Capítulo 47

El camino era estrecho y la oscuridad dificultaba el viaje. Sudores fríos recorrían su frente ante la ansiedad y la prisa, puesto que la información que llevaba era demasiado importante. Había llovido en esos días y el suelo estaba lleno de lodo. Aquel mensajero cabalgaba por las orillas de un acantilado, siendo esta la única vía para llegar a su destino. Un sonido sutil lo puso alerta, entonces, entendió que estaba a punto de ser atacado.

***

—Estos son los manuscritos que te mencioné. Los vi en el escritorio de mi maestro. —Un hombre de unos treinta años, ancho, pero no gordo; con cabello negro y lacio, rostro fino y elegante y unos ojos grises que le regalaban una mirada tenebrosa, dijo con una sonrisa de satisfacción y logro—. Al parecer, él fue sucedido como guardián de la fuente.

—¿Él te los dio? —preguntó un hombre, muy parecido a él, mismo cabello, mismo color de ojos y mismos rasgos faciales. Pero éste último era delgado y más joven.

—No. Al parecer, el maestro Chan le ordenó que se los enviara al rey Daniel Patrick, quien está en su lecho de muerte. Según escuché, dos aldeanos de Cristal heredaron las joyas, pero es una herencia temporal. Al parecer, la fuente debe ser entregada a uno de los hijos del príncipe Mikel Patrick, único hijo del rey Daniel.

—Pero, el príncipe Mikel tiene un solo hijo. —El más joven respondió.

—Tenía un solo hijo —corrigió—. Le nació un segundo varón y el anillo del maestro Chan brilló, al igual que con el primero. Solo tiene una semana de nacido y le prepararon una joya que le dieron al otro día de nacer. Pero como los guardianes anteriores no habían terminado su misión, hasta ayer mandó los manuscritos.

—¿Y cómo es que los tienes? —Su hermano preguntó con curiosidad.

—El mensajero fue asesinado en el camino. Al parecer el ladrón creyó que lo que llevaba no era de valor y los dejó tirado. Decidí ayudar al maestro Chan, pero falta un manuscrito. No pude encontrarlo y eso me está volviendo loco.

—¿Y cuándo se los entregarás?

—Quería que estuvieran completos, pero, tendré que entregarlos así. Me imagino que el maestro ha de tener más.

Doce años después...

Adonis, el hermano de Deon iba a entrar al estudio de éste y antes de atravesar la puerta, escuchó algo que apretó su pecho por la decepción.

—Pareciera que a ese manuscrito se lo tragó la tierra. —Deon se lamentó con ira y frustración.

—Señor, hemos buscado sin cesar en todos los alrededores.

—¡Doce años! —gritó con frustración—. ¡Maldición! ¡No es posible que se haya desaparecido del mapa!

—Pero no debe preocuparse, mi señor. El rey Mikel Patrick cree que tiene los manuscritos verdaderos en sus manos. El maestro Chan desapareció de Destello, al parecer, quedó atrapado en un mundo de energía con su nuevo discípulo, un joven de la tribu del Oeste. El guardián nunca encontrará a su complemento y usted tendrá la oportunidad de tomar el control de la fuente y con ella la inmortalidad y la soberanía de los mundos.

Deon lo miró incrédulo y con preocupación.

—El problema es que ese manuscrito habla de cómo accesar a los mundos y tomar el control. Si algo se hace fuera de las reglas, entonces todo se arruinará y puede resultar en un caos y hasta en la destrucción del intruso y los mundos.

Miró un manuscrito de revelación.

—Este manuscrito revela la identidad de la próxima guardiana —dijo sosteniéndolo en sus manos con una sonrisa malvada—. Ella nunca sabrá que es la guardiana porque puse una regla principal en el falso documento. Entonces, ella sufrirá de la ansiedad y el vacío por la falta de su líder. Sabes que las parejas de los líderes son más impulsivas y sienten más las cosas. Ellas pueden percibir la catástrofe avecinarse y ver lo que su pareja líder no. Su espíritu es de sanidad y valentía. Son arriesgadas y luchan por su líder, añadiéndole a esto, lo apasionadas que son. Hay una chiquilla en la aldea de Gofer que tiene la gracia de las guardianas. Estuve pensando en la posibilidad de que se descubra la falsedad de los manuscritos y que el líder guardián se encuentre con su verdadero complemento; eso sería catastrófico para mis planes. Es por esto que buscaré la forma de matar a esa niña antes de que sea un peligro.

Los ojos de Adonis empezaron a arder al escuchar a su hermano mayor hablar de esa manera. Entró al escritorio y le reclamó su falta de decencia.

—Dijiste que reuniste los manuscritos para devolverlos. —Lo miró con desconcierto al entender la situación—. Fuiste tú, Deon. Tú los robaste y me mentiste, engañaste al padre del rey Mikel Patrick. Eres un maldito traidor de lo peor.

—Hermanito, hermanito —dijo en tono burlón—. Tú siempre husmeando donde no te llaman, espero por tu bien y el de tu hijo que te calles la boquita. ¿Entiendes? —dijo de forma amenazante y Adonis salió de allí estrellando la puerta.

Dos años después...

—Lo que me quieres decir es que la hija del guerrero Brown, quien murió en batalla, es la posible guardiana. —Deon sonrió ante el informe de su mensajero.

—Sí. La chica tiene sueños con revelaciones reales y no existe niña en Gofer tan valiente e intrépida como ella. Además, se dice que cuando nació, una luz se posó en el vientre de la madre y fue absorbida por la piel de ella. Era algo incierto y que parecía cuentos inventados, pero es la única niña con esas características en la aldea Gofer.

—Bien, entonces debemos deshacernos de ella. —Deon dijo con una sonrisa malvada.

—Usted diga, señor.

—Esta vez será diferente porque tenemos que asegurarnos de que la niña guardiana muera y no cometamos más errores, debe ser una masacre.

—¿Qué haremos entonces?

—Lo mismo que hacen los corruptos de la cúspide, usar a los delincuentes para cubrir nuestras espaldas. Déjamelo a mí, sé cómo manipular a los rebeldes. —Dejó salir una risa malvada.

***

Deon lloraba desconsolado sobre el cuerpo ensangrentado de su hermano.

—¿Por qué nunca me escuchas, Adonis? —se lamentaba entre llantos—. ¿Ves lo que sucede cuando me traicionas? ¿Cómo se te ocurre intentar decirle la verdad al rey Patrick? ¡Cómo me duele hermano! Pero no me dejaste otra opción. Sin embargo, te prometo que cuidaré bien a tu hijo y le daré una buena vida. Lo prometo —repetía entre sollozos.

Desde lejos, en un rincón de aquella ensangrentada habitación, un niño de catorce años dejaba salir unas lágrimas en silencio al ver a su padre yacer en el frío y manchado piso. Su mirada gris se tornó aterradora y en ella se reflejaba el deseo de la venganza.

***

Kara tenía trece años cuando lo vio llegar al palacio. Nunca había visto a un chico tan bonito en su reino y que reflejara tanto misterio. Su padre lo presentó con orgullo, ya que era como tener un hijo. Su esposa tenía problemas para quedar embarazada y él siempre quiso un varón. Fue un milagro que quedara encinta de Kara, en ese tiempo el rey del norte no podía estar más feliz, hasta que se enteró que era niña. Desde entonces, había tratado a Kara como a un chico y privado de su femineidad. Ella era la burla de las otras chicas y envidiaba los lindos vestidos, joyas y maquillajes que éstas usaban. Siempre estuvo rodeada de guerreros y no se le permitía estar entre las niñas.

Su madre empezó a caer en depresión desde que ella tenía uso de razón y simplemente se desgastó, hasta que ésta se suicidó un día antes de Kara cumplir los trece. Así su cumpleaños fue despedirse de su madre para siempre. Odiaba a su padre porque fue su culpa. Los maltratos, las críticas y la humillación hacia su madre acabaron con su esencia hasta que ella no aguantó más dolor. Por su parte, Kara nunca pudo llevar la vida de niña que siempre quiso. Se maquillaba y ponía vestidos a escondidas, y verse en el espejo de esa forma era su momento favorito hasta que su padre la encontró y le dio tremenda paliza.

Se sintió horrible delante de aquel lindo chico y la incomodidad la embargó. Quería estar bonita para él, quería saber qué se sentía que un joven la viera como a una chica atractiva. Miró sus ojos grises claros, parecían pozos de aguas cristalinas. Pudo notar algo similar en esa mirada, el deseo de venganza. Eran iguales. Querían acabar con la vida de esa persona que tanto daño les hizo. Ellos se hicieron amigos y ella se enamoró de él, en cambio éste nunca le mostró ningún interés. Al principio creyó que era por su falta de femineidad, pero al pasar el tiempo entendió que él estaba demasiado herido como para fijarse en esas cosas; por lo tanto, embargó la esperanza de que él algún día la viera como a una mujer.

Ese chico llevaba por nombre Dimitri Pavlosky, hijo del difunto Adonis, perteneciente al círculo real del reino del Este. Deon había llevado al chico al rey Joaquín para que lo adoptase y entrenase como guerrero del Norte, puesto que tenerlo en frente, era como ver a su hermano. Por eso se deshizo de su único familiar, pues la culpa de su arrebato lo estaba volviendo loco. Ellos tres solían ser buenos amigos, fue en nombre de esa amistad que el rey Joaquín lo adoptó como a su hijo y empezó a pregonar que él sería el esposo de su hija Kara y heredaría el reinado, una vez ellos concretaran el matrimonio.

Tiempo después, el rey se volvió a casar y tuvo hijos e hijas; incluso, tuvo concubinas pese a que eso no era costumbre en su reino. Kara los odiaba a todos y juró que algún día se vengaría de su padre y de la familia que éste formó. Venganza que ella llevó a cabo, dándose la satisfacción de quemarlos vivos después de haber irrumpido en la cueva.

***

El maestro Lee encontró a Leela oculta en el campamento de los guerreros. En aquel tiempo, él había perdido a su esposa que estaba embarazada en mano de los rebeldes, durante el trayecto a casa después de un largo viaje. Ellos habían sido asaltados en el camino, pero aquellos rufianes eran tantos, que él no pudo evitar que la mataran. Nunca se perdonó no haber podido salvarla y ver a Leela sola y temerosa le dio la oportunidad de emendar lo que para él fue un error.

—No te voy a enseñar, chiquilla. No quiero que estés en la batalla. Tú crecerás hermosa y con gracia y te voy a buscar un buen esposo que te dé la seguridad y cuidado que te mereces.

—No quiero un esposo, maestro. —Cruzó sus brazos haciendo un puchero—. Quiero ser guerrera y matar a todos los rebeldes.

—No hables así, Leela. Eres una señorita, eso suena feo en tu boca.

—Entonces, enséñeme. Le advierto que, si no me enseña usted, buscaré quien lo haga. —Lo miró desafiante.

—No quiero que te pase nada.

—Si no sé defenderme estoy más expuesta. ¿No cree? —insistió con manipulación. El respiró casi rendido.

Después de mucha insistencia de Leela y de él ver lo buena que ella era; decidió entrenarla con la condición de que delante de sus guerreros sería tratada como hombre, pues quería mantenerla lo más alejada de ellos posible. Al principio se sentía incómodo con la amistad de Leela y Ulises, pero luego embargó la esperanza de que ellos se casaran. Leela era tres años mayor que el rizado y siempre lo trató como a su hermano menor. Ulises no volvió a practicar artes marciales después de la muerte de sus padres y se convirtió en aprendiz de su tío, quién era el doctor y farmacéutico naturalista de los reyes y servía en el palacio, más nunca quiso vivir allí.