos filosos, y que tenía un solo ojo en la frente. La criatura fue capaz de asesinar a varios soldados.
Para empeorar la situación, un lagarto grande como un edificio, hizo su aparición atrapando tripulantes como si fueran moscas con su lengua pegajosa. Afortunadamente, una grotesca batalla brutal se inició entre el lagarto y el cíclope gorila.
La nave donde viajaba Zílog llegó a la locación del segundo grupo y los rescató, dejando solos a los dos monstruos para que se continuaran despedazando mutuamente. Llegaron al lugar de la segunda plataforma minera, donde encontraron a los trabajadores siendo devorados por una especie de insecto gigante, similar a una araña pero con rostro de hormiga. Le dispararon una bomba de plasma que destruyó al monstruo.
—Este planeta emite una alta radiación —explicó Velkhar leyendo datos en las consolas.
—¿No detectamos la radiación con los sensores cuando escaneamos el planeta por primera vez? —preguntó Zílog.
—Es posible que la misma radiación afectara los sensores —dijo Velkhar. —La radiación es mutágena, es decir, produce mutaciones genéticas y comportamiento psicótico. Es muy probable que este planeta esté totalmente habitado por monstruos, debido a que la radiación hace que cada individuo que nace nazca deforme y con comportamiento violento. Cada individuo es una especie diferente, de suma violencia. Los escáners de la nave descubrieron muchas formas de vida, sin embargo, la misma radiación debe haber imposibilitado a los sensores descifrar sus dimensiones.
—Este planeta es una pesadilla —dijo Cheng.
—Ni todo el etérium del Universo vale la pena por permanecer en este lugar infernal —comentó Kerozt.
—Bueno —dijo Zílog— supongo que tienen razón. Vámonos de aquí. —Mientras la nave salía de las inmediaciones del planeta, pudieron observar a las horrendas criaturas que lo habitaban. Aves espantosas como pterodáctilos y murciélagos grotescos y gargólicos, demoniacas serpientes colosales, gigantes antropoides de dos cabezas, gusanos gelatinosos que devoraban lo que encontraban, insectos espantosos, criaturas peludas y deformes. —En verdad que es peligrosa la Zona Inexplorada...
Sistema Carixis
Año 978 D.A.
Rupert y Kriggs se materializaron nuevamente en las concurridas calles de Estelaria. Y por algunos momentos pensaron que habían logrado regresar a su tiempo. No obstante, les alertó la atención la inusual cantidad de especies entremezcladas, de tal forma que valtáricos, xirgones, sáuxer, cártagiks y brazzkys discurrían por las calles en idéntico número.
—Mira la fecha en el periódico —le dijo Kriggs a Rupert señalándole uno de los Diarios El Cometa que se vendían en puestos de periódicos. —Retrocedimos mil años en el pasado. Estamos en tiempos previos a que existiera la Afiliación. Si mis conocimientos históricos no me fallan, el Imperio Valtárico dominado por los valtáricos gobierna actualmente sobre más de 200 planetas.
—No por mucho tiempo —sentenció Rupert. —Observa allá —dijo señalándole a un brazzky que hablaba a una multitud desde una alta tarima.
—Conciudadanos del Imperio Valtárico —decía el brazzky ante el atento público— es hora de que dejemos a un lado las diferencias y la discriminación. El Movimiento Afiliacionista está predicando la creación de un Estado democrático y parlamentario, que sustituya a éste viejo Imperio decadente, donde se respete la autonomía local y donde todos sus miembros tengan igualdad...
—Es Zálag —comentó Kriggs— el fundador de la Afiliación y su primer presidente.
Un grupo de caballeros valtáricos llegó al lugar y dispersó a la multitud mientras su líder decía:
—Ke-Zálag, se encuentra bajo arresto por sedición...
—De nada le servirá arrestarlo —dijo Rupert a uno de los caballeros.
—Ocúpate de tus asuntos, xirgón —le espetó el caballero.
—¿Xirgón? —se preguntó Rupert.
—Recuerda que aún no conocen a los humanos. —Le recordó Kriggs.
—¿Crees que Kezarath nos pueda seguir hasta acá?
—Sabemos que los Abismales, al igual que los Primarios, son capaces de viajar en el tiempo. Pero es lógico suponer que las barreras establecidas por los primarios para aprisionar a los Abismales son barreras en el tiempo y en el espacio. Es decir, los Abismales no pueden viajar en el tiempo a periodos donde estaban prisioneros. De otra forma, no tendría ningún sentido el aprisionamiento.
—Pero ¿qué tal si Kezarath puede aprovechar la anomalía temporal que producimos nosotros al viajar? Tal vez sea capaz de adherirse de las hondas cuánticas que generamos al realizar un viaje temporal y romper las barreras impuestas por los Primarios.
—En ese caso tenemos un severo problema. Pero de todas maneras, es cuestión de informar a las autoridades valtáricas de la situación. Recuerda que los valtáricos son capaces de controlar el viaje en el tiempo y podrían ayudarnos.
—Tengo una mejor idea. Localicemos a Lothar. Tendrá unos 500 años actualmente, pero creo que debe estar en Carixis.
Efectivamente, Rupert y Kriggs fueron capaces de contactar a Lothar y hablaron con él, y con su esposa Velkhar, en la casa de ambos.
—Así que en el futuro seremos buenos amigos —le dijo Lothar a Rupert.
—Así es. Muchas cosas cambiarán en el futuro... a propósito... el Planeta Oscuro hará su regreso a partir del año 2100 D.A., para que tomen sus precauciones.
—Le diré algo, Gobernador, ¿sabe por qué los valtáricos dejamos de viajar en el tiempo? Porque nos dimos cuenta de que algunos eventos son imposibles de evitar o de modificar. Mientras que otros eventos se alteran en el momento en que tenemos conocimiento de su futuro y realizamos acciones distintas. Pero no hay forma de saber cuales eventos son modificables y cuales no lo son. Viajar en el tiempo tendría sentido si pudiéramos prevenir los desastres y modificarlos en el pasado, o si el futuro fuera incambiable y pudiéramos prepararnos. Pero como ninguna de las dos opciones es real, el viaje en el tiempo no tiene mayor sentido. Y es un consumo muy alto de recursos.
—Creo que lo entiendo. Ahora que recuerdo, cuando lo conocí por primera vez dentro de mil años, usted dijo que se alegraba de verme otra vez. No lo entendí en ese momento pero ahora comprendo que se refería a éste primer encuentro. Así mismo, debo admitir que usted intentó siempre advertirnos del inminente regreso del Planeta Oscuro y que rara vez le hicimos caso. Supongo que usted tiene razón.
—El viaje en el tiempo requiere de una buena fuente de energía —dijo Velkhar examinando los brazaletes. —Aparentemente, estos brazaletes funcionan con cristales procesados de etérium. Sin embargo, su brazalete está descompuesto, Rupert. Es muy difícil que pueda calcular una fecha exacta con él. Y ambos brazaletes están conectados de manera tal que viajen juntos.
—¿Podrían devolvernos a nuestro tiempo con su tecnología? —preguntó Kriggs.
—Será un pla... —Lothar no fue capaz de terminar la frase cuando un disparo láser le atravesó el pecho y lo lanzó al suelo.
La autora del disparo había sido Kezarath, quien había aparecido súbitamente desde una esquina de la casa valtárica.
—¡No tan rápido! —dijo con una risa sádica. De forma automática, Rupert accionó su brazalete para huir del lugar de inmediato.
La Zona Inexplorada
Día 10 del Mes 13 del Año 2104 D.A.
Después del mal rato al salir del Planeta de los Monstruos, al día siguiente, la Walhalla había descubierto un antiguo acorazado destruido y abandonado que flotaba en el espacio.
—Un acorazado del ya extinto Imperio Valtárico —dijo Velkhar al reconocer la estructura. —Según los sensores debe de tener unos dos mil años estándar de antigüedad.
—Interesante —dijo Zílog. —Está muy bien conservado... Deberíamos investigarlo. Es una reliquia histórica y nuestra misión tiene también cierta importancia en cuanto a la exploración científica.
—¡Por favor no, señor! —suplicó Kerozt algo alarmado. —Podría tratarse de... la Nave Maldita.
—¿La qué? —preguntó Arg.
—Un antiguo mito —respondió Némesis— sobre una nave fantasma habitada por espíritus atormentados.
—Durante la Astromaquia —comenzó a relatar Kerozt— hace dos mil años, el Planeta Velasha, una de las provincias del Imperio Valtárico, fue atacado por el Planeta Oscuro. El Imperio envió una flota de naves a defender Velasha, entre las que iba el Acorazado Sol Negro. El Sol Negro era capitaneado por un valtárico, pero con una tripulación muy diversa, y en el último momento, tuvieron miedo del Planeta Oscuro y se fueron. Abandonaron a sus compañeros y a Velasha a su suerte. Velasha fue destruida por el Planeta Oscuro, pero antes de sucumbir totalmente, el Sumo Sacerdote de los velashianos lanzó una terrible maldición contra la Sol Negro. Condenándolos a deambular sin descanso por el Cosmos durante toda la eternidad, hasta que los Abismales sean destruidos.
—Eso es ridículo —dijo Arg. —No es posible que puedan creer en esas supersticiones. No existen los fantasmas, ni los espíritus. Es algo totalmente irracional...
—Ustedes los kinoshanos no creen en la vida después de la muerte —comentó Sashak. —Pero nuestros pueblos sí. He escuchado la leyenda del Sol Negro desde que me introduje en la Guardia Imperial. Se supone que quien se adentre en su interior jamás sale...
—Puedo percibir una mala vibración proveniente de esa nave —dijo Velkhar concentrando sus poderes psíquicos. —Hay algo maligno en ella.
—Pero los sensores perciben también una gran fuente de energía esférica —dijo Cheng. —Que podría ser la Esfera Solar Perdida.
—Y ante la perspectiva de cumplir nuestra misión —sentenció Zílog— tendremos que entrar allí con o sin fantasmas.
Sistema Carixis
Año 2134
Rupert y Kriggs se materializaron nuevamente en las derruidas inmediaciones de la ciudad de Estelaria. La otrora enorme urbe metropolitana era 30 años después un enorme cementerio desierto, repleto de los ruinosos vestigios de la antigua ciudad, y con oscuros nubarrones cubriendo su cielo.
La pareja caminó por entre las calles desoladas del inhóspito paisaje, y se introdujeron por uno de los edificios destartalados, donde súbitamente, y en medio de la oscuridad, fueron aferrados por un nutrido grupo de sujetos que los encañonaron.
Las luces se encendieron y notaron que, aunque todos vestían de negro, como uniformados, eran hombres y mujeres de todas las especies del Consejo.
—¡Debe ser un truco! ¡No pueden ser ellos! ¡Matémoslos! —dijo una aguerrida joven de unos 34 años, era de piel roja como la de un brazzky, pero totalmente lampiña. Tenía un cuerpo escultural, y vestía unas gruesas botas, un pantalón muy ajustado al cuerpo y una camiseta sin mangas. Apuntaba a Rupert y Kriggs con una potente arma láser.
—¡Tranquilízate Akálag! —dijo una voz anciana saliendo de entre las tinieblas.
—Pero... padre... no pueden ser ellos —respondió Akálag. —Deben ser clones.
El padre de Akálag era Zílog, pero lucía unos 30 años más viejo y curtido por mil batallas. Tenía sus largos cabellos rizados grises, con una larga barba y era muy robusto y regordete, aunque aún fornido. Una notoria cicatriz le marcaba el ojo izquierdo y su brazo izquierdo era una pieza mecánica cyborg. No vestía uniforme militar afiliado, sino una chaqueta negra larga, y el uniforme del resto.
Zílog miró fijamente a Rupert a los ojos mientras continuaba siendo aferrado por los soldados.
—Soy yo, Zílog —dijo Rupert.
—¿Sin envejecer 30 años después?
—Viajamos en el tiempo...
—Son ellos... suéltenlos —dijo el viejo Zílog y los soldados obedecieron.
—¿Cómo sabes que no son clones, padre? —preguntó Akálag.
—Los ojos. Son los mismos ojos de Rupert. Un clon no puede tener una mirada idéntica.
—¿Qué ha acontecido durante estos 30 años? —preguntó Kriggs.
—Torm (o mejor dicho, su mente), tomó el poder en la Afiliación y la convirtió en un feudo del Planeta Oscuro. Todos nuestros planetas están bajo el yugo de la Oscuridad. Sólo el Imperio Xirgón se mantiene protegido porque científicos xirgones descifraron un antiguo código akashiano y tuvieron acceso a gran tecnología. La Emperatriz Yashak ha realizado grandes reformas democráticas en el Imperio, creando un Senado y una Corte de Justicia independiente. Pero esto le ha valido muchos enemigos. Hoy en día, casi todos los refugiados vivimos protegidos en el Imperio Xirgón. Nosotros somos la Resistencia.
—¿Y los valtáricos?
—Casi todos emigraron a otra dimensión más segura. Aunque algunos se mantienen aquí, asistiéndonos.
—¿Y Lin? —preguntó Rupert.
—Anda por acá —contestó Zílog. —Llama a Lin —ordenó Zílog a Akálag y ésta obedeció. —¿Recuerdas a mi hija Akálag? —Rupert asintió. —Críe a Lin como a mi hijo, junto con la ayuda de Shikha. Nam murió en la Batalla de Carixis, una feroz batalla que ocurrió poco después de que ustedes dos desaparecieron. Alum, Cárashak y Arsala también murieron en esa contienda. Cuando Torm obtuvo poder, mató a tu familia y a la familia de Nam. Así que Shikha escapó con Lin a Xirgón. Hay un rumor de que Lin y Yashak son amantes. Se le atribuye la paternidad de uno de los hijos de Yashak.
—¿Los oscuros conquistaron Carixis? —preguntó Kriggs.
—La mayor parte, pero después de que el Imperio descubrió la tecnología akashiana logramos recuperar una parte de Carixis, que es donde nos encontramos. Además está la amenaza del Panal, una terrible especie de insectos destructores de mundos que atacó poco después de la Batalla de Carixis. El Ejército Galáctico no fue capaz de combatir a dos enemigos tan terribles al mismo tiempo. Descubrí a el Panal cuando fui a la Zona Inexplorada...
—¿Cómo salió dicha misión?
—Sólo yo sobreviví —sentenció Zílog lúgubremente.
A las inmediaciones llegaron Lin y Maktub. Mientras que Lin era un hombre de 46 años (9 años mayor que la edad de su padre Rupert), uniformado de igual manera, con barba incipiente y cabello largo. Preservaba sus rasgos mestizos. Maktub, en cambio, no había cambiado en absoluto.
Lin y Rupert se abrazaron.
—Te extrañé... padre... —dijo Lin.
—Debemos de poder cambiar este futuro —dijo Rupert.
—Iremos a Xirgón —dijo Lin. —Hay una máquina de tiempo allí. Podrán viajar más al pasado e impedir que estos hechos acontezcan.
Planeta Xirgón
El viaje a Xirgón tomó solo tres días, sin embargo, se realizaba por un ruta plagada de naves oscuras y conllevó un constante confrontación militar, aunque viajaban en un acorazado acompañado de una flotilla de 150 naves xirgonas, solo llegaron con el acorazado y 3 naves.
—¡Gobernador Corrado! —dijo Yashak— ¡Que gusto verlo! ¡Y a usted, agente Kriggs!
Yashak se había convertido en una hermosa mujer adulta, ataviada con una elegante túnica de seda, y con sus largos cabellos verdes elaboradamente peinados, y rodeada de sus inseparables guardaespaldas. No sólo regía el Imperio más grande del momento, sino a la única potencia libre de la Galaxia.
—Gusto en verlos nuevamente —dijo un anciano Ushuk Lang, vestido con el uniforme militar propio del comandante de la Guardia Imperial (máximo líder militar). —Vengan con nosotros.
Rupert, Kriggs y Lin siguieron a Ushuk y Yashak hasta unos sofisticados laboratorios donde encontraron a Shikha, quien mostraba el paso de los años en su piel de tejido vegetal y sus mechones de cabello de enredadera que ahora estaban algo resecos.
Tras el emotivo abrazo y reencuentro, Shikha explicó:
—Sus brazaletes no tienen energía ya —dijo Shikha— es imposible que viajen en el tiempo a no ser que sea algunos minutos más en el pasado o en el futuro.
Los gemidos de dolor de Lin los alertaron, cuando se volvieron y observaron a éste siendo atravesado por una lanza filosa que le salió por el pecho.
—¡NO! ¡LIN! —gritó Rupert observando a su hijo siendo asesinado, y su cuerpo muerto estrellándose estrepitosamente en el suelo. Kezarath, una vez más, se hizo presente y con la lanza goteando sangre en la mano, dijo:
—No se preocupen por la fuente de energía, porque seré yo. —Kezarath le quitó el brazalete a Kriggs y luego la lanzó contra el suelo. Aferró a Rupert del cuello y lo subió varios centímetros del piso. —Pero te necesito a ti...
Kezarath apretó el botón, y desapareció con Rupert.