Juego final

Maddox se adentró a la habitación viendo el cuerpo frio de Darlene descansar sobre la cama. Era la mujer más hermosa ante sus ojos, ella aun con sus ojos cerrados, con sus labios pálidos y su cuerpo también. Seguía pareciendo la mujer más hermosa ante él. Él quería su sádica compañera devuelta, es por eso que se acercó despacio rodeándola. Él tenía una idea de cómo la regresaría, solo esperaba que de verdad funcionara porque aun cuando podía morir, mataría él mismo a Cayden.

Que otra persona se tomara el atrevimiento de lastimar a Darlene lo enfermaba. Solo él debía tener ese poder, no se permitió cederlo nunca porque todo lo relacionado a esa mujer era solo su problema.

Por lo mismo se acercó rodeándola. Tocó su rostro con suavidad sintiendo lo tersa que era su piel, eso antes de pasar las manos por su cuello, pasándola superficialmente por sus pechos. La bata blanca la hacía parecer un ángel, todo lo que Darlene no era. Por eso la destrozó encontrándose con la desnudez de la mujer.

—Eso podría costarme caro después, todo sea por traerte devuelta, Darlene Petrova—murmuro antes de bajar la cabeza hasta el cuello de la mujer, justo donde estaba la marca y morder con fuerza. Un grito adolorido salió de los labios de la mujer y cuando Maddox se separó la sangre emanaba de su cuello. Él abrió las piernas de la mujer para morder el mismo lugar que en la ceremonia de su casamiento.

Porque Maddox estaba haciendo un nuevo pacto.

Uno donde él regalaba años de su vida a cambio del despertar de Darlene. El veneno que la mataría con el correr de los días al permanecer dormida, ahora desaparecería, sin embargo, el tiempo que ella iba a durar dormida antes de morir fue facturado a la vida de Maddox.

Maddox se separó con los labios ensangrentados esperanzado de que ella despierte, es por eso que cuando esos ojos chocolates se abrieron sintió una emoción que jamás había sentido.

Darlene se parpadeó sintiendo los parpados más pezados que nunca. Su cuello, su cuerpo dolía y cuando abrió los ojos la imagen sangrienta de Maddox la recibieron. Ella se incorporó con la mano en el cuello sintiendo leves mareos por lo que trató de que todo fuese lento.

La sonrisa del demonio fue gigantesca al ver a su reina volver al juego. Los labios de Darlene temblaron en una leve sonrisa.

—¿Qué pasó?—preguntó aun recordando todo lo que hizo.

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—¿No recuerdas?—ella asintió.

Pronto recordó al imbécil de Cayden y la molestia se hizo parte de cada partícula de su cuerpo, por lo que le envió una mirada fría a Maddox quien la observó curioso.

—¿Dónde está ese bastardo?—pregunto ignorando la desnudez de su cuerpo, pero Maddox no la ignoraba por eso cuando se levantó solo le quedó admirarla. La admiró aún más cuando quitó la tela rota de su cuerpo mostrándose como a él le gusta: imparable, perfecta y única.

—No molestará ya me encargué de él—la mueca en sus labios hizo reír a Maddox.

—Ese maldito me la debe—susurró con fastidio.

—¿No deberías estar débil?—preguntó con curiosidad.

—Yo me siento perfectamente bien—respondió—pensé que estaba muerta—Maddox se acercó a mirarla. Esos ojos dorados brillaron con entusiasmo.

—Quiero escucharte decirlo nuevamente—susurró sobre sus labios.

—¿Escuchar qué exactamente?—preguntó divertida.

Maddox la giró subiéndola en la cama de rodillas antes de acomodarla sobre las palmas de sus manos y rodillas.

—Que me amas—ella sonrió sintiendo más fuerte que nunca la excitación que Maddox sentía por ella. Cuando los dedos de él comenzaron a jugar en su intimidad jadeó. Ella ya estaba húmeda.

—¿Por qué me haces sentir tu excitación?—preguntó en un pequeño jadeo.

—Porque quiero que sientas como me tienes—la giró y se desnudó para acomodarse sobre su cuerpo.

Darlene lo besó con fuerza sintiendo como se adentraba en ella de una estocada. Jadeó aferrada a su cuerpo mientras Maddox se adentraba en su interior como un auténtico demonio.

—Repítelo—susurro saliendo y entrando de su cuerpo mientras Darlene lo animaba clavando sus uñas en las nalgas de él.

—No—susurró encantada con ese juego. Otra estocada más profunda.

—Hazlo, Darlene—jadeó Maddox perdido en la calidez de esa mujer, en su esencia, en todo lo que la representaba.

—No—jadeó y él se detuvo haciendo que ella se queje. Eso antes de sentir sus besos bajar por todo su cuello hasta sus pechos. Sonrió encantada con la atención recibida en cada uno de ellos.

—¿Lo dirás?—preguntó Maddox pellizcando uno de sus pezones.

—No—él salió de su cuerpo para adentrarse desde atrás. Darlene gimió y se aferró a las sabanas. Sintió que se ahogaba de placer y cuando un dedo de Maddox se adentró por su parte trasera gimió como nunca antes a la vez que Maddox entraba en ella como un demente.

—Hazlo, dime que me amas—mascullo entrando y sacando su dedo. Darlene lo sentía por todas partes. Los dientes de Maddox mordieron su espalda.

—Te amo—gimió fuerte—¡te amo!—gritó corriéndose como nunca antes. Maddox la embistió unas cuantas veces más antes de correrse dentro de ella. Sin darse cuenta se quedó completamente dormido cayendo al lado de Darlene quien también se sentía débil.

Darlene miró el rostro hermoso de ese hombre. Su mano temblorosa acarició ese rostro y de verdad se sentía cansada luego de estar tan bien momentos atrás. Se levantó y sonrió maquiavélicamente.

Esperaba que realmente Cayden estuviese muerto, porque si no ella misma se encargaría de mandarlo al infierno. Entre sus planes no calculó que ella quedaría dormida hasta que Maddox la despertara.

¿Qué planeó?

Ella sabía que Cayden no atacaría a matar a Maddox, porque más bien él quería acabar con ella por el peligro que ella representaba para ellos. Por lo que la muerte de Maddox a manos de su hermano la descartó completamente. Ella sabía que enfrentarlos haría a Cayden perder el control y buscaría lastimar a Maddox. Todo ese tiempo que Cayden llevaba en ese lugar fueron para que Darlene lo estudie. Una muestra de lealtad o en este caso “amor” los haría bajar la guardia. O al menos a Maddox.

Las agujas envenenadas no estaban en sus planes, pero ahora ya no importaba. Porque ahora ella llevaba toda la ventaja del juego. Miró el cuerpo dormido de Maddox y sonrió, porque ya había descubierto su debilidad. Sin darse cuenta Cayden le había dado la solución para acabar totalmente con él. No pensó que dos demonios como ellos fuesen tan estúpidos de creer una mentira tan básica como esa.

Ahora era ella quien llevaba las riendas del juego y sin saberlo todos estarían moviéndose a su antojo.

El juego final estaba cada vez más cerca.