SECRETOS A VOCES
Al identificar la fuente de esas palabras, mis pensamientos se detienen en seco y después retrocedo un par de pasos. Está de pie con los brazos cruzados bajo una camelina de rosas rojas, semioculta en las sombras propias del alba. Julissa es hermosa y sabe sacarle provecho a su aspecto, la prenda que usa se ciñe a su figura como un guante, resaltando sus muy bien proporcionadas curvas y voluptuosidad; viste un profesional vestido verde botella de mangas largas y cuello en V, junto con unas medias negras a juego. Mi aspecto es todo lo contrario al suyo.
—A Gian siempre le han gustado las chicas de ojos azules—añade en tono casual y sin apartar la vista de mi expresión conmocionada. Sobra decir que no esperaba encontrarla aquí.
Sus labios color vino se curvan y sus ojos centellean.
—Veena, sé que pretendes reunirte con Julieta Visconti.
Automáticamente palidezco.
—¿Cómo lo…?
Abandona su lugar para aproximarse a mí.
—¿Quién crees que maneja los asuntos penosos de la Corona? —inquiere con calma—. ¿Quién crees que mantenía a raya a las chicas resentidas que el príncipe desechaba?
Si ella está aquí, al tanto de todo, significa que Gian lo sabe también; sabe que estoy intentando averiguar sobre ese pasado que tanto se ha esforzado en enterrar.
—¿Acaso…?
—No, Gian no sabe nada—me ataja bruscamente al tiempo que se detiene a un palmo de mí—. Aunque debería saberlo, saber que su linda princesa piensa escapar de su jaula para reunirse con “El gran problema de los Creel”.
Suena exactamente igual que Lady Kim. Aprieto los dientes y suelto un suspiro a través de ellos, estoy rabiosa y a la vez aliviada.
—¿Y por qué no se lo has dicho?—inquiero entrecerrando los ojos, y mirándola con suspicacia.
—Es simple, quiero saber hasta dónde estás dispuesta a llegar con tal de conocer el pasado de Su Excelencia—de la nada una sonrisa se dibuja en su boca color carmín—. ¡Y felicidades! Me has sorprendido, te las has ingeniado muy bien hasta ahora.
En actitud despreocupada se lleva la larga uña del dedo índice a los labios, a la vez que añade:
—Veena, desde que Matsson habló contigo en Cianí, el príncipe me ordenó vigilarlo de cerca para evitar que dijera algo que no debía. Está claro que nos falló la noche del cumpleaños, rompió la orden que el príncipe le dio sobre mantenerse lejos de ti, y te habló de esa chica y su relación con Su Excelencia. Así que no me quedó más que intervenir.
Lleva tiempo sabiendo lo que pretendo, pero ha actuado sola hasta ahora y a espaldas de Gian, ¿por qué?
—Yo conozco perfectamente a Julieta, yo soy quien intercepta sus patéticos intentos por contactar al príncipe—continúa. Ella es más alta que yo, por lo que tiene que bajar la vista para verme a los ojos—. ¿Recuerdas la tarjeta que recibí esa mañana en Cianí? Era de ella, para Gian.
De inmediato me viene a la mente la imagen de Julissa arrugando la tarjeta para después devolverla a la bandeja. Esa mañana me pregunté vagamente quién sería el remitente, pero no indagué más.
—Por años esa mujer ha tratado de hablar con el príncipe, y ahora vienes tú con la estúpida idea de ponerte en contacto con ella. Veena, ¡estás tirando mi trabajo por la borda! Así que te diré lo que tanto quieres saber para que dejes de darme problemas.
Desde hace tiempo he sabido que Julissa conoce mejor a los Creel que yo, pero no me hubiera imaginado que supiera de los Visconti y ese misterioso pasado que comparten con la familia real. Nuevamente veo cuánta confianza le tiene Gian a esta bella mujer.
—Aunque la mayoría del mundo cree que la ruina de los Visconti se debe a su hija y su fatídica relación con el príncipe, eso es falso, aunque sólo en parte—dice cruzando los brazos sobre el pecho, y con los ojos fijos en los míos—. Esa historia romántica es real, claro, pero no es la única causa de la miseria de esa familia. En realidad, esa versión fue un exquisito y conveniente rumor que esparció la reina para encubrir la verdad. Justo como hizo con el atentado en Diamante y contigo, usando una historia romántica para encubrir un escándalo.
Yo tampoco puedo evitar relacionar ambas situaciones; mi matrimonio con Gian también es una estrategia de la reina para esconder el problema real: una rebelión y una desaparición.
—En realidad, los Visconti cometieron traición, la lealtad que profesaban a la familia real resultó ser falsa. Usaron a su hija para engatusar al príncipe, mientras que, por otro lado, ellos y otros nobles preparaban un golpe de estado para derrocar al rey.
No logro disimular el impacto de tal revelación, y tampoco reprimir mis dudas.
—¿Traición? ¿Derrocar al rey? ¿Por qué?
Frunce los labios en una mueca desdeñosa, y mira en torno para cerciorarse de que estamos solas.
—Hay casas importantes que no quieren que los Creen permanezcan en el trono, y en un arranque de estupidez se aliaron con casas menores, como los Visconti, quienes deseaban poder para su insignificante apellido. Tenían una buena estrategia para hacerse con la corona de rey; como primera opción: los Visconti y otras casas aliadas darían el golpe de estado, tomarían el trono del rey por la fuerza. Pero si esto fallaba, la chica Visconti debía convencer al príncipe de casarse con ella y así asegurarse de algún día poder convertirse en reina de Pangea. Y cuando tuviera este codiciado título, ella quitaría al rey Creel del trono para subir a otro noble a la cima.
Julieta y su familia pensaban usar al príncipe, aprovecharse de su corta edad para casarlo y algún día poder despojarlo de su corona.
—El mismo día que Gian viajó desde el castillo Cianí hasta De Silvanus para que su padre autorizará su futuro matrimonio con Julieta, la traición de los Visconti y otras familias llegó a oídos de los reyes.
He escuchado perfectamente todo lo que ha dicho, pero sólo se me ha quedado una única palabra en la cabeza. ¿Matrimonio? ¿Tanto amaba Gian a esa chica? No lo puedo creer, desde que conozco al príncipe nunca mostró interés en el matrimonio, de hecho, su aversión hacia la cláusula matrimonial en el Decreto Real siempre fue clara. ¿Esa mujer era tan importante para él como para pensar en hacerla su esposa a esa edad?
—Lo que tú quieres saber es qué relación tuvo Julieta con Gian, y qué pasó exactamente entre ellos, ¿verdad? Ya entiendo tus intenciones para investigar todo esto, quieres tener algo contra el príncipe para poder librarte de tu matrimonio con él—sacude la cabeza y sonríe abiertamente, interrumpiendo mis pensamientos—. El señor Matsson sabe muy poco, pero aun así abrió la boca y te contó algo de lo que tú nunca debiste estar al tanto. Da igual, ya no podemos cambiar nada.
Cuando Matsson confirmó mis sospechas respecto a la relación amorosa de Gian en el pasado, yo pensé que Viconti fue un simple capricho para él. Jamás imaginé que el príncipe de verdad la hubiera amado.
—Cuando Gian llegó a De Silvanus, se enteró de la traición de las casas y los planes que tenían para tomar el trono. Ese día el palacio y Laured se llenaron de agentes. Los traidores fueron inmediatamente trasladados de sus residencias hasta la sala de juicio, fue un caos.
Parte de mi conmoción se esfuma, las manos me comienzan a temblar, y ya no puedo controlar mi respiración. La expectación me tiene al borde.
—Conoces a tu esposo, sabes que tiene un carácter terrible—sus ojos relucen como gemas, y ya sé lo que viene a continuación—. Se llenó de rabia, después de todo lo que él hacía por Julieta, ella terminó traicionando su confianza de la peor manera posible.
Cierro los ojos y me trago lo que me provoca escuchar esto, al mismo tiempo, me siento apenada y avergonzada a partes iguales; apenada porque estoy escuchando algo que no debería, y avergonzada por haber creído que todo empezaba y concluía en un romance juvenil.
—Todos los que estuvieron ese día en Cianí aseguran que el príncipe perdió la cabeza, que enloqueció de ira y rabia. A gritos echó a la calle a los empleados y chicos nobles, mientras tanto, a sus pies, una pobre Julieta se deshacía en disculpas entre llantos descontrolados y sollozos. Veena, te lo advertí muchas veces, te dije que tú no conocías a los Creel, que no sabías nada de ellos—continúa con más dulzura, dejando que sus palabras me quemen—. Gian Creel ha hecho cosas terribles, cometido imperdonables pecados. Te aseguro lo que digo que es la verdad, si hablas con Julieta, ella te dirá lo mismo que yo. Anda, Veena Creel, ve y busca a esa chica, yo no te detendré. Es más, me asegurare de facilitarte las cosas, Gian no se enterara.
Me pregunto si el carácter celoso del Príncipe viene de esa experiencia, de vivir la traición de la mujer que amaba por la codicia del poder; es obvio que sí. También está claro que Gian hizo algo más ese día, probablemente traspasó barreras imperdonables llevado por la rabia. ¿Qué tantos pecados cometió luego de correr a todos del castillo?
—Veena, sé que te estás enamorando del príncipe, y no quisiera verte triste—hace un lastimoso puchero, al mismo tiempo, yo siento que me rompo por dentro en mil pedazos—, por eso te digo todo esto.
Si las palabras de Julissa me lastiman tanto, supongo que es porque tiene razón. No soy estúpida, sé reconocer mis sentimientos y también aceptarlos; sé reconocer cuando he perdido. No sé muy bien desde cuando empecé a mirarlo con otros ojos, tal vez fue desde que salvó mi reputación en el castillo Cianí.
—Dígame, “Princesa”, ¿usará lo que yo digo para desbaratar su matrimonio? ¿O acaso ahora que ha descubierto sus sentimientos por el príncipe, no sabe qué hacer? —inquiere con una sonrisa, no respondo—. Como gustes, haz lo que quieras. Si aún deseas reunirte con Visconti, ve y hazlo, conoce el verdadero rostro de tu marido.
Cierro los ojos, intentando dominarme para no derramar las lágrimas que se están acumulando.
—Te diré una cosa, “Princesa”, Gian sólo ha amado a Julieta, y aunque ella lo traicionó, él la busca en nosotras. Y al final, ha terminado casándose contigo porque no puede tenerla a ella, y no, su decisión no tuvo nada que ver con su hermana y el reino. Todo lo que ha hecho Gian Creel es por una única y egoísta razón: por el increíble parecido que tienes con Julieta Visconti. Por eso, él jamás te mostrará su peor lado.
—¿Peor lado? ¿De qué hablas?
Se encoge de hombros con indiferencia.
—Pregúntaselo a Julieta, ella sí conoce al verdadero Gian Creel. Por cierto, él llegará hoy por la tarde, pero no te alarmes, se irá mañana al mediodía. Así que, visita a Visconti, tal cual deseas.
—No puede ser cierto—musito en cuanto ella se marcha.
Julissa Hester me detesta, me digo una y otra vez, confiar ciegamente en ella sería una estupidez. Me ha asegurado que toda su historia es verdad, pero sé que no puedo confiar completamente en sus palabras. Vuelvo la mirada a la extensa fila de rosas rojas a mi derecha, la brisa matutina todavía se aloja en sus pétalos, el aroma dulce es intenso y embriagador. Con mucho cuidado corto una y la observo fijamente por un buen rato, preguntándome si Gian le regaló rosas a Visconti cuando eran novios, y sí después de la traición, él la cortó con las espinas.