¡¡Díganme que fue real!!

—Enana... —Ulises pellizcó su nariz para despertarla.

—¿Qué? —se quejó con los ojos aún cerrados.

—¿Cómo dormiste? —preguntó sonriente, pero Eli le pegó con la almohada—. Eres una sádica, Enana. Vas a matarme un día de estos.

—¡Déjame dormir, tarado! —Tapó su cara con la almohada.

—Estoy aburrido. Despierta, por favor —dijo removiendo los hombros de ella.

—¡Ay! ¡Qué fastidio! —Se incorporó molesta.

—¿Quieres chocolate caliente? —Ulises ofreció sonriente, en cambio Eli quería arrancarle la sonrisita de la cara.

—Pero lo harás tú. El tuyo queda mejor que el mío. Yo hago los huevos y corto las frutas, no obstante, quiero bañarme primero —dijo entrecerrando los ojos, pues aún estaba molesta.

—Entonces, un baño caliente con flores de la pasión. —Ulises la miró con cara de pervertido.

Después de lavar sus dientes y pelear por quién usaba el lavamanos primero, prepararon un baño caliente con flores aromáticas.

El baño se volvió un juego de niños donde ambos se echaban agua salpicándose divertidos. Entre risas y forcejeos terminaron jugando como adultos. Eli estaba sentada sobre su regazo con la cabeza escondida en el cuello de él; con sus respiraciones aceleradas y sus cuerpos relajados. Se miraron a los ojos y rieron de su pequeña travesura.

—Creo que debemos cambiar el agua. Mis fluidos están por doquier. —Ulises bromeó y Eli estalló de la risa.

***

—¡Listo! —Ulises sirvió la bebida caliente y le pasó una taza a Eli. Ella, por su parte, le dio un plato con huevos y pan tostado; hecho esto, él se sentó a su lado.

—Es injusto que el chocolate te queda mejor que el mío, yo fui quien te enseñó. —Eli bufó.

—Yo te enseñé artes marciales y no soy ni la mitad de bueno que tú. Estamos a mano, Enana. —Siguió comiendo como si tuviera tres días sin hacerlo.

—¡Te vas a atragantar! —Eli lo reprendió tratando de no reírse.

—Cariño, necesito recuperar energía. Todavía no hemos estrenado ni la cocina ni la sala. —Sonrió con picardía. Ella entornó los ojos.

—Eres un maniático sexual. Ya Leela me lo había advertido.

—¿Leela? ¡Ja! Esa sí que no puede hablar. Recuerdo cómo acosaba al príncipe antes de casarse. No quiero ni imaginarme que pasó allí en su noche de bodas. Puedo vislumbrar al príncipe despedazado.

Ambos estallaron de la risa y Eli escupió el contenido de su boca.

—Leela quedó embarazada seis meses después, pero... —Eli bajó el rostro con tristeza al rememorar el sufrimiento de su amiga.

—¿Qué pasó? —Ulises la miró intrigado.

—Lo perdió.

—Espera... cuando nos vimos en los precipicios... ella estaba...

Eli asintió.

—¿Y cuándo lo perdió, Eli? —Su mirada se veía devastada al imaginarse la razón.

—No fue tu culpa, Ulises. Ella sí estaba muy afectada por tu supuesta muerte, pero habían atacado al maestro Lee. Cuando se enteró, fue tanta la impresión que el embarazo no lo soportó.

Ulises dejó salir una lágrima que limpió al instante.

—No puedo creer que sufrió tanto y yo no haya estado a su lado por lo menos para darle apoyo —se lamentó con tristeza.

—Amor, tú estabas atrapado sufriendo sin que nadie te pudiera ayudar. Deja de lamentarte por el pasado. Leela es muy feliz ahora. Ella y el príncipe superaron todas sus dificultades y tuvieron dos mellizos hermosos: una niña y un niño. —Eli lo abrazó desde atrás. Ulises la jaló por el brazo para ponerla frente a él, entonces ella se sentó en sus piernas.

—Me alegra que ella sea feliz. Se lo merece. Leela tuvo muchas pérdidas. Ella sufrió mucho por amor, el asunto entre ella y el príncipe era muy complicado. —Ulises le acarició la mejilla con ternura—. Tú también sufriste mucho por mi causa. Enana; no quiero que sufras más. Voy a luchar con todas mis fuerzas por mantener esa hermosa sonrisa en tu rostro y por darte una buena vida. ¿Cuántos hijos tendremos? —Pegó sus labios sobre los de ella.

—No quiero niños ahora. Somos muy jóvenes, tendremos mucho tiempo para ello.

—Estoy de acuerdo contigo. Es mejor enfocarnos en nosotros por ahora y luego veremos. —Sonrió.

—Yo tengo una interrogante. Espero que tengas la respuesta porque muero de la curiosidad. —Eli cambió el tema.

—¿Qué es?

—Después de que yo me desmayaba en el bosque del Encantamiento, ¿qué pasaba conmigo?

—Yo te llevaba... —Hizo una pausa como tratando de rememorar—. No recuerdo bien, pero sé que te llevaba cargada y mis pensamientos se tornaban confusos en el camino. Creo que era cuando empezaba a ser Lionel, no sé, todo es borroso —respondió aturdido.

—Está bien, amor —Eli acarició sus rizos—. Creo que entiendo qué sucedía. Reka me explicó que había un momento en que eras los dos, me imagino que lo que vivías en esa transición se borraba de tu mente. Estoy segura que eras tú quien me llevaba y te acostabas a mi lado por unos minutos. Te amo, Ulises. No te imaginas lo gradecida y feliz que estoy por esta segunda oportunidad.

—Te prometo que esta vez no lo voy a arruinar.

—No fue tu culpa lo que sucedió, Ulises. Tú no arruinaste nada.

—¿Te dije que te amo, Enana?

—Una mil veces.

Eli respondió con picardía y él empezó a hacerle cosquillas.

—Nooo… Ya... Ja, ja, ja, ja...—Su risa era combustible para él. Eli se soltó de su agarre y salió corriendo. Ulises la siguió y la atrapó por detrás, se tiró con ella en el sofá y besó su boca con fervor.

—Creo que llegó el momento de estrenar la sala —comentó con picardía mientras atacaba su cuello con pasión. Eli se le subió encima y le susurró al oído:

—Mi turno de probar tu sabor...

Ulises respiró con dificultad al verla deshacerse de su pantalón. No pudo evitar la sonrisa de satisfacción al sentir sus labios degustarlo con tanto deseo.

***

Ulises y Eli volvieron a tomar misiones dos semanas después de su boda. Iban al campamento algunos días a la semana, pero muy pocas veces dormían allí.

Habían logrado conquistar varias aldeas en la región Nim. Aquello fue una gran hazaña que les costó algunos guerreros y que los mantenía en continuas batallas por los alrededores de dichas tierras.

—¿Estás bien? —Ulises se sentó en la cama al ver a Eli allí tirada y encorvada del dolor.

—No es nada grave. Solo que a veces el periodo me llega de forma dolorosa —le respondió.

—¿Te duele mucho? — preguntó acariciando su pelvis—. Te voy a preparar algo, ya vuelvo. —Besó sus labios y salió de la habitación. Al rato regresó con una taza de té y una pastilla. Eli se la bebió y luego él le pasó un pedazo de chocolate. Ella celebró al ver el negro postre que comenzó a comer con ansias. Por su parte, Ulises buscó un frasco con aceite, derramó un poco sobre sus manos y empezó a masajear los pies de Eli. Ella se recostó sobre la cama para disfrutar de aquello.

—Ummm... delicioso... —balbuceó con los ojos cerrados.

—Eso te hará sentir mejor, Enana.

Después de darle un reconfortante masaje, se recostó a su lado abrazándola por detrás. Le encantaba esa posición que le daba la libertad de besar y olfatear su cuello. Empezó a cantar, como ya le era costumbre y Eli pronto se quedó dormida.

***

—¡Esto es genial! —Ulises gritó eufórico mientras volaba por encima de los campos de Arcoíris. Eli y él disfrutaban volar sobre los límites de aquella región en su tiempo libre. También, salían juntos a comprar provisiones, tanto para la casa como para el pequeño laboratorio que Ulises había construido en el patio. No era muy amplio y estaba hecho de madera, pero poco a poco construiría uno de concreto con mucho más espacio.

—Nunca me canso de volar esta cosa. —Eli sonrió mientras sostenía el palo volador.

Ulises se hizo famoso por su extraña habilidad con la flora de Lucero Verde y por lo fácil que le era encontrar la cura a muchas enfermedades que, hasta ese momento, no las tenían. Se empezó a rumorar que él era el elegido y algunos Lucerianos lo querían proclamar rey. Por otro lado, Eli era tratada con indiferencia y no todos la aceptaban, pues según ellos, ella no era la esposa adecuada para el elegido de ese mundo. Ulises tuvo varios enfrentamientos con algunas personas que la trataban con menosprecio, en cambio Eli prefería ignorar todo aquello. Era feliz con el amor y la atención de su esposo. Nunca se había sentido tan enamorada ni tan unida a él como en ese momento.

—¡Feliz cumpleaños! —Eli y Ulises gritaron al unísono. Ambos estaban sentados en el piso de la sala con una cena bien elaborada encima de la mesita que iba en medio del sofá. Ellos yacían sobre una suave alfombra con las piernas cruzadas. Decidieron continuar con la tradición que tenían en su niñez de celebrar sus cumpleaños el día que cumplía Ulises, puesto que el de Eli llegaba una semana antes. Como estaban en otro mundo, no sabían la fecha exacta, debido a que se calculaba diferente a Destello; por lo tanto, debían llevarse del juicio de Eli y sus cálculos de acuerdo al día en que ella suponía que fue transportada. Una cena deliciosa, sidra y pastel yacían sobre la pequeña mesa; mientras Ulises tocaba un arpa y Eli cantaba junto a él.

Después de cenar, "bailar", juguetear y reír de sus chistes malos, se fueron a la cama.

—Me encantas..., esto es cada vez más delicioso... —Eli jadeó después de su tercer orgasmo. Ulises se recostó en la cama y la envolvió entre sus brazos. Su respiración aún era agitada y su cuerpo estaba sudoroso. Eli se acurrucó en su pecho y puso su oído sobre su corazón. Le encantaba escuchar sus latidos mientras él hablaba con ella.

—Eso es porque nos conocemos mejor y como dicen por ahí: “la práctica hace al experto”. —Dejó salir una risita que contagió a Eli. Ellos siempre reían de cualquier estupidez que dijera el otro. Ulises tomó la mano de Eli y la besó con ternura. Por un momento sintió una extraña melancolía y dos lágrimas rodaron por sus mejillas.

—Ulises, te amo. Confío en lo que tenemos y siempre lucharé por mantener nuestro fuego encendido, pase lo que pase.

—Mi amor, yo también. Enana, no cambiaría nada de lo que me pasó, porque gracias a eso, estamos aquí juntitos. Estos tres meses han sido los mejores de mi vida. Eli te amo, nunca lo olvides y nunca dejes de creer en todo lo que hemos vivido. —Besó su frente.

—Nunca pasará tal cosa, amor. Nada ni nadie nos podrá separar.

Ambos se besaron con dulzura. Ulises le cantó a Eli como tenía por costumbre hasta que ambos se quedaron dormidos, refugiados en la calidez de sus cuerpos.

***

Eli abrió los ojos lentamente, pues los tenía un poco irritados. Buscó el cuerpo de su esposo al sentir el frío de su ausencia. Se incorporó de repente al notar que no estaba en su cálida habitación. Aún percibía su característica aroma y tenía el sabor de sus labios en el paladar. Pero, poco a poco ese delicioso y dulce olor se tornó en un insoportable aroma a cloro, alcohol y medicina.

Eli miró a su alrededor confundida y empezó a temblar cuando vio a sus padres llorando frente a ella.

—¡Esto es un milagro! —Su madre gritaba mientras la abrazaba con euforia.

—¿Dónde estoy? —Eli preguntó desconcertada y sin entender nada de lo que sucedía.

Su padre se acercó a ella mientras limpiaba las lágrimas que se le escaparon.

—Estás en un hospital. Hace una semana descubrimos que estuviste en coma por un año completo. Esa era la razón por la que nunca te presentaste a la casa que te compramos. El príncipe Jing nos ayudó a buscarte.

—¿Un año en coma? —Eli empezó a temblar—. No, eso no es posible. —Su rostro se llenó de lágrimas al mismo tiempo en que apretaba su cabello con fuerza, mientras sacudía la cabeza con desesperación.

—¡Llama al doctor! —Su madre gritó. Su padre presionó un botón y, al cabo de unos pocos minutos, un doctor con un grupo de enfermeras entró al lugar.

—¡No me toquen! ¡Aléjense de mí! —Eli vociferaba histérica. Salió corriendo del cuarto de hospital. Se apresuraba por los pasillos atolondrada y desesperada, asimismo buscaba con la mirada a su esposo por todos los alrededores—. ¡¡Ulises!! ¡¿Dónde estás, mi amor?! ¡¡Ulises!! ¡Díganme que él está vivo, por favor!

Eli corrió fuera del hospital, seguida por sus padres y parte del personal.

—¡¡Ulises, mi amor!! —Eli cayó de rodillas con gran llanto—. ¡Por favor! ¡Díganme que fue real! Por favor, díganme que fui transportada a otro mundo junto a Ulises. ¡Ulises! ¡¿Dónde estás, amor?!