El Inicio Capitulo 1

Carlos

Ahora todo parecía ir bien, ya las manos no temblaban como antes y había recuperado peso, mi semblante había cambiado, me sorprendía al verme parecía realmente otra persona. La tristeza parecía haber desaparecido, pero la soledad seguía persiguiéndome cada noche, muchas de las cuales estuve tentado a llamarla para escuchar su voz y sentir su compañía. Muchas otras, solo me acercaba al teléfono y después de meditarlo, abandonaba la idea, ocurría durante de los primeros seis meses.

Esta cabaña me traía muchos recuerdos de los días que pasé con ella, luchaba entonces porque esa soledad desapareciese entre las líneas de los escritos. Me dediqué a escribir, era una buena terapia, además no tenía que ver de nuevo a Samuel y sus constantes preguntas que solo me sacaban de mis casillas. A veces no tienes por qué explicar tanto las cosas, ellas son como son, simples y reales. No tenía sentido buscar las explicaciones para aquello que me hacía sentir bien o mal, ¿para qué hacerlo? Buscar las explicaciones me cansaba, sobre todo porque convertir las ideas en palabras muchas veces no las encontraba, y menos para decirlas.

Mi relación con la familia de soledades era perfecta. Daniel estaba estudiando y terminando su período final para ser socorrista y se había matriculado en la escuela de medicina. Estaba muy orgulloso de él.

Nuestra vida había dado un vuelco enorme, antes era solo las discusiones sobre la bebida, sobre lo que no debía hacer y los cuentos de los comensales del restaurante chino. Ahora nos divertíamos mucho, hacíamos ejercicios todas las mañanas corriendo por la orilla de la playa viendo el amanecer o nadando y luego en las noches viendo películas con palomitas de maíz y refrescos. Eso lo hacía cuando no estaba inspirado, porque cuando eso pasaba, no bajaba a compartir sino solo la cena.

María era como nuestra madre, cuidaba de nosotros y nosotros de ella. La amaba de verdad, se había convertido en la madre madura que todos queremos: discreta y sin entrometerse demasiado además hacía unos panes, galletas y tortas maravillosamente buenas. Era una actividad que aprendimos a compartir: hacíamos panes y galletas los tres. Nos llenábamos de harina hasta los pies, nos reíamos a carcajadas y luego comíamos hasta que nos doliera la panza.

Ya hoy cumplo un año de haber salido del hospital y seis meses de mi última sesión con Samuel. ¡Gracias a Dios! Eso me había permitido estar alejado de ella con más facilidad. Cada vez que iba era una tortura pasar frente a su oficina e imaginar que no conocía quién la habitaba, para pasar de largo sin tocar. Ahora dudaba si a ella le pasaba lo mismo, ignoraba el resultado de las sesiones para alejarse definitivamente de mí, pero, por otro lado, también sospechaba que Samuel había tenido algo que ver en esa nueva lejanía.

En la última visita a psiquiátrico con Samuel fue una sesión liberadora, me entregó una constancia donde indicaba que estaba sano y que podía inclusive conseguir empleo. En ese entonces ya había iniciado mis escritos y había probado con una editorial enviándole material el cual les agradó, planeando entonces un libro de poemas con derechos exclusivo para ellos.

Durante esa sesión parecía que más bien esperaba ansioso a que renunciara a mi herencia, insistió mucho sobre sí reclamaría otros bienes a parte de los que ya me había dado y debo confesar que estuve tentado a decirle que lo pelearía, pero después reflexioné y decidí que no era necesario. Con lo que me habían asignado podía vivir tranquilo y si las cosas seguían por buen camino pronto viviría de mis escritos para completar mis gastos de ser necesario, pero lo vi demasiado preocupado por mi posición ante la herencia de mi padre.

En realidad, durante toda mi vida el dinero solo me enseñó que vivir para obtener más solo trae soledad y hace infelices a los tuyos porque tienes que dedicarle tiempo, tiempo por el que debes abandonarlos como lo hizo mi padre y estaba decidido a que a mí no me ocurrirá. Además, fue de lo que hui cuando me fui de casa la primera vez, el dinero y el poder solo sirven para amargarte la existencia. Que disfrute el dinero y el reconocimiento que da tenerlo en abundancia, porque nunca lo tuvo como yo. Me da lástima y mucha, pero ese es el camino que estoy seguro que defenderá, aunque le cueste su matrimonio y su carrera. Qué tonto, no sabe lo que se pierde si decide tomar ese rumbo.

Me dediqué a escribir sobre su ausencia, sobre mi amor por ella, sobre mi decepción, pero sobre todo por la esperanza de una nueva vida. Las palabras y las ideas llegaban a mí con tanta facilidad que me parecía increíble, era como tener un don pues las palabras se unían sin problema y los sentimientos las hilaban perfectamente.

Gracias Dios por todo, de verdad que sí. Te agradezco esta nueva oportunidad para demostrarte que puedo ayudar a otros a no cometer mis errores, a ver que podemos superar los obstáculos y las decepciones. Que tú nos sigues y acompañas rodeándonos de ángeles, con cara de personas, que nos ayudan y colaboran con nuestra recuperación y con amores, tan profundos y completos, que no es necesario nada más para sentirnos satisfechos.

Es muy exagerado, pero así lo siento, decir que me siento como la caja volteada y revuelta de un rompecabezas. Empiezas primeramente observando la tapa detallando la imagen y luego buscando las piezas que hacen el borde para iniciar a armarlo. Bueno, así lo hago yo, si hay otra forma aún no la he descubierto. Luego en tu mente y observando la caja con las piezas empiezas a descubrir aquellas que van encajando con facilidad y las comparas con la imagen de la muestra. Te sientes orgulloso cada vez que armas un pedazo poco a poco, sentía que mi tiempo en el psiquiátrico había sido, armando los pedazos de mi vida de niño, la adolescencia y mi tiempo con Inés para pensar en lo que pudiera ser una vida sin ella.

Quiero que sea feliz, que construya una nueva vida dejando la nuestra en su pasado, un pasado que ya no le duela y que no le pese, que sea ligero, permitiendo continuar sin dolor alguno. Eso quiero hacer, descubrir que puedo construir una nueva vida con todas las demás piezas que ya armé, pero que forman parte de esta versión de Carlos que espera las demás para mostrarlo al mundo.

Ahora tenía una nueva familia, Daniel y María, mi vieja familia estaba en un porta retrato colocado en la mesa de la sala mostrándola a todo aquel que nos visitaba, además dentro de mí estaban mis recuerdos con ella, con Inés, conjuntamente con mi alma. Suena exagerado, pero es así, ella forma parte de mi alma ya no solo de mi corazón. Está unida a mí de tal forma que va conmigo a todos lados, ya no necesito tocarla porque la amo desde mi alma.

Hoy me siento completo, verdaderamente completo, ella sigue en mí tan viva como siempre pero ya no duele no tenerla en frente para besarle y amarla, había aprendido a amarla con el alma ya no con el cuerpo. Esta idea debo haberla repetido muchas veces, lo siento, pero debo repetirla para que forme parte de mi subconsciente y se haga parte de mí sin generar dolor alguno. Ya hoy lo he logrado, ya no lo siento.

Daniel tenía una amiga a la que le agradaba mucho, lo notaba, pero no quería entablar más que una amistad con nadie, porque aún no estaba del todo listo. Era muy linda, tenía el cabello negro y lacio, un rostro alargado y unos labios carnosos que provocaba besar, su nombre era Elena. Ahora si Elena de Troya era como esa chica, con razón se pelearon por ella. ¡Dios! de verdad que haces criaturas celestiales recorriendo este plano. Además, creo que necesito más tiempo para mí, para terminar de arreglarme por dentro.