La Pelicula
La Pelicula
Seguiamos yendo a la estancia de la abuela, casi todos los fines de semana, normalmente para compartir asados, aparte quedaba a solo treinta y cinco kilometros.
-Negro andà con tu hermano, al almacen de donde Don Vega, llevate las bolsas, y comprà dos kilos de tomate, lechuga, una damajuana de vino, dos kilos de pan,2 botellas de jugo tunquelito, 2 Crush, 1 Paso de los Toros y fruta, Nico va a llevar otro poco.
-¿Para que compras?, si la abuela tiene de todo.
-¡Nunca comàs de arriba!- me aconsejò – Por màs que otro te invite a comer, vos siempre ponè algo, y sino tenès nada, ganate la voluntad, trabajando o haciendo algo, Por que a veces hay personas que te lo sacan en cara, y sino tenès, ¡te aguantàs!, fijate cuando vayas, que hay personas que van con las manos vacias a comer, y en la estancia no hay mercados cerca, no podès llegar como “peludo e regalo”, tampoco; ¡nunca pero nunca, cuentes lo que come el otro!, ni te pelees por la comida como los perros, te levantàs y te vas. Cada casa es un mundo y respetàs. Nuncas comas sin camisa en la mesa, queda mal. Cuando seas grande en tu casa hacè lo que quieras, si querès andar en pelotas todo el dìa andà, pero en TU casa. ¡Ahora andà!
-¡Mmmhhh!- respondi yo tratando de razonar lo que me había dicho
Al salir del almacen, con las bolsas cargadas con el pedido, le dije a mi hermano
-La mami no dijo que compraramos ese chocolate grande, nos va a cagar a palos, andà a devolverlo -
-No pasa nada – respondió mi hermano con superioridad – sino se da cuenta, aparte te doy un pedazo a vos.-
-No gracias – respondì yo, y lo mirè como diciendo, te acordàs lo que te pasò cuando le dijistes “poray” – a mi no me metas en eso
-Te doy la mitad entonces – dijo suplicando, adivinando lo que se vendría.
-¡Es la ultima vez que me haces esto, cuando me manden a comprar a mi!.- le respondì enojado.
-¡Miraaaa!- gritò el, aliviado para cambiar de tema, mientras comíamos el chocolate, que no se terminaba nunca- ¡Que bueno! – era un camión con muchos autos viejos, a mi hermano le gustaban los autos y sabia siempre mas que yo en ese tema.
A veces no poníamos afuera de la casa y jugábamos a adivinar las marcas de los autos que pasaban.
-Ese es un falcon, un Torino, una Ford, un impala, una Fargo – y asì se nos pasaban las horas.
- y… ¿estos que marca son?- le preguntè yo tratando de terminar el chocolate que ya se había puesto empalagoso.
-No, se, ¿Quién querria comprar autos viejos?, un boludo seguro- decía enojado- yo me compro un Gordini o un Peugeot 404 en vez de esto.
Las dos cuadras y media, para llegar a la casa se habían hecho interminables, y el chocolate no se terminaba, ya caminábamos casi “pan y queso”.
Asì decíamos cuando nos juntábamos con los compañeros de la cuadra para elegir y armar los equipos de futbol, a una distancia de dos metros un capitán del otro, empezaba uno frente al otro poniendo un pie y dicendo “pan”, el otro lo mismo “queso” y asi hasta llegar, el que pie que pisaba al otro elegia un jugador, luego le tocaba al otro.
Mi madre ya estaba afuera con las manos en jarra.
-¿y ahora?- le dije yo que me quedaban dos cuartos de chocolate.
-Seguì caminando – dijo mi hermano disimuladamente, mientras la figura se agrandaba a medida que nos acercábamos – cuando pasemos por la lomita tirà lo que te queda.
-¿Para que mierda compras tanto si después no te lo podes comer?, ¿Por qué no le pedís si ella te da?.-
-Por que se separò de papà y anda con Nico- respondió el. Lo que me dejó pensando un rato.
-¿Dónde estaban Uds.?, - dijo un poco preocupada -¡Como para mandarlos a buscar la muerte!, no la van a encontrar nunca, ¡Que pachorra para hacer las cosas, chè!, le piden permiso a un pie para mover el otro.
-Es que había mucha gente- respondió mi hermano, yo todavía estaba pensando en la respuesta anterior.
-¡Vamos!, ¡vamos! ¡vamos!, preparen sus cosas que ahí esta llegando Nico y señalaba una pick up Peugeot de color bordò con cúpula blanca, el siempre venia con vehículos distintos.
-Ya estamos listos mujer- dijo el al bajarse del vehiculo.- siempre vestìa de camisa, pantalón de vestir, zapatos bien lustrados, pelo corto y bigotes bien afeitados, tenía una cadena de oro gruesa, que iba agarrada del cinto al bolsillo de atrás, que terminaba en un manojo de llaves, practico para abrir las puertas, pero que a la postre, le terminaban rompiendo el bolsillo, pero a el no le interesaba, prefería esa comodidad.
-Que lindo es mandar ¿no?- respondió mi madre y para no ser menos le dijo- ¿Compraste lo que me dijistes?, yo llevo todo.
-Si, mujer pero aparte me llevo tres botellas de vino fino Cabernet Sauvignon, no voy a tomar de vuelta el kerosene ese, del vino Tunquelen- y completò con una risa compradora- ja ja ja- en mi mente se asocio inmediatamente la propaganda del momento, con una canción que decía, -Que tunque, tunque, que tunquelen”- y por supuesto un whiscacho para el ofri.
-Que te escuchen…. los otros en el campo nomàs, te van a medir el aceite enseguida- dijo mi madre sonriendo y haciéndole un gesto con la mano de un cuchillo imaginario, mientras se inclinaba para levantar las bolsas.
-¡Dejà!, yo te ayudo , aquí hay un pecho argentino para que lloren las mujeres- dijo con acento arrabalero, a veces le gustaba hablar en lunfardo o estilo tanguero, para cambiar su voz en tono ingles y hacer una reverencia.- y… para ayudar a las damas.
-¡Sa-la-mero! – le dijo mi madre sonriendo
-¡Campeon! Dame una mano asi terminamos enseguida- me pidiò Nico para que le ayude a cargar las bolsas, lo que alegrò mis ansias de colaborar.
Mi madre me miro y me dijo para que no escuchara el.
-Dile al tonto que es bueno y veràs como trabaja.- yo me quedè pensando si lo decía por el o por mi.
-¿Qué hablan ustedes?- preguntò Nico trabando la puerta de la compuerta de la cúpula con la palma de la mano para que se mantenga abierta.
-Nada, nada
Nico, mi hermana y mi madre viajaban adelante de la camioneta y nosotros dos con mi hermano atrás sentados en los guardabarros.
Apenas llegábamos nos olvidavamos de ellos, por la alegría de ver a nuestros tìos, mi madre también descansaba de nosotros por que nos dejaba “chivear” como decía ella.
Ese viaje fue distinto por que mi tìo Josè me invitò para ir a Jaramillo, un pueblito que estaba del otro lado de donde veníamos habitualmente. Seguramente para abrir y cerrar las tranqueras que tenia que cruzar, pero a mi no me importaba, ya que disfrutaba de su compañía y hacer cosas diferentes.
Pasamos por dos estancias “El palenque” y “El rancho”, luego salimos por una cortada llamada “Tehuelche” que había sido una vieja estación de trenes.
De allì empalmamos con el camino que venìa de Pico Truncado a Fitz Roy y a este ultimo pueblito llegamos.
Pasamos por un bar pintado de verde llamado “Las Flores” donde paraban los camioneros a comer de vez en cuando, lugar que también servia para que el paisanaje se juntara a tomar unos tragos.
-Que hacès Lucilo- le dijo el hombre con vos de campo.
-Aquí andamos che, ¿el pirincho y la Norma?- refiriéndose a los hijos del hombre.-
-Se fueron a Comodoro a hacer el pedido.- se acostumbraba a simplificar los nombres largos de las ciudades, en este caso para referirse a Comodoro Rivadavia- viste que sino acà te arrancan la cabeza, y aparte que no hay, asi que la única que me queda es ir a Puerto Deseado para el sur y ellos traen del norte, o Caleta Olivia; hago ochenta kilómetros mas y busco precio en Comodoro- sin esperar preguntò- ¿Qué vas a tomar che?
-No nada gracias,- dijo el tìo levantando la mano en señal de alto- pase a saludarte nomàs y comentarte que el mes que viene vamos a hacer una carrera de matungos en Jaramillo, asi que andà preparando tus cosas para vender.-
-Bueno gracias che, pégame el grito si necesitas algo- dijo el bolichero extendiendo la mano para saludarlo.
Hicimos unas cuadras màs, y frenamos en el playón de una estación de servicio de YPF llamada “El Vasquito”.
-Esperame aquí un ratito – me dijo y cerro la puerta de la camioneta.- Ahì està el gringo Jimenson de la estancia “Fortitudo”- esa gente era muy mentada en la zona por tener una cabaña de cria de ovejas y carneros de corral, al igual que otras estancias de la región, como “Leleque” o “La Floradora” y que los gauchos comentaban en los asados de haber trabajado en esos lugares, para darse corte que conocían la cria de animales finos, había tres o cuatro gringos dueños de estancias, Sissman que era aleman, los Jimenson y La gringa de “El Moye” y los Dhurr, después había gallegos y algún que otro italiano, todos los que fueran diferentes en su acento para hablar el tìo le decía gringo no importaba si fuera, alemán, inglès o francés.
Nunca me habían explicado que quería decir Fortitudo, quizás era la palabra inglesa “Fortitude” de fortaleza, pero la pronunciaban asì, y todos los gauchos también.
Uno de los gringos era tan alto como mi tìo Josè, pero un poco màs flaco, yo los comparaba en la distancia, mientras ellos posiblemente hacían sus desafíos gauchos, apuestas o negocios ya que se reìan asintiendo.
La Estacion de servicio no tenia techo en los surtidores como la nueva estación Shell de Caleta Olivia. No tenia nada de eso. Y los surtidores de combustible tenían una palanca grande que el playero movia para cargar a los vehículos que llegaban, en el pueblo no había energía en esos momentos y el grupo electrógeno de la estación de servicio estaba parado.
Al quince minutos, salió mi tio de la puerta , en la estación de servicio a la que había entrado, se puso la mano izquierda de visera en la frente, para que el sol no lo molestara y divisar mi presencia en la camioneta, acto seguido pegò un silbido y me hizo un gesto con el brazo para que fuera.
Cuando llegue se agachò y me dijo en forma complice – Negrito esperame un poco, tengo un negocios con estos paisanos y seguimos viaje a Jaramillo-
-Bueno tìo- respondi yo
-¿Que va a tomar el pibe?.- dijo el dueño aprovechando el alboroto de la venta que se había iniciado.
-Una coca cola y un sándwich de miga- respondì inmediatamente, desenvuelto y decidido para no desentonar con la gente del lugar.
El bolichero, abrió una heladera grande de madera con manijas que hacían ruido, de tanto repartir bebidas para los gauchos. Sacò la botella la puso sobre el mostrador de un golpe, agarro un destapador que colgaba de un piolin, la destapo y la dejo con la tapa, sacò un plato blanco de loza como los de desayuno, le puso el sándwich y me lo entregò.
Tomè las cosas del mostrador y me las llevè a una mesa, que daba al inmenso ventanal de los surtidores.
En la pared había cuadros de pana roja, con flechas tehuelches de piedra, bien ordenadas, todas formando un circulo, o una flecha gigante con mas flechas.
El colectivo que venia de Rìo Gallegos y el que venìa de Puerto Deseado se habían juntado, en el playón.
La gente entraba preguntando por el baño, o pedían cosas al bolichero, que entendiendo el negocio repartía gritos para el lado de la cocina.
-Dos Sandwich de Milanesa, dos cafes con leche y un tostado-
Los dos choferes desayunaban gratis, seguramente por traerles todos los días los clientes de paso y hasta pasaban atrás del mostrador a compartir un mate.
-Sr. Su gaseosa, ¿Usted?, ah si, ya sale.- no paraba su ritmo .-
-¿Como andàs Eulogio? Le dijo el bolichero a un paisano un poco visco que acababa de entrar- ¿Qué vas a tomar?
-Aquì andamos, en la lucha- dijo humildemente y haciendo el gesto de vaso pequeño- una giniebrita voy a tomar.
Mientras yo, comìa lentamente mi sándwich de miga de jamòn y queso, me gustaba disfrutar cada bocado, que se desaga en la boca, como la ostia que nos daba en la misa el cura del internado, y luego un trago de coca cola fría.
-¿Cuánto es pulpero?- dijo mi tio con voz firme, en señal que ya nos íbamos.
-No, nada Lucilo, ya pagò la vuelta Soneira.- acostumbraba la gente de campo a cargar la cuenta de los amigos del momento en señal de amistad.
-Puuuu-cha. Que gauuu-cho este Soneira, me gano de mano che, y ¿lo de mi sobrino?
-Tambien- dijo el pulpero mientras movia la mano como un limpia parabrisas en señal que no debía nada- No te hagas problemas, Lucillo, andà nomas.-
-¡Que ….buenas, Que estaban ….las flechas tio!- dije yo al salir-
-Aprendè a distinguir, cuales son reales y cuales son hecha con pinza- dijo el sin darle importancia.-
-¿Son todas falsas?- preguntè yo desvastado, imaginando los turistas que compraban para llevar, o la flecha negra que tenia mi madre como colgante engarzada en oro, y con cadena de oro, a mi también me huebieran engañado.-
-No todas no- dijo el – fijate que los indios la hacían con piedras y las falsas estan hechas con pinzas parece que las va mordiendo un raton.
Subimos a la camioneta, salimos de Fitz Roy, y nos dirijos a Jaramillo ;que era otro pueblo que quedaba a unos pocos kilómetros hacia el sur.
Entramos al pueblo, el ruido de la usina generadora de energía era lo único que se escuchaba en sus calles semi desiertas,
El pueblo se quedaba sin luz a las doce de la noche hasta las ocho de la mañana del otro dìa.
-Vamos a pasar donde La Graciela- Dijo mi tìo refiriéndose a su novia, veinte años menor que el, una chica joven, que le llegaba al esternón, el ya había vivido su vida de soltero hasta los cuarenta años, era hora de casarse.
Tocò bocina en la casa de piedra con puertas y ventana de madera.
-Puta estos paisanos de mierda, son más ariscos que el carajo- dijo mi tìo renegando- ni que yo fuera Facon Grande para llevarlos.
Se veìa que había alguien mirando detrás de la cortina blanca hecha a crochet, y una mano que corrió un poco la cortina pero sin mostrar la cara, mi tiò se bajò de la camioneta, entonces , se abrió la puerta y salió una señora canosa, no muy arreglado su pelo, con ojos demasiados vivaces, media gordita, de unos cincuenta y tres años aproximadamente, el cutis de la cara sin maquillaje y la boca siempre entrabierta mostrando su sonrisas y sus dientes, que invitaban a reírse de ella, por su aspecto de chiflada, pero que no correspondía por respeto.
-Ah! Eras vos j aja ja – dijo saliendo la suegra de mi tìo, con voz fina - yo le preguntaba a Teolino ¿quien será el de la camioneta? ja ja ja.-
-¡No sea arisca Juana!. Varela no vuelve mas- le gritò mi tio, para preguntar como quien no quiere la cosa- ¿ Graciela?-
-‘Ta `dentro con Teolino, j aja ja – le respondió ella de la misma distancia tratando de alcanzar el mismo volumen de voz, pero la de ella era chillona y se comìa algunas algunas silabas, vocales y consonates, cuanto màs gritaba, mas se notaba,- bajà a tomar unos mates j aja ja
-A la vuelta,- dijo mi tìo acodado en parante de la puerta de la camioneta y el techo- estoy haciendo unos negocios, te dejo un ratito mi sobrino, yo me voy al Hotel La Paz, al Argentino y a lo de “Bicho Moro” y vengo.
-Siii j aja ja , andà tranquilo Josè j aja pero despué ,!venì a buscarlo! j aja ja
Me bajè de la camioneta, la casa de piedra volcánica era bonita con su techo de chapa, tenía dos ventanas cerca de la puerta de madera de ingreso.
Al abrir la puerta, se veìa un pasillo con una puerta similar en el fondo que daba al patio.
Era fácil adivinar la construcción, todo lo conectaba el pasillo, a la izquierda la cocina, a la derecha una habitación, mas alla otra habitación y enfrente una despensa.
-Ella es Graciela y el es Teolino- dijo presentándomelos cuando entramos a la cocina.
El hombre era como las fotos que tenía mi abuela de los inmigrantes, su bigote tupido que le tapaban el labio superior, un saco camisa color negro medios blancos de viejos, un pantalón igual que el saco, y unos botines media caña, negros, viejos. De unos cincuenta y ocho años, su mirada cansada vaya a saber por que cosas de la vida.
Ella era bonita, la lozania en su cara la hacia parecerse a una muñeca de porcelana, su pelo bien cepillado y lacio, pero hablaba como ellos, era arisca y caminaba echada hacia adelante, sacando la cola como si le doliera la cintura por andar a caballo.
Les dì la mano y luego de sentarme nos quedamos mirando.
No había radio en la cocina, ni televisión, ni otros chicos haciendo bulla, no había tema de conversación, solo era una situación incomoda, todo era silencio, tampoco hacían esfuerzo alguno para buscar un tema por compromiso.
Yo pensaba (-¿Qué hago en esta casa de locos? ,¿Y si me matan?)
La casa estaba fría, había olor a frio, era como si vivieran asì, no había luz, solo la iluminación de un sol tuberculoso que entraba por la cortina de crochet, Graciela se fue a su habitación y Juana hacia como que lavaba unos platos. El hombre me seguía mirando como las fotos de los inmigrantes que tenia mi abuala.En un momento me dijo
-Yo soy picapedrero- y se cortò la conversación por unos minutos
-¡Ah!- dije yo somatizándome con la forma de ser de esa familia mientras pensaba, (-¿Cómo picapedrero?, ¿Cómo los picapiedras de Pedro y Pablo de los dibujos animados?, pero eso no existe solo son dibujitos, ¿no tendrá a Dino por ahí este viejo?)
-Trabajè hace años en las líneas del ferrocarril de Las Heras a Puerto Deseado.
-¡Ah!, volvì a responder por no entender.
-Y… ¿ese ruido?- preguntè luego de un rato.-
-Es el Autovia que viene bajando para Deseado- respondió Doña Juana.
Fue el motivo para salir de la casa.-
-Lo voy a ver- dije yo.-
-De la punta e` la casa se ve cuando pasa por la pampa.-
A lo lejos, se veìa el autovía sobre los rieles, era como un vagon pero metalizado y redondeado en sus puntas y no se le notaba mucha velocidad, me había quedado con ganas de ver mas, pero ya no lo podía alcanzar, al menos que corriera.
No había visto, ni la locomotora de las películas cow-boys que arrastraba vagones, ni el vapor escapándose, ni el silbato característico, simplemente un triste armatoste que viajaba solo por esa pampa interminable.
-Voy a buscar al tio – le dije a Juana que también estaba afuera.
-Allà se ve la cachirula, debe estar chupeteando algo en el boliche ji ji ji-
Saludè y me fui caminando las dos cuadras que separaban la casa del boliche, hacia calor y las calles estaban desiertas, de vez en cuando observaba las casas y alguna cortina que se corrìa para observar mi presencia, un gaucho alla a lo lejos cruzaba a caballo.
Pero al llegar al boliche “La Paz” se veía bastante concurrido, (-de donde salen estas personas sin no hay nadie en la calle-).-
-Me vine por que estaba aburrido – le dije a mi tìo, que estaba enfrascado en sus negocios de campo.-
-Bueno jugà con Pedro – me dijo señalando el chico que estaba afuera y dirigiéndose al bolichero para no ser interrumpido en sus cosas le indico- Sirvale lo que que quiera.-
El boliche estaba un poco sucio, pero tenia un metegol en el cual jugamos varios partidos con Pedro ahora sin importar el tiempo y las negociaciones de mi tìo, había una salamandra redonda a leña que no se utilizaba por la época, el bolichero ponía las manos en el mostrador con los brazos estirados cuando tenia un momento de descanso, usaba una camisa blanca cansada, los puños arremangados casi hasta el codo, el no usaba cuchillo en la cintura como los demás, pero todos sabían que tenia “algo” bajo del mostrador, a mano por cualquier situación lo que lo hacia tan respetable como los demás, usaba una boina de lana con un pon-pon, y de vez en cuando intervenía en la charla de los paisanos para decir algo risueño para que siguieran bebiendo o gastando y que no se corte la conversa , en su hombro tenia un repasador que sacaba o volvia a poner de acuerdo a los vasos que lavaba, siempre tenía seis o siete vasos listos para servir, atrás de el tenia estantes con varias botellas con la marca puesta para el publico, caña “Legui”, anis “ocho hermanos”, “Hesperidina”, cognac “Tres plumas”, Caña quemada, Ginebra “Bols”, licor de huevos, chocolate, granadina, “Cinzano”, “Gancia”, Whisky, el vino lo tenía en la heladera o en esqueleto de hierro que hacían un ruido cuando los movìa, un espejo en los estantes, daba la sensación que tenía el doble de lo que había.
El mostrador que era de una goma negra en la parte de arriba y lo limpiaba con una rejilla humeda cada vez que se iba un gaucho, el sabia cuando se retiraban los paisanos, por que empinaban el culo del vaso, echando la cabeza para atrás y tomaban el ultimo trago hasta el final y volvían con el vaso vacio para apoyarlo con fuerza sobre la mesa, hasta que hacia un sonido ¡toc! seco, asi trataban al cubilete de los dados cuando jugaban al paso ingles o la generala diciendo para que todos escuchen, que la bebida no le había hecho nada:
-Ahhh-asco le tengo al frasco, pero no lo que tiene adentro.-
De allì nos fuimos al boliche de “Bicho Moro”, asì le decían al hombre pero no en su presencia, también era de chapa el boliche, pero recto, tenia un cartel indesifrable en el frente por los años que no se pintaba, era de chapa inglesa aunque había perdido el brillo por los años. De frente el edificio tenia la altura de dos pisos, lo que dejaba las puertas y ventanas pequeñas, pero de perfil se veìa que la la casa era de una planta o sea que venia en picada.
Mientras me preguntaba (-para que carajo hacían tanta fachada los viejos de antes-).
Tenìa dos puertas en la entrada, pero se abria una sola hoja y el piso era de madera, casi blanca por tanto trajín.
Me gustò el olor a tierra, era igual que los otros boliches pero el techo se veìa lejano.
Me hacia acordar a la serie de “Bonanza” en la televisión, faltaba la puertas batientes en la entrada y que todos utilizaran revolver con cartuchera para batirse en duelo en las calles vacias de Jaramillo, pero la serie divertía y estos usaban cuchillos de verdad y recordó la sangre en los trabajos de campo.
Lo único que le llamo la atención, que en el piso viejo de madera, donde trajinaban todos y nadie daba un peso.
El bolichero le abrió una tapa y apareció un sotano con un lugar bastante grande para esconderse, pero el no pensarìa en en eso, por que hablaba mientras bajaba los escalones de madera que crujían por su peso mientras el iba elevando la voz a medida que bajaba sabiendo quizás que no se entendería arriba, prendió una lamparita y se escucho ruidos de esqueletos de vinos y cajones de cerveza para luego aparecer con uno de cada uno.
Terminamos en el Bar “El Argentino” esa tarde de maratón alcoholica y de negocios de mi tìo, que seguía sobrio tal vez por que tomaba cerveza.
El bar era bonito, limpio, se notaba recién pintado de un color verde agua, los vidrios de las ventanas, el piso y las estanterías igual.
Estaba al lado de la ruta que iba a Puerto Deseado, en esos tiempos la ruta pasaba por la mayoría de los pueblos y era un lugar de paso obligado, enfrente cruzando la calle para los del pueblo y ruta para los viajeros, separado por un alambrado interminable, se veìa la estación de chapa del Ferrocarril, el bar estaba en una esquina, asi que para el otro lado , si caminábamos un poco por esa mano nos encontraríamos con la comisaria, que hubiera pasado desapercibida sino fuera por que recordaba las palabras de Teolino (-yo fuì picapedrero-), habría trabajado ahí quizás, se veìa hermosa con sus colores volcánicos.
-¡Que haces indio!- gritò desde la puerta de entrada a mi tio, un hombre un poco chueco, de cabeza normal a los demás pero que media un metro cincuenta, comparando las estaturas le llegaba al ombligo, su piel era color aceitunada.
Se balanceaba echando el cuerpo hacia adelante, con los hombros hacia atrás, amortiguando el peso del cuerpo en el pie que avanzaba y que le daba un aspecto rudo.
Vestia con ropas gauchas, botas acordeonadas, rastra con monedas, pañuelo al cuello, cuchillo en la espalda, boina negra sin caída, camisa clara, chaleco negro bordado y bombacha negra y un rebenque en la mano derecha, el tiento que hacia de aza, estaba pasado en la muñeca por lo que no lo dejaba caer, y el de vez en cuando, apretaba el cabo para saber que estaba allì. La mayoría de los que estábamos ahí, nos dimos vuelta para ver que decía mi tiò, esperando una pelea, este lo mirò sonriendo y le dijo:
-Que hacès, pe-ti-so Millapi – dándose vuelta hacia la puerta, mientras se acodaba en el mostrador- ¿Donde dejastes el pony?- lo que causo la sonrisa, pero sin risa de los demás.
-¡Aaaaaha!- dijo el paisano – Te caaaa-gaste todo eh!- y soltò una carcajada que liberò la risa contenida de los demás.-
-Servite algo petiso, yo pago la vuelta-dijo mi tìo.-
-Yo no soy ninguna loca de cabaret para que me paguen los tragos- dijo con cara de enojado, lo que cortò la risa de algunos, diciendo nuevamente con voz tranquila- pero si insisten Aaaaaha j aja ja – lo que volvió a liberar las risas de todos, golpeando con un chirlo corto de la lonja del rebenque, el mostrador .
Diciendo nuevamente serio, pero que ya no cortaba las carcajadas por que le habían entendido el humor -Siiirva un vino pulpero, Aaaaaaha ja ja.-
Yo miraba el juego del sapo, igual que un sapo pero de metal, con una boca abierta para que le tiren cosas.
Por fin habíamos terminado, su negociación en los boliches y viajábamos hacia una estancia llamada “Las Margaritas” de unos familiares de Teolino.
Nico, mi madre y mis hermanos se nos habían unido, tal cual habían organizado anteriormente.
El asado fue como siempre, pero a la sombra de los arboles, la noche nos había agarrado en ese lugar, había luna llena, ya estábamos de sobremesa, el rojo de las brasas en los que había sido una fogata para cocinar se mantenía aunque morìa lentamente por no alimentarla con mas leña, de vez en cuando se volvia a prender fuego una parte de algún tizón renegado, pero lo apartaban los que charlaban.
Yo simplemente le prestaba atención a la flor de liz de piedra, en un marco redondo, también de piedra que la casa tenia en el frente como adorno de la caída a dos aguas.
Me mordía de ganas de preguntarle a Teolino si la había hecho el, pero estaban hablando los mayores y me dediquè a escuchar silenciosamente mirando las brasas
Nico era màs confianzudo con las personas, enseguida las tuteaba, quizás su gimnasia política, hacia que los demás se abrieran.
-Y contame che, vos que trabajastes en el Ferrocarril- le decía a Teolino que recién lo conocía- ¿Estuviste en esa época brava?
-En la estación Tehuelche mataron un milico creo- dijo mi tìo ayudando- y a Facòn Grande no se bien creo que por Jaramillo agarrándose las bombachas por que le habían sacado la faja.
-El agua de aquí es muy salobre – respondio Teolino a todos, pero sin mirar a nadie para cambiar de tema.
Nico lo mirò y entendió, solo dijo
-Ah si che- sabiendo que no iba a conseguir nada, y que la comida estaba concluida mirò a mi madre diciéndole- ¿Vamos a ir señora?, mañana tengo que hacer, y sino, no llegamos mas.