ALIADOS
Fanny se acerca y me pasa un delgado brazo por los hombros.
—Te dije que media hora, la llamada se cortó exactamente cuando el reloj marcó los 30 minutos—resopla, quitándome el móvil de las manos—. Perdiste mucho tiempo al principio y hubo muchos silencios a lo largo de la llamada, ¿por qué tanto misterio?
Volteo y la miro con expresión ausente.
—La Princesa no volverá a De Silvanus, se jugará la vida para no volver aquí.
Mi Primera y yo regresamos a mi habitación, ahí le cuento todo lo que Emma me ha dicho; Fanny también fue doncella de la Princesa antes de ser la mía y merece saber lo que pasa. Mientras yo hablo, ella se dedica a juguetear con la tiara que Gian me regaló ayer.
—¿Qué crees que suceda? —inquiere cuando término.
Me paso la lengua por los labios y me dejo caer de espaldas en la cama.
—Ni idea, pero dudo mucho que la Reina deje avanzar esa relación—arrugo la frente—. Y siendo sincera, yo tampoco quiero que ella esté con ese chico, no me importa que no sea de su clase social, yo sólo creo que ese mundo no admitirá fácilmente a Emma, y ese chico no podrá defenderla de los que quieren verla muerta. Diamante es una ciudad que declaró de la peor manera posible no simpatizar con la familia real. Emma es una Creel y nunca estará segura allí, en ese lugar trataron de matarla y todavía hay hombres que la buscan para asesinarla en venganza a la indiferencia de la Corona.
Fanny se levanta, toma un cepillo del tocador y cuando vuelve se dedica a cepillarme el cabello con extrema dulzura. Cierro los ojos, siempre me ha gustado la sensación que produce el cepillado, me trae calma y mucha paz, funciona como desestresante.
—Ella ya no es la misma, tú misma lo acabas de decir, deja que pelee sus propias batallas—extiende mi cabello en un halo sobre la cama—. A propósito, mencionaste que Emma te dijo que Gian no la abandonó intencionalmente en Diamante el día del atentado, sino que se separaron por error.
Asiento, pero no digo nada. Ahora que sé que Gian no es el terrible hermano que creía, me siento verdaderamente confundida, antes pensaba que no había hombre más ruin en toda la faz de la tierra y compadecía a Emma por tenerlo como hermano. En cambio, ahora veo que Gian Creel tiene un lado amable, que ama de verdad a su hermana y que incluso arriesgó su preciada intentando salvarla, aun cuando el protocolo dicta que él debió dejar atrás a la Princesa y salvar su vida con tal, y así no poner en riesgo el futuro de la familia Creel como únicos herederos a la corona de Pangea. Cuando la vida de los miembros de la familia real se vea en peligro mortal, la familia real debe priorizar la vida del próximo Rey, incluido el actual Rey debe dar su vida para proteger la de su heredero; en términos simples, Gian debió dejar morir a Emma y ponerse a salvo, anteponiendo su propia vida a la de su hermana pequeña.
Me viene a la mente mi última conversación con Gian, él dijo que lo mejor que pudo haber pasado fue que yo no viajará con ellos el día del atentado, porque posiblemente Emma hubiera muerto, y veo que tiene mucha razón. Si yo hubiera viajado con ellos y sobrevivido a la bomba que voló la limusina donde viajaban los dos Creel, entonces tendría que haber dejado morir a Emma y salvar al Príncipe a toda costa; priorizar y salvar la vida más valiosa para la Corona, como agente ese habría sido mi deber.
Después de mucho pensarlo, está claro lo que debemos hacer para resolver el asunto de transporte que me llevará hasta la frontera entre Laured y Celin: debo convencer a Jade para que me lleve en su coche, mejor dicho, en el coche particular del Rey. Gracias a los dioses Fanny logró convencer al resto de mis doncellas para que me cubran durante un día, no sé cómo lo hizo, pero estoy muy agradecida con ella. Ahora el único problema es cómo carajos voy a convencer a Jade para que me apoye en mi estupidez.
—Antes de volver a De Silvanus, él y yo discutimos.
Fue el día que Gian regresó de su excursión, ambos estábamos muy borrachos y dijimos cosas que no debíamos.
—Ve a buscarlo y arréglalo, recuerda que debes ver a esa mujer—me dice mi Primera doncella—. Veena, sólo él puede llevarte, tú no puedes tomar uno de los autos, todos se darían cuenta y no llegarías ni a las afueras del palacio. Debes convencer a Jade, es normal que él visite Laured de vez en cuando, aunque el Rey esté ausente. Si él te lleva, nadie sospechara. Recuerda, sólo podemos confiar en él, otros chóferes no dudarían en acusarte con la Reina de intentar escapar.
—Lo sé, por eso lo he citado en los jardines—digo viendo el reluciente coche negro de Jade aparcar frente al palacio.
—Suerte—me dice Fanny antes de alejarme y salir de De Silvanus.
Me dirijo a los jardines de Emma, el lugar está lo suficientemente lejos de los ojos indiscretos, ahí podremos hablar en paz. Gian permanecerá una semana fuera de casa, debo aprovechar ese tiempo, cuando él regrese yo ya debo saber qué hacer a continuación. Dentro de una semana ya debo saber si permaneceré los tres años con él, o sí voy a largarme antes. Es una decisión difícil, mis padres y hermanos dependen de lo que yo elija, debo convencer a Jade y reunirme con esa mujer, sólo ella puede ayudarme a elegir, mi decisión dependerá de todo lo que me diga sobre el pasado que la unió con mi esposo.
—No creo que al Príncipe le guste mucho verte salir vestida de esa manera—dice de pronto una voz a mis espaldas.
Me detengo en seco y lo busco con la mirada, está parado bajo la sombra de una camelina de rosas rojas. Su porte es bastante tieso y formal, seguro sigue molesto conmigo.
—Él no está en De Silvanus—respondo al tiempo que me acerco a él.
Ambos vestimos de negro, él de traje; en cambio, mi prenda es un ceñido vestido de mangas largas muy acampanadas y hombros descubiertos, la falda apenas me cubre la mitad de los muslos. No me agrada la idea de ponerme todos los días vestidos de gala, me gusta la variedad, y no me importa que el mundo repruebe mi modo de vestir. Y probablemente Jade tenga razón, Gian es muy posesivo y no le gustaría ni pizca verme vestida así. Pero yo soy una mujer independiente, mis gustos no obedecen a un hombre, ni tampoco mi voluntad.
Jade alarga una mano y roza la gargantilla en mi cuello.
—Esmeraldas, veo cuán claro quiere dejar las cosas.
Gian dejó para mí mucha joyería hecha con esmeraldas antes de irse a su asamblea, yo no lo supe hasta esta mañana, cuando Fanny y las doncellas me ayudaron a vestirme. La gargantilla es bastante sencilla, solamente una pequeña esmeralda que cuelga en la base de mi garganta.
—¿Qué cosas quiere dejar claro? —inquiero, aunque ya sé la respuesta.
Jade alza la mirada, y me mira con unos gélidos ojos que demuestran lo resentido que sigue.
—Que le perteneces—baja los ojos a mi vestido, esboza una pequeña sonrisa—. Pero debo admitir que el verde hace juego con el negro, te ves preciosa.
—Jade, tú no me amas—digo buscando sus ojos—. Y yo no pertenezco a nadie, pero tampoco soy estúpida, soy consciente de mi posición como su esposa y hago lo que puedo para no sucumbir a este mundo.
No responde, levanta la vista y mira el sinfín de rosas que nos rodean. Ahora que Emma no está, varios criados se encargan día y noche de mantener este lugar impecable, todas las rosas están frescas y su aroma resulta embriagador, sin duda hace un trabajo estupendo cuidando de los jardines de su Princesa.
—La Princesa pasaba al menos la mitad de su día aquí—musita—. Casi se perdía entre las rosas, era tan pequeña y silenciosa que muchas veces estuve a punto de encontrarme con ella por error. Emma Creel es la viva imagen de la gentileza y la serenidad, todo en ella gritaba tranquilidad.
Asiento totalmente de acuerdo. Pensar que muy posiblemente Emma jamás regrese, me llena de nostalgia.
—La última vez que hablamos me dijiste que yo busco pretextos para quedarme con Gian—digo sin apartar la vista de las rosas.
Se toma su tiempo para responderme, está recordando las circunstancias en las que tuvimos esa conversación, igual que yo.
—Eso dije—dice al fin—, y no me retracto.
—Deberías, porque no es así—esta vez sí lo miro—. Jade, necesito tu ayuda, es un asunto que decidirá si permaneceré con Gian hasta que sea coronado Rey, o sí mi salida de De Silvanus será prematura. Yo no busco pretextos para nada, quiero irme de aquí, y a la vez también deseó ayudar a Emma y proteger a mi familia, pero no es tan fácil. Por esto me casé con el Príncipe: para asegurar el bienestar de quienes amo; al principio no lo creí, sin embargo, este matrimonio ha sido útil para muchos propósitos relacionados con Pangea. Aunque no por ello pienso atarme a un destino indeciso o hasta cruel, y ahora que tengo la oportunidad, quiero elegir el rumbo de mi futuro. Yo siempre prefiero saber bien donde piso.
Sus ojos se entrecierran y su ceño se frunce. Ve que estoy desesperada y que mis palabras son más serias que nunca.
—¿Tu decisión tiene que ver con el Príncipe? —inquiere.
—Así es, debo conocer los alcances de Gian, saber si estaré a salvo a su lado, si su personalidad sobrepasa el mal carácter o no. Mi seguridad y la de mi familia, eso es todo lo que busco. Y sé quién puede decirme qué tan segura soy como la esposa del Príncipe heredero a la corona.
Le cuento todo, mis sospechas y lo que Matsson me dijo sobre la mujer Visconti la noche del cumpleaños de Gian. Jade no dice nada mientras hablo, mantiene una expresión seria en todo momento, escuchando con atención. Cuando termino, me hace unas cuantas preguntas sobre mi plan para salir mañana, después permanece un rato callado, sopesa la conversación y al final asiente.
No ha sido difícil, me digo viéndolo irse, espero que Julieta Visconti me diga lo que yo quiero escuchar. Gian ha demostrado no ser el hombre despreciable que siempre creí, pero si todo resulta ser nada menos que una falsa personalidad suya para manipularme, será un duro golpe no sólo para mí, también para su hermana.
—No creí que irías en serio—dice de pronto una acaramelada voz femenina.