Capitulo XXVIII EL ASISTENTE
Las competencias ya llevaban un retraso de cuatro horas, así que, sin importar lo que ocurriera, el señor Witzmore, ordenó a todos sus ejecutivos, que los juegos seguirían sin mayor interrupción hasta que finalizará la última disciplina. Él, estaba decidido a que nada más le impidiera a que el Decatlón, fuera un éxito en la historia de la televisión nacional e internacional. Él, había apostado todo a conseguir un último baluarte al frente de sus empresas. Se había comprometido con su familia, a abandonar la silla presidencial, con este último proyecto, bajo su administración, y estaba dispuesto a lograrlo a como fuera. Cuando, por la pantalla, miró ingresar a Miguel, bajo los canticos y vitoreos, en las afueras del Edificio, furioso, escupió en un cesto de basura en una esquina de su escritorio, y frunció el ceño.
Algunos empleados de los estudios, que simpatizaban con el isleño, también aplaudían al paso de Miguel, por cada uno de los pasillos hasta que llego al camerino, donde Tomás, le estrecho la mano, así como Fernando, le recibió con un movimiento de cabeza y una sonrisa. La indiferencia de su llegada, provino de Fernando y Alejandro, como era de esperarse. Un asistente de producción, les informó a los cinco, que en 15 minutos, vendrían por ellos, para ser llevados al nuevo campo de batalla. Miguel, se cambió con el uniforme oficial del programa.
Tomás:- ¿Cómo te sientes, Miguel?
Miguel:- Dispuesto a conseguir el trabajo – le sonrió
Eduardo:- ¿Todo esto por un estúpido trabajo? – se amarraba los calzados
Fernando:- Escuché que buscas cumplir tu sueño de jugar unos minutos en un equipo que no tiene probabilidades de ganar el grupo en que se encuentra ¿Es cierto? – bebía agua de un recipiente cristalino que le proporcionaron los asistentes
Miguel:- Es la segunda razón, bueno realmente, sería la tercera. Primero, el trabajo, luego los niños pobres y…
Alejandro:- Oye, oye – se le acerco muy molesto con una toalla en una de las manos, y le hundía su dedo índice derecho en el pecho – ya no estás frente a las cámaras, amigo, así que ya deja de fingir que todo esto lo haces por una causa noble, que realmente nadie aquí te cree
Tomás:- No hables por mí, grandulón – se le acerco muy amenazante a su lado – que aunque no lo creas, yo si le creo a este hombre
Alejandro:- No veo por qué no – dibujo una sonrisa sarcástica – seguro te recuerda a tu endeudado viejo, el señor Ingeniero civil fracasado del pueblo más horroroso, Durazno
Tomás:- No te metas con mi Padre, imbécil – le levanto su dedo índice en el rostro
Alejandro:- ¡Uy, qué miedo!, mira como tiemblo – se estremecía como gelatina – si lo que quieres es apoyar a este tipo por lástima, allá tú, pero es una vergüenza que le permitieran participar con jóvenes talentosos como nosotros
Fernando:- Pues ese tipo, como le dices, - paso frente a él para recoger una toalla – te ganó ayer dos de cinco, amigo
Alejandro:- Suerte de principiante, es todo
Miguel, hizo caso omiso de todos los comentarios, pues le interesaba más vestirse y concentrarse en lo que vendría. Tomás, no dejo de mirar con una visión felina a Alejandro, mientras este se codeaba con Eduardo, celebrando las “verdades” que consideraba debía decirle a Miguel. Unos minutos después, vinieron por ellos, y en helicópteros, se los llevaron a muchos kilómetros de ahí, hasta cerca del puerto, donde el resto del equipo de producción, paramédicos, salvavidas, guardacostas, los estaban esperando.
Andrés, era una persona con una muy buena memoria y un sentido de la orientación, que le pareció extraño que el Tuerto, se hubiera desviado del camino que varias veces lo llevaron hacia los Estudios Witzmore, pero sin embargo, permanecía impávido esperando que aquello se tratara simplemente de un atajo. El Tuerto, constantemente, se comunicaba por teléfono con Cheng, quien le confirmaba que todo se encontraba preparado. En unas viejas bodegas, cerca del muelle, el vehículo del Tuerto, estacionó frente al portón de una de ellas, y pito tres veces, como señal para que el portón se abriera, lo cual efectivamente ocurrió e ingresó a su interior.
Cheng:- Bienvenidos, señores de la Isla perdida del Mar
Katia:- ¿Qué hacemos aquí? – salía del vehículo muy sorprendida
Tuerto:- Es que aquí es el mejor punto para poder ver la competencia
Ruth:- ¿Aquí? – miraba a su alrededor
Andrés:- Lo siento, Tuerto, pero ya tenemos entradas con mejor vista que aquí, no quiero que te ofendas – y se dirigió nuevamente al vehículo, seguido por el resto del grupo
Tuerto:- Lo siento, Andrés, pero no será posible – y saco un revolver y les apunto a todos
Michael:- ¿Oiga, señor, qué diablos está haciendo? – levanto las manos
Tuerto:- Creo que es demasiado claro ¿No? – hizo una mueca con la nariz
Estela:- Tranquilo, señor Tuerto – se aferro a Michael
Tuerto:- Solo díganme Tuerto, no señor Tuerto, estoy cansado de que me llamen así
Cheng:- ¡Qué importa cómo te digan, ratón! Ahora sigamos con nuestro plan
Ruth:- ¿Plan? ¿Qué Plan? - abrazaba a Manuel
Manuel:- Oye, Tuerto, Cheng, amigos, si esto es una broma, realmente es de mal gusto – trato de caminar unos pasos hacia ellos
Cheng:- No te muevas Manuel, que no queremos lastimar a nadie – extrajo otro revolver y les apunto, lo que hizo que Manuel retrocediera
Katia:-¿Qué quieren de nosotros? – también levanto la mano al ver que los demás lo hacían
Tuerto:- De ustedes nada queremos, solo de Miguel
Andrés:- ¿Mi compadre? Pero si él ya está haciendo lo que tú querías, Tuerto, está compitiendo para conseguirle el trabajo a tu amigo
Tuerto:- ¡Qué tipos más ingenuos, Cheng! – Se mofaba de ellos - ¿No lo crees?
Cheng:- Ver para creer, ratón – luego su voz se torno más seria – miren, solo queremos que Miguel, pierda la competencia de hoy
Manuel:- ¿Qué la pierda? – Miraba a Andrés y al resto - ¿Pero, por qué?
Tuerto:- No hay tiempo para tanta explicación, pero solo queremos que tú – dirigiéndose a Andrés – lleves el mensaje a Miguel, y le digas que debe hacer todo lo posible por perder
Andrés:- ¿Y si no, qué? – lo miro muy enojado
Tuerto:- Matare a todos tus amigos – y disparo al aire
Todos se asustaron, y las parejas se abrazaron. Andrés, retrocedió para proteger a Katia, y a Jade.
Andrés:- ¿Y cómo se supone que hare eso?
Cheng:- Logre que te incluyan en el equipo de Miguel, como “asesor”, así que podrás tener contacto personal y directo con él. Lo demás corre de tu parte, pero deberás asegurarte que entienda bien el mensaje y no haga nada por ganar
Andrés:- Bien, lo haré, pero no dañen a mi familia y ni a nadie
Tuerto:- Eso dependerá de Miguel y de ti. Ahora vete, que la competencia va a iniciar. Un vehículo te espera afuera para llevarte y toma esta credencial para que te integres al programa
Andrés, besó a Katia y a Jade, y se despidió del resto del grupo, y salió de la bodega, donde un automóvil lo esperaba, y luego se encamino hasta el puerto, donde ya Tony, el presentador oficial, anunciaba el inicio de la sexta prueba. En esta ocasión, los competidores, debían nadar desde la playa hasta una boya, a un kilometro de distancia y regresar. A la par de Miguel, estaban Eduardo y Fernando, y todos esperaban el disparo de salida del Juez de campo. En esos momentos llegaba Andrés, quien al ver a su compadre, corrió hacia él para advertirle de la situación, pero había muchas personas en su camino.
Miguel:- Espero que el agua no esté tan fría – le dijo sonriendo a Fernando
Eduardo:- ¿Temes que puedas derretirte por el sol y el agua salada? – se burlaba del comentario de Miguel
Miguel:- Para serte franco, eso no me preocupa, sino la cantidad de tiburones que frecuentan las partes cercanas a la costa
Eduardo:- ¿Tiburones? – Aquella observación realmente lo preocupo - ¿Crees que exista la posibilidad de que…, tu sabes, de encontrarnos con algunos tiburoncitos?
Miguel:- Precisamente son unas de las tantas cosas que uno debe estar atento cuando nada en mar abierto. Allá en la Isla, ponemos atención a las mantas rayas, a las serpientes marinas. A ese tipo de cosas – lo dijo sin mala intención y mientras estiraba sus brazos hacia adelante y atrás
Fernando:- ¿Asustado Eduardito? – se burló al constatar que su compañero, mostraba un rostro de preocupación
En eso, Andrés, llegó hasta la valla que separaba la zona de competición, con el resto de personas. Desde ahí comenzó a gritarle a Miguel, pero los ruidos de los buques a pocos metros, no le permitieron que éste le escuchara. En ese momento, se escuchó el disparo y todos se metieron al mar, y comenzaron a nadar. Todos realizaban el estilo libre tradicional, menos Miguel, quien se sumergió y desapareció de la mirada de la televisión y del público. Nadie sabía que pasaba. Alejandro, iba a la cabeza, seguido por Tomás, luego Fernando, y al final Eduardo, quien no se concentraba por temor a los animales que le había mencionado Miguel.
En la bodega, Cheng, procedió a amarrar a cada uno en varias sillas, y junto al Tuerto, miraban la pantalla de televisión.
Tuerto:-¿Qué se hizo ese idiota? – no creía que Miguel, hubiera desaparecido
Cheng:- ¿Y donde esta nuestro mensajero? – lo buscaba entre las personas de la playa
En la Isla, todos sonreían y gritaban el nombre de Miguel, así como veían con orgullo, la notable participación de su coterráneo, aplaudiendo cada paso que aquel daba. Alejandro, observaba como se aproximaba a la boya, para tomar una de las cinco banderas y luego retomar el camino de regreso. Parecía que aquello sería su segunda disciplina, cuando de pronto, de la nada, emergió Miguel, junto a la boya, y tomo una de las banderas, ante la algarabía de todos, que se sorprendieron del aguante mostrado por él debajo del agua en tan larga distancia. Pero esta vez, Miguel, opto por regresar en estilo libre, presenciando todos, la velocidad que desarrollaba en la superficie del mar. Alejandro, atónito lo miro pasar a su lado, mientras él le faltaba dos metros para alcanzar la boya. Igual ocurrió cuando dejo a Tomás y a Fernando. El paso firme de sus braceadas, iban acompañadas de los gritos del público, incluyendo los televidentes.
Tuerto:- Desgraciado Isleño – sus ojos echaban chispas de la furia al mirar como Miguel, se aproximaba nuevamente a la orilla
El grito de Tony, anunciando a Miguel, como el ganador de la sexta competencia, fue celebrada por todos. Incluso, Eduardo, al escuchar la sirena de un bote de los jueces, que les informaba que ya había un ganador, lo conforto, y rápidamente se subió al bote para ser llevado nuevamente a tierra. Una vez que recogieron a todos, los reunieron con Miguel, en la orilla. Fue en esa oportunidad que Andrés, pudo aproximarse hacia su amigo
Andrés:- Compadre, debemos hablar – le dijo muy excitado
Miguel:- ¿Vio, Compadre? Fue muy fácil, como un delfín – acotó alegremente
Andrés:- Me alegro por usted compadre, pero tenemos un grave problema ahora entre manos
Miguel:- ¿Qué pasa, Compadre? – se preocupo
Una vez que Andrés, le explico, la voz de uno de los miembros del equipo de producción, le informó que ya todo estaba listo para llevarlos a otro lugar donde se realizarían las siguientes pruebas. Ya en el campo verde, cerca de un parque infantil, donde muchos niños se aglomeraron para ver a su héroe, el isleño, se les proporciono a los atletas, varios arcos y flechas, para celebrar la justa en arquería. El favorito en la misma era Fernando, precisamente, quien desde muy niño se había dedicado a tal disciplina. Pero en la Isla, todos estaban confiados en la destreza de Miguel, para el uso del arco y la flecha, pues, era su forma de vida al salir a cazar a los bosques. Pero, nadie sabía que Miguel, debía primero ser leal a su gente que se encontraba retenida en contra de su voluntad, que ganar.
Alejandro, trato de hacer todo lo necesario, pero en los tres intentos, el puntaje fue muy bajo. Eduardo, logro atinar dos de tres, y Fernando, logró el mayor puntaje con los tres disparos. Miguel, que por sorteo fue el último, miraba a lo lejos a aquella cantidad de niños que depositaban su esperanza en él, al igual que podía escuchar los gritos de todos los presentes que anhelaban de él un nuevo triunfo. Sin embargo, fijo su mirada al suelo, mientras mantenía sus manos en el arco y la flecha, ya colocada ésta listo a disparar. Tomo aire, y miró luego a la diana. Era un tiro fácil, por la distancia, pero en su mente estaban las imágenes de sus amigos, así que cerró los ojos y dejo ir el primer disparo, que paso lejos del objetivo, ante la voz ahogada del desaliento de quienes veían el evento. La prueba había finalizado con el triunfo inobjetable de Fernando, quien saltaba de alegría. En la Isla, nadie podía creer que Miguel, pudiera fallar lo que parecía algo imposible de que sucediera. Todos se miraban en busca de una respuesta a lo que sus ojos habían atestiguado.
Por directriz del señor Witzmore, no había descanso alguno, por razones del tiempo, y por lo tanto, subieron a los competidores, para llevarlos a un lugar contiguo, donde se realizarían dos de las siguientes pruebas. El lanzamiento de jabalina y el salto largo sobre vara. En la bodega, todos los amigos de Miguel, estaban tristes por lo que miraban en la pantalla. Un Miguel, derrotado no por falta de capacidad sino por miedo ante las amenazas de muerte contra ellos. En las afueras de la bodega, Marbelly, y su pequeña hija, sigilosamente se asomaron por la ventana, y verificó que todos estuvieran en el lugar, pues, luego de que les dio persecución, observo que se habían desviado del camino, por lo que los siguió hasta el muelle, pero los había perdido, así que tuvo que ir bodega por bodega, hasta que pudo encontrarlos. Ahora, no entendía porque estaban amarrados, pero no era una buena señal, así que debía ayudarlos.
En la pista, Alejandro, realizó el lanzamiento de la jabalina, y la misma cayó muy lejos, posicionándose en el primer lugar. Ni Fernando, ni Tomás lograron, arrebatarle esa posición. Miguel, al tomar la delgada vara, tenía la plena confianza que el poco peso de la misma, no le sería difícil, lanzarla muy lejos de la zona en que había caído la que correspondía a Alejandro. Pero, volvió a ver al público, propiamente a su amigo Andrés, y éste le miraba con compasión. Así, que ante el silbato del Juez de campo, sin muchas gana, se impulso para realizar su movimiento, pero si fuerza suficiente para lograr ganar la justa. Alejandro, tenso sus fuertes brazos, como muestra de su alegría por la victoria, y haciendo gestos de su belleza corporal. Muchos, dentro y fuera del Estudio, se sentían desalentado por los fracasos seguidos de Miguel. El Señor Witzmore, se sentía feliz por lo que miraba. Luego, los competidores se aprestaron a iniciar la competencia del salto largo sobre una vara a dos metros del suelo. Como era de esperarse la estatura de Alejandro, fue su aliado para vencer cómodamente esa disciplina. Había un empate entre Miguel y Alejandro, por lo que la quinta prueba sería la clave para otorgar el trofeo al ganador del primer Decatlón.
El señor Witzmore, realizo una rápida llamada para, permitir los comerciales y anuncios de los patrocinadores, por lo que habría un descanso de una media hora, para que todos estuvieran pendiente del final del programa. Este fue el momento que todos aprovecharon para hablar en el público, ente los televidentes, y en la Isla. Andrés, se aproximo a su amigo para darles ánimo.
Andrés:- Lo siento, compadre – le dio una palmada en su espalda
Miguel:- Solo necesitaba ganar un par de juegos más y el trabajo era nuestro, y ese dinero para los pobres niños que tanto lo necesitan, ya estaba asegurado – se lamentaba mientras bebía un poco de agua pura
Andrés:- Lo sé, compadre, pero ese Tuerto, salió una verdadera rata ¿Qué podemos hacer? Él tiene a nuestra familia y amigos, compadre
Miguel:- ¿Y no hay nada que podamos hacer? – quiso buscar alguna posibilidad que revirtiera el panorama
Andrés:- No lo creo, compadre
En eso ingresó un asistente de la producción.
Joven:- ¿Y usted quién es señor? – se dirigió a Andrés
Andrés:- Soy el asistente de mi compadre – y le mostro la insignia que colgaba de su pecho
Joven:- Bueno, solo tiene unos 5 minutos más porque no puede estar en el descanso del atleta
Andrés:- Cálmate hombre, no te pongas así, lo entiendo
Miguel:- Él me está asistiendo, muchacho, así que no hay problema
Luego, él se retiro, y los dos amigos, quedaron en silencio.
Cheng y el Tuerto, estaban muy contentos, sabía que si Alejandro, ganaba la siguiente prueba, ambos se volverían los hombres más ricos de la ciudad. Cheng, tal vez, no ganaría la apuesta con el señor Witzmore, y perdería la ampliación a su programa, pero ya eso no le importaba porque el resultado de las apuestas eran más que suficiente para darse el lujo de perder el programa, y jubilarse cómodamente. Mientras, Estela, y Ruth, no podían aguantar más las ganas de usar el sanitario, así que ante sus suplicas, el Tuerto, las desamarró y las acompaño al sanitario.
Estela:- ¿Qué hacemos, hermanita? – vigilaba que nadie estuviera escuchando
Ruth:- Debemos escaparnos e ir por ayuda ¿No crees? – le contestó muy nerviosa
Estela:- No, lo creo, si nos vamos, les pueden hacer algo a los demás – no tenía ni una sola idea de cómo poder salir de esa situación
Ruth:- Pero, tampoco podemos quedarnos sin hacer nada y ver como Miguel se humilla por nosotros – le dijo un poco angustiada
Estela:- Lo sé, no es justo para él, pero no creo que podamos hacer algo por el momento
Tuerto:- Ahí adentro, salgan ya – golpeó la puerta del sanitario apresurando a las mujeres para que salieran
Todos rezaban, elevaban sus plegarias al cielo, porque había mucho en juego, sobre el resultado de la última prueba. Así, que casi nadie se despegaba de sus televisores, ni se levantaban de sus asientos. Había nerviosismo y frenesí, en cada ciudadano, tanto nacional como internacional, por lo que aquellos comerciales, que pasaban en el entremés, no eran más que una tortura para quienes esperaban el gran desenlace.