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- Este parque me trae tantos bonitos recuerdos de cuando era pequeña -dijo Shana con nostalgia-.
- Mira, ahí vienen Amber y Steven -interrumpió Heather-.
- ¿Por qué vienen abrazados sobre los hombros? -desaprobó Shana-.
- No te debería importar porque se supone que ustedes no son nada -fastidió Heather-.
- ¡Hola chicas! ¿Cómo están? suerte que me encontré a Amber porque estaba por perderme -dijo Steven despreocupado-.
- Y vaya que suerte porque justo después me tropecé y casi me tuerzo el tobillo -agregó Amber-.
- Como sea, Stev ¿primera vez que vienes? ¿En serio? te voy a mostrar mis atracciones favoritas desde que era una niña -dijo Shana-.
- Me encantaría, pero ¿Qué te parece si primero comemos algo? -dijo Steven-.
- ¿Estás loco? si comemos primero no te vas a poder subir a los juegos más divertidos donde te sacuden, podrías vomitar -advirtió Shana-.
- Mmm entiendo... ¿Qué tal si subimos a ese que son como muchas tazas? -propuso Steven-.
- Me agrada ese, es uno donde dan vueltas y te sacuden y terminas con nauseas -comentó Amber-.
- ¡Vamos entonces! -concluyó Heather-.
Shana estaba algo confundida y decepcionada, esto no se estaba pareciendo en nada a la cita romántica en el parque de diversiones que había imaginado, en donde compartirían helado, Steven jugaría para ganar un peluche feo que luego le regalaría y tendría un valor sentimental en su relación, gritarían en la montaña rusa y para terminar, subirían a la rueda de la fortuna ellos dos solos y se besarían allí. En cambio, ahora estaba girando en una taza, con su amiga Heather tirada en el piso boca abajo, la tal Amber que tanto despreciaba en lo que parecía un viaje astral, inmutable viendo a un punto fijo con los brazos cruzados, y justo enfrente estaba Steven, que vivía la experiencia como si fuese un niño de 8 años fascinado por la velocidad en la que daba vueltas sobre sí mismo, sus mechones de cabello oscuro caían sobre sus pómulos y no paraba de reír. Shana recordó un estudio en el que se determinaba que luego de una experiencia cargada de adrenalina generalmente causa atracción entre dos personas, también recordó que Steven nunca había ido a un parque porque sus padres estuvieron muy ausentes, y que cuando un hombre y una mujer se enamoran, él tiende a actuar desde su yo niño y ella tiende a actuar desde su yo maternal. De pronto, sintió como si fuese a enloquecer, los gritos de Heather, la cara de Amber, las risas de Steven, su inquietud ante la situación y como todo se repetía en cada vuelta una y otra vez.
-¿Estás bien? puedes salir, el juego ya terminó -la llamaba Steven-.
Shana estaba pálida y no se movía del asiento. Heather se acercó y la sacudió por lo hombros.
- Estoy bien, solo... me maree un poco -respondió un poco lenta Shana-.
- ¿Segura? estás algo pálida -comentó Steven- ten un poco de agua.
- Gracias, me siento un poco mejor, solo, vayamos a algo un poco más tranquilo -dijo Shana-.
- ¿Qué tal a los carritos chocones? -propuso Amber-.
- ¡Ya rugiste! -dijo Heather emocionada-.
- Yo no me siento muy bien para conducir -dijo Shana-.
- Sube conmigo, así me enseñas, aún no tengo licencia para carritos chocones -bromeó Steven-.
- De acuerdo.
Shana abordó el asiento del copiloto y Steven comenzó a conducir.
- El objetivo del juego es que choques con los demás y no te dejes chocar, te ayudo por si alguien intenta chocar desde atrás -explicó Shana justo antes de que comenzara el juego-.
- Gracias, Shana.
-¿Sucede algo, Steven?
- Nada ¿por qué lo preguntas?
- Es que me da la sensación de que has estado evitándome.
- Para nada, solo quiero integrarme con los demás, esto no es una cita, es una oportunidad de compartir como amigos y no aislarse ¿no te parece?
- Supongo que tienes razón -dijo un poco decepcionada Shana-.
- Tranquila, ya tendremos tiempo, si así lo quieres.
- Como sea.
Shana había encontrado la horma de su zapato, se sentía abrumada, quería mantenerse leal a sus principios pero había algo en Steven que la exasperaba, no pudo evitar pensar en lo complicadas que son las relaciones humanas.
Por otro lado Steven quería "probar" en el sentido más sano de la palabra la clase de mujer que era Shana, qué hacía cuando no conseguía lo que quería, si solo quería atención, coquetear e irse o si en realidad lo podía tomar en serio.
- Me encantaron los carritos chocones, fue súper liberador chocar a todos -dijo entre risas Steven-.
- ¿Por qué no vamos a la montaña rusa que instalaron hace poco? -retó Shana-.
- Se ve un poco inseguro en realidad, está muy alto -respondió Heather-.
- Si, casi nadie está subiendo de hecho -agregó Amber-.
- Ay por favor no sean agua fiestas, ¿no que no querías ser recordada como la aburrida Heather?
- Mmm bueno... -dijo insegura Heather-.
- Si ustedes quieren subir pues adelante, yo me quedo aquí -dijo Amber-.
- Uhhh la chica ruda tiene miedo... pensé que no te importaba morir señorita cobarde -de nuevo retó Shana-.
- Vamos Amber ¿Qué tan malo puede ser? a nadie le ha pasado nada y yo quiero probar que tal -trató de convencerla Steven-.
- Está bien, da igual -cedió Amber-.
Subieron al juego, Heather se sentó primero y le dijo a Steven que en el segundo puesto no se sentía tanto el vacío, como era primera vez que subía era mejor estar seguros, así que él se sentó a su lado, mientras que Shana se sentó delante y Amber para fastidiarla se sentó a su lado. Inició el juego mecánico y el tren donde estaban montados arrancó lentamente y pronto fue tomando velocidad, llegó la primera curva hacia la izquierda, todos dieron gritos de emoción, otra curva a la derecha, de nuevo gritos de adrenalina. Así avanzaron hacia las pronunciadas subidas de unos 250 mts de altura y luego las exageradas bajadas. Para terminar había una parte del camino donde el tren giraba y los pasajeros quedaban unos cuantos segundos colgados como murciélagos. Los cuatro chicos sentían el aire en sus rostros y el pecho muy agitado, sus cabellos se alborotaban sobre sus cabezas y los gritos de diversión y júbilo los hicieron olvidar cualquier problema. Comenzó la segunda y última vuelta del juego, el mismo recorrido, curva a la izquierda, curva a la derecha... pero esta vez Amber y Shana notaron las chispas que provenían del roce entre la rueda y el carril, lo que las preocupó un poco, pronto se tranquilizaron al ver que volvía a su curso normal de subidas y bajadas, con solo una que otra chispa, hasta que comenzó a detenerse justo en el giro de 180 grados, el carril se separó y el tren se detuvo con sus cuatro pasajeros casi completamente de cabeza, con una altura aproximada de 200 mts, inmediatamente el pánico se apoderó de cada uno de ellos y comenzaron a ver como las personas abajo comenzaban a gritar y a señalarlos, como insectos corriendo de un lado a otro sin un propósito aparente.
- ¡AYUDA! ¡AYUDA! -comenzaron a gritar, pero no había una solución conocida para ellos-.
- ¿Qué vamos a hacer? ¡No quiero morir! -dijo Heather-.
- Ellos deben tener un protocolo para estos casos ¿no? -trató de tranquilizarla Steven con el mismo miedo y horror en sus ojos-.
De repente se escuchó un sonido metálico, como si se saliera un tornillo que estaba en tensión y liberara una pieza más grande. Era el seguro del puesto de Shana. Con medio cuerpo expuesto a la intemperie, al vacío, a las garras de la muerte, Shana comenzó a emitir un grito desgarrador. Sin perder un segundo, Amber la sujetó del brazo, tan fuertemente, que de un jalón la colocó en el puesto de nuevo y extendió su cuerpo hasta agarrar el otro extremo del asiento, haciendo una especie de cinturón humano. Con el cambio en la distribución de peso las ruedas calzaron en el riel que se había separado, con la inercia y el peso comenzaron a descender, con un ruido metálico chirriante y muchas corrientes de chispa eléctrica. La base de seguridad del punto de partida frenó el tren, la multitud los rodeó y todos decían cosas que no se entendían, muchos estaban grabando, los de primeros auxilios se habían retrasado, quedando detrás de la multitud que se tropezaba y empujaba sin dejar pasar la ayuda. Steven, Heather, Shana y Amber se bajaron desesperados y muy aturdidos, mezclándose en la muchedumbre, hasta lograr salir hacia una sección de niños más apartada y sola. No pudieron evitar abrazarse, Heather y Shana lloraban, Amber estaba fuera de sí, temblando, Steven no dejaba de ver el juego que se elevaba a lo lejos y todos estaban tratando de procesar todo, había pasado tan rápido.
- Muchas gracias Amber -dijo Shana con lágrimas en los ojos-.
- No tienes ni que decirlo, en serio -suspiró Amber mientras la abrazaba-.
- De verdad lo siento, me comporté como una idiota -no dejaba de disculparse Shana-.
- Sé que hubieses hecho lo mismo por mí -dijo sinceramente Amber-.
Steven se acercó y abrazó a Shana, rodeó sus hombros con sus brazos, acercándola a su pecho y besó muy tiernamente su frente, mientras su nariz se hundía en esos cabellos dorados y trataba de acallar el nudo que se le hacía en la garganta.
-¿Qué les parece si comemos algo? -preguntó Heather-.
- Por favor sí -respondió Steven-.
Se dirigieron a la sección de la feria de comida, habían foodtrucks y puestos para todos los gustos, como recién pasaban el susto Shana, Heather y Amber pidieron té de manzanilla para calmarse y un par de snacks de barras energéticas. Steven tenía mucha hambre así que compró una hamburguesa y para tomar, cerveza. Le dio un largo sorbo a la cerveza y al poco tiempo se sintió muy mareado, el choque de la adrenalina, el alcohol, todas las vueltas y sacudidas además del estómago vacío hizo que saliera corriendo al bote de basura más cercano para vomitar.