Chapter 45.
Sorpresas no gratas
Pasaron varias semanas, buenas semanas, en todos los sentidos posibles, pero ahora me encontraba con la producción y no estaba nada feliz.
-¿Qué clase de mala broma es esta?-Le dije a Michelle cuando me llegó el nuevo guion a la casa y él, me miró entre risas. No tardé en venir apenas lo vi, pensé que era un chiste, no podía estar sucediendo.
-Es lo que ves cariño, tercera temporada, ya es un hecho.
-Pero… pero… no puede ser. Aún ni sale al aire la segunda parte y al menos sé que termina bien, es el final justo para María y para la gente, no me digas que harán una temporada entera de algo que ni está en el libro.
-Lo siento querida, pero ya es un hecho.
-No pienso hacer parte de esto. Me retiro.-Me di la vuelta, pero Michelle, de inmediato, me detuvo.
-A ver, a ver querida. No te me enojes, no puedes retirarte. Sin ti, no hay producción, no hay nada. Nadie puede tomar tu papel, sería irrespetuoso con la audiencia.
Siguió hablando por mucho tiempo y más por el aprecio que le tenía a su persona sobre lo demás, fue que me vi obligada a aceptar. Era increíble que esto estuviera sucediendo. Yo nunca había leído la novela original en que se basaron para hacer la producción, pero con el tiempo, al ver que empezaba a querer tanto a mi personaje, decidí leerla y me pareció increíble. La historia era genial, reflexiva, incitaba mucho al amor propio y es por eso, que el final me pareció tan increíble, era justo lo que quería que sucediera, que María, no terminara al final con Julián, que tanto la humilló durante toda la historia. Era lo ideal el final, pero ahora, y al leer el guion, veo que añadieron escenas que jamás ocurrieron en el libro, sólo para redimir el personaje de Julián (Duval) y que puedan terminar juntos.
Era una porquería total, pero no puedo hacer nada más.
Al salir, miré la hora. Eran cerca de las diez de la mañana este jueves, entonces conduje a la casa de los chicos porque cumplía Simón. Llegué unos minutos después, me recibió Mara, como siempre, pero no sé por qué nunca me saluda ni me mira bien cuando llego, no he hablado siquiera con ella. Supongo tendrá sus motivos. Caminé por la casa y no vi a los chicos, ni me sorprendió porque jamás se levantan a las “diez de la madrugada”. Entonces subí, caminé hacia la habitación de Simón y entré.
Dormía justo como pensé y entonces me acerqué y moví su hombro. Me miró con cara de pocos amigos, estaba totalmente despeinado y tenía marcas de las sábanas en su rostro.
-Feliz cumpleaños.-Le dije, sonrió y se sentó, de inmediato lo abracé y me abrazó también. Tal vez demasiado fuerte porque sentí que por poco se me sale un pulmón. Al separarme, me monté en la cama, a su lado y abrí mi cartera, saqué el pequeño paquete, el regalo que le había comprado y se lo di.
Abrió la boca y luego la cerró, sonrió, tal vez demasiado y reí. Sabía que le iba a gustar, le compré las cartas edición limitada de Yugioh que le faltaban. Él es como un niño aún y a pesar de que pelee mucho con él por sus comentarios imprudentes, él sabe que lo adoro, al igual que Alonzo e Iván, llevo más de media vida estando con esos tres y aún peleamos como colegiales.
-Esto está genial.-Sonrió.-Gracias Ari, eres la primera que me felicita hoy. Te aseguro que esos dos malos amigos ni me harán al menos un desayuno ni por decencia.
-No importa, los levantaré e iremos al lugar de los wafles, el que te gusta.
-¿De verdad? ¿me dejarás volver?-Preguntó y reí, le había dicho que no volveríamos a ir porque hace dos años en su cumpleaños, hizo todo un berrinche porque se demoraron en traer la comida, pero al menos este año, no creo que lo haga.
-Claro que sí.
Al rato, no fuimos al lugar de los wafles porque ya era mediodía y sería vergonzoso ir a desayunar a esa hora. Entonces fuimos a un lugar en que venden pizza y hay juegos. Nos subimos en mi camioneta porque estaban como siempre, mis escoltas y ellos tenían puesto vallenato y no cualquiera, tenían la música del dios de mi padre y eso me daba mucho calor.
-Bueno, pediremos dos extragrande, de pepperoni y de piña, y nada de refrescos dietéticos ni esas groserías.-Dijo Simón y lo miré fijamente.
-¿No crees que es mucho pedir dos pizzas de ese tamaño?
-¿Crees que una sola alcanzaría para los siete?
-¿Siete?-Pregunté.
-Sí Ari, los guajiros, nosotros cuatro y mi querido amigo, el Matthew.
-Ahora le tiene ese apodo al Mateo, desde la otra noche en que veíamos Friends.-Dijo Iván.
-¿Lo invitaste de verdad?-Pregunté.
-Sí, no creo que esté mucho tiempo por el trabajo, pero al menos lo invité, no como tú y probablemente debe estar muy feliz contigo por no invitarlo.-Rió y me quedé en blanco. Probablemente tenía razón, no debe estar contento. No sé ni por qué no se me ocurrió decirle que viniera, ellos cuatro son muy amigos. No sé en qué estaba pensando.
Un rato más tarde, estábamos en la mesa los seis y Simón por supuesto, ya había ordenado las dos pizzas de las más grandes del lugar y ya amenazaba con hacer un berrinche porque moría del hambre, no desayunó por levantarse tan tarde y apenas habían pasado quince minutos desde que ordenó.
-¡AH! ¡VOY A MORIR DEL HAMBRE! ¿ES QUE NADIE ATIENDE AQUÍ O QUÉ?
-Cállate Simón, la gente nos está mirando.-Se quejó Alonzo y era cierto, todos voltearon a vernos con semejante grito de ese sociópata.
-Te ofrecí lo que preparé y me rechazaste, ahora sufre.-Se quejó Iván y Simón se lamentó.
-Mmm, ¿será que Matthew Perry traerá comida de la empresa?-Preguntó Simón mirando detrás de mí. Volteé a ver y lo vi ingresar. Traía su ropa formal de trabajo y como siempre, me perdí viéndolo. Mateo es tan, tan precioso por Dios.
Saludó a los chicos y Simón se puso de pie, lo felicitó, pero Simón, de inmediato, rompió el abrazo y lo miró fijamente.
-¿Trajiste lo que te pedí?-Le preguntó.
-¿Cómo lo iba a olvidar con tu insistencia?-Simón de inmediato, agarró ansioso la caja que traía Mateo y al abrirla, los ojos le brillaron tanto que por poco me queman.
-¡Ah, te pedí una y trajiste la caja completa!-Sonrió y resoplé al ver que sólo se trataba de donuts, pero él parecía feliz como si se hubiese ganado el baloto.-¡Tu sí me quieres, no como ustedes dos, malos amigos, infelices, gente horrible, espero y se quemen en el infierno por las eternidades!
Se quejó, mirándolos y la mirada de Alonzo e Iván no tenía precio, no sé si sólo estaban desconcertados o si estaban enfadados o no lo sé. No tenían expresión alguna. Los hermanos sólo reían al ver la ridícula situación
-¿Y qué hicimos?-Preguntó Iván.
-¿De verdad? Tú te comiste mi gelatina, ¡la de colores! y Alonzo, en vez de felicitarme, me pateó por comprarme unos tres videojuegos con su tarjeta de crédito. Lo iba a considerar como regalo de cumpleaños, pero al parecer, ninguno de ustedes aprecia mi valiosísima amistad.
-¡Ay! ¿por qué no te sientas? ¿quieres avergonzarnos más?-Se quejó Iván.
Se sentó poco después e hizo silencio sólo porque se concentró en comer los donuts que Mateo le había traído y él, se sentó a mi lado. Sabía que estaba molesto, Mateo es la persona que menos puede esconder lo que siente y sabía que no estaba feliz. Simón tenía razón, debía estar molesto porque no le dije que viniera.
-Mateo…-Me miró a los ojos.-¿Cómo te fue en el trabajo?
-Bien, debo regresar dentro de poco.-Asentí.-¿Y a ti?
-Mmm, habrá otra temporada, empezarán las filmaciones incluso antes de que estrene la segunda parte.
-Pensé que ya había acabado.
-También yo lo pensé, pero no. Cómo todo, quieren sacarle más dinero, sin importarles arruinarlo todo.
-Entiendo.-Revisó algo en su teléfono. Lo conozco, Mateo es exactamente igual ahora a cuando lo conocí, es decir, demuestra su molestia de las mismas infantiles maneras. Siempre ha hecho lo mismo, me responde poco y finge hacer algo en su teléfono para no hablarme, pero sé que lo hace es porque quiere que note su molestia.
Reí, de verdad no cambias. Eres el mismo niño ahora que antes.
En ese momento trajeron la comida y un rato más tarde, estaba compitiendo en el juego de encestar con Alonzo, pero quedamos empatados por más que lo intenté. Observaba a los chicos jugar y sentía que Mateo me observaba, eso me causaba mucha gracia, pero no le presté mucha atención.
A eso de las 14h, Simón me ganó en las carreras y se regodeó tanto que decidí dejar de jugar. Entonces Mateo se acercó a mí y me miró frunciendo el ceño, no sé cómo reprimí las ganas de reír en ese momento.
-Ari.
-¿Sí?
-¿No has notado que estoy molesto contigo?-Preguntó y por más que lo intenté, no pude evitar romper en risas, lo cual lo hizo mirarme aún con más indignación.
-Todos notaron que estás molesto conmigo, eres muy evidente.
-Pero… pero… ¿por qué no haces nada al respecto?
-Mmm.-Me acerqué a él y lo abracé, apoyé mi mentón en su pecho y lo miré.-Lamento no haberte dicho que vinieras.
No respondió, evitaba mirarme y reí más aún.
-Mateo, ¿me perdonas?
De nuevo, no respondió, no entiendo por qué estaba molesto de esta forma, no me parecía para tanto, al menos para mí, pero sé que a él le molestan cosas que no logro comprender, lo cual siempre lo hace molestar porque piensa que lo ignoro o que no intento comprenderlo.
-Mateo…
-Mmm.-Me hizo que lo soltara y me miró cuán niño enfurecido.-¡No te perdono y me voy para siempre!-Se quejó y lo vi retirarse, reí y mis amigos también lo hicieron, su reacción en verdad no la esperaba, fue genial.