Tu turno en el juego

Maddox miró el cuerpo desnudo de Darlene mientras ella se adentraba al agua. Otra vez había caído bajo su hechizo y la había sacado del palacio. Lamió sus labios admirando cada curva, cada tramo de perfección en ese cuerpo de diosa que poseía. Ahora el sentimiento de que ella le pertenencia era más fuerte porque Darlene le dijo que lo amaba. Ya nadie podría alejarla de su lado. Darlene era completamente para él y la persona que tratara de alejarla no viviría para siquiera tener otra vez ese pensamiento.

Cuando ella salió mojada fue por su vestido para colocarlo sobre su cuerpo. Él se quedó en la grama mirándola, esperando para ver qué nuevo entretenimiento ella maquinaba para él. Porque sabía que esa cabeza maquinaba sin parar.

Aun cuando ella le confesó que lo amaba tenía sus reveseras ocultas, con Darlene no podía darse el lujo de bajar la guardia por completo. Por algo era su creación, porque se parecía a él y sabía que, aunque ella enloqueciera por él querría al menos infringirle dolor de alguna manera. Ambos se parecían bastante.

—Dejamos un juego a medias—comentó caminando a él. Maddox admiró como el vestido blanco se adhería a su piel mostrando sus pezones a través de la tela.

—Espera por ti, pulchritudo—comentó—solo espero tu orden para que todo arda—Darlene sonrió.

—Es que aún no se por quién continuar. Si acabar el juego de raíz cuando mate a la cabecilla o acabar con la copia barata de una mujer—lo miró—¿Debby o mi madre?—preguntó—no sé a quién detesto más—confesó sentándose a su lado, Darlene ignoró el frio que recorrió su piel. La mirada oscura de Maddox era suficiente para encender su cuerpo de manera rápida.

—Acabemos con Debby primero—respondió Maddox—porque de tu madre descubrí algo que te encantará dejar para el final—eso causó que Darlene mirara a Maddox con desconfianza.

—¿De qué se trata?—él se acercó a morder su labio.

—No comas ansias, ya lo veas—ella rodó los ojos—¿Qué tipo de muerte le quieres dar a tu hermana?—Darlene mordió su labio. Siendo sincera desde que despertó no había pensado en su madre y Debby, solo pensó en que quería arrancarle la cabeza a Cayden. Ese maldito la había hecho molestar.

—¿Esta noche?—preguntó interesada Darlene.

—Cuando tú quieras que suceda, eres a quien le estoy dando el poder de elegir su día de muerte—ella sonrió.

—Me gusta cómo suena eso—Maddox giró el rostro encantado con esa azabache.

—Lo sé pulchritudo, lo sé—respondió con tranquilidad.

***

Debby miró a su madre quien estaba profundamente dormida y luego miró el papel en sus manos que le aseguraba que Maddox la esperaba en su aposento para por fin darle la oportunidad que tanto deseaba. Sonrió con orgullo sabiendo que ese hombre seria de ella.

Salió imaginando la cara de Darlene cuando Maddox la deseche como un jodido trapo sucio. Caminó airada hasta tocar su puerta. Cuando esta se abrió ella entró mirando al hombre desnudo caminar con tranquilidad. Mordió su labio porque Maddox estaba mucho mejor de cómo lo imaginó.

Cuando se acercó a tocarlo sintió que todo le fallaba y cayó al suelo sin poder moverse, perdiendo el conocimiento al instante. Maddox apareció junto a Darlene y miraron el cuerpo en el suelo.

—Tus alucinaciones son realmente útiles en algunos momentos—comentó mientras Maddox tomaba el cuerpo de Debby como si fuese una basura. Con ella caminaron hasta la misma celda donde mataron al padre de Darlene. Darlene miró la mesa con la sangre seca con una sonrisa. Se había divertido realmente con su padre.

Nunca imaginó que ese hombre sirviera de algo. Al parecer eso de que todos tienen un propósito de vida era cierto.

Debby abrió los ojos y se asustó al solo ver dos cuerpos frente a ella, trató de moverse, pero sus manos y piernas estaban atadas a cada pata de la mesa. Darlene sonrió de esa manera que le helaba la piel desde que entró a ese palacio.

—Hola, hermanita—murmuró con una sonrisa siniestra.

—¿Qué haces? Esto no es divertido Darlene, suéltame—murmuró tratando de parecer segura de sus palabras, pero la voz le falló a último momento.

—No tiene que ser divertido para ti, solo para mi—Maddox se acercó.

—¿Indago lo que te interesa, Darlene?—preguntó sonriéndole a Debby.

—Maddox… no es divertido. Dile a esa estúpida que la dejaras por mí, yo soy más mujer y te aseguro que en la cama Darlene no será ni un recuerdo cuando me tengas—Maddox la miró con aburrimiento—puedo ser todo lo que quieras, solo dame la oportunidad. Te aseguro que soy mejor que Darlene—el bostezo por parte de Maddox la hizo palidecer.

—Antes de jugar contigo, tengo algunas preguntas por hacerte—comentó Darlene con tranquilidad mientras rodeaba la mesa a pasos lentos. Su rosto iluminado por el fuego la hacían ver tétrica ante los ojos de Debby.

—No te diré nada, maldita bastarda—mascullo ella sin dejarse intimidar por Darlene.

—Respuesta equivocada—murmuró Darlene con tranquilidad—Maddox—Maddox se acercó a Debby.

—¿Qué haces?—preguntó ella cuando Maddox acarició su tobillo, eso antes de hacer presión y doblarlo destrozando los huesos y dejando su pie doblado—¡No!—gritó Debby sintiendo el dolor atravesarla. Darlene miró como su rostro se bañaba en lágrimas.

—Siempre me pregunté el por qué mi madre y mi padre tenían preferencia entre sus hijas, pero luego me di cuenta que era porque yo no poseía la poca decencia que posees tú. Sé que te acostabas con hombres casados, cuando mi madre se enteró vieron una mina. Ella siempre ha sido la que máquina y tú la marioneta que simplemente sigue todo lo que ella ordena—murmuró Darlene.

—Déjame ir—lloró Debby aun cuando el dolor que sentía la estaba destrozando.

—Te dejaré ir cuando quiera—murmuró Darlene.

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—¿Qué es lo que quieres saber?—preguntó Debby esperanzada de que la dejaría ir pronto.

—Cuando Aiden apareció en mi ventana no lo analice, solo estaba feliz de que él me buscara, pero… él sabía muchas cosas y una de ellas fue como llegar a mi cuando solo ustedes sabían a quién me vendían—murmuró—alguien le dijo dónde encontrarme, ¿Quién fue?—preguntó con tranquilidad.

—¿Ese infeliz vino?—preguntó apartando la mirada.

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Rogó Debby en su mente.

—El juego comenzó Debby, de ti depende el grado de castigo—la maquiavélica sonrisa en su rostro la hizo sentir el peor terror—formularé la pregunta—murmuró—¿tú enviaste a Aiden aquí?—preguntó y Debby negó diciendo la verdad.

—No fui yo, créeme—Darlene asintió.

—Maddox, indaga—Maddox sonrió acercándose—que comience tu turno en el juego, Debby—susurró Darlene mientras sonreía.