XLIII

Zarak

Capital del Régimen Zaraki

Día 10 del Mes 7 del Año 2104 D.A.

Kriggs fue llevada encadenada por los soldados Zaraki hasta una horrible sala de estructura metálica (como todo lo que hacían los Zaraki), donde la única iluminación provenía de potentes lámparas que le cegaban y que la iluminaban solo a ella y al juez, dejando el resto en casi total oscuridad. Tenía evidencias de haber sido golpeada. Fue colocada, aún encadenada con las manos en la espalda, de pie dentro de una jaula. Una enorme gradería se encontraba a su rededor, repleta de Zaraki enfurecidos que le gritaban y escupían. Frente a ella estaba un juez Zaraki con aspecto de anciano curtido por miles de batallas, sobre un escritorio muy alto.

—Agente Kriggs —dijo el juez— se le acusa de asesinar a nuestro amado líder, Zordock. ¿Cómo se declara?

—Inocente —dijo justo cuando un escupitajo Zaraki le cayó en el rostro. —¿Dónde está mi abogado? No reconozco la legitimidad de esta corte para enjuiciarme.

El juez rió.

Las luces se encendieron y mostraron en otro escritorio cercano a Sur, sumamente estresado.

—Necesito más tiempo —dijo Sur— me dieron cientos de documentos en Zaraki. No he podido traducirlos...

—Haga su declaración ahora, abogado —le dijo el juez— o lo culpo de desacato. Se castiga con cien azotes.

—La agente Kriggs es inocente —dijo Sur frotándose la frente por la migraña que tenía. —Las evidencias son circunstanciales...

—¿Circunstanciales? —preguntó el fiscal Zaraki en el momento en que se encendieron las luces sobre él. —Zordock murió en una explosión por una bomba en la nave en que viajaba. Misma nave en la que la agente Kriggs viajaba y se bajó poco antes de la explosión en una estación espacial donde la nave hizo una breve parada. La agente Kriggs era la experta en explosivos en la misión, fue ella la que hizo la bomba como se registra en las bitácoras de la nave. La agente Kriggs estuvo, poco tiempo después, involucrada como una de las cabecillas en el golpe de Estado de su planeta que derrocó al gobierno pro—Zaraki y colocó en el poder al actual gobierno afiliacionista. Zordock era uno de los principales enlaces entre el entonces gobernante pro—Zaraki Yarggs y el Régimen Zaraki. Yarggs fue asesinado hace algunos meses por la agente Kriggs. Allí tenemos el móvil, la oportunidad y el método...

—La agente Kriggs —intentó decir Sur— era efectivamente experta en explosivos así que diseñó la bomba que estalló accidentalmente, y se bajó en la estación espacial antes pero todo era parte de la misión. No es evidencia concluyente...

—Yo la encuentro bastante concluyente —dijo el juez— así que declaro culpable por asesinato a la agente Kriggs. La sentencio a cadena perpetua en la prisión de Gárinor.

—¿No me sentencian a muerte? —espetó Kriggs sardónicamente.

—Cuando sepa como es la vida en Gárinor —dijo el juez— entenderá que la muerte es un castigo más compasivo.

Nave Walhalla

En algún lugar de la Zona Inexplorada

—Los oscuros no tenemos mujeres —decía Némesis desde su habitación improvisada cuando era entrevistado por Zílog. Némesis había colocado una cama para meditar y un altar a Valthor, solamente. —Todos nos reproducimos artificialmente por medio de clonación y somos genéticamente diseñados.

—No tienen sexualidad, entonces.

—No.

—¿Su lengua?

—Es la misma que usan los adoradores en sus rituales. Mghuphui cashngnt meghupe’t. Significa “Tengo mucha hambre”. La lengua oscura no tiene palabras para ciertos términos como el amor o el perdón. Nuestra sociedad es bastante sádica. Vivimos de la violencia y el salvajismo, tanto aplicado entre nosotros como a nuestros enemigos (es decir, el resto del universo). Pero la mayoría de los oscuros siguen ciegamente las indicaciones de los generales como Rastrero o Curshok, sin mucha necesidad de pensamiento autónomo.

—Dices que Rastrero no es un hombre realmente... ¿Qué es?

—Es una cosa. No sé su naturaleza exacta. Pocos generales oscuros son realmente personas.

—¿Algún otro dato sobre su biología?

—Somos el opuesto de los valtáricos en casi todo. Los valtáricos viven 3000 años y los oscuros rara vez vivimos más de 30 años. Los valtáricos son psíquicos poderosos y los oscuros carecemos de capacidades psíquicas. Pero en general, nuestra biología es casi idéntica.

—¿Qué edad tienes?

—20 años, soy viejo ya.

—Gracias por tu ayuda, Némesis. Si requieres más muebles puedo conseguirlos.

—Con una cama y un altar es más que suficiente para mí. Gracias.

Zílog llegó al puente y se ubicó en su silla de capitán.

—Señor, hemos detectado señales de una cultura primitiva en un planeta cercano —le dijo Cheng leyendo datos en su consola.

—¿Y?

—Enviamos una sonda satelital que captara imágenes de las costumbres de los nativos. Rinden culto a una esfera solar... y está en la ruta de los antiguos guardianes.

—Muchas culturas primitivas rinden culto al astro solar —comentó Sashak.

—Sin embargo, no debemos desperdiciar la posibilidad de encontrar la esfera —sentenció Zílog. —Bajemos al planeta. Velkhar, ven conmigo, requeriremos de tus poderes telepáticos para comunicarnos con los nativos. Cheng, tú también. ¿Son antropoides?

—Sí, señor. Son primates —respondió Cheng.

—Entonces será mejor que Arg y Kerozt se mantengan en la nave, para evitar que los nativos se asusten (sin ofender). Que vengan tres tripulantes más de especies antropoides. Sahsak, quedas al mando.

—Sí, Capitán.

El planeta al que descendieron se encontraba recubierto por vastas extensiones de selva impenetrable, ríos caudalosos y montañas inescrutables.

Conforme la nave descendió de los cielos ante la mirada asombrada de los nativos, ésta refulgió brillantemente por efecto del caluroso sol que iluminaba aquél mundo tropical. Los nativos se escondieron en sus chozas primitivas. Todos eran primates, con pieles de color azul, gruesos cabellos rizados y tanto hombres como mujeres, estaban vestidos solo con un taparrabo. Sus rostros tenían ojos de tonalidades rojizas, pero de caras lampiñas.

Cuando de la nave descendieron Zílog, Velkhar, Cheng y tres tripulantes más (un humano caucásico, un cártagik y una mujer brazzky), los nativos los consideraron seres divinos y se lanzaron a sus pies con pronunciadas reverencias de cuerpo completo.

—Creen que somos dioses —dijo Velkhar leyéndoles la mente.

—Es natural en circunstancias como estas —adujo Cheng. —Son una cultura sumamente primitiva y nosotros somos una cultura sumamente desarrollada.

—Es curioso —dijo Zílog. —No será hasta dentro de unos cuatro o cinco mil años que este pueblo desarrolle tecnología y domine el viaje interestelar. Me pregunto si para entonces todavía habrá una religión basada en este contacto, o seremos simples ídolos antiguos ya olvidados.

—Tal vez no sea correcto intervenir en su desarrollo natural —alertó Cheng.

—Me temo que encontrar la Esfera Solar —dijo Zílog— es más importante que consideraciones de ética antropológica. Por lo pronto, Velkhar, trata de comunicarte con ellos telepáticamente, para que nos ganemos su confianza y nos ayuden.

Planeta Gárinor

Colonia penal del Régimen Zaraki

Día 20 del Mes 7 del Año 2104 D.A.

De la nave que transportaba reos hasta Gárinor, descendió Kriggs. Gárinor era un mundo inhóspito, desolado y deprimente, hecho de peñascos pedregosos y un cielo lóbrego y nublado. Una ventisca sempiterna azotaba el ambiente.

De la nave Zaraki descendieron diversos reclusos con las manos esposadas al frente. Casi todos de especie Zaraki, pero con algunos extranjeros como Kriggs, particularmente xirgones y Alaxi. Los guardias, todos Zaraki, encañonaban a los reclusos y les jaloneaban agresivamente. Uno de estos guardias sostenía con unas correas a dos chacales grises, sin pelo, de orejas filosas, ojos amarillos y enormes hocicos repletos de dientes. Los Zaraki evolucionaron de dichos chacales.

—Bienvenida al Infierno, ramera afiliada —le dijo un Zaraki gordo y con una cicatriz en el ojo derecho— soy el alcaide Zurock, y dentro de éste planeta, soy un dios. La obediencia es recompensada. La desobediencia es castigada brutalmente, ¿a quedado claro?

—Por supuesto... —dijo sarcástica. Zurock la abofeteó.

—Refiérete a mí como señor o alcaide, ¿has comprendido?

—Sí... señor.

—A propósito —dijo alejándose mientras introducían a Kriggs al interior de la horrible prisión detrás de unos muros de piedra muy gruesos— esta prisión es mixta. Te recomiendo que te duches vestida...

El interior de la cárcel era como el interior de una asfixiante y claustrofóbica caverna. Las celdas eran similares a cuevas oscuras, donde se hacinaba a decenas de personas dentro de espacios minúsculos y muy limitados. El área central era un círculo deforme con algunas mesas de madera donde aparentemente se comía. Había algunos pasillos laterales que conectaban con lóbregos lugares bastante lúgubres y solitarios.

La mitad de los reclusos eran Zaraki, el resto de diversas especies. Había xirgones, Alaxi, humanos, brazzky, kinoshanos, cártagiks, carlagianos, veganos y lobarianas. Incluso había un brakionés de más de dos metros, seres de especies extrañas con forma de molusco, de gorila o de insecto, entre otros.

—Sin duda estás en graves problemas —le dijo una mujer extremadamente voluptuosa, similar a una humana salvo por el cabello púrpura, vestida con un ajustado traje de minifalda y escote.

—¿Qué hace una vegana como tú aquí?

—¿Cómo supiste que era vegana? —dijo la mujer alterando su aspecto hasta convertirse en una joven menos voluptuosa de cabellos naranja y manchas en todo el cuerpo.

—Soy soth, tengo un olfato muy fino. Los veganos tienen un olor característico cuando no lo disimulan de alguna manera. ¿Cómo llegaste aquí?

—Era una trabajadora del sexo —dijo convirtiéndose en una mujer humana de raza negra, luego en una Alaxi de gran estatura y finalmente en un hombre joven xirgón. —Mis habilidades metamórdicas me ayudaban a cumplir las fantasías de todos mis clientes. Es un don útil para cualquier prostituta. Sin embargo, uno de mis clientes murió a mi lado. Y me metieron aquí. ¿Y tú?

—Dicen que maté a un coronel Zaraki.

—Estás en problemas...

—¿Por qué lo dices?

—Porque los reclusos (tanto Zaraki como de otras especies) odian a los afiliados. Y los guardias también. Si quieres sobrevivir, solo tienes que saber entregar algo a cambio. Como lo hago yo —dijo convirtiéndose de nuevo en una mujer voluptuosa. —Te puedo enseñar la profesión.

—No, gracias.

—Escucha, los principales líderes son ellos —dijo señalando a un humano que Kriggs reconoció. Era un tipo de largos y greñudos cabellos negros, larga barba y aspecto sanguinario. —Es Jack Guller, era el capitán de los piratas espaciales hasta que lo arrestaron hace un año. Ha cometido todos los crímenes imaginables. Lidera una de las pandillas más grandes de Gárinor, conformada mayormente por otros piratas y criminales de poca monta.

—Lo conozco. Es bastante peligroso.

—El otro es ese vegano de allá —dijo señalando a un vegano calvo, salvo por su anaranjada barba de candado. —Es un asesino psicópata que mataba niños xirgones. Lidera una pandilla de criminales enfermos como él. Y finalmente, esa Zaraki de allá —dijo señalando a una Zaraki que Kriggs reconoció como Zardack, la principal asistente de Curshok, quien tenía el brazo derecho y la mitad del rostro reemplazados con piezas cyborg, y cuyo guardaespaldas parecía ser el brakionés. —Arrestada por rebelde contra el régimen, aunque alguna vez fue líder de una poderosa célula terrorista.

Un sujeto que parecía cerdo y que exudaba un pestilente olor, se le aproximó a Kriggs y le dijo:

—¿Gothak shuggamegg fachoth guth?

—Dice que tienes una boca muy bonita —le tradujo la vegana.

Kriggs propinó al cerdo un golpe en el rostro, luego una patada en el estómago y otra patada en la cara lanzándolo al suelo inconsciente ante la atenta mirada de otros reclusos.

—Bien. Ahora te respetarán —le dijo la vegana. —Por cierto, mi nombre es Ishala. Y puedo hacer lo que quieras a cambio de protección...

—Solo manténte lejos de mí, por favor —respondió Kriggs.

Algunas horas después, Kriggs se adentró a la celda que le había sido asignada, la cual se encontraba vacía en ese momento, y sumida en una profunda lobreguez.

—No tienes idea de cuanto me alegra verte aquí —dijo la voz siniestra de una mujer en medio de las sombras. Kriggs reconoció la voz.

—¡Vaya vaya! Maricela Torres.

De las sombras emergió una mujer humana, latina, de cabellos negros y piel morena. Era delgada y aún mantenía atractivo físico a pesar de que los años en Gárinor habían hecho mella en su semblante.

—Tú me metiste en este infierno —le reclamó Torres con odio en el tono.

—Eras una de las peores asesinas a sueldo de la Galaxia —le recordó Kriggs. —Mataste a un buen amigo mío. Un Zaraki. Sólo te entregué a las autoridades correspondientes para que te aplicaran el castigo de rigor.

—Pues ahora me vengaré de ti, zorra soth —dijo extrayendo un afilado cuchillo. —No tienes idea de lo horrible que es aquí.

Torres se lanzó contra Kriggs en un esfuerzo por matarla con el cuchillo. Pero los intrépidos movimientos de Kriggs retuvieron el ataque y la azotaron contra el suelo. Kriggs la desarmó y colocó su cuerpo sobre ella sosteniéndole ambas manos.

—¿Qué? ¿Me vas a hacer el amor? —le preguntó Torres sarcásticamente— serías menos ruda que mis compañeros de celda.

Kriggs la soltó y se levantó de inmediato. Salió de la celda sin mediar palabra alguna.

Oficina de Rupert Corrado

Sistema Carixis

—No descansaré ni escatimaré en gastos —decía Rupert a sus asesores Nam, Maktub y Shikha— hasta sacar a Kriggs de esa horrible prisión.

—Sur llevará el caso —dijo Nam— a la corte local de Soth, y hasta el Magisterio de ser necesario. Kriggs ha ayudado a salvar a la Afiliación y a la Galaxia en muchas ocasiones. Además, las cárceles Zaraki tienen fama de ser las peores de la Galaxia, pero Gárinor en particular es considerada la peor de todas.

—No es suficiente. Hay una trampa detrás de esto —dijo Rupert. —Debemos comenzar una extensa investigación hasta descubrir la verdad. ¿Están conmigo? —Todos asintieron— una cosa más... Si no logramos resolver esta injusticia por medios institucionales, voy ha hacer lo posible por liberar a Kriggs de Gárinor. Y no puedo hacerlo sin su ayuda...

El resto asintió, aunque tímidamente.

La Zona Anárquica

En la noche, los nativos realizaban danzas y cánticos al tiempo que daban a sus nuevos dioses unos alimentos consistentes en gusanos, escarabajos, lombrices y otros insectos aún más desagradables, oriundos del planeta. Habían encendido una fogata y el chamán de la tribu realizaba un rito fetichista ante el fuego.

—¿Les preguntaste sobre la Esfera? —consultó Zílog a Velkhar.

—Sí. Aparentemente adoran una estrella que fue traída por antiguos dioses similares a mí hace muchas, muchas lunas. Dicen que se encuentra escondida en la montaña sagrada donde tienen prohibido poner pie.

—Debemos ir a esa montaña sagrada a buscar la esfera —dijo Zílog.

—No es tan sencillo, Zílog —le respondió Velkhar. —¿Tienes idea de que clase de terrible fauna debe existir en esta selva? Por lo que escucho decir a los nativos, hay arácnidos gigantescos que atacan en manadas, primates peludos de tres metros, serpientes con patas y múltiples cabezas, moscardones carnívoros que atacan en enjambres, etc.

—Pero viajaremos en la nave —dijo Cheng. —Nada puede dañarnos dentro de la nave.

—No podemos buscar la Esfera con la nave —respondió Zílog. —Esta selva es demasiado tupida. Tenemos que ir a pie, pero requerimos de ellos que conocen la selva para evitar ser asesinados por la monstruosa fauna del lugar.

Los nativos trajeron una joven mujer adolescente ante el fuego. La recostaron desnuda sobre una losa al lado de la fogata. El chamán realizó invocaciones al cielo y extrajo de entre sus ropas una cuchilla filosa.

—¿Van ha hacer lo que creo que van ha hacer? —se preguntó Zílog. Velkhar les habló telepáticamente. Los nativos respondieron en su lengua ininteligible.

—Dicen que sacrificarán una virgen en honor a los dioses que bajaron del cielo en el Ave de Piedra que los protegerán de los demonios negros que descendieron hace poco.

—Le dije que era antiético intervenir en la evolución de una cultura, señor —recalcó Cheng.

—De acuerdo, diles que ya basta. Que no lo hagan —ordenó Zílog poniéndose de pie. Velkhar intentó traducir sus órdenes.

—No hay caso, dicen que es la tradición.

Zílog sacó su pistola láser de entre su chaqueta verde y con ella disparó al tronco de un árbol provocándole un severo boquete y aterrando a los aborígenes.

—Dicen —tradujo Velkhar— que se detendán, pero que no los fulmines con el relámpago que sacas de tus manos.

—Diles que nos lleven mañana a la montaña sagrada.

A la mañana siguiente, y tras una intranquila noche en la selva (durante la cual siempre hubo dos personas montando guardia, por si acaso los nativos se rebelaban contra sus dioses), comenzaron la larga travesía hacia la montaña sagrada. Durante el trayecto se toparon con horribles cerdos salvajes de seis ojos y con lomos espinosos, extrañas criaturas peludas que saltaban entre los árboles y que tenían seis patas ganchudas. Tuvieron que repeler con sus láseres un ataque furtivo de unos gorilas peludos de tres metros, seres gigantes y antropoides pero de una inteligencia muy limitada. De entre las caldosas profundidades de un pantano cercano brotaron tentáculos horribles y espinosos que aferraron a Cheng y a varios nativos. El dueño de los espantosos miembros los habría devorado de no ser por los disparos de Zílog y sus subordinados.

Fue justo cuando se ubicaron frente a un monolito sagrado, cuya parte superior tenía forma redonda, pero con imágenes grotescas de grabados mostrando actos de violencia y muerte, que un insecto con forma de escarabajo negro se posó en el hombro de Zílog y éste lo espantó sin preocuparse. Luego hubo un nuevo escarabajo en su brazo, en su pierna, en su espalda...

Los alaridos del soldado cártagik alertaron a todos, conforme las mandíbulas de los escarabajos se clavaban dolorosamente en el cuerpo del desdichado. Pronto, nativos y visitantes estaban siendo atacados por los detestables insectos que les roían sus cuerpos.

—¿Cómo les disparamos? —se preguntó Cheng.

—Percibo una mente detrás de esto... —anunció Velkhar con los ojos resplandecientes de luz verde. —Estos no son insectos normales —declaró y luego envió un golpe telepático contra todos los escarabajos, haciéndoles caer al suelo convulsionándose.

Todos los insectos caminaron hasta unirse en un punto particular y conformar un cúmulo del tamaño de un hombre. Pronto, los insectos comenzaron a fusionarse en una masa oscura hasta que una cabeza antropoide se formó en la cúspide, y finalmente, se transmutaron en el cuerpo de Rastrero, el general oscuro.

—Muy lista, doctora Velkhar... —dijo Rastrero sonriente. Luego escupió al cuerpo muerto del tripulante cártagik.

Al lugar llegó una docena de oscuros que los encañonaron y les quitaron sus armas y comunicadores.

—Deben ser los demonios que los nativos mencionaron —aseguró Velkhar.

—Sí —reconoció Rastrero— pero no todos los nativos nos consideran demonios. La tribu enemiga de estos bastardos, con la cual han estado en guerra durante miles de generaciones, nos considera dioses. Estos seres, primitivos como son, me agradan. Han estado sumidos en una guerra repleta de violencia y barbarie, donde cometen los crímenes más horripilantes y sangrientos. Los he visto descuartizarse mutuamente. No tienen idea de lo que es un buen marasmo de sangre, muerte y violencia cuando una tribu enemiga toma una villa. No hay crimen que no se cometa. Deliciosos crímenes... Ah, porque no se han dado cuenta que estos seres son... caníbales...

Los oscuros trajeron arrastrando un cuerpo muerto de un nativo, aparentemente de una tribu enemiga. Le abrieron el cuello para que el olor de su sangre impregnara el lugar, y lo lanzaron al suelo. Los nativos que acompañaban a Zílog y su equipo, se lamieron los labios con lenguas largas y picudas, y mostraron filosos colmillos amarillentos.

—La Esfera no está aquí —dijo Velkhar— los guardianes jamás la pondrían en custodia de estos seres monstruosos.

—Si vas a matarnos hazlo ya, Rastrero. —Instó Zílog.

—¿Por qué matarlos rápidamente cuando puedo proporcionarles una muerte espantosa? En estos momentos una turba de caníbales hambrientos se aproxima para acá. Unos cuantos cientos de nativos furiosos que los devorarán... eventualmente, después de saciar su sed de violencia en ustedes. Como dicen los humanos... bon apetit...

Los oscuros desaparecieron entre la flora de forma siniestra y Rastrero se disolvió en escarabajos que se escabulleron entre las plantas. El sonido aterrador de cientos de pasos y unos gritos enloquecidos se aproximaba gradualmente. Los nativos huyeron despavoridos ante la inminente llegada de sus crueles enemigos.

Cuando una hueste de varias docenas de fieros caníbales salvajes comenzaron a permutar entre el ramaje, los ojos de Velkhar se volvieron brillantes y resplandecientes en un tono verdoso. Se elevó por los aires con los cabellos blancos siendo violentamente removidos por el viento, y con un golpe telequinético de su mente golpeó a varios caníbales lanzándolos por los aires y estrellándolos contra los troncos del follaje.

Una lanza de los nativos ensartó al soldado humano caucásico, matándolo en medio de gemidos. Velkhar retuvo las demás lanzas en el aire con sus poderes psíquicos.

—¡Huyan! —les gritó— ¡son demasiados! ¡No podré retenerlos por mucho tiempo!

Zílog, Cheng y la tripulante brazzky restante corrieron entre las tupidas selvas del planeta asediados por los terribles enemigos, y esquivando la vasta cantidad de lanzas que les lanzaban clavándose algunas sonoramente en los troncos.

Una lanza atravesó el hombro de Zílog provocándole un tremendo dolor y una inminente caída al suelo.

—¡Capitán! —dijo Cheng atendiéndole.

—Estoy bien —dijo sollozando— solo saca la lanza.

La brazzky ignoró el hecho y prosiguió la huida.

Cheng extrajo el proyectil provocándole grave daño a Zílog. Pero el militar estaba entrenado para ignorar el dolor y corrió al lado de Cheng con una entereza férrea.

Sin embargo, no fueron capaces de recorrer mucho terreno. Una miríada de enfurecidos caníbales les cortaron el paso apuntándoles con su lanza. El que parecía ser el líder mostraba la cabeza cercenada de la brazzky que se les adelantó. La sostenía en su mano como un trofeo.

—Capitán —le dijo Cheng volviéndose hacia él. —No quiero morir sin decirle lo que siento. Lo amo y siempre lo he amado. Si alguna vez me hubiera tocado como tocaba a esa maldita Alaxi de Sálax me habría hecho la mujer más feliz del Universo...

Zílog la besó.

En ese momento una enorme nave afiliada comenzó a sobrevolar los cielos cercanos y disparó láseres de manera selectiva, matando a varios nativos y haciendo huir al resto. Zílog y Cheng abordaron la nave en donde ya estaba Velkhar.

—¿Cómo...? —preguntó Zílog al tiempo que el equipo médico comenzaba a atenderle la herida.

—El odio de los oscuros fue su fallo —dijo Velkhar. —Porque como valtárica soy psíquica y pude enviar un mensaje telepático a Sashak para que nos rescatara. Lo correcto para ellos hubiera sido matarme de inmediato para que ustedes no tuvieran forma de comunicarse con la nave. Pero su odio por los valtáricos les cegó y no quisieron propinarme una muerte rápida.

Planeta Gárinor

Día 27 del Mes 7 del Año 2104 D.A.

—Tal vez no te acuerdes de mí, pero yo sí que te recuerdo —dijo Guller.

Kriggs se encontraba con las manos sostenidas fuertemente por el alienígena con forma de cerdo, con el vientre sobre una de las mesas de comedor ocultas dentro de un pasillo lateral. Guller le acariciaba los glúteos y las caderas con la mano izquierda y sosteniendo un cuchillo en su mano derecha. Alrededor había varios hombres y mujeres, de diversas especies, todos bastante grotescos y amenazantes, quienes probablemente fueran piratas, ladrones y pandilleros. Las mujeres eran casi todas prostitutas al servicio de la pandilla.

—Termina de una vez —dijo Kriggs intentando reprimir su ira— no tengo todo el día.

—Ahora sí sabrás lo que es un hombre —le dijo Guller— a diferencia de ese afeminado de Corrado. Relájate, entre menos te opongas menos dolerá...

—¡Basta! —dijo una voz femenina. Al lugar llegó Zardack rodeada de sus seguidores (de entre los cuales destacaba el brakionés alto). —¡Suéltenla! Ella está bajo mi protección...

Guller dio una orden con su mano y el cerdo soltó a Kriggs. Esta se alejó de inmediato.

—¿Qué quieres de mí? —preguntó Kriggs hostil a Zardack.

—No tienes que agradecerme nada —le dijo la Zaraki sarcástica.

—No sé que pretendes, pero no voy a ayudarte... sé la clase de monstruo que eres...

—Bien, bien. Recordaré eso la próxima vez que estén por violarte. Puede que no me creas, mujerzuela mal agradecida, pero te salvé porque te admiro. Fuiste una excelente terrorista...

—¡No fui terrorista! Fui una agente especial de un planeta en guerra contra la Afiliación.

—Llámalo como quieras. Nos vemos... —dijo Zardack alejándose de Kriggs seguida por su séquito de pandilla.

Planeta Gárinor

Día 3 del Mes 8 del Año 2104 D.A.

Dos guardias Zaraki arrastraron el cuerpo de Kriggs hasta lanzarlo sobre el suelo frío y húmedo de una lóbrega celda. Esto tras una larga faena de torturas durante toda la noche.

—Tanto dolor y sufrimiento —le dijo la voz de Zardack llegando a la celda y observando hacia abajo el cuerpo tumbado de una Kriggs que no podía moverse debido al dolor. —Yo puedo ponerle fin. Puedo conseguirte drogas, si quieres...

—No gracias.

—Pero hay algo más... podríamos poner fin permanente a tu dolor. Observa allá afuera, tu enemiga Torres es ahora amante de Jack Guller —Kriggs miró hacia atrás y en efecto, observó a Torres teniendo sexo con Guller en una celda del frente. —Lo hace con el único fin de que Guller te mate. Pronto, mi protección no valdrá lo suficiente. Pero hay una forma de que terminemos con este dolor permanentemente. Ya no habrá más torturas de los guardias, ni más ataques sexuales en las duchas, ni más bazofia por comida...

—La comida es lo peor...

—Pondremos fin a todo eso.

—¿Cómo? ¿Escapando?

—Escapar es imposible. Aún si pudiéramos salir de estas celdas y secuestrar una nave, nos destruirían antes de salir de la atmósfera. Hay satélites en la atmósfera que exigen una contraseña. Si la contraseña es equivocada, notifican de inmediato a las naves patrullas alrededor del planeta para que destruyan la nave.

—¿Entonces?

—Gárinor es un planeta entero. Hay al menos diez mil reclusos aquí. Este conjunto de celdas es tan solo un bloque. Los Zaraki nos mantienen separados con el fin de que seamos más fáciles de dominar. Pero estamos planeando una revuelta. Una revuelta de reos en la próxima visita del alcaide Zurdock. Tras lo cual iremos de bloque en bloque hasta que todo Gárinor esté liberado.

Kriggs se rió.

—¿Y en verdad creen que podrán derrotar al ejército Zaraki? Zarak enviará a todas sus naves militares en la zona a retomar control del planeta. Suponiendo que sean capaces realmente de liberar todos los demás bloques.

—Vale la pena intentarlo.

—¿Por qué me cuentas esto?

—Porque tus habilidades de espía son esenciales para que el plan funcione. Tus capacidades de combate son fundamentales en la lucha contra los guardias. Si aceptas unírtenos, hablaré con Guller y estoy segura de que éste ignorará las súplicas de Torres. Aún más, eres una soth, ¿no?

—Te diste cuenta, ¿verdad?

—Los soths son cyborgs, debes tener algún dispositivo electrónico dentro de tu cuerpo que te permita infiltrarte en los sistemas informáticos y obtener la contraseña.

—Tú también eres cyborg. ¿No lo puedes hacer tú misma?

—No. Mis sistemas no son ni lejanamente tan sofisticados como los soths. Ha como yo lo veo, querida, tienes dos opciones; aceptas el trato y te unes a mí, ayudándonos en la revuelta. O te dejo a merced de Guller para que te violen y te maten antes de que termine la semana.

—Si la revuelta falla —dijo Kriggs— nos ejecutarán a todos de forma horrible. Si la revuelta funciona, con Guller como el líder de este planeta no creo que me espere un destino muy agradable...

—Si la revuelta funciona podrás irte de este planeta cuando gustes. Y podrás regresar a los brazos de tu querido Corrado. Siempre y cuando nos ayudes. Haré que Guller se comprometa a dejarte ir.

—Como si la palabra de un pirata valiera algo. O la tuya.

—Hemos hablado suficiente. ¿Qué decides?

Kriggs sonrió.

—Si voy a morir, prefiero que sea como una rebelde y matando a unos cuantos guardias Zaraki en el proceso...