HERMANOS

Cuando Emma vivía en De Silvanus se la pasaba suspirando, decía que el palacio era demasiado grande para los Creel y que no le gustaba estar aquí, decía que se sentía sola e inútil. Supongo que su soledad y la estricta rutina en la que tenía que vivir la llevaron a sembrar el enorme jardín de rosas que ahora adorna una gran extensión del jardín frontal de De Silvanus. Empiezo a creer que quizás el extravío de Emma en la ciudad de Diamante no sea del todo malo, Gian dice que ella está feliz con las personas con las que vive ahora, y eso me alegra mucho, aquí no tenía amigos y tampoco una familia real. En De Silvanus, Emma Creel vivía para el pueblo y para nadie más, no salía jamás del palacio, excepto para asistir a eventos de caridad y aburridas reuniones de nobles en Laured. Su imagen ante el mundo es de una joven inocente y alegre, pero por dentro siempre se sintió sola, convivía con sus doncellas y cocinaba para nosotras como si fuésemos todo para ella, pero era únicamente porque estaba sumamente sola.

—Pero ahora ya no es así—me recuerdo, mirando desde una de las ventanas más altas sus preciados jardines de rosas—, ahora es feliz y tiene verdaderos amigos.

—¿Hablas de Emma? —inquiere la voz de Fanny a mis espaldas.

Asiento sin volverme.

—Si, la mayoría de nuestras compañeras murieron en ese atentado—cierro los ojos y recuerdo la cara pálida de la hermana de Fanny—. Y ella enfrentó esa pérdida sola, Emma despertó herida y en un lugar desconocido, en compañía de extraños. Vio por televisión la noticia de la muerte de sus doncellas y al hermano que la abandonó sin piedad.

—Ella ya está muy bien—dice.

Niego abriendo los ojos.

—¿Cómo lo sabes? ¿Cómo sabes si se siente bien? —aunque Gian me lo ha asegurado, una parte de mi sigue sintiéndose llena de remordimientos y culpa. Después de todo, yo era su Primera doncella y la agente encargada de su seguridad

¿Cómo pude permitir que saliera lastimada y que posteriormente desapareciera en esa horrible ciudad? Y ahora está en peligro, según ha dicho la Reina, pero no podemos hacer mucho para ayudarla. Para mi sorpresa, Fanny ríe con delicadeza. De inmediato me giro a verla, efectivamente está riendo, tiene una mano extendida y en ella un móvil plateado.

—Lo sé porque ella me lo acaba de decir—dice con una sonrisa—. Veena, ayer el Príncipe me buscó antes de irse y me entregó este móvil, me dijo que tú esperabas una llamada desde Diamante. Pero también dijo que yo debía entregarte el móvil hasta que recibieras la llamada, no antes. Y otra cosa, dijo que sólo tenías permitido hablar con Emma por media hora, ¿por qué?

Niego mirando el móvil en su palma, no puedo creerlo, Gian cumplió su palabra a pesar de no estar en De Silvanus, ¿a pesar de no haber cumplido su segunda petición? Un tanto nerviosa tomo el aparato y me lo llevo al oído.

—¿Emma? —pregunto en un murmullo.

Escucho una risa masculina y después la delicada voz de Emma Creel.

—Kohana, ¿de verdad eres tú? No puedo creerlo.

Automáticamente sonrío, es un alivio oírla de nuevo, la última vez que hablamos ella se escuchaba algo deprimida y comunicarle que yo sería la esposa de su hermano empeoró su estado de ánimo. Sin embargo, ahora suena más como ella, su voz ha vuelto a ser la misma de siempre.

—Soy yo, claro que lo soy. Emma, gracias por la tiara, de verdad me encanta—la risa masculina regresa y yo frunzo el ceño—. Perdona, ¿estás con alguien?

Emma también ríe, es el sonido cálido de siempre. Parece estar verdaderamente feliz.

—Así es, querida Kohana—dice y creo que está sonriendo, su voz lo dice—. Estoy con el dueño del departamento donde vivo, es la persona que me salvó ese día. Y sobre la tiara, no fue nada, sólo mandé a modificar una de las mías. Pensé que Gian no te entregaría nada, está muy molesto conmigo.

Y todo encaja en su lugar, el porqué Gian está tan enojado con su hermana pequeña, el porqué la Reina parece no importarle mucho su hija, y el porqué de la repentina felicidad de Emma en esa mediocre cuidad. Ruedo los ojos y Fanny se muerde el labio para esconder su sonrisa, también lo sabe.

—¿Es por un chico, por eso tu familia está tan molesta contigo? —le pregunto.

La Princesa suelta un delicado suspiro.

—Así que ya lo sabes—su voz se ha vuelto algo triste—. Hace poco se lo dije a mi madre, ella naturalmente se molestó y no ha vuelto a llamarme desde entonces. Mi padre, la verdad no sé si le importa o no, nunca me ha querido. Y mi hermano, conoces su temperamento, me llamó hace poco y me dijo cosas muy hirientes.

Puedo imaginarlo, Gian debió ser muy cruel con su hermana menor.

—¿Sabes? Zero le prohibió a Gian volver a llamar al departamento—agrega más alegre.

—¿En serio? —no puedo creerlo, ese chico debe tener muchos pantalones para plantar cara al próximo rey de Pangea. Me pregunto cuál fue la reacción de Gian cuando ese chico lo enfrentó, seguramente eso terminó por enfadarlo más, y puede que haya soltado una que otra amenaza.

—Me encantaría que tú y él se conocieran, se llevarían muy bien—se ríe—. Ambos son muy parecidos, sus temperamentos son casi iguales, no, iguales no; tú y mi hermano sí que tienen temperamentos idénticos. A propósito, ¿Gian es bueno contigo? No soportaría saber que él te trata mal, ya me siento culpable porque parte de ese matrimonio fue con el propósito de desviar la atención de mí a mi hermano y su esposa.

—No, no, nada de eso—respondo enseguida—. Emma, yo estoy muy bien, tu hermano y yo tratamos de llevarnos lo mejor posible. Yo acepté casarme con Gian por muchas razones, no sólo por tu seguridad, además, también quería ayudar. Y no eres la única que se siente culpable, mi deber era protegerte con mi vida y no lo hice, permití que salieras lastimada y que después desaparecieras.

Emma permanece callada un momento, luego dice con voz tranquila:

—Yo te ordené viajar con el resto de las doncellas, y no me arrepiento, si hubieras viajado con nosotros, probablemente ahora estarías muerta y mi hermano también. Tú salvaste a Gian y eso te lo agradezco, la última vez que lo vi, él estaba muy herido, mucho más que yo. Cuando desperté horas después, creí que mi hermano había muerto en la estampida que siguió al atentado, estaba muy preocupada por él.

Es verdad que Gian llegó en grave estado a De Silvanus, pero no sabía que Emma había creído que él había muerto en Diamante.

—Pero él te abandonó ese día, prefirió ponerse a salvo antes que ayudarte...

—No, Gian no me abandonó—dice con firmeza—. A pesar de sus heridas graves, ese día él trató de ponernos a salvo a ambos, pero la estampida hizo que nos separáramos y, aun así, intentó volver por mí, pero se vio arrastrado por la gente y yo perdí el conocimiento. No es su culpa que yo esté aquí, en serio.

No digo nada porque no puedo creer lo que dice, yo estoy segura que Gian la abandonó en pleno caos. Además, si de verdad trató de ayudarla, ¿por qué no se defiende cuando lo culpo de ser el peor hermano del mundo? ¿Por qué Gian permite que yo crea que es el hombre más repulsivo e insensible de todos? ¿Por qué no se esfuerza en limpiar su imagen? Tal vez no soy tan importante para él como para contarme lo que en verdad sucedió ese día, tal vez por eso ni siquiera se digna en aclarar las cosas y sacarme de mi error.

—Kohana, ¿yo sigo siendo importante para ti? —inquiere ella en voz baja.

Salgo de mis cavilaciones y contesto sin pensarlo:

—Por supuesto. ¿Por qué preguntas algo así?

Ríe suavemente, casi la puedo ver encogerse de hombros.

—Ahora me veo muy distinta a la princesa de Pangea a la que servías, ya no luzco para nada como la majestuosa Emma Creel, ya no tengo joyas y tampoco un sinfín de criados. Sin embargo, no me importa nada de eso, aquí tengo una vida común que me gusta mucho, tengo una familia bulliciosa y amigos muy divertidos—suspira profundamente y a mi lado Fanny señala su reloj de muñeca—. Pero vivo temiendo el día en que tenga que regresar a Laured y a De Silvanus. ¿Crees que está bien que me sienta así? ¿Piensas que soy una ingrata por no querer volver con los míos?

Vuelve a reír, no parece esperar que responda, así que no lo hago.

—Kohana, en casa me sentía enferma y deprimida todo el tiempo, a pesar de tu compañía y las de mis doncellas, me sentía desperdiciada. Pero aquí no es así, tengo tareas domésticas como cualquier mujer, Zero y yo cocinamos juntos todos los días, vamos al cine y a fiestas. Me gusta mi vida en Diamante y ya veo el atentado contra los Creel como una bendición, aunque no sea correcto por todas las muertes que hubo ese día.

Trago saliva con los ojos llenos de lágrimas y la garganta hecha un nudo. Esta es su forma de decir que posiblemente jamás regresará con nosotros, que hará lo posible por permanecer en Diamante y al lado de ese chico, que no se dejará arrastrar a De Silvanus fácilmente. No conozco a ese chico con el que vive, pero igual que Gian, empiezo a odiarlo por alejar a Emma de quienes la aman.

—¿Qué estás dispuesta a hacer con tal de permanecer con él? —inquiero conteniendo mi rabia hacia el chico ese.

Ella se toma su tiempo para responder, pero cuando lo hace su voz está llena de determinación.

—Estoy dispuesta a ir contra mi familia, contra la Corona, e incluso contra mi hermano.

Cierro los ojos con el corazón en un puño, y mi odio contra el tal Zero crece mucho más, desearía poder convencerla de no desafiar a la familia real. Ella no sabe lo que dice, puede querer a ese chico, pero ella está destinada a algún noble, y elegir a un mundano ciudadano de Diamante sobre los chicos de las más importantes casas, sin duda será una ofensa para toda la monarquía cuando la noticia llegue hasta Laured.

—Kohana, yo también puedo elegir—dice como si leyera el rumbo de mis pensamientos—, no sólo mi hermano. Todo estará bien, recuerda que Gian se casó con una chica carente de título noble y estatus, y yo también puedo hacerlo.

Suspiro una vez, tiene razón, fue posible con Gian y yo, pero, ¿será posible con ella y ese chico? Sólo espero que no se arrepienta, si los reyes deciden hacerla volver y tomar represalias, no habrá poder en la tierra que los detenga. Se está arriesgando demasiado, Emma ya ha sido castigada por su padre en el pasado, y no quiero pensar que le hará al saber el destino indigno que su hija persigue; por otro lado, está el chico, quién seguramente morirá después de ser acusado de seducir y engañar a la Princesa.

—No te preocupes demasiado por mí—continúa—, yo estaré bien. Cuida a mi hermano, no lo sé, pero cuando vi las recientes fotos que les tomaron juntos, Gian se veía algo diferente, en el buen sentido. Por favor, sé que mi hermano puede ser insoportable, pero encárgate de él y no lo dejes solo.

—Claro, Emma, prometo quedarme con Gian…—digo y enseguida la llamada se corta.