Abril
San Salvador, 2018
-¿Oye, me puedes esperar aquí?-le digo a Jin mientras me pongo de pie y me cruzo por el hombro la bandolera de MK. Observo hacia afuera del ventanal del Café Fulanos. -Como que está algo oscuro. -digo- quizá llueva otro rato. ¿No lo crees?
Devuelvo la mirada hacia Jin quien me ve con recelo. Para antes de que pueda dar un paso más me tira hacia él quedando con los rostros demasiado cerca.
- ¿Y si mejor voy contigo? - me asesta un beso en la mejía.
-Jin…-me alejo de él- Ya lo hemos hablado. -le susurro observando a nuestro alrededor avergonzada.
Este no deja de mirarme con la misma expresión tierna y blanda que por más enojo que tenga nunca cambia. Me acaricia el mentón y solamente suspiro en señal de derrota.
-Me importa un carajo lo que hemos hablado. Te quiero igual. Y te lo haré saber todos los días, aunque tú no me lo pidas.
-Pero es que tú sabes que…
-Lo sé, Abril. Y no tienes que repetirlo todo el tiempo. Sé que estás confundida, que no sabes lo que sientes. No quieres lastimarme. Lero, lero, lero. ¿Crees que algún día puedas darme la oportunidad de colarme en tu corazón? ¿Cuándo dejarás de verme como el amigo de tu hermano o tu otro hermano mayor?
“Me encantaría verte con otros ojos Jin, pero no puedo, ya me di cuenta que no.”
-Me encantaría darte una esperanza, pero no puedo jugar con tus sentimientos o dejarme llevar por el impulso. Si crees que es mejor que me aleje durante…
-No Abril. No entiendes. No es eso lo que te pido. Solo…
Respira profundamente y me abraza con fuerza. Su corazón se acelera encima de mi pecho.
“¿Qué hago Dios?”
-Solo dame una oportunidad Abril. Por favor. -susurra.
“¿Debería? o ¿No debería?”
Lo abrazo con fuerza y tomo mucho aire antes de poder escupir lo que tengo que decir.
-Escucha Jin, desde que tuve el accidente he sentido como mi vida perdió el ritmo y el rumbo de las cosas. Aun no sé qué es lo que he perdido, pero a mi vida le falta algo. A parte de la memoria hay algo más que me falta, pero no puedo traducir que sea.
Jin se aparta de mí. Tiene la vista aguada. Cubierta de lágrimas.
-No entiendo que tiene que ver eso con nosotros. –dice herido.
-Si yo no encuentro mi pieza faltante pueda que te rompa el corazón. Eso es lo único que sé. -digo limpiando las lágrimas de sus ojos.
Ablanda la expresión como si le hubiesen quitado un peso de encima.
-Entonces rómpeme el corazón. Para mí sería un honor de que lo rompieras tú, eso sí, si lo vas hacer hazlo bien. Porque tus rechazos solo me hacen quererte más, cariño.
- ¿Qué quieres decir con eso?¡Pero que locuras son esas! -exclamo atontada.
Los nervios me sucumben hasta el punto de parecer un vibrador.
- ¿Quieres ser la primera y única mujer que me rompa el corazón? –sujeta mis manos apretándolas con fuerza.
“¿Podrás lidiar con ello si las cosas no funcionan o no salen como él espera?”
“Piensa bien antes de darle una respuesta”
-Dime que sí niña-suplica Jin con la esperanza bailando sobre sus ojos.
Aprieto los labios.
“Talvez me arrepienta, pero si lo hago que sea después de haberlo intentado”
-Que no se te olvide que te lo advertí. - esbozo una sonrisa.
Los foquitos que cuelgan del techo del café titilan en cuanto Jin me roba fugazmente un beso eterno. El ambiente bohemio y aroma a café se cuelan en mi ser.
En el alma.
En el corazón.
Sin querer se transforman en testigos de algo bonito, o quizá no.
“¡Por favor Dios, haz que no me arrepienta!”
Arranco mis labios de los suyos trazando una zopenca sonrisa entre nosotros.
-Necesito ir a la biblioteca. Me gustaría devolver un libro. ¿Me acompañas?
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Recorro uno a uno los pasillos de la biblioteca deslizando dócilmente mis dedos sobre los lomos de los libros, creando la loca idea de que muchos de ellos aguardaban allí pacientemente entre el polvillo poder ser leídos siquiera por un lector cascarrabias que dejara a medias su contenido, o a lo mucho poder ser ojeados. La conservación y preservación de un libro ya era demasiado para sostener su corta existencia y autenticidad.
-Ahora a lo que vamos-me digo derrotada.
Con la nostalgia colándose entre los huesos y el corazón herido por la vana ilusión me acerco a la colección siguiente: Colección de Literatura.
Si de algo estaba segura era de que, todo el tiempo que había pasado en la biblioteca realizando mis horas sociales cada segundo investigando más a fondo sobre las desapariciones de los libros, había valido la pena. Llegue al fondo del misterio encontrándome con la única respuesta de que algunos libros habían sido tomados por alguien sin saber cuándo y cómo. Entre uno de esos libros se encontraba el título “La Tempestad”, el cual despareció extrañamente y llegó a mí.
Fue después de aquel extraño encuentro con Gael, que me obsesioné con la idea de poder encontrarlo y verlo nuevamente en los alrededores del Centro Histórico, vagabundeando distraídamente por la plaza Gerardo Barrios o si la casualidad estaba de mi lado, en la Biblioteca Nacional. Sin embargo, en ninguno de esos lugares logré encontrarlo. Por un buen tiempo me deprimí porque añoraba verlo, conocerlo. Al final, después de analizar las cosas logré aceptar de que a lo mejor había sido producto de mi imaginación y que por esa razón sufría secuelas persistentes de dolores de cabeza y hemorragias nasales, todo por mantener vivo en el recuerdo a alguien cuya existencia no sabía si era cierta o real. Me di por vencida y dejé que se marchitara y se desvaneciera poco a poco su imagen.
Misteriosamente y por milagro del cielo un día los dolores de cabeza y hemorragias dejaron de aparecer. Mi hermano Alex y Jin pasaron noches enteras a mi lado atentos a cualquier señal de alarma. Quería morirme por tenerlos tan preocupados y angustiados por mi salud, que en vez de mejorar iba de mal en peor. Perdí peso, realicé actividades académicas desde casa y devoré un sin número serio de libros por semana, gracias a Jin, quien me llevaba libros cada fin de semana.
Por la razón de que me sobraba tiempo me dediqué a buscar ideas sobre cómo aprovecharlo y que más que personalizando cajas de cartón transformándolas en detalles especiales. Siempre había guardado ese talento innato que me caracterizaba. Así que decidí probar.
Mi primer intento fue una caja bordada con flores de tela de satín que se extendían por los laterales. Debajo de la tapadera, pegue una cinta de papel blanco con líneas negras, que asemejaba a una cinta de película, con la única diferencia que era de papel de color. La finalidad del detalle era que, al destapar la caja, en la tapadera colgara y se extendiera una cinta fotográfica. Tras haber sido mi primer intento estuvo bastante bien por lo que proseguí a publicarlo en las redes sociales. Para mi suerte, dos semanas después tenía una lista bastante comprometedora de clientes que pedían a su gusto los detalles de la caja personalizada. Me sentía lo suficientemente feliz y realizada. Solamente que este día no era el caso. Ni siquiera entendía como me encontraba y porque el recuerdo de Gael me neutralizaba consumiendo cada emoción y dejándome a merced de la nostalgia.
Por última vez me detengo a admirar un espacio vacío en la estantería, ese espacio que por mucho tiempo esperó a ser llenado y que desde hacía tiempo contemplaba y apreciaba cada vez que tenía la oportunidad. Omitiendo y excusándome a mí misma que tenía que regresar a su lugar de origen un tesoro invaluable.
“Se llegó el día, Abril, es hora de regresar la tempestad a la calma”
Me río.
-Parezco una tonta aquí parada mirando con nostalgia un hueco que no quiero llenar.
Dentro de la biblioteca hay un silencio total.
-A veces pareciera que el tiempo se detiene cada vez que vengo a este lugar. Aquí adentro no existe. Allá afuera el tiempo vuela.
De la bandolera extraigo ese libro que por mucho tiempo me hizo ir a otro mundo y venir a la realidad. Por más que intenté darles sentido a las cosas no logré conectar más las razones por las que ese día, ese ser extraño que me observaba desde la ventana dejó como pieza de su existencia un libro clásico. La Tempestad.
-No quiero quebrarme más la cabeza. Quizá haya sido un sueño, y tomé este libro por accidente. ¿Cómo? Tampoco tengo intenciones de saber. A lo mejor hice un cuento con todo esto y exageré.
Y por mas tristeza que sintiera tenía que regresar ese libro que durante un tiempo se transformó en la más grata compañía. Compruebo su estado antes de colocarlo y extraigo la cita que quizá yo misma escribí tiempo atrás.
“No tengas miedo. La isla está llena de ruidos, sonidos y aires dulces, que alegran y no lastiman. Shakespeare”
Doblo la nota y la guardo en la bandolera rápidamente. Con mucha dicha y tristeza revuelta regreso el libro a su lugar.
-Es gracioso-río. - Hasta encajas perfectamente eh. Al parecer solo hacías falta tú.
Mi teléfono vibra sacándome del breve momento conmovedor. Abro el chat de whatsapp.
𝒥𝒾𝓃
𝒫𝑜𝓇 𝓈𝒾 𝓃𝑜 𝓉𝑒 𝒽𝒶𝒷í𝒶𝓈 𝒹𝒶𝒹𝑜 𝒸𝓊𝑒𝓃𝓉𝒶 𝓅𝓊𝑒𝓈 𝑒𝓈𝓉á 𝓁𝓁𝑜𝓋𝒾𝑒𝓃𝒹𝑜. 𝐻𝑒 𝓋𝑒𝓃𝒾𝒹𝑜 𝒶 𝒷𝓊𝓈𝒸𝒶𝓇 𝓊𝓃 𝓅𝒶𝓇𝒶𝑔𝓊𝒶𝓈 𝒶𝓁 𝓂𝑒𝓇𝒸𝒶𝒹𝑜 𝓅𝒶𝓇𝒶 𝓆𝓊𝑒 𝓃𝑜 𝓉𝑒 𝓂𝑜𝒿𝑒𝓈. 𝐸𝓈𝓅é𝓇𝒶𝓂𝑒 𝓈𝒾𝑒𝓂𝓅𝓇𝑒 𝑒𝓃 𝓁𝒶 𝒷𝒾𝒷𝓁𝒾𝑜𝓉𝑒𝒸𝒶. 𝒯𝑒 𝓆𝓊𝒾𝑒𝓇𝑜 𝒶𝓂𝒶𝒹𝒶 𝓂í𝒶 ♥
Esbozo una sonrisa ante lo tierno y atento que es Jin.
𝒜𝒷𝓇𝒾𝓁
𝒩𝒾 𝓈𝒾𝓆𝓊𝒾𝑒𝓇𝒶 𝒽𝒶𝒷í𝒶 𝑒𝓈𝒸𝓊𝒸𝒽𝒶𝒹𝑜 𝑒𝓁 𝓂𝓊𝓇𝓂𝓊𝓁𝓁𝑜 𝒹𝑒 𝓁𝒶 𝓁𝓁𝓊𝓋𝒾𝒶. 𝒫𝑒𝓇𝑜, 𝒸𝓁𝒶𝓇𝑜 𝓆𝓊𝑒 𝒶𝓆𝓊í 𝓉𝑒 𝑒𝓈𝓅𝑒𝓇𝑜 𝒶𝓂𝒶𝒹𝑜 𝓂í𝑜 ♥
Suelto otra risita silenciosa suspirando por el momento.
“A lo mejor no sea tan mala la decisión Abril”
“Fluye con él. Él siempre te ha querido”
Miro por última vez el libro comprobando que en realidad esté en el lugar que le corresponde.
-No dejes que ningún hombre misterioso te tome nuevamente. Adiós amigo.
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Le pedí a Jin que por favor no saliera del mercado hasta que la lluvia se calmara, ya que esta se había logrado intensificar con los minutos transcurridos dentro de la biblioteca. Frente a la puerta de vidrio principal de la biblioteca me esfuerzo por mirar el exterior ahuecando las manos sobre mi rostro. Pero la lluvia es recia y densa que no deja ver nada. El vigilante a cargo de la entrada principal simplemente me observa extrañado por mi comportamiento. En mis adentros solo río.
En mi segundo intento por ver hacia afuera un rayo se desprende del cielo cayendo frente a la Plaza Gerardo Barrios, impacto que provocó que dentro de la biblioteca la luz se fuera de inmediato. La sorpresa es tan grande que mi corazón se detiene durante unos segundos por la impresión. Vuelvo a ver al vigilante que tiene los ojos como platos y con la mano en el pecho.
-Jamás había pasado algo así. Es mejor que se quite de allí. El vidrio al igual que los espejos atraen rayos, señorita. - me advierte.
Se retira sutilmente de su lugar y yo vuelvo dudosa la vista hacia afuera debatiéndome entre alejarme de la puerta o esperar a que pueda verse el exterior o a que cayera otro rayo. Sin embargo, mis ojos notan una figura muy pequeña al otro lado de la calle. Exactamente en el lugar donde había caído el rayo. Sin pensarlo dos veces abro la puerta y salgo a la calle, empapándome completamente por la lluvia.
“¿Pero qué haces mierda?”
“¡No lo sé joder!”
La sorpresa es más grande de lo que esperaba al llegar al lugar.
-Pero si es un cachorrito- digo desasiéndome de ternura.
Estaba empapado y le brotaba sangre de la nariz. Como si le hubiesen golpeado fuertemente.
“¿Pero quién lastimaría a un cachorro de tal manera?”
Por unos segundos pienso en que el pequeño e indefenso amigo, al verme que intente cogerlo entre mis brazos pueda morderme. Pero, mi sorpresa es más grande al suceder todo lo contrario. Simplemente se levantó por cuenta propia, renqueando de una patita, se colocó a mi lado apoyando su cabeza sobre mis pantorrillas. Como si rogara por ayuda.
Conmovida por la escena, sin pensarlo dos veces me despojo del suéter envolviéndolo con el.
-Ven lindo. Vámonos. -le digo con ternura.
Lo cojo con cuidado y regreso nuevamente a la biblioteca. Asegurándome de que el cachorrito esté bien.
Cruzo la puerta y me detengo.
-¡Dios! ¿Estás bien? – le pregunto al cachorrito.
Este levanta la cabeza sosteniendo una mirada de tristeza y dolor. Aun le sangraba la nariz y temblaba de frío.
“Los animales pueden decir muchas cosas con una sola mirada”
En ese instante la directora de la biblioteca aparece frente a nosotros sorprendiéndome con las manos en la masa.
-¡Mi querida niña!¡Dios santísimo!¡Pero si está empapada!- exclama alarmada.-¿Qué tiene en los brazos?
-Perdone usted, licenciada. Es que vi a este cachorrito allá afuera y salí por él. Está herido y no pude contenerme a dejarlo.
-¿Pero qué hace usted exponiendo su vida por los animales?- espeta al mismo tiempo en que se acerca a ver al cachorrito.
- La vida de los animales es tan valiosa como la de un ser humano. - respondo.
-Claro, pero no debería hacer eso. Imagínese si cae un rayo. Al joven Jin no le gustará esto, más que su salud es muy delicada.
Decido sonreír hipócritamente hasta que continúa la charla sobre qué vida es más valiosa.
“Todo el mundo es igual”
-Disculpe la molestia. Tendrá alguna toalla que me pueda prestar. - le sonrío estúpida.
Al cabo de unos minutos regresa con una toalla terciopelada. Un poco vieja pero servible. La expresión de la licenciada Abigail se deja venir cuando utilizo la toalla para envolver al cachorrito.
-Yo pensé que la toalla era para usted, no para el perro. - dice sorprendida.
-Ah, yo puedo esperar. El cachorrito no-contesto en tono despreocupado mientras seco y envuelvo al cachorro con la toalla.
En ese instante la puerta de la biblioteca se abre dejando ver a Jin, momento en el que me doy cuenta de que la lluvia se ha calmado.
-¡Jin!-reacciono sorprendida.
Me mira sorprendido, pero palidece de pronto por el estado en que me encuentro.
-¡Abril, por Dios!¡Estás empapada!-dice al momento en que se dirige hacia mí despojándose de su abrigo gris.
-Tranquilo-respondo a la defensiva evitando que coloque sobre mí su abrigo- no quiero que te lo quites. No tienes por qué.
-Claro que si- responde al momento en que lo coloca sobre mi hombro- ¿Por qué estas empapada? ¿Qué ha pasado?
Se percata que, sobre mis brazos, en medio de la toalla sobre sale una cabecita peluda.
- ¿Por qué tienes un cachorrito, Abril? -pregunta sorprendido.
-Sucede que…
-Sucede que Abril –interrumpe la licenciada Abigail- salió por el cachorro después de que cayera un rayo frente a la biblioteca. Por si no se ha fijado no hay luz.
Jin mira hacia adentro de la biblioteca verificando que sea cierto.
-Y salió por él en lo más fuerte y recio de la lluvia. –termina de explicar.
Jin me sostiene la mirada de decepción durante unos segundos hasta que explota.
-¿Te das cuenta de cuan peligroso es salir en medio de una tormenta con rayos asediando alrededor?-dice elevando la voz.- Y todo para ¿Qué? ¿Por un perro? ¿Por salvar a un perro, Abril, es en serio?
Simplemente no podía creer lo que oía salir de la boca de Jin. Increíble.
Asiento.
-Pues si-digo contestando ante el descontento de Jin- Y no me arrepiento sabes de haber salido como una loca y estúpida empedernida por un cachorrito en medio de una tormenta arriesgando mi vida por un ser indefenso.
Luego me dirijo hacia la licenciada Abigail.
-Licenciada. Un día de estos vendré, pero con una toalla nueva. Gracias por haberme permitido estar en la biblioteca realizando mis horas sociales. Espero tener las puertas abiertas siempre.
-Pero por supuesto que si-responde sorprendida. - Mi querida niña usted es una bibliotecóloga excelente. No dude en venir que aquí usted es bienvenida cuando quiera. –ríe dulcemente.
Le devuelvo la sonrisa.
-Bien. Entonces espéreme un día con café y yo traigo el pan.
-Me parece-responde
-De acuerdo. Entonces sin más yo me retiro. Con su permiso licenciada.
-¿A dónde crees que vas, Abril?-pregunta Jin conmocionado.
-Adiós licenciada. –digo al momento en que cruzo el umbral de la puerta sin contestarle a Jin.
Afuera aun llueve por lo que envuelvo con la toalla a mi nuevo amiguito. Estoy calada hasta los huesos por la lluvia y el frío, pero no importa.
Jin sale detrás después de unos segundos.
-Se puede saber a dónde carajos vas? qué nos ves que está lloviendo? -pregunta alarmado.
Lo apuñalo con la mirada indicándole lo molesta que me encuentro por su comentario sobre empático. Me quito su abrigo y se lo tiro en la cara continuando mi camino sin decir nada,
-¡Abril!¡Deja de comportarte como una niña, carajo!-.
Por el tono en que me hablaba dejaba más que claro cuan molesto se encontraba.
-¡Abril!¡Te estoy hablando joder!-exclama nuevamente.
Acelero el paso ignorando con más razón todo su palabrerío.
No quise mirar hacia atrás y menos dirigirle la palabra, porque entre más avanzaba más creía que se había rendido por completo.
“Creo que se ha quedado atrás “
Al llegar a la tienda de la esquina, después de Café Fulanos, alguien me sujeta del brazo retrocediéndome en el momento justo en que iba a chocar con un señor que iba a toda velocidad sobre su bicicleta.
“Quien sabe cómo hubiese terminado”
Me cercioro de que el cachorrito se encuentre bien y volteo a mirar a Jin, quien es el único salvador en mis tragedias. Sin embargo, quien yace frente a mí no es la persona que yo imaginé. Ni por cerca.
Mi cuerpo entra en calor con solo verle, como si su sola existencia o presencia le devolviera el alma a mi cuerpo que yacía sin vida desde hacía mucho tiempo. Me quedo sin palabras perdiéndome por completo en su mirada que parece una mezcla perfecta entre el jade y el mar. Lo tenía. Y estaba frente a mí, bajo un paraguas negro, con un aspecto muy diferente comparado a la última vez que lo vi.
“¿Cómo traduces esas sensaciones?”
-Te encontré. –dice desglosando sobre su rostro una impecable sonrisa.
-Eres tú. - sonrío como una estúpida embobada.
“Al fin te encontré Gael”
El tiempo se detiene entre nosotros y lo único que trasciende a través es la intensidad con la que la lluvia vuelve a caer en el momento en que sostenemos la mirada.
“¡Oh, Dios! “
Lo veo acercarse lentamente sin dejar de sostener la mirada. Trago saliva de los nervios porque en ese instante que transcurre lentamente coloca el paraguas sobre mí dejándonos a ambos bajo el mismo, con los rostros un tanto cerca y los alientos pausados.
“¡Niña, por Dios!¡Deja de mirarlo así!”
-Pero que sorpresa-digo en un tono bastante bobo.
La respiración me ha cambiado y sé que por el tono de mi voz la cara también.
-Lo mismo digo de ti. Me alegra haberte encontrado. – dice sin poder quitarme los ojos de encima que titilan de un brillo eviterno.
-¿Qué haces por aquí? Llevo buscándote un buen tiempo. ¿Qué te habías hecho? -digo mientras la lluvia cae más fuerte.
-Estaba…-y se detiene. Sonríe nuevamente como si alguna emoción lo llenara de tanta felicidad- estaba buscando la forma de coincidir contigo.
Asiento.
-¿Lo lograste?-pregunto sorprendida,
El momento parecía tan irreal.
-Salió mejor de lo que esperaba.
Ambos sonreímos sin saber que más decir. Después de sostener la mirada durante unos segundos rueda sus ojos hacia mi ropa. Me alejo un poco encogiéndome de la pena porque estoy escurriendo a cantaradas.
“¡Que vergüenza! ¡Justamente el día en el que decido olvidarme de él y darlo por superado me lo tengo que encontrar de la peor forma!”
“¡Bravo!”
-¿Me lo sostienes?-me da el paraguas.
-Claro-digo en el instante.
Se despoja de su abrigo y sin mediar palabras lo coloca sobre mí.
-Luce más en ti que en mí-se sorprende.
Toma el paraguas nuevamente.
-No tenías que hacerlo-digo avergonzada.
-Lo hago porque…no puedo dejar irte así. Creo que sería una excusa perfecta para volver a verte, ¿no crees?
-Pues…
-¡Abril!
La voz de Jin nos sobresalta a ambos.
-¿Qué haces?-dice elevando la voz.
Su tono me deja anonada, pero más me sorprende la bravura que se refleja en su rostro.
“Ni una tan sola vez había visto tan molesto a Jin”
Contesto con lo primero que se me viene a la mente.
-Eso no te incumbe-respondo.
-Claro que si-contesta apretando su quijada.
Se acerca hacia arrebatándome del brazo.
-¡Suéltame!¡Me lastimas!-exclamo.
Estaba molesta por el arrebato repentino de Jin.
Dijo que la soltaras. -repite Gael al momento en que toma la mano de Jin.
-¿Y tú quién eres, eh?-contesta Jin quien tenía la cara hecha furia.
-Soy Gael. Y soy lo que ella decida que sea. -responde firmemente.