INQUIETUDES
La ginecóloga llega por la tarde y Fanny la invita a pasar hasta mi habitación. Gian ha salido del palacio con su padre para reunirse en una asamblea con algunos tipos influyentes de Laured; me sorprende que no haya olvidado su promesa de anoche entre tantos compromisos. La mujer no viene sola, trae con ella a todo un séquito, y el séquito trae un montón de pequeños estuches de todos los tamaños. Parecen creer que estoy gravemente enferma.
—Disculpa—digo a la ginecóloga—, únicamente quiero una prueba de embarazo.
La mujer y su séquito se inclinan en una muy coordinada reverencia.
—Un placer conocerla, Alteza—saluda y todos se yerguen, hacen que me sienta cohibida—. Y precisamente estamos aquí para confirmar su embarazo.
¿Confirmar qué? Busco la mirada de Fanny, la encuentro en un rincón casi doblándose de risa.
—Creo… Creo que es un malentendido—balbuceo con la cara roja—. Yo no creo estar embarazada y quiero confirmar que no, por eso pedí una prueba.
La mujer no dice nada, todo su séquito desvía la vista con evidente incomodidad. Fanny deja su lugar en la puerta y se me acerca, susurra en mi oído:
—Al parecer ayer muchos de los invitados creyeron que estás embarazada, por la manera en la que te sentiste mal y Gian te sacó; para después ambos desaparecer por media hora—abro la boca para recordarle la razón por la que nos ausentamos tanto tiempo, pero recuerdo con quienes estamos y la vuelvo a cerrar—. Además, muchas de las damas que estaban contigo y la Reina, creen que estás en cinta por los comentarios que hizo la Duquesa. Kohana, tu “supuesto embarazo” ya es un rumor entre los nobles.
Me siento palidecer, mientras esa falsa historia se esparcía yo estaba haciéndole una mamada a Gian, ¿cómo pudimos ignorar algo así? Miro a la nerviosa ginecóloga y a su incomodo grupo, automáticamente me enderezo y me recuerdo que no puedo entrar en pánico frente a desconocidos.
—Entiendo—me levanto de mi sillón y me acerco a la ginecóloga—. Haga los estudios y pruebas que crea necesarios, descarte un embarazo y deme un método anticonceptivo eficaz—ella asiente más nerviosa que antes, intimidada por mi tono de voz y por quién soy—. Sobra decir que todo lo que escuche o vea aquí debe ser confidencial.
Poco menos de dos horas después la ginecóloga hace una última reverencia y se marcha con su séquito. En cuanto sale, me dejo caer en la cama y abrazo los estudios con verdadera felicidad.
—¿Ya estás más tranquila? —me pregunta Fanny sentándose junto a mí.
—Estaré más tranquila cuando esos vergonzosos rumores sean desmentidos—digo con los ojos clavados en el alto techo, recordando ese feo problema.
—No te preocupes, antes de marcharse Gian le encargó a Julissa resolver ese asunto.
¿Gian lo sabía? ¿Por qué no me comentó nada por la mañana? ¿Podría ser por qué estábamos muy ocupados como para hablar? Y no entiendo la razón, pero saber que Gian cuenta con Julissa para todo, no me gusta para nada. Aunque no es inesperado, la misma Julissa me ha dejado claro el porqué es ella la mano derecha del próximo Rey.
—Kohana—la miro, ya no suele llamarme así—, sé lo que te estás preguntando, y estoy segura que no te dijo nada por qué sueles preocuparte mucho. Eres muy nerviosa, siempre has sido así, te preocupas por todo, aunque no te afecte.
Esbozo una pequeña sonrisa.
—¿Dices que Gian se preocupa por mí? —aventuro.
Se encoge de hombros.
—Eres su esposa, es natural que le importes. Piénsalo un poco, a su manera se esfuerza para llevarse bien contigo, ya no mete mujeres en su habitación y tampoco ha desaparecido por meses, como acostumbraba hacer antes de casarse. Veena, creo que Gian te quiere a su manera, pero su personalidad no le permite decirte las cosas abiertamente; en eso los dos son iguales—arrugo la nariz y ella se ríe—. Incluso aceptó vivir en el castillo Cianí para que tuvieras tu espacio ahora que eres una chica casada. A pesar de cuanto odia ese lugar y todo lo relacionado con él, Gian está dispuesto a vivir ahí por ti.
Me muerdo el labio, no sé qué pensar, nunca antes lo había visto de esa manera. Pero ella tiene algo de razón, a su manera Gian ha puesto algo de interés en mí, no es el hombre tan egoísta que creía. Aunque no sepa por qué lo hace, debería agradecerle uno de estos días.
—Puede ser, puede que se haya encariñado un poco conmigo—admito—, tal vez por qué le salvé la vida después del atentado en Diamante. Está agradecido, es todo.
Me lanza una de esas miradas cómplices.
—¿Estás segura que sólo es gratitud?
Su tono me recuerda a la tiara que me regaló Gian en la mañana; una joya repleta de esmeraldas y diamantes blancos. La manera en la que justificó ese caro y excéntrico regalo no termina de convencerme, pero no quiero pensar que tal vez tenga sentimientos románticos por mí.
—Mejor dime sí Matsson ya ha averiguado algo más sobre Visconti—cambio de tema—. Sinceramente, no creo que un engaño amoroso haya sido la única razón por la que ellos dejaron de ser nobles. Creo que hay algo más en esa historia, algo que Matsson no sabe.
Si alguien más pudiera decirme qué sucedió exactamente entre los Visconti y los Creel, no me expondría buscando información a ciegas, arriesgándome a ser descubierta por la familia real. Mi doncella suelta un suspiro y aleja la vista.
—De hecho, esta mañana fui a visitarlo, después de que me corrieras sin explicación.
Naturalmente enrojezco un poco, recordando por qué razón hice que se marchara.
—Como sea, Matsson habló con sus conocidos, pero nadie quiere oír pronunciar ese apellido—levanta un dedo y me señala—. Aunque dio con ella, y aceptó reunirse contigo en cinco días. Entre la frontera de Laured y Celin hay una cabaña, ahí será el encuentro. Sin embargo, ella puso algunas condiciones. La primera condición: no debes llevar a nadie contigo, naturalmente. Tercera condición: si Gian llega a enterarse de su encuentro, tú asumirás toda responsabilidad y harás lo que sea para que él no tome represalias contra ella, Matsson y su novia.
—Bien, ninguna condición es para menos. Entiendo que ella quiera extremar precauciones. Ahora sólo debemos pensar en cómo haré para escabullirme sin que Gian se entere, ojalá esos caprichosos nobles planearan otra expedición.
Ya quiero conocer a la mujer que estuvo con Gian en ese entonces, comprobar si es tan perfecta como dicen todos.
—¿Sabes? —añado poco después en tono pensativo—. Yo tampoco creo que un fallido romance entre el Príncipe y ella haya acarreado esa tragedia.
Cuando hay un escándalo romántico entre la nobleza, suele ser un jugoso tema de conversación que nunca deja de atraer oyentes. Pero que todos evadan el tema de los Visconti me hace pensar que todavía hay cabos sueltos que no hemos atado, cosas que se nos escapan.
—No puedo evitar pensar que estoy persiguiendo un fantasma—confieso a media voz—. Quiero saber qué pasó, y ahora no sólo para tener algo contra Gian, sino porque de este matrimonio dependen muchas cosas. Fanny, yo no sé con quién me he casado.
—Lo lamento mucho, Veena. Pero si Julieta vive en Celin, es porque los ojos de los Creel raramente se posan ahí. No quiere ser encontrada, tendrás que ser muy cuidadosa.
No lo había pensado. Celin es el segundo país más importante después de Laured, yo ya sabía que Julieta se había ido a vivir a esa ciudad, pero no por temor a los Creel, aunque tiene sentido; para vivir en el primer mundo y a la vez oculta del ojo del reino, sin duda Celin es el lugar indicado, está lo suficientemente lejos del hogar de los Creel y lo suficientemente cerca del núcleo noble.
Ahora debemos pensar en cómo haré para escabullirme sin que Gian se entere, ojalá esos caprichosos nobles planearan otra expedición.
—También debemos resolver el asunto del transporte—añade Fanny en tono pensativo—. El lugar de encuentro está bastante lejos del palacio, debes cruzar Laured y llegar cerca de la frontera con Celin. Veena, ¿cómo llegarás hasta allá?
Debemos pensar en soluciones rápidas para nuestro problema, yo debo saber qué ocurrió con esa mujer y averiguar qué tuvo con Gian; necesito saberlo para poder liberarme de mis opresores por mis propios medios. Pero, ¿qué carajos haré para escaparme de Gian por todo un día? ¿Y cómo llegaré hasta esa frontera si no puedo tomar un auto del palacio sin que el personal lo sepa?
Por la noche, me voy a dormir esperando que Gian entre y me diga la otra cosa que quiere de mí para dejarme hablar con su hermana menor. Sin embargo, llegan las doce de la noche y él no aparece, es más, creo que no ha llegado de la asamblea. Escondo la cabeza bajo las mullidas almohadas, sintiéndome tonta y ridícula, porque una parte de mi esperaba a Gian para decirle que no estamos embarazados. Se supone que ambos esperábamos la buena noticia, deberíamos festejarlo juntos, eso hacen las parejas.
—¿Qué tonterías estoy pensando? —digo con la voz ahogada por las almohadas—. Yo y él no somos una pareja, nuestra “relación” no es amorosa.
Cierro los ojos y me esfuerzo en conciliar el sueño, más tardo mucho hasta que logro dormirme al fin. Mi mente no deja de acosarme con la misma pregunta una y otra vez: “¿Qué estará haciendo Gian?”.