Los padres de Ulises

Eli estaba atónita observándolo sin todavía dar crédito a lo que sus ojos veían.

—¿Dimitri? —tartamudeó espantada—. ¿Cómo es posible? Se supone que moriste hacen más de tres años.

—Ah eso. Se supone, lo dijiste bien. Cuando regresamos a Destello nos llevaron al Norte para enterrarnos. Imagínate, enterrarme junto al desgraciado de Deon. Entonces, abrí los ojos en la morgue. Para mi suerte solo el maestro Chan se encontraba allí, estaba buscando algo que yo tenía y que, por supuesto no le di, porque en ese momento no me daba la gana. Él me miró moribundo y me curó con la condición de que desapareciera de la vida de los guardianes y jamás me acercara a Zafiro. Así lo hice y él enterró otro cuerpo en mi lugar. Le iba a dar la piedra por agradecimiento, pero lo olvidé. Así que la tuve conmigo todo este tiempo hasta que un día vi a los secuaces de Jing y decidí devolverla. No es que yo sea una buena persona y quiera enmendar todos mis malos actos...—Puso una expresión de desinteresado—. No me mires así, solo quise deshacerme de esa piedra.

—Ni siquiera sé de qué piedra me hablas. Y sí me parece que has cambiado. —Sonrió maliciosa.

—La piedra de la que te hablo es la que te ayudará a transportarte al otro mundo. Pero debes buscar el portal correcto para que caigas en el mundo correcto.

—¿Cómo es esa piedra? —Eli preguntó recordando lo que Reka y Darian dijeron sobre la piedra que Ula se había llevado.

—Es plateada. Tiene una forma extraña que no pertenece a este mundo. Es la misma que utilicé para viajar a la tierra —respondió con serenidad.

—Siempre me pregunté cómo pudiste transportarte. No esperaste las instrucciones del maestro Chan.

—Fui más útil haciendo las cosas a mi manera. De todas formas, solo quería vengarme del maldito de Deon. Pero tú fuiste amable conmigo todo el tiempo que tratamos de contactar a Leela. A diferencia de los otros que me miraban con recelo y hacían esos tontos comentarios. Es por esto, chiquilla, que te voy a ayudar, mas debes conseguir la piedra.

—Solo debo pedírsela al príncipe.

—Sí, claro. —Dimitri rio con ironía—. Jing no te dará esa piedra porque sí. Debes convencerlo de tu teoría y querida, ¿cómo piensas hacerlo? —La miró divertido.

—No lo sé. Le diré toda la información de la piedra. Pertenece a Lucero Verde. Espera... si esa piedra está en Destello, entonces... —Eli se quedó pasmada un momento. Solo había una persona que podría responder a esa pregunta.

—No entiendo tu interés en contarle. Solo roba la piedra y punto. De todas formas, es mía. Yo la encontré.

—No es tuya. Y si tanto la necesitabas, ¿por qué rayos la entregaste?

—Porque creí que la usarían para algo importante y como yo ya no la necesitaba o, eso creí, decidí deshacerme de ella. Pero entonces empezaron a buscarme y mi paz se terminó. Por tal razón, tengo que estar huyendo, y pensé...

—¿Qué pensaste?

—Pensé que nos podíamos ayudar mutuamente. Escuché rumores mientras estuve en Met sobre tu condición, entonces comencé a espiarte. Cosa que fue difícil ya que Búho lo hacía también. Entonces, descubrí que un espía de Jing la vigilaba. Jing y su manía de querer tener el control.

—¿Qué es lo que quieres? —Eli lo confrontó.

—Escapar. No me preguntes, yo me entiendo y con eso basta. Creí que podía vivir tranquilo en Destello lejos de Jing y... Búho, pero no puedo. Y menos ahora que me buscan. Es por esto que quiero irme de este mundo, pensé en la tierra, pero es un planeta muy aburrido y extraño, entonces, maquiné: Eli viene de otro mundo, tal vez ese sea mi nuevo hogar.

Eli lo miró como si se hubiese vuelto loco.

—¿Por qué me da la sensación que escapas de...? —Dejó salir una risita—. ¡Cierto! Te obsesionaste con ir a ayudar a Leela, estuviste a su lado todo ese tiempo y hasta te sacrificaste por ella... tú...

—¡Basta! —Dimitri la interrumpió furioso—. No me interesa esa loca si es lo que estás pensando. Solo quería vengarme de Deon, es todo. Tú decides, si quieres ver a tu amado bufón solo tienes que traerme la piedra y yo encuentro un portal y nos vamos de Destello.

—No voy a robar la piedra. Hablaré con Leela, ella sabrá cómo ayudarme.

—No sé para qué pierdo mi tiempo contigo, chiquilla. Solo te advierto que no me menciones. Estaré pendiente, aquí podrás encontrarme, pero no por mucho. —Le dio un mapa—. Espero que pienses bien antes de abrir tu bocota. Por cierto, todavía estoy investigando cómo rayos fuiste transportada a ese mundo, un portal no es suficiente. Créeme que yo lo intenté varias veces y solo lo logré cuando encontré la piedra, fue pura casualidad. Pero como había un portal abierto para la Tierra en ese tiempo, se abrían muchos otros por la conexión que la fuente provocó; fue cuando encontré la piedra en unos de ellos, al parecer, quien lo utilizó nunca lo recuperó. Recuerdo que cuando trataba de viajar a la tierra con mi máquina y esos portales que usábamos para contactar a Búho, dentro de uno de ellos estaba la piedra en cuestión y eso impulsó el poder de mi artefacto. Pero el asunto de los portales es incierto, una vez traté de volver a usar la piedra y fui llevado a un mundo extraño y deshabitado, por suerte el portal se quedó abierto una hora y pude regresar a Destello. Los únicos que pueden transportarse a otros mundos sin necesitar un portal son los guardianes y el maestro Chan. Odiel, necesita un portal y su diamante. No entiendo como tú fuiste transportada así no más.

Eli se quedó pensativa. Al parecer los rumores de que Ulises la atrajo a su mundo eran cada vez más probables.

—Debo irme. Te haré saber mi decisión en una semana —dijo decidida.

—Entonces te espero en una semana. —Dimitri desapareció de su vista al escabullirse en una de las tantas cuevas de aquel espeluznante lugar. Eli regresó a Zafiro y le dijo a Leela que fue a Jeng a buscar respuestas. Jing le comentó sobre lo improbable que era que estuviera en coma acorde a lo que habían investigado, por tal razón, le pidió que le contara su versión de los hechos con todos los detalles que ella pudiera recordar.

***

Jing se subió encima de Leela. Por fin los mellizos se habían dormido y ellos podían tener un poco de intimidad.

Este empezó a besar el cuello de su esposa con ansias mientras acariciaba su piel. Poco a poco se deshizo de su vestido y acariciaba todas sus zonas erógenas. Leela dejó salir un suspiro, pues su mente estaba en otro lugar.

—Jing... —Hizo una pausa.

—¿Sí...? —susurró, mas siguió besando su piel. Leela se estremeció y por unos segundos olvidó lo que diría, tuvo que concentrarse para no perderse en las caricias de su esposo.

—¿Crees que Eli esté en lo cierto? ¿Crees que haya alguna posibilidad de que Ulises esté vivo...? —Ella apretó su cabello por el placer que sus labios le brindaban.

—Es difícil de creer. —Él la miró a los ojos y Leela acarició su mejilla—. Sin embargo, no descarto la posibilidad. Pero no quiero que te ilusiones, no soporto verte sufrir, mi gatita salvaje.

Leela lo abrazó con fervor. Tenía esa sensación en el pecho que no la dejaba en paz desde que Eli dio su versión. ¿Ulises vivo? Eso sería un milagro.

***

Eli se levantó temprano y fue a visitar al doctor Harrison.

—Me alegra que estés bien, Eli. Te ves muy hermosa y diferente. ¿Acaso ya encontraste el amor?

—Es un tema complicado, señor Harrison.

—¿Pasa algo? ¿Por qué sería complicado? A mi parecer te va bien, te ves más hermosa y se te nota que ya has disfrutado las delicias del amor. —Le guiñó un ojo y Eli se sonrojó.

—¡Qué cosas dice! —Negó apenada—. Yo... vine a hacerle una pregunta y necesito que me responda con la verdad. —Lo miró a los ojos con seriedad y él asintió—. ¿Usted fue tío de Ulises de sangre? Es decir... ¿Los padres de Ulises pertenecieron a su línea sanguínea real?

Harrison se quedó estupefacto ante aquella pregunta.

—¿A qué viene esto? —cuestionó con nerviosismo.

—Solo respóndame, por favor —Eli rogó.

—Eli, muchacha. Tanto Ulises como sus padres están muertos —dijo con marcada tristeza—. ¿Para qué destapar el pasado?

—Necesito saberlo, por favor —rogó con lágrimas en sus ojos.

Harrison suspiró y la miró con pesar.

—Sé que amaste mucho a mi sobrino. Recordar su muerte es muy doloroso para mí, ese chico siempre fue muy especial y yo lo amaba como a un hijo. Para mí él siempre fue mi sobrino, aunque... —La miró unos segundos a los ojos—. Aunque él no tuviera mi sangre. Veinte cuatro años atrás yo viajé a las aldeas lejanas buscando una planta especial para mi presentación en la escuela de médicos. Me perdí en un bosque y fui atacado por rebeldes, cuando estuvieron a punto de matarme, el padre de Ulises me salvó la vida. Era un buen guerrero. Me llevó a su pequeña casa donde su esposa amamantaba a un bebé. Era la criatura más hermosa y peculiar que había visto en mi vida. Quedé ensimismado con sus hermosos ojos, tú sabes lo raro que son. He visto el color verde en otras miradas, pero nunca ese tipo. Lo increíble es que ambos padres tenían el mismo color. No sé si recuerdas a los padres de mi muchacho, eras muy joven cuando ellos murieron.

—Tengo un recuerdo vago. Pero nunca le di importancia al detalle de sus ojos —respondió.

—Bueno, esa familia estaba pasando muchas precariedades y me dio mucha lástima ver la manera tan mísera en la que vivía aquel niño. Los llevé conmigo a la ciudad Met y le conté a mi padre lo que ellos hicieron por mí, él era un hombre muy anciano y de muchas influencias. Me engendró en su vejez después de que el amor de su vida, quien nunca pudo tener hijos, murió. Soy hijo de una criada a quien él le pagó para que le dé ese descendiente que tanto había anhelado y nunca pudo tener. Puedes imaginarte lo agradecido que estaba mi padre, quien yacía moribundo en una cama. Lo convencí para que adoptara a los padres de Ulises como parte de su familia real. Eso se puede hacer si eres influyente. Ellos no tenían una familia, según dijeron eran huérfanos. Fue así como ellos pasaron a ser parte de los Harrison y se convirtieron en guerreros reales. Yo me mudé en Zafiro por orden del rey para servir en su palacio, pero siempre visitaba a mi sobrino y ellos me visitaban a mí. Ya sabes qué sucedió después de la muerte de ellos. Ulises sufrió mucho la pérdida de sus padres y cambió su actitud. Yo tenía tanto planes para él, de verdad lo amé como a un hijo y estaba muy orgulloso de su habilidad. Ese chico era un genio.

Eli limpió dos lágrimas que se le escaparon. Tenía tantas ganas de decirle que él estaba vivo, pero temía que él la viera como una loca o pensara que ella se burlaba de su dolor.

—Una pregunta —Eli lo miró con intriga—: los padres de Ulises, ¿también se cambiaron el nombre?

—No. Solo fue el apellido. ¿Recuerdas sus nombres?

—Sí. Caroline y Josh Harrison. — Eli contestó y él asintió. Ella se quedó pensativa, al parecer, ellos habían cambiado sus nombres cuando llegaron a Destello.