Capítulo Cincuenta y Nueve

—No, no lo haré… porque Te amo —. Le costaba pronunciar cada una de las últimas dos palabras, pero luego continuaba—. De verdad Lizbeth Lloyd. Tú provocas que vuelva en sí… hacer lo que hice recién… me hizo dar cuenta, lo jodidamente mal que estoy… Pero tú me salvaste… Joder… Te Amo Lizbeth, no soy bueno con las palabras… —. Se avergonzaba y dejaba de mirarme, me lanzaba sobre él rodeándolo con los brazos alrededor de su cuello.

—Eres muy bueno, Thomas.

Pero algo ocurría con él, sentía como se ponía tenso en mis brazos, por lo que me tuve que alejarme, mirándolo.

—Pero… tengo que acabar con esto y no involucrarte en mi mundo de mierda.

—No, Thomas no empieces…

—Lo… Siento —. Arrastraba las palabras como si le costase decirla, había tenido tres progresos increíbles en ese mismo instante, se ponía de pie y yo también lo hacía.

—Thomas… por favor quédate conmigo… —. Le suplicaba y sin decirme nada, salió de la habitación dejándome a sola con mis malditos pensamientos que me torturarían, toda la noche e incluso todos los días. Salía corriendo de la habitación para tratar de evitar que se fuera y en eso aparecía Amelia con el pijama puesto y con una cara de dormida.

—Mi niña, vamos a la cama, no puedes salir así…

—Amelia, Thomas se fue… él se fue a cometer una locura o no lo sé… nunca piensa —. Dejaba de hablar porque continuaba emotiva por todo lo sucedido y esto me había dejado aún más sensible. Entrando en la habitación de nuevo, me mareaba agarrándome de Amelia.

— ¿Qué pasa mi niña? Te estás sintiendo mal… deja que te lleve a la cama —. Caminamos hasta ella haciéndome acostar, cubriéndome con la sábana y manta.

—Amelia, siento náuseas… me ha hecho mal todo…—. Quedaba callada de nuevo, secando las lágrimas que salían.

—Mi niña solo concéntrate en dormir y mañana ya veremos, ¿si? —. Asentía, por alguna razón me encontraba muy cansada, cerrando mis ojos, quedaba dormida sin saber en qué momento se había ido de la habitación Amelia.

Soñaba con la voz de Thomas diciéndome Te amo, repetidas veces, me sentía feliz hasta que despertaba de repente, viendo que estaba de día y yo completamente sola en la cama.

—No ha vuelto… —. Me levantaba para ir directo al baño a lavarme la cara, escuchaba que me llamaban y por la voz sabía que era Amelia, agarraba la toalla secando mi cara, saliendo del baño —. Amelia, ¿volvió Thomas? —. Negaba y se acercaba a mí agarrándome de la mano para sentarme y ella a mi lado.

—Mi niña, perdóname por el atrevimiento, pero… ¿No estarás embarazada? —. Al escuchar negaba enseguida.

—No, claro que no… si acabo de salir del periodo.

—Pero… ¿Hiciste cosas con el Señor Evans?

—Lo hice después de que se me fuera…

—Entonces tienes que hacerte una prueba de embarazo, para aclarar nuestras dudas —. Extendía su mano y tenía una bolsa, la agarraba sacando una caja —. Ve al baño a hacerlo… anda Mi niña —. Sentía que recibía un baldazo de agua fría, caminaba hasta el baño, cerrando la puerta, sintiéndome fuera de lugar, volviendo a parecer las náuseas, agarraba la caja, abriéndole, me encontraba con un manual de instrucciones, explicándome paso a paso.

Encontraba un envoltorio, abrí el envase de aluminio. Encontraba una tira reactiva y un sobre anti-humedad que no debe ser utilizado en el test.

—Toma la tira reactiva solamente por el extremo celeste. Introducir la tira reactiva insertándola en la ranura del recipiente con las flechas orientadas hacia abajo. La orina no debe tocar las flechas. —. Leía en voz alta para mí y hacia lo que me indicaba, terminaba de hacer mis necesidades, dejé la tira reactiva en posición —. Durante 5 minutos, retirarla de la orina y leer el resultado. Solo son cinco minutos. —. Me acercaba abriendo la puerta y me encontraba con ella, esperando mi respuesta, solamente sonreí —. Cuéntame 5 minutos, por favor Amelia.

—Mi niña… me está matando la espera… —. Hacia lo que le pedía y al decirme que ya estaba, retiraba la tira, y con la otra mano agarraba las instrucciones.

—Resultado negativo, una sola línea de color en la zona de control (C) significa que Ud. no está embarazada —. Leía y miraba la tira, negaba ante, lo que veía sintiendo que mis piernas se debilitaban —. Son… dos líneas… —. Lograba susurrar en voz baja, en eso abría la puerta Amelia.

— ¡Mi niña, Felicidades! —. Me abrazaba, pero al advertir mi cara, se quedaba callada, me guiaba hasta la cama, sentándome. —. Tranquila mi niña, no estás solas… yo te apoyaré en la decisión que tomes.

—Amelia… estoy embarazada, ¿de verdad?

—Si, si mi niña… —. Agarraba la prueba de embarazo dejándola en la mesa de luz, para agarrarme de ambas manos—. ¿Qué vas a hacer?

—Lo tendré por supuesto… No quiero abandonarlo como hicieron conmigo, seré una buena madre, Amelia, ¿verdad? —. Brotaban solas mis lágrimas, y ella me abrazaba fuerte, enseguida me consolaba.

—Lo serás, de eso estoy muy segura. Pero ahora tienes que comer algo, por el bien del bebé —. Asentía a lo que decía ella, nos levantamos de la cama para salir de la habitación, bajando lentamente las escaleras, llegando a la cocina, Amelia me preparaba el desayuno.

— ¿Puede ser un secreto entre nosotras?

—Claro que sí, Mi niña. Haré lo que me pidas. —. Sonreía y yo también lo hacía, lograba que me sintiera apoyada, pero verdaderamente estaba aterrada a lo que tenía que enfrentar y como tenía que decírselo a Thomas. Eso verdaderamente me ponía ansiosa sintiéndome mal físicamente.

—Amelia, gracias por todo.

—Gracias a ti por permitirme ser parte. Aquí tienes una ensalada de frutas para que sea muy sano. —. Sonreía y comenzaba a comer enseguida, disfrutando del sabroso y sano desayuno.

En la noche decidimos sentarnos a ver televisión, pero en realidad estábamos hablando, bueno, Amelia estaba con su celular, navegando por Internet viendo ropa y juguetes de bebés. Ella estaba más emocionada que yo, eso me hace feliz, por lo menos había alguien emocionado.

—Tendrías que revisar esta página, habla todo acerca de cómo ser madre primeriza.

—No tengo celular, Amelia —. Suspiraba triste al recordar como lo había destruido Thomas, pero estaba bien porque las locuras de Alexander no se detendrían.

— ¿Por qué? Fue por lo que pasó en la casa de Richmond… —. Preguntaba curiosa y nerviosa.

—Thomas lo destruyo, porque Alexander había puesto un rastreador… no me asustó, solo me puso en alerta el saber que yo era el conducto para facilitarle todo —. En silencio ella me sujetaba la mano dando suave palmadas.

—Se dio cuenta de que eres muy importante para Thomas, pero él es un hombre muy pero muy inteligente, capaz y observador. Siempre fue así desde niño, te lo digo para que no te preocupes, tienes que confiar en él, mi niña. —. Sus palabras me dejaban lo bastante tranquila, por lo que seguimos hablando, hasta que aparecía el Sr. James, sentándose en el sofá más pequeño.

— ¿Estás viendo televisión o están cuchicheando? —. Preguntaba riendo.

—Sí, estamos hablando de cosas de mujeres.

—El Señor Evans, ¿no está verdad? —. Preguntaba mirándome directamente, negaba enseguida.

—Tuvo cosas que hacer…

—Bueno, si no le molesta, ¿podríamos ir a hacer la cena?

—Jaime, como te gusta molestar y cortar una linda charla. Vamos, Mi niña —. Extendía su mano y se la agarraba para levantarme para ir con ella a la cocina, detrás de nosotros venía el Señor James, nos dividimos las tareas, le había comentado a Amelia que estaba antojada de una sabrosa carne al horno con puré, ya teniendo todo preparado como era de costumbre preparaba la mesa, ella servía y el Señor James traía jugo de naranja exprimido, frutas de su propio árbol, el que me había llevado Amelia a la casa de Richmond.

Cenando los tres, se sentía un poco solitario, solo me basto con un almuerzo con él para acostumbrarme a él, volvía a recordar sus palabras 《Te Amo》《Tú me salvaste》《Lo siento》 podía escuchar su voz, esa voz grave me hacía estremecer, llevando una mano inconscientemente a mi vientre plano, pobre bebé, hacía dos días que sabía de su existencia y lo único que recibía era tristeza.

— ¿Te sientes mal? ¿Te duele la panza? —. Negaba ante su pregunta, alejando mi mano para volver a meterme un bocado.

—Estoy nerviosa… Señor James… pero… Estoy embarazada. Todavía tengo que ir al hospital y todavía tengo que decirle a Thomas, las dos cosas me tienen muy nerviosa. Perdón por no decirle antes, no quería que me vieras mal o te enfadaras conmigo, lo siento por hablar tanto, cuando me pongo nerviosa lo hago. —. Respiraba profundo mirándolo al Señor James y este comenzaba a llorar, por alguna motivo también lo hacía yo, me sentía muy sensible y por lo que veía se lo había pegado a Amelia también, los tres llorábamos emocionados.

—Liz, Mi pequeña Liz, felicitaciones —. Se levantaba de la silla y también lo hacía abrazándonos, se nos unía Amelia también. Brindamos con jugo de naranja y terminamos de cenar. Me ofrecía a lavar la vajilla, mientras hacía eso, Amelia preparaba un té.

—Amelia, deberíamos regalarle la cuna, los pañales y también la ropa. Como cambiará esta casa con un bebé —. Escuchándolo sonreía ante sus comentarios.

—Si, si es muy buena idea, Jaime. Deberíamos ir a comprar mañana, ¿Qué te parece la idea?

—A mí me parece genial —. Respondía.

Terminando de lavar y de secar, comenzaba a guardar todo en su lugar.

—Y… ¿A ti Mi niña? —. Preguntaba y veía como se acercaba.

—A mí me encanta la idea… también me vendría bien distraerme… porque él no va a aparecer, ni siquiera sé si está bien —. Comentaba y en un segundo pasaba de estar feliz a estar triste y sintiéndome sola.

—Mi niña, el Sr. Evans, está bien, siempre supo cómo cuidarse.

—Es verdad Mi pequeña Liz, era un niño genio, el amo —. Al verlo podía notar con el orgullo que hablaba sobre Thomas.

—Perdón… a los dos, Tomemos el té y vamos a la cama —. Ambos asentía y nos sentamos a disfrutar del té, al terminar dejamos las cosas, yendo en camino a las escaleras, subimos estas, ya en la habitación de Amelia, fui directo a la cama. No entendía cómo podía estar tan cansada, que únicamente logre murmurar un “buenas noches, Amelia”.