LA LUJURIA Y CRUELDAD DEL INQUISIDOR
Ciudad de Sibiu, Transilvania
El inquisidor Juan de Acebedo viajó de Roma a Sibiu para investigar en persona el caso del asesinato de varias personas en un pequeño pueblo. Al llegar estuvo resguardado por varios guardias del papado para que la gente no se acerque demasiado.
El tumulto lo seguía atrás gritando con indignación:
-¡Inquisidor! ¡Inquisidor!, sálvenos del mal que mora en las afueras de Sibiu.
-¡Inquisidor! ¡Inquisidor!, sálvenos del mal que mora en las afueras de Sibiu.
-¡Inquisidor! ¡Inquisidor!, sálvenos del mal que mora en las afueras de Sibiu.
El inquisidor Juan de Acebedo pidiendo a los lacayos que colocaran un pequeño trono en medio de la plaza, se dirigió a la muchedumbre.
-Tranquilos hijos e hijas mías que el enviado del Señor ha venido a salvaros. No temed a las criaturas de la noche porque nuestra justicia los perseguirá hasta quemarlos. -Dijo Juan de Acebedo con aires de grandeza.
Todos daban reverencia a la iglesia e inquisición. Ingenuamente pusieron su confianza en un ser abominable, aparentando ante el público ser un ángel de Dios, pero en silencio era un depravado sexual.
Nadie sabía excepto sus cómplices de una serie de abusos y acosos a las doncellas y damiselas que eran acusadas falsamente de brujería. Eran cruelmente desnudadas en su presencia tratando de buscar entre los bustos, el trasero e incluso en la vagina, señales del demonio.
España, Italia, Portugal entre otros países fueron sometidas al poder de la inquisición, esta vez tocaba Rumania que según el papado, era la nación más diabólica de toda Europa. Leyendas de vampiros, licántropos y otras criaturas de las tinieblas atacaban en las noches a los inocentes.
Juan de Acebedo por varias ocasiones había enfrentado a vampiros y licántropos, su experiencia en este campo lo ha hecho ser elegido por el papa como la persona idónea para resolver estos casos de asesinato en Rumania y Hungría.
Las investigaciones dieron comienzo, centímetro a centímetro todo fue estudiado, las conclusiones de Juan de Acebedo al tener el resultado fueron: Las mutilaciones de los cadáveres no pertenecían a animales salvajes, pelos de lobos quedaron prendados en la ropa y el rostro de algunos tenían muestras de terror.
No cabía duda que todas estas señales fueron hechas por licántropos. Juan de Acebedo hizo la misma investigación en el castillo de Gyula y la residencia del archí-duque de Luxemburgo.
El mismo modus-operandi halló en las autopsias de lo que quedaban de los fallecidos. Completamente convencido el inquisidor regresó a Roma para dar toda la información al cardenal Filippo Sega.
-Cardenal Filippo las investigaciones hechas en Sibiu y Békés dieron como resultado, un delicado caso de filantropía. –Dijo Juan de Acebedo con plena seguridad.
Filippo Sega poniendo su mano sobre la quijada se quedó pensando por unos instantes hasta que habló con orgullo:
-Son décadas que no he escuchado un nuevo caso de licántropos, la última vez que detectamos a estas bestias fue en Francia cuando dimos caza a esa criatura destruyéndola por completo.
La conversación duro varias horas hasta que la decisión tomada fue entregada en un papel a las manos del papa, para que apruebe la persecución sobre esta bestia que andaba asechando en la noche.
Una vez que se aprobó la petición del cardenal Filippo Sega por el papa, él reunió cinco clérigos conocedores de casos de licantropía. Todos se prepararon con armas de plata.
Viajando de regreso a Sibiu se adentraron en las profundos bosques con cinco feroces sabuesos, buscando por todo el lugar huellas, señales o cualquier cosa que los llevara a la guarida del licántropo.
Encontraron huellas que los llevaban a cruzar las cercanías del monte de los Cárpatos, sin embargo, dos ancianas les advirtieron que no se adentraran en aquel lugar sino estaban fuertemente resguardados.
Filippo Sega y Juan de Acebedo haciendo caso omiso al consejo de las ancianas, entraron con los cinco acompañantes a los bosques del monte de los Cárpatos, poco a poco avanzaron hasta que encontraron una muralla llena de hombres y seres extraños empalados.
La visión de horror y la pestilencia del lugar los hicieron retroceder, fue un firmamento macabro al observar todos esos cadáveres colgados en aquellos palos.
El cardenal Filippo comparó este panorama macabro con lo que hace décadas atrás Vlad Tepes III, hizo en varias ocasiones en su reinado de terror. Él sin tener sospechas que Vlad es un vampiro, fue también el mismo autor de estos empalamientos hace meses atrás, cuando varios hombres se unieron a vampiros siendo masacrados.
La inquisición salió del monte de los Cárpatos regando la noticia por toda Transilvania al decir que un monstruo como Vlad Tepes III, anda suelto cometiendo semejante actos abominables de asesinatos.
Ahora no solamente era un licántropo el que estaba en el ojo del papado, sino también a este criminal que realizó tan atroces actos. El inquisidor Juan de Acebedo sospechaba que Vlad Tepes III había regresado a la vida como una criatura de la noche.
-Cardenal Filippo he sospechado que Vlad Tepes III está vivo, hace tiempo atrás hubo un hombre elegante, culto, misterioso y vestido de negro que hablaba con tanta exactitud sobre las proezas de Voivoda de Valaquia y sus batallas contra el sultán Medmed II. -Le dijo Juan de Acebedo poniendo un rostro de seriedad.
-¿Piensas que tenga ese hombre mucho que ver con los empalados que vimos en el bosque de los Cárpatos? –Le preguntó Filippo con dudas.
-Hagamos una investigación en toda Transilvania y sus alrededores buscando información acerca de ese hombre. Le contestó Juan de Acebedo con plena confianza.
Las investigaciones empezaron, la inquisición ofreció una buena paga a quien diese información de un hombre vestido de negro, capa roja, elegante, culto y de aspecto misterioso.
Dos personas dieron cierta información, ambos casos coincidían que a aquel hombre le habían visto con una joven mujer en el festival que se realizó en la plaza central de Sibiu.
Una de la personas describió al hombre con las mismas características que la inquisición dijo. Juan de Acebedo preguntó la edad aproximada de la mujer que estuvo con él.
La persona dijo que era un mujer muy hermosa, entre 16 o 17 años de edad, blanca, ojos y cabellos negros. Juan de Acebedo decidió interrogar a todas las doncellas de esa edad para sacar información.
Para realizar aquel trabajo la inquisición pidió a Roma que dieran la autoridad legal para someter a todas las doncellas a las respectivas investigaciones, si se resistían serán torturadas hasta que digan la verdad.
A los pocos días el papado dio la respuesta afirmativa para que la inquisición tenga toda la autoridad. Filippo Sega y Juan de Acevedo sacarán todo el provecho posible desnudando a todas las doncellas en su presencia, supuestamente para ver si su virginidad estaba intacta, si su cuello no contenía huellas de dientes filosos.
Casa por casa fueron, estaban acompañados por una docena de guardias y dos sacerdotes. Una por una fueron sometidas al tribunal de la inquisición las jóvenes doncellas.
Ninguna de ellas conocía al hombre que buscaban, la inquisición al ver la falta de colaboración de las doncellas optó por usar la mano dura, en presencia de los guardias y clérigos Juan de Acebedo las desnudaba, su lujuria por ver los bustos, trasero y vagina no tenía límites.
Él las obligaba a silenciar tocando todas las partes de su cuerpo, llegando incluso a ver si el himen estaba intacto, el miembro de Juan de Acebedo lubricaba mientras pasaba sus dedos por la vulva de las doncellas.
Los guardias veían de la misma manera lujuriosa así como los dos sacerdotes. ¡Pobres mujeres! Ninguna de ellas podía levantarse en contra la autoridad del inquisidor por el miedo a no ser enviadas a las cámaras de la tortura.
Durante semanas pasaron haciendo los mismos actos lujuriosos, sin embargo, tampoco encontraron prueba alguna, su himen intacto y sus cuellos sin huella alguna de algún tipo de mordedura.
La inquisición al no encontrar pruebas suficientes, decidió llevar cada una de ellas a las cámaras de la tortura para obligarlas hablar. La crueldad de Juan de Acebedo era conocida en España y Portugal, muchas mujeres acusadas de brujería fueron torturadas hasta la muerte, otras quemadas y una minoría en la horca.
La cara de maldad del inquisidor hacía que se pareciera al mismo demonio, tanta hipocresía en los siervos del Señor que en su nombre cometían los actos más atroces, no muy lejos de los empalamientos realizados por Vlad Tepes III y otros tiranos emperadores como Nerón, Domiciano o el mismo Calígula.
Rumania será la nueva nación donde el terror de la inquisición someterá a todos los que se opongan. Todas las doncellas sospechosas fueron obligadas a hablar con amenazas de ser arrancadas las uñas, el potro de estiramiento, el péndulo o garrucha, la tortura del agua o el brete fueron las herramientas más usadas por el Santo Tribunal para aplicar sus castigos.
El chillido de dolor y tormento de las doncellas se escuchaban por todo el lugar, la crueldad del inquisidor una vez más se hacía presente en esta tierra maldita de Transilvania.
Dos mujeres al fin hablaron, ellas coincidieron en decir que aquel hombre vestido de negro y capa roja, estuvo bailando con una joven de vestido rojo que habita en una de las casas al norte de Sibiu.
-¡Descríbeme como mayor exactitud a la amante del demonio! –El tono de Juan de Acebedo era severo.
-¡No me torturen más por amor de Dios! –Decía la joven casi en estado de agonía.
-Si no quieres que te sigamos torturando, ¡Habla! –Le contestó el inquisidor con una mirada de terror.
-Su cabello es completamente negro y lo lleva hasta un poco menos de su cintura, sus ojos negros, su piel blanca y sus mejillas rosadas. Su vestido todo rojo, en medio de su pecho tiene la forma de un corazón y una pequeña medalla de oro que cuelga de su cuello. –Al acabar de describir a aquella mujer, murió sin antes encomendar su alma al Señor.
Juan de Acebedo ordenó entregar el cadáver de aquella joven a sus familiares, la otra chica confirmó la misma descripción de la mujer vestida de rojo que estuvo aquella noche con aquel hombre.
Las demás mujeres fueron liberadas del yugo del Santo Tribunal, con las evidencias suficientes para atrapar al ser maligno, se decidieron buscar por todo la ciudad de Sibiu a Elizabeth para que de la información exacta del paradero de Drácula.
Ciudad de Brasov, Transilvania
Afortunadamente Elizabeth estaba visitando a sus familiares lejanos que vivían en Brasov, a algunos kilómetros de Sibiu. Durante esos días ella atendía a su tío que padecía una enfermedad extraña para la época (tuberculosis).
Con las fórmulas que había en el libro de la anciana probó por todos los medios pero no hubo una cura total, al ver Elizabeth que no reaccionaba su tío, empleo preparó un brebaje secreto que Drácula le había obsequiado después de aquella noche donde ella fue al castillo a pedirle su ayuda.
El resultado fue asombroso, su tío en cuestión de horas mejoró notablemente. La alegría de su parentela lejana fue inmensa, todos le agradecieron infinitamente por salvar la vida a su tío.
Elizabeth se quedó por varios días más disfrutando de la hospitalidad de sus familiares, también iba al campo a ordeñar las vacas y dar de comer a los conejos. Fueron momentos llenos de alegría que ella los vivió, claro eso sí, no dejaba de pensar en Drácula, anhelaba con todo el corazón volverlo a ver para darle las gracias por las fórmulas secretas que él le obsequio.
Llegó el día que Elizabeth tenía que regresar a su ciudad natal para seguir con sus labores cotidianas, ir a la eucaristía las mañanas, luego a las aldeas a dar de comer a los pobres y finalmente ir al campo para alimentar a los animales.
La despedida fue nostálgica, sus familiares y especialmente su tío le agradecieron una vez más por tan noble acto; abrazos, lágrimas y miradas de ternura se reflejaban en los rostros.