CAPÍTULO 27

Meses después.

Me encontraba sentada en el borde de la cama pensando en cómo nuestras vidas habían cambiado y sosteniendo fuertemente mi celular entre mis manos. Todo era una locura.

Estaba por cumplir los cuatro meses de embarazo y agradecía que mi barriga no hubiera crecido aun, mi cuerpo cambiaba con el pasar de los meses, mis caderas se habían ensanchado y lo lógico, mi peso había aumentado, pero mi abdomen aun pasaba por desapercibido, todo gracias a mis vestidos holgados y la ropa oversize que diariamente utilizaba.

Hoy empezaba un nuevo semestre y seria todo un reto para mi vida, pronto todos se enterarían que estaba embarazada y tendría que lidiar con los rumores que empezarían a correr sobre mí, pero comenzaría este nuevo año de la mejor manera así que no me importaba, sentía que era mi momento y lo disfrutaría.

Por ahora todo estaba en calma en nuestras vidas y la felicidad reinaba; después de dos meses mi madre había vuelto con Noah y Zeynep, no podía estar tan agradecida con Dios y los médicos, mi hermano veía nuevamente y saberlo alegraba todas mis mañanas.

La navidad pasada no había sido la mejor, pero Roman se había encargado de que disfrutara cada segundo y se convirtiera en momentos que jamás olvidaría, menos mi tan traicionero corazón que empezaba a latir cada vez más en su presencia, lo que me asustaba. Por otro lado, Alessandro había insistido todo este tiempo en que nos viéramos, pero siempre lo evadía o no respondía sus mensajes, ayudaba mucho que nos encontráramos en una nueva casa. Nadie excepto familiares sabían en donde estaba ubicada, todo por precaución, pero justo ahora sabía que no tenía otra opción.

Su mensaje era demasiado claro, tenía que verlo, aunque no quisiera. Era muy débil con él, tan débil que no quería retroceder todo lo que había avanzado con Roman.

Quería que funcionara y Alessandro lo echaría todo por la borda.

¡Maldito!

La puerta de mi dormitorio fue abierta, miré de reojo viendo como Lena se acercaba.

—En unos minutos bajo a desayunar —informé, deduciendo que esa era la razón por la que había venido.

—Ok —asintió, sentándose a mi lado.

Respiró hondo y volteó a mirarme.

—¿Sucede algo? —pregunté.

—Estaba pensando en hacer un viaje de chicas a Cancún, Sofía, tú y yo. ¿Qué te parece? —fruncí mi ceño y negué.

¿Acaso sentía culpa?

—¿Te olvidas que ya empezó la universidad? —inquirí demasiado obvia—. Además, dejaste tu trabajo por mucho tiempo. No puedo, pero creo que Luciano estaría encantado de ir.

Me levanté para irme, pero su agarre en mi muñeca lo impidió.

—También fue difícil para mí, son mis hijos, mi vida, lo más preciado que tengo. Estuve incompleta todo ese tiempo, pero tenía que…

—No tenías que, mamá —no quería causar problemas—. Noah tiene una familia y se llama Zeynep y Rose, Luciano esta soltero, Sofía es una niña y yo soy una descarriada sin futuro. Seguimos bajo su seno, tienes un esposo que no concibe pasar un día sin ti.

—Él me necesitaba, perdió la vista y nunca he podido equilibrar las enfermedades de Noah con la familia y me siento tan mal.

—Exacto, Noah te necesitaba y yo necesitaba a una mamá a quien decirle que estoy embarazada y que no tengo una puta idea de quién es el padre —solté todo rápidamente, dejándola en shock y pálida—. Es el único defecto que tienen los padres, no pueden dividirse.

—Tú…tú… —miró mi barriga y alzó la camisa que llevaba, sus ojos se abrieron grandemente cuando vieron mi diminuta barriga.

—Dejaré que lo proceses y hablaremos cuando llegue, nadie aparte de Luciano y mi padre lo sabe, te pido por favor que no le digas a nadie más. Que tengas buen día mamá.

La besé en la frente y salí cuanto antes de mi habitación, tenía que aprovechar ahora que estaba procesando todo, cuando vuelva en la tarde una larga, enserio larga charla me esperaba.

No era como me imaginaba que le diría, pero no importaba, me quitaba un peso de encima.

—Te llevo cariño.

Un hermoso italiano se encontraba a punto de salir, me detuve un momento para observarlo y sonreí.

Enserio tenía un papá muy sexy.

—Ya sé porque mamá se enamoró de ti —canturreé, acercándome y dándole un beso en la mejilla—. Los tiempos en que me llevabas ya pasaron, ahora tengo un novio que lo hace.

Rodó sus ojos y bufó, aun no se acostumbraba a la idea de que uno de sus trabajadores sea mi novio.

—No me lo recuerdes, cada vez que lo veo quiero estrangularlo.

Negué sonriendo, mientras recordaba el día en que le dijimos.

Flashback.

—¿Tienes puesto el chaleco antibalas? —pregunté, antes de que entráramos al salón donde nos esperaban mis padres.

Abrió su camisa

—No estaría aquí sin él.

Ambos sonreímos y entramos agarrados de la mano, lo que llamó la atención rápidamente de ellos.

Alexander se levantó rápidamente con su ceño fruncido.

—Alexander, espera —lo agarró mamá—. Dejemos que hablen, no hagas nada sin antes escuchar. ¿Qué es esto?

—Señores Ivanov, amo a Luciana y la amo tanto que estoy parado aquí frente a ustedes, sabiendo que posiblemente salga con un tiro en mi pecho y no pueda vivir este amor con ella —rodé los ojos por lo dramático que era—. Luciana y yo somo novios, por eso quiero tener el permiso para salir con su hija.

…

Silencio.

Creo que si una mosca pasara escucharíamos su maldito zumbido.

—Papá —apreté la mano de Roman, empezaba a sentirme un poco nerviosa.

Jamás había tenido que vivir este momento. ¿por qué había dicho que hablaríamos con ellos?

En un movimiento rápido sacó su arma de la pretina del pantalón y apuntó a mi novio.

Si en mi mente se escuchaba raro, no me imaginaba tener que decirlo.

—¿Quién te crees?, ¿piensas que puedes venir y pedir permiso para salir con mi princesa? ¿así de simple? —agarró su cuello y lo jalo hacia él; Lena me separó de ellos inmediatamente—. ¡¿Piensas que es así de fácil tener a una Ivanov?!

—Emm sí —dije, al pensar que yo no era tan difícil.

Agaché la cabeza rápidamente cuando me volteó a mirar enojado. Odiaba ver a papá enojado.

—Por eso he venido a dar la cara, quiero hacer las cosas bien.

Alexander lo soltó y se rio a carcajadas mientras sacaba el celular y mandaba un par de mensajes.

—Veremos si eres digno de tener a mi princesa, sígueme y Luciana —advirtió, pues estaba a punto de hablar—. No te metas, esto es un asunto entre hombres.

Con eso dicho ambos salieron de la sala y se fueron rumbo a no sé, lo desconocido.

—¿Qué carajos está pasando, mamá? —pregunté asustada.

—No lo sé —confesó confundida—. Alexander y Nikon años atrás hablaron algo sobre el hombre que quisiera estar con sus hijas, creo que tendría que pasar por algo, siempre quise saber, pero nunca dijeron más de la cuenta y hasta ahora nunca tuvieron que hacer algo así.

Abrí mis ojos grandemente y saqué mi teléfono para llamar a Noah.

—Si… —respondió al tercer tono.

—Roman habló con papá sobre nosotros dos y quería el permiso para hacerlo oficial, no me preguntes el qué —negué, pude escuchar una risa de su parte.

—Y papá se lo llevó, ¿cierto?

—¡Tú sabes! Por favor dime que le harán y a donde lo lleva.

Empecé a caminar de un lado a otro con los nervios a flor de piel.

—No —dijo, escuché como varios motores eran encendidos.

—Te vas a reunir con ellos —afirmé.

—Sí Luciana, todos los hombres de la familia —me detuvo antes de hablar—. No te diré nada, si es para ti volverá.

—¡Noah Ivanov! —grité enojada, tendría que recurrir a lo sucio—. ¿última palabra?

—Ultima palabra —dijo firmemente.

—Ok, no me digas —respondí sonriente—. Pensé el decirte el nombre de ese chico apuesto del centro comercial que le pidió el número a tu esposa y que ella sin problema se lo dio —reí—. Hoy me escribió que la invitara a cine y adivina quien hará que se encuentren.

La línea estuvo en silencio por varios segundos. Sabía que había dado en su punto débil y que justo ahora estaba a nada de devolverse e ir y hablar con ella.

—Estaremos en el Hell.

Colgué y agarré de la mano a mamá. Teníamos que irnos cuanto antes.

—¿En dónde están? —preguntó.

—¿Qué es el Hell? Noah dijo que estarán allá, ¡¿Cómo es posible que vayan al infierno?! ¡mamá!

Ahora había sido ella quien me agarrará y corriera hacia el estacionamiento.

—Es una propiedad, un día fui y es el infierno Luciana.

Fin del flashback.

—Yo aun no te perdono por querer que Roman pasara por esas pruebas suicidas. Mi tío y tu no son normales.

Me miró ofendido e hincho su pecho a lo macho.

—Nosotros a la edad de quince años realizamos cada maldita prueba del Hell —lo miré horrorizada.

—¿Tienes traumas papi? ¿qué clase de padres tuviste? Es ahora donde agradezco por tenerlos, sí son un poco despistados, pero… —me callé al ver su rostro—. Creo que ya llegó Roman.

Sonreí inocentemente y me fui cuanto antes.

[…]

—Mi mamá empeoró —soltó, dejándome atónita—. Debo ir, dicen que tal vez no salga de esta y…

—No digas más —lo abracé como pude desde el asiento—. Lo siento mucho.

—Lo sé —susurró abatido.

Me dolía el pecho verlo tan triste y saber por lo que pasaba. ¿Qué podía ser para que sonriera?

—¿A qué hora viajamos? —pregunté, haciendo que se separara abruptamente.

—No Luciana, ni siquiera lo pienses —advirtió.

—¿Por qué?, ¿piensas que te dejare en un momento como este? —cuestioné incrédula—. No te dejaré, soy tu novia.

Lo dije maldita sea.

—Hoy es tu primer día de clases, estas embarazada, no sabemos si te afectaría y no quiero exponerte. ¿ok? —agarré su rostro entre mis manos y sonreí—. Por favor.

—No puedo Roman, no podría pensar en nada mas que en tu situación. Tengo que estar a tu lado —retiró una de mis manos y la poso sobre su pecho.

—Estarás aquí cariño, siempre lo estas —mis ojos se aguaron.

Ay Ay.

—El viernes viajaré y estaré el fin de semana con ustedes y no aceptaré un no como respuesta —nos miramos fijamente y perdió.

—Está bien.

Le di un beso de despedida y me bajé del automóvil justo cuando Alessandro me llamaba.

—¿Qué quieres? —pregunté, caminando hasta la entrada.

—Después de las clases, ¿ok?

¿Cómo podría verlo a la cara? No podía verlo, no aguantaría.

—Está bien —colgué cuando vi a Zeynep muy sonriente.

— ¡¿Por qué esa sonrisa?! —grité, atrayendo la atención de varios.

Zeynep se volteó y por su rostro, sabía que estaba avergonzada de llamar la atención.

Era una maldita Ivanov, tendría que acostumbrarse.

—No veo la necesidad de gritar cuando ya te acercabas. ¿Cuándo aprenderás a comportarte?

—Ya sé cuándo…Nunca.

Sonreí al molestarla, amaba hacerlo.

—Ya no sé por qué aún sigo pensando que cambiaras —tampoco yo—. ¿Cómo estás?

—Creo que él me gusta de verdad y estoy asustada Zeynep —hablé rápidamente, hablar de este tema era incomodo y sabía que era más que un gusto, pero era difícil hablarlo.

— ¿Estamos hablando del chofer? —aclaró algo confundida.

— ¿De quién más? —inquirí ofendida.

— ¿Enserio quieres que responda? —Negué—. ¿Estas asustada por qué te gusta?

—Estoy asustada porque sé que la cagaré y haré que jamás me quiera volver a ver.

—Sí te gusta no lo harás, es muy lindo que por primera vez te gusté alguien de verdad. Felicidades.

—Lo haré, en cuanto aparezca Alessandro —confesé preocupada, no podía verlo—. Sé que Alessandro no me conviene, pero mi vagina no razona.

—Un dato innecesario Luciana —empezó a caminar más rápido, dejándome en el camino.

—No me dejes —recordé el mensaje de la mañana y mejor decírselo antes que se me olvidara—. Oye tengo un trabajo para ti, ayudar en una presentación de danza oriental a unas inexpertas tablas.

— ¿Cuándo? —indagó.

—Tienes que pasar más tarde para hablar con ellas y fijar los días de ensayo —asintió—. Facultad de artes, hoy estarán todo el día en el auditorio del segundo piso.

—Gracias —sonreí, sabia cuanto amaba bailar.

No dijimos nada más, entramos a clase, pero no pude concentrarme ni un momento. Tenía mi corazón latiendo a mil, estaba demasiado preocupada.

¿Cómo podría verlo a la cara?, ¿mi papá muy posiblemente había matado al suyo?, ¿qué debería de hacer?