Capítulo III: Nuevos Caminos

Después de presenciar el bello atardecer, y adentrarse al éxtasis de la noche, Marlina se levantó del tronco. Descendió del montículo, y recorrió el mismo camino que había utilizado para llegar adonde estaba. Y, sin embargo, esta vez lo sintió más corto, llegó más rápido a su cabaña, pues la visión de su futuro la hacía recorrer sus pasos a mayor velocidad. Estaba decidida.

Llego a la cabaña, y la encontró nuevamente arreglada. La mesa reconstruida, los trastes limpios, la cabaña encendida, y los libros reordenados en los estantes.

Emérita estaba sentada. Frente al fuego incesante, quebrante de las pequeñas leñas. Estaba tranquila, leyendo un libro.

–Emérita, quiero ser directa contigo

–Ya sé lo que me vas a decir–responde la joven mujer

–¿Ah sí?

–Así es–exclama la joven mujer, cerrando su libro–. El hombre vino aquí, y habló conmigo. No puedo estar más de acuerdo.

–Eso hará las cosas más fáciles entonces–dice la mujer–. Escúchame yo no he qu–

–Tengo mis cosas empacadas–interrumpe la mujer–. Me iré esta noche, cuando suene la campana dorada de tu estante.

–A la media noche no es el mejor de los momentos para irse

–Es el mejor momento para mí–exclama la mujer–. No creas que estoy agradecida, Elgoneth quería que estuviéramos juntas.

–Ya no se puede y lo sabes bien–continua la mujer–, conoces perfectamente estas tierras. Te he enseñado lo que he podido, y tu camino no debe ser el mismo que el mío.

De pronto, una campana dorada sonó por su propia cuenta. El tiempo parecía haberse acelerado, en la conversación de las mujeres. Emérita se levantó de su rechinadora, agarró sus cosas y pasó por el frente de la mirada de la diosa. Esta última sintió una nostalgia, no obstante, cuando vio la decisiva pero inmadura mirada de su hermana adoptiva.

–Emérita, no quise que las cosas fuesen así.

–Estaré lejos de aquí–impone la mujer, abriendo la puerta–. Como probablemente ya lo sabes. No entiendo cuáles son las intenciones de tu hermano, si este iba ser el final.

–¿Cómo él podía saber esto? Solo quería que cumpliéramos sus propósitos.

–Propósitos que nunca son claros–responde la mujer–, propósitos que él sabe muy bien que son complicados, pues conoce mejor que nadie las diferencias que hay entre los dioses y los humanos. No son compatibles, y nunca lo serán.

–No digas eso Emérita–exclama la diosa de la luz.

–No entiendo esta vida Marlina–responde la joven mujer–. Intentas dar lo mejor de ti, y ella solo te devuelve caos. Es como si nunca fuese suficiente para ella. Hasta que cuando es suficiente para ti, es suficiente. Y entonces allí es demasiado. Y terminamos en estas, en guerra con los seres que más queremos.

–No estamos destinadas a estar juntas–exclama la mujer–. Estamos destinadas a ser opuestas. Y no puedo vivir más cerca de esto.

En el ascetismo de la noche, una serie de truenos comenzaron a rugir entre los alrededores. La mujer se volteó, miró hacia las profundidades del bosque y se adentró a él rápidamente. La mujer iba en destino, hacia la zona sureña de la isla.

El orgullo de Emérita la llevó hacia un camino centelleante de truenos desalentadores; una lluvia incesante se apoderó de la región, y tal y como se lo había advertido la diosa, era el peor momento para realizar su partida.

La hermosa mujer no se detuvo, sin embargo. Hacía pequeñas pausas, entre algunos de los árboles. La mujer había avanzado mucho; demasiado de hecho. Y en un corto período de tiempo, había alcanzado las alturas de la zona sureña del lugar.

Nunca había visto estos lares, pues era primera vez que recorría estas tierras escondidas. La diosa la había depositado la confianza de recorrer sus caminos por su propia cuenta, y precisamente este conocimiento limitado, es el que la había hecho perderse entre las zonas inexploradas de su mente, dentro del inmenso misterio.

La lluvia se había detenido, y entre la oscuridad de la noche fría, la mujer vislumbró un camino empinado, y ascendente. Decidió cruzar por este, pues la idea de apreciar desde las alturas el lugar le parecía la mejor opción. No sabía hacia donde seguir, y ciertamente no tenía ni la más mínima idea de donde se encontraba, más que en el laberinto de sus ideas caprichosas.

Siguió el camino. Subiendo entre la pequeña montaña. El cielo era difícil de apreciar, pues aún sobrepasaba los inmensos árboles de la zona. Con su capucha mágica, bordada por la diosa de la luz, seguía cubriéndose de las rocosas piedras pequeñas que le caían mientras subía. Ahora, estaba escalando la montaña; algo llamaba la atención en la visión de la mujer. Veía una radiación azulina, brotando en las alturas. Parecía provenir de la cima, una luz de una naturaleza que jamás había visto.

El desfile de la noche se esclarecía, y el nocturno septentrión se iluminaba de unas ráfagas de luces muy extrañas, pero divinas para los ojos de la humana. Su energía cautivaba su corazón, atraía su espíritu. Y después de haber recorrido una larga noche, parecía haber encontrado finalmente un lugar muy valioso en la región desconocida. Escaló hasta que llegó a la cima de la pequeña colina, y al asomar su visión, encontró un pequeño conjunto de arbustos luminosos. El destello de un milagro, brotando una energía de color zafiro sobre ellos.

De todas partes, brotaba la energía azul brillante. La mujer no sabía que tan alto estaba, pero cuando cruzó los pequeños arbustos, encontró un camino que conducía hasta la cúspide. Hacia la ladera más alta, de la extraña montaña

La mujer se quitó los arbustos de su rostro, la energía llamaba a gritos por sí misma. No podía contenerse, y el sonido tenue comenzaba a irradiar sobre ella. Llegó al ápice de la montaña, en la cúspide de lo desconocido, y sus ojos deliraron de belleza al ver un espectáculo que quedaría grabado para siempre en la mente de la mujer.

A la distancia, se encontraba una torre celestial. No tenía idea de lo alto que estaba, hasta que vislumbro el poderío que brotaba de ella. Era el punto más alto de toda la región, y ella, era el centro de la energía azulina que brotaba por todos los alrededores del lugar.

De pronto, una voz vertiginosa se adueñó de las misteriosas cercanías, rugió entre los ecos de las alturas, y exclamo unas palabras hacia la confundida princesa.

–Bienvenida, iniciada de los terrestres, al gran palacio de Aravir. Elaborado en un solo día por el grandioso Arac, El Elegido–exclama la voz misteriosa, resonando entre las alturas de la montaña–. Tu espíritu ha sido atraído aquí, pues aquí yace el nuevo camino reservado para ti; desde la perfección de todas las deidades. Adelante, el dios del plasma te está esperando en la última de las cámaras.

Un camino centelleante de luz empezó fundirse entre las alturas; se manifestó ante sus propios ojos, formándose desde la torre impresionante, hasta la cúspide de la montaña donde se encontraba la mujer.

Emérita no podía creer lo que sus ojos estaban presenciando. Pensó dos veces si seguir el camino, o simplemente darse la vuelta y regresarse a las parcelas, donde se sentía más segura. Pero ella sabía, que el camino era hacia adelante, y su corazón no podía parar de gritárselo con fuerzas, latiendo agitadamente. Estaba totalmente atraída al increíble lugar.

Dio el primer paso, y sentía como si estuviese caminando entre los aires. El mágico sendero de luz brillaba sobre las alturas, y la hacía flotar entre las alturas maravillosas del sur. Estaba en un sueño, latente de esperanza y nuevos inicios.

Cruzó el largo camino, tratando de no mirar hacia abajo; era una caída larga. Un conjunto de energías ondeantes, le acompañaban en ambos lados; guiándola hacia la enorme torre, hasta llegar, a la enorme puerta resplandeciente.

La torre estaba repleta de cristales. Sus bases se solidificaban por sí mismas entrelazándose sobre todas sus partes, gracias al poderío de cristales marinos y plasmáticos brotando de ellas. Unificando una estructura abismal, el cual, en realidad, parecía haber sido construida para utilizarse como un faro gigante.

Las puertas se abrieron solas hacia adentro, y la mujer sintió desde la entrada, la frialdad que se encontraba dentro del palacio. Estaba desolado, congelado por dentro, y en la parte superior de la entrada se encontraba un grabado de cristales, que denotaban una energía púrpura viva desde dentro. Estas se sincronizaban a la perfección, y se enlazaban entre ellas. Pero ellas estaban colocadas allí, en su orden perfecto, como la designación fidedigna del palacio majestuoso,

"ARAVIR SOLARI,"