Represión - Perón - Estado de Sitio - Mi Padre - La Oferta
La represion
Juntamos las cosas y nos despedimos de mi tìo y su gente.
Mi hermana y mi hermano viajaban atrás de la camioneta Peugeot, refugiados en la cupula durmiendo en un colchon y frazadas.
A mi me había tocado viajar en la cabina, sentado entre Nico y mi madre.
La luz del tablero se reflejaba en los vidrios de las ventanillas de las puertas, mi madre intentaba buscar una radio A.M. para que Nico no se durmiera, apretando unas teclas negras que hacían correr la aguja del dial a saltos.-
El estuvo callado un rato largo, cuando se divisaron las luces de Caleta Olivia le dijo a mi madre:
-¿Vistes lo que le hicieron a Pichon, el hijo de Doña Monica?
-No- respondió mi madre queriendo saber mas.-
-Lo agarraron enfrente de Prefectura y lo golpearon con cadenas cuando estaba tirado en el suelo- dijo fumando la pipa- lo mandaron al hospital.-
-¿Los milicos?- preguntò mi madre.-
-No, sè, es lo que me comentaron antes de venir para aquí, en Buenos Aires esta muy fea la mano, y ahora està llegando al sur, a ver si te das cuenta.
-Pero si ese pibe no jodìa a nadie-
-Vos vistes como son- yo me voy a quedar sin trabajo en el Congreso si la cosa sigue asì, menos mal que soy maestro mayor de obras, asi que me voy a dedicar a la construcción, estoy con un proyecto de una empresa para zafar, y te aconsejo que vos abras los ojos.
-Si, algo sabia- dijo mi madre mirando la hilera de focos que llevaban al monumento al obrero petrolero llamado El Gorosito, a la vez que se arreglaba el cuello de su campera de lana como si tuviera frio, mientras cruzaba sus brazos acomodándose en el asiento- Me dijeron que llevaron preso a Manolito Sandes el de SUPE, ¿te acordàs?, pero la cagada que le encontraron armas en el tanque de agua de la casa.
-Vos fijate y después charlamos- respondió Nico frenando enfrente de nuestra casa.
Conociendo a Peròn
Caleta Olivia tenía el monumento El Gorosito en el centro de la ciudad, que media mas de 14 metros desde su base.
Era un obrero petrolero, con el torso desnudo, labios gruesos y,casco, abriendo una valvula inmensa, tres personas se podían sentar en sus botines y sobraba lugar para otro mas, me sentía un Liliputiense cuando pasaba a su lado, Tenia un cinto con hebilla y un pantalón de trabajo. En ocasiones imaginaba que rompia su postura a las tres de la mañana y salía a caminar por las calles para ir a comer animales o meterse en el mar y arrastrar los barcos.
El Gorosito era el lugar en que convergían todas las avenidas de la ciudad, nuestra nueva escuela en donde habíamos hecho nuevos amigos, estaba a cuatro cuadras, pero debíamos cruzar la avenida para llegar a ella. La Escuela era publica usábamos un guardapolvo blanco, en ocasiones nos daban el brazalete de la cruz roja para atender a los compañeros si se accidentaba, nuestra escuela era una casa grande alquilada, pobres, ricos y clase media íbamos todos juntos al colegio, el pobre aprendía del rico por las cosas que le compraban sus padres y que no tenia acceso este y el rico aprendía del pobre, a tener sensibilidad por los demás, la amistad sin interés, y ganarse el respeto futuro, por que todos sabían que algún dìa serian alguien en la sociedad pero la voluntad no seria impuesta sino adquirida para toda la vida por haber competido de igual a igual, de cualquier manera nadie se sentía menos que nadie . Un compañero rico era Gerardo Quintal, y Un amigo clase media era Josè y Salvador Valenti, Josè era màs acorde a nuestra edad. Soliamos ir a la casa de el, su madre Doña Elena trabajaba con nuestra tìa en la mutual de YPF. Ella conocía a mi madre por mi tìa, y sabía que se esforzaba por sacarnos adelante, ella nos invitaba a su casa a ver televisión con sus hijos por que nosotros todavía no teniamos y mi madre a veces llevaba a los de ella a la estancia a pasar un fin de semana.
Don Valenti era de Buenos Aires y tocaba el bandoneón por las noches, siempre íbamos a ver televisión a su casa, en ocasiones mirábamos “Voltops” , “Argentinisima”, “Los intocables” o “Los invasores”.
A veces tocaba el bandoneon para nosotros.
Arriba de su televisor había la mitad del cuerpo de un muñeco con traje, sonriendo, con los brazos abiertos que podían girarse las palmas.
-Ese es el General Peròn- me dijo señalando al muñeco, habíamos vistos las noticias cuando el había muerto.
Pero ese dìa estaba enojado con el televisor y lo insultaba, después de una cadena nacional:
-Esta vieja de mierda lo único que sabe decir es: ¡Por que el pueblo! - e imitaba el tono de voz de la mandataria.- Nos va a hundir a todos, nos va a hundir, no le llega ni a la uña negra del pie a Evita.
Ese dia. Después que salimos del colegio, nos fuimos al parque de la playa, a los lejos se veía el Complejo Municipal con sus formas redondeadas.
Allì trabajaba mi hermano, de para-palos en la cancha de bowling haciendo una diferencia fuera de las horas del colegio, era toda una novedad por que por fin había deportes en un lugar cerrado, Basquet, Voley, pelota al cesto, natación, esgrima, artes marciales y boxeo.
Atrás del complejo había un circo con animales que pasaríamos a ver ni bien terminaramos allí.
Resulta que habían anunciado un maremoto, la gente norteña estaba preocupada de verdad al punto de malvender sus casas e irse de la ciudad.
La marea realmente había subido mas de lo común y màs que un mar de fondo.
El mar rugia terriblemente, el lugar donde nos tirábamos a descansar para hablar del programa televisivo argentino “Titanes en el Ring” con Karadagian, la momia blanca, pepino, el caballero rojo, STP, Ruben Peuchele y en base a eso hacíamos las peleas.
O la serie norteamericana “El hombre nuclear”, al que remedábamos con su movimientos en cámara lenta, moviendo los brazos como si estuviéramos corriendo y repitiendo el sonido con la boca (- kggggggg), igual que su mirada de acercamiento (-uhuuuuuuu).
Un compañero del colegio de nosotros llamado Pereyra creìa tanto de eso, que alegaba su veracidad, disgustandose por que nosotros lo poníamos en duda.
Para probar su teorìa se tiro del barranco de la playa de aproximadamente cinco metros, pero no de forma abrupta sino en un plano inclinado, de cualquier manera provocò la risa nuestra por el porrazo y lo sucio que había quedado sin saber que se había quebrado el brazo, pero no lo reconstruyeron como a Steve Hostin, solo le pusieron un yeso en su quebradura, su madre al enterarse de la travesura, no lo dejó juntarse màs con el grupo nuestro e iba seguido al colegio para vigilarlo.
El, ya no creìa como antes que la serie era real, pero nosotros cuando lo veìamos solo, hacíamos la mímica como que íbamos corriendo.
Todo estaba lleno de agua. Había llegado hasta los escalones del parque; que era mucho, la bruma estaba en el ambiente, algunas personas lloraban y a otros nos tenía hipnotizados.
Pero el mar no destruyo la ciudad como habían pronosticado, retirándose para volver a la normalidad.
Los altoparlantes que estaban puestos en la ciudad ya no sonaban como antes.
El Estado de Sitio
Nos habían dicho que estábamos en Estado de sitio, y que no podíamos salir después de las ocho de la noche, no andar mas de dos personas juntas, debíamos tener documentos y usar el pelo corto, a pesar que todavía algunas canciones en la televisión como “Es una nube” del grupo Vox Dei.
-A ese le cortaron el pelo cuando vino a Comodoro- dijo uno refiriéndose a Leon Gieco.
Ese dìa se me había hecho tarde en la casa de los Valenti, el dueño de casa miraba la revista “Para Ti” o “Gente”, riéndose de las fotos.
-Mirà, Pelè va a ser asì de viejo dentro de veinte años, hicieron un truco, mirà el pelo blanco y la barba, ¿te imaginas a Pele asì? Decía el sorprendido.
Yo ponía unos terminales en un juego de preguntas y respuestas, que encendian una luz si era verdadero, Josè siempre tenia buenos juegos. Nosotros solo teníamos “El estanciero”, el ludo, el juego de la oca, y el rifle de aire comprimido.
Luego sacò un auto de Batman para impresionar, era hermoso a pilas, con luces, de color negro brillante, se veìa una luz en la turbina de fuego, las llantas eran cromadas, las puertas se abrían y el parabrisas era redondeado, uno para Robin y el otro para Batman.
Pero Doña Elena le dijo:
-Josè, ese auto no es para jugar, es un adorno para que tengas cuando seas grande y se lo des a tu hijo.
-Bueno mami- dijo Josè y lo fuè a guardar en la misma bolsa que lo había sacado.
Y asì había pasado la hora sin darme cuenta, hasta que mirè el reloj y eran las veinte treinta
-Acompañalo, Salvador hasta el Gorosito y te venìs- le dijo el padre
Ya lo estaba comprometiendo por salir de su casa.
Las calles estaban vacìas, solo nosotros dos caminando, El Gorosito se hacia mas grande a medida que avanzábamos, nadie, por ningún lado.
(-Menos mal-) pensaba yo, solo me queda pasar la avenida hago dos cuadras y llego a mi casa, cuando pase el monumento y llegue al centro catamarqueño empiezo a correr y no me van a agarrar.
Una cuadra antes de llegar al monumento dejamos de hablar para no llamar la atención,(-Señor que no estè la policía-) rogaba en silencio yo.
Cincuenta metros antes, Salvador me dijo:
-Bueno, hasta aquí te acompaño yo, nos vemos, hasta mañana- regresò sobre sus pasos hacia su casa.
El corazón me latia rápido, por la psicosis que había- cuando estaba por pasar el monumento escucho un pitazo:
-¡PrrrRRRRrrrup!,!Venga para acà!- dijo el policía llamándome, y sin darme tiempo a nada me comenzó a preguntar- A ver, ¿Tiene documentos?, ¿De donde viene Usted?, ¿Con quien se junta?, me parece que me va a tener que acompañar.
Lo único que atine a decir fue llamar a Salvador
-¡Salvador!- alcance a gritar ahogadamente, en ese grito estaba la desesperación hecha carne, como diciendo, no me dejes solo por favor.
El volvió, era mayor que yo y le habían enseñado a desenvolverse en estas situaciones.
-Buenas noches agente, el fue a mirar televisión a mi casa y se nos hizo tarde- y agregó – Disculpe, no va a volver a suceder-
-Esta bien, esta bien- dijo el policía cortante – por esta vez pasa, retirese nomàs- Salvador me miro dio la vuelta y se fue a su casa. Cuando estuvo a veinte metros, el policía me mirò y me dijo.-
-Y Usted, es la última vez que lo quiero ver en el centro, ¿me entendió?
-Si señor- dije yo.
-Raje de acà, pendejo de mierda y la puta madre que lo pario.- dijo haciendo chasquear los dedos.
Por supuesto lleguè corriendo a la casa con el corazón agitado. Cuando entre, mi madre me preguntò sorprendida:
-¿De donde venìs?, ¿Qué te pasò?
-De la casa de don Valenti, pero me agarrò la policía- y le contè lo sucedido.-
-¡Nunca, pero nunca corras de la policía- me aconsejò ella- Nunca le tengas miedo, miralos a los ojos y llevà tu cedula.
Al otro dìa mi madre había comprado un televisor Ranser, blanco y negro para que no nos moviéramos de la casa.
La escuela AGE asi le decíamos, estaba enfrente del muelle de YPF, igual había sido una casa de familia y habían adaptado las aulas para estudiar.
Las empresas habían donado cuatro casillas de madera para que también sean aulas.
Uno de los chicos que era del Barrio Mar del Plata, empezó a dibujar en una hoja cuadriculada, y le fue haciendo sombras a los cuadritos hasta que se divisò una imagen que nos mostrò a nosotros.
-A ver alumno Altamirano- muéstreme eso y el niño le entregò la hoja- ¿Qué se supone que es esto?
-San Martin- dijo el chico
-El General- dijo ella como si le faltara algo a la frase-San Martin en todo caso, pero esto no es lo que Usted dice, este dibujo es el Che Guevara, asi que se me va a dirección por que le voy a poner dos amonestaciones y mañana se viene con sus padres-
-Pero señorita….
-Shss, shss, shsss, a mi no se me discute, tiene cuatro amonestaciones, entonces, camine nomàs, vamos a ver a la directora.- y se retiraron del aula.
-¿Quién es el Chè Guevara?- preguntamos nosotros al compañero de Altamirano.-
-¡Callense boludos a ver si nos escuchan!, no se quien es, pero mi papà me contò que ayer, entraron los soldados a los pabellones de YPF a revisar y se llevaron un hombre por que tenia un libro con fotos de èl.
Capitulo XIV: Adaptandose
A Nico le estaba yendo bien con la empresa de construcción, había construido un jardín de infantes y ahora estaba haciendo la red cloacal de la ciudad.
Nosotros conocíamos a su representante técnico en la ciudad, era un hombre rubio, de cuarenta y cinco años, medio duro para hablar, tenía tres hijas y un hijo, nosotros solo lo conocíamos por don Miüller.
Sus hijas todas bonitas, nosotros teníamos amistad con Irma y Alida, Damian era el màs chico, Don Miüller lo trataba con firmeza, marcándole la diferencia entre mujeres y varones, la crianza parecía que estaba dividida en su hogar las mujeres para la madre y el hijo para el padre.
Tenìan en el living una caja de chocolate de Bariloche, en cada ventana recortada había una foto de ellos, yo me ilusionaba pensando que existía la casa de chocolate de Hansel y Gretel.-
En otras ocasiones, íbamos a la casa de Nico, cerca de la costanera, una noche le dijo a mi madre.-
-Haceme un favor, ¡llevate esos libros que son de política y el disco de Eduardo Falù, “La muerte de Juan Lavalle” por que también esta prohibido, guardalo en algún lugar de la estancia, hasta que pase esto, allì no van a ir, si me llegan a agarrar con eso me mandan adentro.
-Pero me ponès en compromiso a mi y a los chicos.- dijo mi madre
-No, yo te voy a ayudar, lo que pasa que no los quiero quemar – dijo el
-Bueno, deja todo en una caja en el entretecho y este fin de semana lo llevamos
-No, ese es el primer lugar que buscan
-Ponelo en el horno o en el congelador de la heladera.- si vos no cocinàs.
-Tranquilicémonos, nos estamos poniendo demasiado paranoicos, yo voy a dejar todo como esta en la biblioteca, si vienen, vienen yo me hago el boludo como que no sabia y sino los llevamos.
-Nico – cortè yo preguntando- estuve en la casa de Damian, el hijo de Don Miüller, estábamos mirando el atlas y le preguntè ¿de donde era su padre? y el me señaló con el dedo. Yo le dije.¡Ah!, Ud. es de Yugoslavia. Pero el me cortò gritando- tuve que imitar su acento medio alemán-¡Crrro-a-ta!.
Nico y los demás escuchaban atentamente, desde su silla, el estirò su brazo y con su mano me tomò el hombro aconsejándome:
-¡Nooo! Negro,no. ¡Nunca màs le preguntes eso!, ellos tienen como tres países, los croatas, los serbios y los montenegrinos. Ya lo vas a entender màs adelante.
-¡Claro!-apoyo mi madre, dándole la razón- por que la mujer del almacen “El Adriatico” también es de alla y con sus otros paisanos no se dan ni la hora…- la conversación y el análisis de ellos se perdió en las horas de la noche, mientras nosotros veìamos la película Espartaco con Kirk Douglas, en blanco y negro sentados en la alfombra del living.
Mi padre
Mi hermano se había caìdo en el colegio, por un fuerte dolor en la espalda, mi madre preocupada lo había llevado a hacer los análisis.
Los médicos habían determinado que era apendicitis y que no necesariamente debía tener síntomas de dolor en la ingle, por que se podía dar vuelta y el dolor era generado en otro lugar.
Como en esos tiempos, cualquier operación era importante, mi madre llamò a mi padre a Neuquen para que viajara para la fecha de la intervención.
La operación se iba a hacer en el Sanatorio “La Española” de Comodoro Rivadavia.
Habia un poco de resentimiento por la separación de nuestros padres, mi hermano mayor por que quería que volvieran y mi hermana menor por que no lo hicieran, yo me mantenía al margen.
A mi hermano ya lo habían operado exitosamente, nosotros estábamos con mi tìo Celso.
Ese dìa, mi madre me dijo
-vamos a tomar el colectivo mañana y vamos a ver a tu hermano y de paso, saludàs a tu padre que te quiere ver.
Al otro dìa viajamos, fuimos hasta la habitación de mi hermano que lo habían colmado de regalos.
-El es tu papà – dijo mi madre y le di la mano – por que no se van a dar una vuelta.
Salimos con mi padre sin hablar, llovia tremendamente ese invierno, y en las calles con caída se veìa venir ríos de agua marron, que el cordòn de la vereda atajaba y canalizaba como una represa, a veces se subia a la vereda y tapaba los canteros., para cruzar de una cuadra a otra debíamos subirnos a los paragolpes de los autos para no mojarnos los pies.
Entramos a una confitería y me empezó a contar de su vida mientras me invitaba una gaseosa.
Yo ni siquiera hablaba, cuando fue la hora de irnos, saque el dinero que mi madre me había dado, y cuando hice el amague para pagar mi bebida el me dijo:
-¡Guardà! Esa plata, todavía soy tu padre, yo te invite- y pago lo que habíamos consumido.
-Algun dìa cuando quieras ir a verme, las puertas están abiertas para vos también- me saludò y se fue.
La oferta
Nos habían ido a visitar a Caleta Olvia, Mi tio Josè, Graciela y Juana su suegra.
Habia un italiano que vivía a la vuelta de la casa de unos sesenta años, que había pasado por el lugar.
Nosotros le decíamos el tano Noli, no sabíamos el apellido, ni como se llamaba, vivía al lado de nuestro amigo Cristian el que tenia un cuarto para jugar a las naves espaciales.
Alguna vez entramos a su casa, donde había mas de cuarenta perros y gatos, todo era raro en su casa, algunos decían que había quedado asi en la segunda guerra mundial.
Justo lo habíamos visto pasar y lo llamamos con mi hermano para charlar de algo distinto.
Se lo presentamos al tano a nuestros invitados.
A Juana se le había muerto Teolino el marido hacia un tiempo, y el tano Noli que se había enterado en esos momentos, trataba de festejarla, cosa que aceptaba Juana pero eran como dos chicos.
El trataba de impresionarla atando una cuerda a su perro Dogo para que lo llevara sin pedalear y ella festejaba sus gracias . Hasta le enseñaba a andar en bicicleta a Juana que se reìa
En realidad hasta mi tìo se reìa y en su interior quizás quería hacerle gancho o reírse uno poco de ellos, por que era bastante burlisto, Hasta que el tano le tomò la mano fuerte y ella se asustò y salió caminando para el interior de la casa.
Tuvimos que decirle que se vaya el italiano.
Estabamos jugando a los trabalenguas, entre los màs chicos para pasar el rato
Empecè yo:
-Maria chuzena su choza techaba
Y un techador que por allí pasaba
Le dijo- “Maria Chuzena,
¿Tu techas tu choza o techas la ajena?
Maria Chuzena le dijo, -Yo no techo
Mi choza ni techo la ajena
Yo techo la choza de Maria Chuzena
-Yo se uno – dijo mi hermano
En un plato de trigo
Comen tres tigres trigo.-
Graciela que no hablaba mucho se animo a decir uno:
-Pablito, clavò un clavito
¿Que clavito clavo Pablito?
En eso estábamos, tratando de repetir y memorizar y Juana también dijo un trabalenguas para caernos en gracia a los màs jóvenes, con su voz chillona empezò:
-El cielo esta enladrillado
¿Quién lo desanlidrallarà?
El que lo desenladrille
Buen desenladrillador será”. Ja ja ja
Nadie tratò de memorizarlo o repetirlo, yo pensaba mientras la miraba (-¿como va a haber ladrillos en el cielo?)
Nos había cortado el juego.
Para eso se habían acercado mi tìo Alberto y Celso de la casa del fondo a saludar mas que nada a mi tìo con un gaucho joven del campo llamado Gregorio, el no había tenido infancia, una vez nuestra madre lo había sacado a escobazo de la casa por que lo habíamos vestido con su “salto cama” como le decía mi madre a una bata, y un pañuelo, aunque ella se había enojado en vez de reírse a pesar de sus bigotes.
El nos había estado observando y quiso intervenir.
-Yo se hablar en ingles- dijo el gaucho.-
-Que vas a saber hablar vos – le respondió mi hermano sonriendo.-
-Si mira- y empezó a cantar una canción como Frank Sinatra- New York, New York.-
-¡Ah! No eso no vale, esa es una canción de Sinatra- volvió a decir mi hermano y nosotros esperando.
-Te juego que se cuatro palabras en ingles- desfiò Gregorio.-
-¡jugale!,!Jugale!- incentivo mi tìo a mi hermano.
-Bueno, te juego por una cebada de mate- dijo ya, sin saber si sabia realmente o no.
-Metro Goldwin Mayer- dijo Gregorio muy agrandado.-
-¿y la cuarta palabra?- respondió mi hermano, que llevaba la cuenta en sus dedos.
-¡Ggggau!- hizo el sonido del león de la película que nos hizo reir a todos.-
-Que boludo que sos Gregorio- dijo mi Celso riendo, mientras Greogorio sonreía por que nos había hecho caer en su trampa.
Mi tìo Josè que le gustaba ser el centro de atención dijo
-Federico Luppi no anda a caballo – refiriéndose a un actor argentino de la época.-
Nosotros paramos enseguida nuestro juego, animandolo a que continue el relato.
-La otra vez hicieron la película “La Patagonia Rebelde”, el hacia de Facon Grande, pero tenia un caballo como una silla, parecía que andaba montado pero el movimiento nomàs para filmar, llevaron coches viejos, para Fitz Roy y Jaramillo, anduvieron filmando por los boliches-Yo comencé a asociar que el camión “mosquito” que habíamos visto con mi hermano eran para la película y empecè a prestar atención.
-Y vos sabès que nos contrataron como extras a todos los que estábamos en el boliche, teníamos que salir en montonera gritando para la derecha para atacar el tren, y no vas a creer que Eulogio Zapata salió para el otro lado, iba solo a los gritos para unas matas de Moye, ja j aja dijo soltando la risa- no ves que es vizco ja ja ja- nosotros sin saber si creerle o no- El director a los gritos, ¡Corten!,!Corten! ja ja ja
-Dejate de macanear- dijo mi tio Celso riendo, y todos los que estábamos ahí.-
-En serio che, en serio j aja.-
-La comida està lista- llamò mi madre que había improvisado unos bifes con tomates.
Cuando estuvimos adentro me las arregle para preguntarle a solas a mi madre:
-¿Como vamos a dormir?- sabiendo que nuestra casa era chica y egoístamente no quería darle mi cama a Juana.
-No se, todos juntos – respondió mi madre cargándome.
-¡Eso!, dije yo enojado y respondi con un slogans del Sindicato SUPE- “Todos juntos somos mas”
Ella se largo a reir y antes de volver a atender a esa gente me aconsejò – Nunca seas egoísta, Dios te esta mirando. Esa gente no se va a quedar aquí.
Aparte. La familia, no se elige.
Por algo abra venido tu tìo.
Acordate siempre, el gaucho tiene dos tiempos, uno para hablar y otro para explicar.-
Mi tio Jose, seguía comiendo y contando hazañas, los demás esperban ansiosos para seguir riendo.
-El otro dìa estaba en el boliche “El Aguila” en Deseado, y entro Catrilaf y me dice a los gritos-¡Tomate algo indio!- viste que es màs indio que yo, de la zona de Esquel,- No gracias le decía yo- Estoy tomando Catrilaf- ¡Tomate algo indio, yo pago, ¡Que!,¿mi plata no vale?, y se había puesto mas pesado que la mierda, asi que le dije, bueno pulpero sírvame una Hesperidina por la bebida, ¿Sabes lo que dijo Catrilaf?-¡Ah! No no no indio, yo la bebida te la pago pero el remedio no, j aja ja habrá pensado que era una Bayaspirina ja ja ja