Capítulo Cincuenta y Ocho
— ¿Con qué?
—Con —. Deslizaba su mano por mi abdomen hasta llegar al borde de mi short, metiendo su mano dentro de este y de mi ropa interior, llegando hasta mi clítoris que estaba igual de duro que mis pezones, jugaba con el haciendo que me retorciera de placer por sus caricias y como si no fuera poco deslizó sus dedos —. Esto… estás mojada y lista —. Sin esperar más, introducía sus dos dedos, haciendo que arquera la espalda, apoyándola en su pecho.
—Thomas… no hagas esto, vamos a hablar.
—Pero tu cuerpo lo desea y también yo —. Alejaba su mano y sentía como me bajaba el short junto con la ropa interior, me hacía subir la parte superior del pijama, llevándolo a mi boca para que pudiera sujetarlo—. Así, me gusta ver como se mueven —. Se acomodaba y en un abrir y cerrar de ojos, me penetraba hasta el fondo y yo jadeaba cuando comenzaba a bambolear su cadera, no lograba entender por qué me sentía más excitada, será por todas las cosas que había dicho, me enloquecía sentirlo y cada vez sus movimientos eran más rápidos.
Trataba de hablar pero tenía el borde de mi pijama el cual mordía con fuerza tratando de sujetarme de su brazo y la otra la posaba sobre el respaldar.
—Diablos…no aguanto —. Al escucharlo decir eso mi cuerpo reaccionaba enseguida, contrayéndome sintiendo su pene tan duro y erguido, era casi salvaje como lo estaba haciendo y me encantaba, dejaba mi mente en blanco y sin más los dos nos vinimos juntos, apretaba su brazo tratando que parara era increíble cada uno de los orgasmo, se detenía y se pasaba su mano sobre su cabello —. No sé qué mierda me haces Lizbeth. —. Sonreía satisfecha ante lo que escuchaba, mi Diosa del sexo estaba saciada, esto era verdaderamente estar relajada, me bajaba la parte superior del pijama acomodándolo y el hacía lo mismo con su pantalón, seguido de salir de mi interior, sintiendo un vacío y un peso en mis ojos.
—Thomas… ¿Qué sucede? ¿Qué querías hablar conmigo?
—Nada… Duerme —. Me trataba de subir el short y la ropa interior, eso me sacaba de las casillas lo había hecho a propósito, alejándolo de mí, yo me acomode la ropa para levantarme de la cama, me temblaban las piernas, mi cuerpo aun deseaba más, maldita sea no tener el control.
—Eres un maldito… Me haces el amor para no hablar conmigo —. Al observar su reacción negaba —. Me olvidaba que sólo tenías sexo conmigo… —. Debía mantener la calma, suspiraba profundo —. ¿Qué es lo que querías decirme Thomas? ¿Por qué no tienes confianza en mí? No deseo obligarte, pero no me uses por favor, eso no lo permitiré —. Él solo me miraba y sabía que estaba luchando con sus propios demonios, se sentaba en la cama para pasarse ambas manos sobre su cabello.
—No te uso, maldición, no pienses eso… —. Me mordía el labio inferior con fuerza al escucharlo, lograba destruir mi enojo en un segundo, pero me mantendría firme.
—Pero, parece que fuera así… —. Me acercaba a él arrodillándome al frente suyo, para lograr que se concentrara en mí. —. Solo mírame a los ojos y dime lo que tienes que decir…—. Se quedaba mirándome y cuando su boca comenzó a moverse, desvío su mirada y con ese movimiento se perdía de nuevo, parándose, me dejaba sola otra vez, me ponía de pie siguiéndolo, no iba a permitir que se alejara de mí, lo agarraba de su mano y me ponía frente de él. Nuestras miradas se volvían a encontrar.
—No dejes de mirarme, no pierdas Thomas, aquí me tienes —. Él continuaba negando.
—Ya te he dicho… —. Comentaba, tras un silencio ensordecedor—. Tengo miedo de perderte. —.
Al escucharlo me dolía el pecho, no deseaba hablar de eso por miedo a perderme, mis ojos traicioneros comenzaban a derramar lágrimas, él secaba las que caían por mis mejillas.
—No vas a perderme Thomas, jamás podría irme de tu lado.
—Ya lo hiciste una vez.
—Pero ya ves que estoy frente tuyo, acabamos de hacerme el amor y ahora me estás confesando tu secreto… Si te dieras cuenta o si sintieras todo lo que te amo, voy a recitar una línea de un libro, me has hechizado en cuerpo y alma Thomas Evans —. Negaba ante lo que decía, trataba de alejarse de nuevo, pero se lo impedía. —. Dime, habla conmigo Thomas...
— ¡No! —. Me sobresaltaba su grito.
—Thomas… Solo tienes que decírmelo, ¡Habla conmigo! —. Levantaba la voz al igual que él, sujetándome de mi cara con ambas manos, acercándose a mi rostro, su respiración chocaba con la mía.
— ¡Soy un maldito psicópata!… Asesine y torture a alguien, no me importo, no sentí nada… estoy enfermo —. Negaba al decir eso último—. Soy un monstruo… Él me hizo esto, Él la torturaba… por defender esto, vi como su vida es escapaba de su cuerpo, dejando solo un cascarón vacío… en cambio, Él… lo disfrutaba y no sé qué sucedió después… Pero cuando me di cuenta lo había asesinado, mis manos ensangrentadas fue la mejor experiencia, ya no escuchaba su voz, ni su maldita respiración… Después de eso… siempre escuché como hablaban todos de mí a mis espaldas. Los únicos que me aceptaron como su familia fue la mafia, nunca me dieron la espalda, no más murmuro. Y me convertí en lo que todos decían… todos me temían —. Diciendo esto levantó su cabeza mirándome a los ojos, pero no eran más que unos cascarones vacíos, no caía y mi corazón se negaba a creer en lo que menciono, recordaba lo que había dicho Alexander《No sentía empatía. 》Y las pesadillas que había tenido, apartaba la vista de él, no permitiría que mi miedo me cegara.
—Tú… Debes pensar lo mismo —. Escuchando, enseguida volvía la vista a él, esa imagen me partía el corazón. Odiaba verlo así.
—No, no es así Thomas. ¡Jamás opinaría así de ti! Tú no eres así, fue culpa de alguien más… Pero no me importa quién sea el culpable, porque yo confío y confiaré siempre en ti —. Alzaba la mano para apoyarla en su pecho, su respiración y los latidos de su corazón no se alternaban, ni aceleraban. ¿Realmente podía mantener el control de las situaciones? Veía como su expresión cambiaba, parecía estar desorientado —. Thomas… Mírame
— ¿Confías en mí? —. Soltaba una carcajada maquiavélica, provocando que se me helara la sangre, ¿por qué sentía miedo? Daba pasos hacia atrás involuntariamente, mi cuerpo me traicionaba, Thomas parecía perturbarse aún más, pero tomando el control me volvía a acercar, posando nuevamente mí mano en su pecho y en un santiamén, me sujetaba del cuello apretándolo, lo agarraba de ambas manos tratando de apartarlo—. Puedo romperlo… es tan frágil… —. Comentaba disfrutando cada una de sus palabras, alejaba una de sus manos, para levantarme del piso con una sola mano. Era increíblemente fuerte, ¿no era humano? ¿Realmente era un monstruo? Tal como había soñado, ya casi sin poder respirar, susurré con un hilo de voz.
—Thomas… por favor —. Cerraba los ojos, sintiendo que perdía todas mis fuerzas, cuando sentía que ya no me soltaría, lo hacía, sujetándome entre sus brazos, empecé a toser, respirando profundo y exhalaba repetidas veces. Me sobaba suavemente el cuello, había ejercido demasiada fuerza. No sabía qué hacer si empujarlo y alejarme, pero gracias a él podía mantenerme de pie. Continuaba en un silencio demasiado incómodo, por lo que al recuperar un poco la postura me pude mantener de pie alejando lentamente mis manos de su cuerpo.
—Lizbeth… —. Murmuró y al fijarme en su rostro, quedaba atónita, alzaba la mano como si fuese un robot, secaba su lágrima, sus ojos, ese turquesa que me cautivo como la primera vez que nos conocimos, ya no brillaba y ahora lleno de lágrimas parecían una perla.
—Thomas…—. Al decir su nombre, ahora era él quien se arrodillaba, apoyando su cabeza en mi abdomen, enseguida mis brazos lo rodearon tratando de brindarle ese afecto o ese algo, que ni siquiera sabía que podría ser, nos quedamos así unos minutos, hasta que me alejaba de él y sin poner resistencia me quedé observándolo.
—Acaba con mi agonía, Lizbeth. —. Decía sacando una navaja de su bolsillo, quedando por segunda vez atónita, negaba ante lo que hacía llenándose de lágrimas mis ojos, continuaba en negación —. ¿No entiendes lo que hice? O ¿Lo que puedo llegar a hacerte? ¡Maldita sea Lizbeth! —. Gritaba desconsolado y sus lágrimas tanto como las mías seguían cayendo.
— ¡Basta, Thomas! —. Gritaba más que él quedando en silencio, apresurado mi movimiento me arrodille para estar a su misma altura, agarraba su mano donde tenía la navaja. —. Hazlo tú… porque a pesar de todo lo que has hecho y todo lo que me has dicho… Conocer una parte de tu secreto oscuro... te sigo amando como hace minutos atrás cuando hacíamos el amor. Mi amor no cambia, no abandona, lo único que sabe hacer es crecer. Así que si deseas tú, acabar con esto, yo solo pido ser amada, ¿Está mal eso? De igual manera… Hazlo Thomas. —. Terminando de hablar, él se dedicó a escuchar, acercando su mano y llevándola a mi pecho, sentía como la punta de la navaja se clavaba suavemente, su expresión cambiaba, mientras alejaba mis manos de la suya, él en un instante soltaba la navaja.