Trabajos de Campo - la primera Novia

Trabajos de campo

Al otro dìa me levantè temprano, ellos acostumbraban a “churrasquear” a las seis de la mañana, que consistìa en hacer un poco de asado al horno en la cocina Estilart, Bifes con cebolla y huevo, fariña tostada, vino en bota, o mate amargo depende lo que quisieran.

Los mas chicos tomabamos café con leche, te, cascarilla o mate cocido con leche, con tortas fritas, rodajas de pan casero, manteca y dulce que preparaba la abuela.

Salì de la casa al patio, y allà lejos se veìan los corrales, el cuadro estaba lleno de ovejas, el polvo se levantaba por que ya los habían rodeado y ahora los tenían que meter a los bretes para clasificar, las ovejas y los corderos pegaban sus saltos cuando pasaban las tranqueras de alambrado y varillas, los perros ovejeros las presionaban, los gauchos con latas vacias de duraznos y aplastadas en una de las puntas para que no se escapen las piedras en su interior, agitaban las mismas para hacer ruido y meter las ovejas en los bretes-

A veces los paisanos gritaban y silbaban detrás de las ovejas, de vez en cuando le pellizcaban el lomo para que se movieran simulando un mordisco de los perros, el balido de corderos y ovejas era tremendo y casi no se podía escuchar una persona con la otra.

Mi tìo Josè estaba de espalda en el corral, de pronto un carnero merino australiano, tomò carrera y le pegò un topetazo a la altura de la cintura. Sintiò un tremendo dolor, pero estaba delante de su gente, asì que fue hasta el animal, puso sus piernas en posición de a caballo, le tomò los cuernos y dijo.

-¡Carnero mañoso de mierda , y la puta madre que te pariò!- le retorció el cogote hasta matarlo- vos no vas a lastimar a nadie màs- allì quedó tirado – Carnealo y dáselo a los perros- le dijo a otro gaucho, se hizo un silencio, pero nadie demostraba importancia.

Nosotros ayudábamos pero también jugábamos, en el secadero o en el baño de las ovejas tirando algunas que otra que no habían sido bañadas. Con una tipo de horquilla se le empujaba la cabeza hasta hundirlas.

Mi tìo Celso y Alberto eran sobrinos de mi abuela, su hermana Sara, se había casado con un hombre chileno y de Cañadòn Leòn se habían ido a vivir a Puerto Deseado, allì se habían criado la tìa abuela Sara había tenido a Blanca Nieves que la diò en adopción de chica, Alberto, Celso, Sara, Bautista, Ricardo y Orlando.

El padre de ellos era albañil y al pisar una madera, un clavo oxidado le atravesò el piè.

En esa época no se hablaba de anti-tetanica, al hombre le agarrò gangrena, le cortaron el piè, la rodilla, el muslo y finalmente murió, la tìa abuela Sara no lo resistió y también murió al tiempo.

Los dos màs grandes y la nena los llevò a la estancia mi abuela y los menores se los llevò mi tia abuela Luisa a Gobernador Gregores.

El abuelo Lucilo, se había criado con la rudeza de su época y había tenido por ser asì, pero no tratò a sus hijos como hijos, sino como peones, mucho mejor si no les pagaba nada, y mucho menos a sus sobrinos que no vivìan en la casa de la estancia, sino en una casita de allà arriba.

La casa donde vivìan, era simplemente una pieza con dos catres con cueros de oveja que le hacían de colchon, las frazadas y la lona, tenìan piso de tierra, su puerta siempre estaba abierta, un cajón de manzana y arriba una palangana con un jabon blanco usado,

En la pared un espejo redondo de plástico y un peine, en la mesita de luz improvisada tenìan un chon chon o candil, que consistìa en un botellón con kerosene, un trapo que hacia de mecha, una tapa con un pedazo de hierro hueco donde pasaba el trapo ajustado y llegaba hasta la punta, allì le prendían en las noches para que alumbre y cuando humeaba mucho le recortaban un poco.

En todos los lugares de la estancia, se evitaba hablar del abuelo Lucilo, y nadie lo nombraba, exepto mi madre que despotricaba contra el.

Al lado de los corrales estaba la carnicerìa de material, un galpón grande de chapa de esquila, donde estaba la prensa, la mesa de bellones, la bajada de los fardos de lana, cuando la comparsa de esquila o cuadrilla trabajaba, esta consistía en un camión que llevaba un motor con seis manijas, este se trasladaba de estancia por estancias, si es que no tenìan por que en ocasiones utilizaban la maquina esquiladora del lugar. En este caso era contratada

La comparsa de equila de Don Amador que venìa de la zona de Esquel, aparte de los seis esquiladores, traia dos agarradores de ovejas, un playero que juntaba los bellones de lana y un prensero que hacia los fardos .

La esquila consistía en eso, esquilar la mayor cantidad de ovejas posibles en el menor tiempo, la faena se dividia en cuatro cuartos.

Cada oveja esquilada era pagada con un tipo de ficha, que el esquilador recibia en un recipiente por el encargado y que se contabilizaba en los cuartos y al final del dìa.

Todos querìan tener la fama del mejor, pero no solo era la rapidez sino que no debían lastimar al animal, lo que era difícil por que los peines de corte de la manija a veces dejaban sus huellas, lo que producía la intervención de los encargados en este caso de mis tios.

Màs abajo estaba la caballeriza, donde el padrillo servìa a las yeguas, y que a algunos paisanos libidinosos le gustaba observar.

Mas abajo y enfrente del galpón de esquila, al pie del otro cerro, estaba la casa de los peones, esta consistìa en una habitación grande con tres catres, y una cocina grande, la casa era a dos aguas, una mesa, bancos, una cocina a leña y un espacio para hacer asados. Era un lugar de paso, no tenía nada de adornos, ni cortinas, ni nada, ya que los peones estaban eventualmente.

Tampoco dormían màs de uno en su habitación, por la desconfianza que se generaba entre ellos. Hacia la izquierda había un galpón en semi circulo, este estaba hecho con chapas de dos tanques australianos. Allì solia dejar el recado algún gaucho al cuidado de sus perros.

Otro galpón grande para fardos de pasto y forrajes varios, taller y lugar de reparaciones.

En una ocasión mi tìo le dijo a un paisano llamado Atilano Pacheco, que su perro le había matado cuatro ovejas.

-¡Ya sabès lo que tenès que hacer!.

Atilano lo mirò y no dijo nada, lo tomo del collar y se fue para el galpón de forrajes.-

El perro era raza collie, igual que el de la serie Lasie, los perros que había en la estancia eran galgos para guanaquear, ovejeros malvinenses, o toscos como le decían a unos perros cruza que servían para cazar.

Con mi hermano le preguntamos que iba a hacer, mientras lo seguíamos hasta el galpón,

-Tengo dos alternativas o le pago las ovejas y me voy de la estancia, pero no tengo plata y necesito el trabajo, o hago lo que tengo que hacer, y Josè tiene razón, cuando los perros se vuelven cimarrones, siempre van a hacer lo mismo, o lo hago yo o lo va a hacer el.

Demasiado que me prestò el rifle- lo ató con una soga del collar a un caño soporte de la estructura del galpón- Por que no se van un ratito para la casa de tu abuela, quiero estar con mi perro – dijo amablemente sin escuchar nuestros ruegos.-

Cerrò la enorme puerta del galpón lentamente con una mano, mientras nos observaba retirarnos, y con la otra sostenía el rifle, cuando estábamos cerca de la casa grande se escuchò el disparo, tampoco regresamos a ver.

En la mañana el gato comenzó a lamerse en la cocina de la estancia y la abuela dijo

-Va a venir visita.-

- ¡Lo que faltaba! – gruño mi tìo, golpeándose con la palma de la mano el muslo, a la vez que se ponía de pie – ¡tras que somos pocos, pario mi abuela!,-y mirando a la animal, le gritò- ¡Fuera gato de mierda!

Al rato, comenzaron a ladrar los perros, mi abuela abrió la puerta de la cocina y se fue a la despensa de allì espiaba el camino y quien venìa. Nosotros solo observábamos expectantes.

-Pero no es un vehiculo che,-relataba para la cocina donde estábamos todos, sin darse vuelta y buscando la figura- tampoco es un peon a caballo, los perros ladran pal cerro, no para el camino, ¡por que no te fijàs Cholo!.- ordenò la abuela.

-Voy hasta la pieza a buscar el rifle por las dudas- dijo mi tìo- En una de esas es un matrero que anda escapando de la ley.

- ¿No será el Chè Guevara?- preguntò la abuela – Viste que a ese lo andan buscando, y no se sabe si lo mataron o no.-

- ¡Vieja, dejà de hablar boludeces! Si a ese lo hicieron cagar hace como tres años en el norte, que mierda va a venir a hacer al sur.

- y… no sè , tal vez sean los huelguistas de nuevo, yo me voy a esconder

Al fin de cuenta, resultò ser un hombre, que se le había quedado el auto en la ruta y solicitaba ayuda.

Yo le restè importancia al suceso y me concentrè en lo que había dicho del gato, por que siguió cayendo visitas.

Un tal churrinche que era un hombre de campo venìa con una chevrolet modelo viejo, con formas redondeadas, pero muy bien cuidada, era encargado de la estancia lindera y llegaba a ver si cuando rodearon había algunas ovejas o corderos que hayan pasado el alambre.-

A Nico lo trataban con mucho respeto por ser diputado, lo que el agradecia y mantenía una charla vivaz, pero también le desconfiaban. El preguntaba todo sobre el funcionamiento de la estancia y mi madre le respondìa.

Luego llegó El Huinca en una maquina de vialidad, el repasaba las banquinas con una motoniveladora y pernoctaba en unas casillas que le hacían de campamento al costado de la ruta 3.

El hombre tenía sangre alemana, era rubio de ojos celestes, su narìz era ancha y roja

Tenía la particularidad al hablar, no abria la boca para decir las palabras, siempre con los dientes cerrados como si tuviera bronca y cada frase la remataba con una risa lo que lo hacia muy simpatico y comprador.

-¡Que haces indio! Siempre desconfiado vos j aja ja – le dijo a mi tìo que lo había ido a recibir, mientras bajaba de un salto desde la maquina.-

-Que haces gringo desabrido- le respondió mi tìo riéndose.

- Aquí ando che, visitando a los amigos y a ver si hay algo pal perro ja ja ja

-Algo hay,- dijo mi tìo Josè haciéndose el humilde- estamos por señalar, asì que … quedate a comer y después llevate dos corderos para el campamento, lo que te voy a pedir es que le pegues una pelada al camino hasta la ruta

-Sìii. No te hagas problemas por eso che ja ja ja- respondió “El Huinca”, -pero no va a ser como la otra vez que fuimos donde ese matrimonio de gringos, ¿te acordas indio? Ja ja ja- le dijo al tìo golpeándole el hombro con la mano abierta.-

-¡Aha!- respondió Josè-

-Le tuve que decir que la comida tenía olor, que yo no iba a comer- continuo relatando – y vos de comedido nomàs capaz que la comia indio e mierda ja ja, la vieja me dijo, “Si estaría en la guerra la ibas a comer con gusto” j aja ja,

- ¡que boludo que sos gringo para llevarte bien con la gente!, como le vas a responder enojado, ¡Pero aquí no estamos en la guerra! Ja j aja – pero mejor que lo hiciste por que yo por su hija hacia de todo, pero después no me echò pasto, j aja

-Seguro que te acostaste con la vieja cuando se durmió el marido, indio degenerado, ja ja ja

-No, pero aquí son fresquitos los corderos que te voy a dar che.

Yo seguía escuchando música en la radio y observándolos a ellos como se divertían de sus andanzas.

La abuela me dijo sacándome de mis pensamientos:

-Por que no sacàs al chivo ese y ponès música de campo, aparte va a empezar la radio-novela de Sinforoso y Polidoro.

Se referìa a un cantante llamado Sandro, que cantaba una canción romántica, yo hacia la comparación por cada silaba que separaba cantando con el balido del chivo; y la radio novela eran actores que tenìan sonidos de caballos, viento, puertas según la obra y los dialogos.

Mi tìo Celso y Alberto que le gustaba esa música, y estaban semi ocultos en la la sombra que tenía un banquito detrás de la cocina de leña, escuchando ese tema que le gustaba, me hicieron una seña con las cejas, como diciendo vámonos de aquí.

-¿Que van a hacer?- preguntò mi tìo.

-Vamos de vuelta para los corrales, ya estamos listos para señalar- respondió mi tìo Alberto.

-Ya voy yo- respondió mi tio- atiendo un poco a las visitas y voy para allà, ¡Alberto! Carneate un capon para consumo nuestro y dos corderos para El Huinca.

-Bueno- le dijo Alberto.

Caminamos juntos los tres, como ochenta metros cuando estuvimos cerca del molino que giraba haciendo bombear con sus rodamientos agua hacia un tanque, nos separamos.

Alberto se dirigió para la carnicerìa y nosotros con Celso para los corrales, allí estaban los gauchos trabajando.

Unos levantaban los corderos hacia una madera, hacia la altura de la madera, los presentaban con las patas abiertas, sentándolos en una madera que hacia de soporte, para la otra persona que estaba del otro lado del corral, estos colocaban una goma como un anillo en una tipo de tijera, al hacer presión el anillo de goma se estiraba, colocaban los testículos del cordero y lo soltaban, se le cortaba la cola dejando un rabo y con una cortapluma se señalaban las orejas de los animales, podía ser una muesca o un martillo, eso definìa a que estancia pertenecían los animales el dìa de mañana si cruzaban el alambrado lindero, esos animales se entregaban al vecino en cortesía y si era oveja y tenia un cordero orejano o sin marca también lo entregaban.

Mis tìos y mi madre solìan capar a diente, asì le decían a la vieja usanza de cortar el escroto con una cortapluma y sacar los teticulos con la boca y escupirlos a un costado.

Era un poco chocante ver esa situación, con sangre en la boca pero ellos tenìan una explicación, decían que los animales sufrían menos y se recuperaban enseguida, en cambio con la goma se quedaban quietos del dolor en algún lugar del corral y luego de un tiempo ya en campo abierto, se le secaba o caìa la bolsa. Tal vez tenìan ganas de comer huevitos de corderos al sarten o colitas asadas a las brasas.

Mi tìo animaba la rutina del trabajo con alguna anécdota, tal vez para que sea màs llevadera, siempre con alguna anécdota en este caso estaba de turno el gaucho Fernandez que le decían “Pajaro Loco”.-

-El otro dìa estaba en la casa de los peones – comenzó a relatar mì tìo, mientras los otros trabajaban rutinariamente, pero en ese momento con una sonrisa como haciéndole seña a Josè que siguiera con su historia- vieron que ahì no hay lámpara petromax, solo teníamos el candil asi que no se veìa mucho, habíamos terminado de comer un asado que habían hecho y lo veo al “Pajaro Loco” que se va hasta la ventana, ¿cierto Fernandez?- le pregunto al peon que también se sonreía.-

-Si, si- confirmò este, mientras los otros quería que siguiera con el relato.

Se acercò y empezó a decir, ¡un pajarito!,!un pajarito! Y lo agarrò chè, ¡que felicidad que tenía ese “Pajaro Loco”, lo llevò hasta la luz del candil para verlo mejor, No sabès la cara que puso, diciendo:

-¿Qué mierda es esto?, ¿Qué clase de pájaro es?, pegò un alarido y gritò ¡Es una rata con alas!, j aja, ja viste que en la Patagonia no hay murciélagos, jajaja no los conocía el paisano jaja ja. Debe haber venido con el camión que se llevo a las ovejas jajaja.- los paisanos se reìan como diciéndole que dejara de mentir y el solo afirmaba.-

-En serio che, en serio ja ja ja ¿no es cierto “Pajaro loco”?

Me retire de ahì por un rato y me fuì a la carnicería donde estaba el tìo Alberto, ya había carneado los dos corderos, ahora le tocaba al capòn, se metió al corral eligio uno de los tizados, lo agarrò de una pata y el capòn pateaba pero no podía resistirse, lo introdujo en la canicerìa que era fría y toda de material, sin ventanas, y con puerta sin vidrios, varios ganchos dobles colgados en las cabriadas, los corderos para El Huinca estaban colgando en uno de ellos, de los garrones y oreándose.

En el piso había una canaleta que tenía desnivel y daba por un cuadrado en el piso hacia afuera.

La única luz que entraba era la de la puerta, si esa se cerraba quedaría oscuro total.

Apoyo el capon en el suelo, le puso rodilla en las costillas para que no se moviera, le llevò la cabeza hacia atrás con una mano desde el hocico, le buscò el gañote, sus ojos muy abiertos, sacò el cuchillo de la cintura y lo atravesò de lado a lado, el animal quiso incorporarse pero no pudo, diò cinco o seis patadas en el mismo lugar, se escuchaba su respiración, sus ojos se empezaron a adormecer, adormecer, pego tres o cuatro patadas en el aire y no se moviò mas.

La sangre caliente, corria por la canaleta hacia el exterior.Los perros afuera de la carniceria lamian la misma mientras se coagulaba.

-No hay otra forma- preguntè yo, mientras miraba el brillo de los ojos del animal, que no estaba màs.

-No tengas miedo- me dijo mi tìo Alberto, dándome calma- esto tiene que ser asì por que Dios lo pide en La Biblia, aparte se tiene que desvanecer para que la carne no quede tensionada o dura. ¿de donde pensas que sale la carne que comès en la ciudad?.-

Metio el cuchillo en el cuero y le hizo unas líneas hacia las patas y la cabeza y le empezó a sacar el cuero, le ponía el puño entre la carne y el cuero para que sea màs rápido.

Le sacò las tripas y me mostro la hiel, -esto siempre tiralo – me dijo y lo tirò arriba de la carnicería.

-Esto es lo màs rico que hay-, me dijo por las achuras – pero ya tenemos demasiado, por la fajina que hay en estos días, asi que; algo hay que darle a los perros.Saliò afuera y les repartió.-

-¿Por que no le das liebre que hay muchas en el campo?- le preguntè yo.

-Por que los perros tienen que hacer un trabajo como nosotros, y se tienen que concentrar en las ovejas, no pueden salir corriendo a cazar por si solos. Al menos que vos salgas a cazar, podes matar todas las libres europeas que veas, esas son una plaga, se comen todo el pasto y se reproducen mucho, pero nunca mates una Mara- me dijo mirándome fijo y apuntándome con el dedo.

-¿y que diferencia hay? – le preguntè yo.

-Que la liebre europea es chica como un conejo, y la Mara Patagonica es màs grande, es nuestra y no quedan muchas.

-¡Ahhh! – respondì asintiendo.

-Bueno yo ya cumplì, vamos que la comida debe estar lista- dijo Alberto, se puso al hombro el capon carneado, cerrò la carnicerìa y nos fuimos caminando para la casa grande.

En el patio, mi tìo Celso le enseñaba a mi hermano que estaba en sus espaldas como un jinete, con un pañuelo en la boca que hacían de riendas y el como un caballo, largaba relinchos y corcoveos para que aprendiera a perder el miedo a montar.

-¡Aquì tenès el capòn!- le gritò Alberto a Josè que respondió casi sin mirar.

-¡Dejalo en el pozo!

-¿Qué vas a hacer?- preguntè intrigado, viendo que se dirijìa al pozo de agua, donde salìa el agua mas fresca, incolora y exquisita que podía tener un balde de aluminio.

-Lo que pasa que aquí no tenemos heladera- respondió Alberto mientras metìa el capon en una bolsa de alpilleras que había mojado con un baldazo de agua fresca.

En la otra roldana que no era la del agua, atò el capon y lo bajò hasta cerca del nivel del agua, alla abajo, casi a ocho metros, se veìa el reflejo de la luz en un espejo con radio menor, el eco invitaba a jugar- Las moscas no van tan abajo, aparte se mantiene fresca la carne, por la temperatura del pozo.

Mi madre y mi tìo Josè, estaban en el patio de la casa, cerca de la cortina de corintos, mientras esperábamos el grito de la abuela para comer.

Habían agarrado dos maderas de cajòn, y movían la muñeca como si hicieran un ocho imaginario, pracicaban a “vistear”, y realmente se golpeaban fuerte, madera contra madera, que simulaban facónes de campo, mi madre con los ojos desencajados en un momento bajò la madera de mi tìo con la suya y se abalanzò, mi tìo hizo para atrás unos pasos y se largò a reír diciendo.

-Calmate, Chueca j aja todavía tenès reflejos

- Siii,- respondió ella con satisfacción- viste, ¡jodè conmigo nomàs!- respondió mi madre levantando la madera como saludando.

A la tarde de ese Domingo, ya estábamos de regreso en Caleta Olivia para ir al otro dìa a la escuela.

La primera novia

Caleta Olivia se estaba formando como ciudad incipiente, pero dejaba espacios en blancos por los terrenos sin construir.

Enfrente de nuestra casa había una manzana en triangulo vacio, si se podía decir manzana, asì era el trazado urbano, estrambótico, con pasajes que iban y venían, en ese triangulo soliamos jugar, años anteriores había sido el campamento de una empresa llamada Bourdward, en la cual trabajò mi padre, traìdo desde el norte, como la mayoría de todos los obreros petroleros por que en el sur escaseaba la mano de obra para trabajar.

Normalmente las empresas como YPF ponían carteles en los hoteles de Catamarca, La Rioja, o Mendoza , mi padre había venido de Cordoba, de un lugar llamado La Calera según nos había contado mi madre.

La empresa con el tiempo, hizo un barrio pequeño para su gente y se traslado del campamento a otro lugar, dejando algunas chatarras, tanques viejos de combustibles, pequeñas lomas que servían de parapeto para jugar a los cow-boys o circuitos de bicicleta.

Todos cortábamos caminos por allì para ir a comprar a los diferentes negocios, no tenía sentido dar la vuelta de la cuadra, estaba todo al aire libre, había buena visión desde las casas.

Los negocios eran despensa “El Valle” de unos gallegos, Rotiseria “El Neno” en una esquina, bar “ReFaSi” y despensa “El Porvenir” en la esquina opuesta, cruzábamos la calle y estaba Bar y Hotel “Munich”, seguia la radio de amplitud modulada LU21 y la despensa “Sur”, donde mi madre compraba fiado con una libreta, que siempre se doblaba, con anotaciones de números y letras desparejos, en distintos colores, enfrente había un kiosco de material donde comprabamos las figuritas de los álbumes de colección, a veces de equipos de futbol, o de cultura en general, con ellas jugábamos a la “tapadita”, o pagábamos con una cantidad de figuritas , la que no tenìamos, las utilizábamos entre nosotros como dinero en trueque, obligados a mostrar todo el fajo para que el otro elijiera.

-Quiero esta, esta, esta y esta por el caballo Azabache.- decía uno

-¡Eh!, ¡ah!, ¡no!, no seas abusivo – respondia otro. -¿Qué mas querès, El Caburè, -que era una de las mas difícil de salir- Te doy veinte por una , pero sin mirar.

-¡Ah si! Noooo, si la queres te la cambio, sino se la cambio a Pino por otro chico de la cuadra que le decían Pinocho.

Enfrente de la despensa “Sur” y al lado del kiosco, había como diez pabellones de YPF de madera , a dos aguas, pintado de colorado oscuro con las persianas de las ventanas color blanco, en su interior se alojaban alrededor de treinta o cuarenta hombres solteros que trabajaban en la empresa, cada habitación con dos camas, un placard su puerta y ventana, estos trabajaban por turnos rotativos asi que no coincidían sus encuentros en el mismo horario, al final varios baños y duchas, un pasillo en el medio que daba a las habitaciones numeradas, y en la entrada una pequeña cocina comedor, y una antesala de espera, todos comìan gratis en la gamela de YPF, un comedor inmenso de material pintado verde agua, asentado en la mitad de los pabellones, seguramente para que les quedara cerca a todos.

Todo ese complejo habitacional ocupaba 18 hectareas aproximadamente.

Todos tenìan una boca de toma de agua, para enroscar la manera de los bomberos en caso de incendio, con una valvula giratoria y pintadas de rojo bermellón.

Pero se habían prendido fuego dos, alguna vez y solo quedaban en pie, las estructuras del piso de cemento donde apoyaban las estructuras de madera y una chimenea de ladrillos.-

A una cuadra de los pabellones , entre el Hotel Munich y el almacén “El Porvenir” había un Nigth Club llamado “Blue Moon”, que era de la hermana de un porteño comprador, Nestor Ruben Fantù, amigo nuestro y de todos los chicos del barrio, su sonrisa a lo Gardel seguramente asesorado por las prostitutas de la noche que lo mimaban con sonrisas , era muy querido por la gente del lugar por su manera de hablar, el sabia y aprovechaba esa faceta, lo que le hacia ganar mas de un vaso de coca cola, o tal vez por el interés de algún trabajador por acercarse a las pocas mujeres que había en la ciudad.

Varios de ellos se habían casado con mujeres de la noche, y luego pasaban a ser señoras respetadas por un código que habia entre ellos.

La dueña del bar “ReFaSi” tenia un kiosco anexo, y una hija rubia llamada Patricia de nuestra edad, nos habíamos hecho compinches Fantù lo llamábamos por el apellido por que era màs fácil, y otra amiga de Patricia llamada Luisa , en ocasiones le daba de comer ya que preferían pagar y comer algo distinto a la gamela, o compartir una situación que no sea tan rutinaria como el trabajo, la gamela el pabellón.

Patricia era rubia y muy bonita, tenía una amiga llamada Luisa que no lo era tanto, y juntos terminábamos en ocasiones jugando al papà y la mamà, pero sanamente, a Fantu le tocaba Patricia y a mi Luisa.

Fantù a veces nos llevaba de dìa, a mi hermano y a mi al “Blue Moon”, para que viéramos como era el lugar donde solo iban personas mayores de 21 años, en ocasiones teníamos charlas de sexo, y el se reìa por lo pajueranos que eramos nosotros, pero nuestro tìo Celso y Alberto diez años mayores que nosotros ya vivian en el fondo de nuestra casa, y con ellos teníamos la confianza de preguntar lo que no nos animabamos a preguntarles a nuestra madre y ellos nos explicaban con pelos y señales, pero màs que nada sus ejemplos se basaban en lo que habían observado en el comportamiento de los animales de la estancia. asì que que en otras ocasiones estábamos màs adelantados que el, en educación sexual infantil.-

Una noche Patricia se quedó a dormir en mi casa, hicimos el amor tontamente como dos chicos, sobre las ropas, o como pensábamos que era, para luego levantarnos e ir a la cocina a tomar mate a las cuatro de la mañana y tener una conversación sin importancia.

Mi madre nos había escuchado esa noche, sin nosotros estar enterados.

Al otro dìa ella me quiso cargar, diciendo pícaramente:

-¿Que paso anoche negrito, con Patricia?

-Nada – dije yo, avergonzado por que no tenia confianza con ella, para hablar esas cosas, sino con mis tios y hermanos.

-Como nada, yo escuche ruiditos- insistió ella.-

- Y yo no te digo nada cuando vos haces ruido con Nico- dije casi llorando.-

-Bueno, bueno, bueno, dejemoslo ahí nomas por que usted no se aguanta un chiste.- cerrò ella poniendo distancia.