INICIATIVA FEMENINA
Como dice aquella famosa frase, entre cielo y tierra no hay nada oculto, una mañana, el teléfono de la residencia de la casa de Arturo, sonó, pero éste se encontraba dormido por la gripe, así que Carmen, quien había solicitado licencia de una semana para cuidarlo, contesto la llamada. “Buenos días, habla el doctor Fernández, ¿Se encuentra don Arturo?”, en seguida ella se identificó como la esposa y le recomendó que le llamara más tarde. “No, no por favor, es importante que tanto usted como él pasen al consultorio más tarde para darles la receta para controlar la enfermedad venérea que padecen ¿Cómo se ha sentido usted últimamente señora?” fue la última pregunta que el médico hizo, pues acto seguido ella colgó.
“¿Una enfermedad venérea?” se preguntó. Era claro que desde la luna de miel, Arturo, le había estado siendo infiel y luego al regresar continuaba con lo mismo en todas esas noches que supuestamente regresaba tarde del trabajo. Por un lado ella no sabía que esperar de la actitud de su marido, que en todo ese tiempo se había mostrado desconfiado, descuidado y desinteresado, y ahora esta noticia en que demostraba que ya no había razón alguna para permanecer al lado de ese hombre.
Él estaba enfermo, sí, pero no por ella, sino por sus andanzas nocturnas. Tampoco se sentía culpable por lo que estaba sucediendo pues ella le pidió a Arturo, que recapacitara y que juntos se sentaran a dialogar, porque ella sola no podría hacerlo. Pero ahora ya no había vuelta para atrás, Arturo, se había sumido en un abismo al que no podría ser arrastrada por la indiferencia de aquel y menos ser más ella hazmerreir de todos sus círculos de amigos y familiares.
Ese mismo día tomo la resolución de abandonarlo. Su Padre, se encontraba muy enfermo en el hospital por un infarto al miocardio y decidió acompañar a su madre en la casa. Le dejo una nota a Arturo, para que devolviera la llamada al médico de la empresa y luego se marchó con varias maletas.
Victoria, al ver llegar a su hija, a la casa se sorprendió. Carmen, prefirió no comentarle por el momento su desilusión con Arturo, por lo que justificó su presencia como una forma de apoyo hacia ella por la precaria salud del padre. Victoria, no se creyó la historia pero la presencia de su hija podía ayudarle a soportar esos momentos de soledad. Al día siguiente en la mañana, antes de salir hacia el hospital, Carmen, le comentó lo necesario a su madre, omitiendo sobre la enfermedad que le habían diagnosticado, así que su historia se centró en las ausencias nocturnas, su indiferencia y la infidelidad que se resumía en aroma de perfume barato y aliento etílico.
Victoria, reconocía en aquello la repetición de una historia del moribundo que yacía en una cama de hospital, pero se mantuvo en silencio y no le dijo nada a Carmen. El teléfono sonó, y al contestar Victoria, inmediatamente el auricular cayó de sus manos y mirando a su hija, las lágrimas rodaron por sus mejillas mientras buscaba sentarse. Carmen, comprendió aquello y se aproximó para abrazarla. “Carmen, el hogar es importante, debes estar junto a tu esposo, no abandones tu matrimonio sin buscar solucionarlo, se lo difícil que es pero el amor lo vence todo” y pretendía esconder su dolor aun cuando el difunto no se lo merecía.
En la vela, Arturo, se presentó a brindar sus respetos a Victoria. Carmen, lo miró llegar pero disimulo y se retiró a conversar con Patricia y unos parientes. “Hola señora ¿Cómo está?” le dijo con voz pausada a Victoria. “Bien, hijo, gracias por venir” y le extendió la mano derecha. “Sé que no es el momento pero sé que su hija ya le comentó todo y…” se detuvo para tomar valor, y prefirió apartar la mirada hacia el suelo para continuar. Victoria, guardo silencio. “doña Victoria, le juro que no sé qué me paso, fue un momento de debilidad, pero gracias a dios, la sífilis solo la contraje yo.
Porque desde nuestra luna de miel su hija, no ha querido cumplir como esposa…” fueron las palabras rebuscada que trataban de excusarlo de todo lo que pasaba. Victoria, fijo su mirada a su hija, comprendiendo que no se trataba de un capricho de ella, que estoicamente había mantenido su dolor y miseria en lo más recóndito de su alma. Se sintió a llorar, pero se contuvo. “Mire Arturo, le daré un buen consejo, aclare su mente y dense un espacio entre ustedes para que las cosas se calmen y luego como adultos conversen. Pero creo que si usted ama a mi hija, deberá permitirle a ella un tiempo a solas” y luego se retiró; la confesión de Arturo, la hizo recapacitar y supo porque su hija había preferido no comentarle por lo que decidió dejar que ella abandonara el hogar.
Carmen, creyendo que su madre le pediría que regresara con Arturo, luego de las honras fúnebres, regreso inmediatamente a casa de su madre y tomo sus pertenencias y se marchó a casa de una amiga, desde donde comenzó a buscar un alojamiento para ella, por lo que el destino la llevo al edificio de apartamentos en el cual hoy se encontraba. Ya Patricia, estaba enterada y la apoyaba cien por ciento. Con sus ahorros, adquirió parte de los electrodomésticos y mobiliario para amueblar su nuevo hogar.
Posteriormente, Victoria, se contactó con ella, conversaron, y le expuso que conocía los detalles que Carmen, no deseaba contarle pero que la entendía, por lo que vía telefónica hubo lágrimas y risas, pero un buen entendimiento entre madre e hija y por esa razón ese día quedaron de verse para que Victoria conociera su nueva residencia. Ya hacía un mes que Victoria, había levantado el luto y su creciente curiosidad en el sexo, se tradujo en largas horas leyendo revistas, libros, en internet y mirando películas eróticas.
Fue tanto la liberación de su pensamiento que decidió visitar una tienda que vendiera esos artefactos que las parejas de mente abierta utilizaban en sus momentos íntimos, y el lugar que seleccionó fue el local en que laboraba el vecino de Carmen, Fernando.
Patricia, iba encaminada a ser otra víctima más de la familia. Ella, sufría la indiferencia de su padre. Fue a partir de que estaba por finalizar el último año escolar, que Arturo, se fijó en su hija. Su cuerpo comenzó a cambiar. El aumento de sus pechos y el contorno de su cintura, no pasaron desapercibido por él. Ya en el segundo año de Colegio, Patricia, era una hermosa chica, de cabellera larga, y un sentido de humor vivaz. Por su flexibilidad, fue admitida en el cuerpo de porristas. Un día que salía con su uniforme al Colegio, Arturo, se encontró a su hija, con falda corta y una blusa ajustada.
Su mirada se tornó lujurioso. “Qué linda te ves” fue el comentario que le dijo. La respuesta fue una sonrisa para su padre. En la realidad, Arturo, estaba completamente seguro que aquella chica no era su hija sino el engendro producto de una infidelidad, por lo que la miraba como una mujer y no como parte de su relación sanguínea. El viernes, Carmen, salió a trabajar, y Patricia, tenía libre la primera hora de clases por lo que despertó tarde. Arturo, había estado pacientemente ver crecer y desarrollarse a Patricia, y por tanto, canceló una cita esa mañana para permanecer en casa.
Patricia, como siempre, creyendo estar a solas en el hogar, salió del cuarto con su pantaloneta ajustada y una mitad de camiseta que dejaba ver su ombligo. Fue al refrigerador, y se sirvió un vaso con leche. Hizo una llamada telefónica a su mejor amiga y quedaron de verse en una hora en la entrada del colegio. Encendió el equipo de sonido, y subió el volumen de un disco que le encantaba y luego se dirigió a su dormitorio donde tomo su ropa interior y una toalla y se metió al baño sin cerrar la puerta. Arturo, espero el momento oportuno para sigilosamente deslizarse hasta la puerta del baño.
Sin hacer el menor ruido y conteniendo la respiración, observo como Patricia, se desvestía. Bajo el ritmo de la música, ella se miraba al espejo y simulando ser una estrella de rock, se despojó de su camiseta, y de su pantaloneta. Su escultural cuerpo se adornaba con una ropa interior rosada, con personajes de dibujos animados.
Deslizo la cortina, y se introdujo a la ducha, y luego volvió a deslizarla para cerrar la misma. En un momento, su sostén y panty se encontraban guindando en el tubo de la cortina, mientras el agua caía, y el canto no cesaba. No mirar a Patricia, molestó a Arturo. Poco a poco, se aproximó a la ducha, y apartando despacio la cortina, podía admirar el cuerpo desnudo de ella, quien se encontraba de espalda. Sin sospechar absolutamente nada, ella se enjabonaba. Por esa razón, al virar, ella tenía cerrado los ojos, por lo que no se percató de la presencia de Arturo, quien abrió su boca enorme al mirar los pechos enormes de ella, y los vellos púbicos de su entrepierna.
Era absolutamente algo exquisito para Arturo. Él se alejó, y muy despacio comenzó a desvestirse, hasta quedar sin ropa. Luego le puso el cierre a la puerta del baño. Su personalidad había cambiado totalmente, ya no era el Padre de la muchacha sino un depredador sexual. Estaba ahí encerrado con su hija, y como un león listo para atacar a su presa. La sola idea de copular con ella, lo excitó y la erección no se hizo esperar. Violentamente aparto la cortina ante el susto de Patricia, quien lanzo un sonoro grito imposible de que se pudiera escuchar por el volumen tan alto de la música del equipo de sonido.
Arturo, la tomo por los brazos y la empujo hacia la pared, provocando que ella se golpeara fuerte la cabeza. Luego, se empinó a besarle los senos, sin importarle el grito de ella. La tomo de un brazo, y abrió la puerta para llevarla al dormitorio de ella. La negativa de ella y los ruegos no se hicieron esperar pero Arturo era sordo ante tantos gritos, que al llegar a la habitación, la bofeteó para exigirle que se callara, y la lanzo sobre la cama. Ella pretendió levantarse y él le dio una cachetada más fuerte que la hizo temblar. “Ya que tu madre no me dio su virginidad, tal vez su bastarda hija lo haga” aquellas palabras eran incomprensible para Patricia.
Arturo, la tomo muy fuerte y le abrió sus piernas mientras ella se esforzaba por liberarse. Cuando él trato de besarla en los labios, ella hábilmente lo mordió lo suficiente para que él la soltara del dolor, fue el instante que ella le lanzo un rodillazo a los bajos y éste se arrodillara del dolor. Patricia, corrió a encerrarse al dormitorio principal desde donde le gritaba a Arturo, que si entraba llamaría a la policía. Arturo, estaba herido y sintió miedo ante la amenaza de ella por lo que inmediatamente se marchó.
Patricia, temblaba del miedo y lloraba en un rincón con el teléfono en la mano. Llamó a su mejor amiga y le pidió que la llegara a recoger a la casa, lo cual ocurrió y ese día faltaron ambas a clases. Ella le comentó lo sucedido a su amiga, y ésta le recomendó que lo hablara con Carmen. Es lo que debía hacer, así que se dirigió a su casa a la hora que llegaría su madre. Lo que ella no sabía era que Arturo, había intervenido en el horario de Carmen, y le solicito hiciera algunas compras antes de llegar a casa, el tiempo que tomo para esperar a Patricia detrás de la puerta. Le tapó la boca y la llevo a la cocina.
“Mira, sé que lo que hice no estuvo bien, pero hay una razón por la que lo hice y eso es porque no eres mi hija y tu madre ha sido mala conmigo. Pero no quiero que te entrometas en mis asuntos. No te hare nada si ambos olvidamos esto, porque si no todos saldremos perdiendo, todos, incluso tu mamá, ¿comprendes?” Patricia, estaba estupefacta por aquellas palabras pero no sabía que podría pasar si se enfrentaba a su padre, así que no le quedó más remedio que asentir para que él la soltara.
Carmen llegó al rato, y encontró a una Patricia, un poco extraña en su actuar, y a un Arturo, completamente cambiado en su modo de ser, más cariñoso con ella. Patricia, tenía realmente miedo de lo que Arturo, pudiera hacerle a ella o a su mamá, por lo que prefirió callar. Paso el tiempo y se acercaba el tiempo más esperado por las jóvenes a mitad de su adolescencia, sus quince primaveras. Se fijo la fiesta para el sábado, luego de que el equipo de fútbol americano del colegio enfrentara la final del campeonato, donde ella junto al equipo de porristas debían dar lo mejor de sí, siendo ella ahora la capitana.
En la institución, era indispensable que las porristas fueron un buen ejemplo para el resto de estudiantes, por lo que al igual que los jugadores, debían demostrar que merecían pertenecer al equipo sin desmejorar su rendimiento académico. Así que el jueves previo al partido, tuvo un contratiempo, al reprobar el curso del profesor González en química. Eso le cerraba las puertas de no participar en el tan esperado encuentro. Se lo comentó a su mejor amiga, quien le recomendó que hablara con el maestro a fin de que le permitiera realizar un trabajo extra curricular para mejorar la calificación.
Ella, se anunció con la secretaria del docente, y le hizo pasar a su despacho en el justo momento que terminaba de atender otro asunto con un estudiante. Luego de estudiar la situación, él no podía ayudarle sin antes hacer lo mismo con otros quince alumnos que había obtenido la misma calificación que ella. Esa noticia fue demasiado dura para ella. Su equipo la necesitaba y la directora no aceptaría que participara el día del partido. Salió cabizbaja de la oficina del maestro. El alumno que había estado con el mismo profesor la abordo. “¿Le pedistes que te ayudara con la nota?” le interrogo. “Si, pero no hay forma de que me pueda ayudar, y lo entiendo” dijo ella desilusionada.
“Yo estoy en la misma condición, pero ahora voy a ver a Hampton, para buscar el plan B” dijo sonriendo. “¿Hampton? ¿El plan B? ¿De qué hablas?” pregunto con cierta curiosidad. “Mira, las notas ingresan a tu expediente personal por medio de una computadora. Así que este tipo manipula la máquina y te concede los puntos que necesitas para pasar sin que nadie se entere ¿Qué te parece?” Patricia, veía en aquella propuesta una oportunidad para salir del apuro y por tanto acepto acompañar a aquel chico a ver al genio en las computadoras.
Llegaron a una de las habitaciones que correspondían a los varones del campo universitario. Tocaron a la puerta y un chico de no más de diecinueve años, les hizo entrar. “Bien, ahora, empecemos contigo” le dijo al que acompañaba a Patricia, quien le entregó un sobre a Hampton. Éste, abrió el sobre y luego puso sus manos sobre el teclado. “diez puntos más serán suficientes” y luego complacidamente le informó que todo estaba resuelto.
El chico le agradeció y salió del cuarto contento. “¿Y tú, cuántos puntos necesitas?” le preguntó a Patricia. “Solo ocho puntos no son muchos ¿Puedes hacerlo?” le cuestionó ella mientras lo miraba con esperanzas. “La pregunta ofende, pero si lo puedo hacer, serán entonces cien dólares” le anunció el muchacho. “¿Cien dólares? Es mucho dinero para mí, no los tengo” Se quedó cabizbaja mirando al suelo. “Qué lástima. Bueno me tengo que ir, se me hace tarde para asistir a una clase” Patricia, sentía que su mejor oportunidad de resolver aquel escollo se le iba cuando ese chico saliera por esa puerta.
Patricia, se levantó de la silla, se quedó mirando fijamente a aquel muchacho, y poco a poco se fue desprendiendo de la blusa y se quedó con su sostén. El chico la miró sorprendido. Ella luego se bajó la falda y quedo en calzones. El joven estaba mudo admirando aquel bello cuerpo. Ante falta de acción por parte de él, ella, ahora se quitó el sostén cubriendo sus pechos, con un pequeño de temblor en su cuerpo. Él, se le acercó. La tomo de los brazos y ella cerró los ojos, recordando aquel traumático episodio con su padre, y luego sintió nuevamente su ropa entre sus brazos. “No tienes que hacer esto, dime tu nombre y arreglare tu nota, pero ahora vístete” le habló en voz baja.
Ella, estaba desconcertada, pues se le había ofrecido a un completo extraño y éste no aprovechaba la situación, algo estaba ocurriendo, tal vez, el tipo era gay o lo peor que pudiera pasar, era un chico decente. Le agradeció con un beso en la mejilla y ella se marchó. Pero la sola idea de lo sucedido la mantuvo en vilo.
El sábado llegó, el partido fue todo un éxito, ganaron el equipo de casa, y para su fiesta de quince años ella se vistió como una princesa. Había muchos chicos detrás de ella, y había elegido a un tímido chico, piel morena, cabello negro, de ojos cafés, como su príncipe de compañía, pero no estaba interesado en él. Al momento del vals, ella actuó el papel de hija buena para disimular con su padre ante los ojos de los asistentes, pero se notaba una frialdad en los pasos rígidos que duro la danza. Luego, ella sintiendo nauseas, cambió con su príncipe. Éste, presentía que algo andaba mal. “¿Te sientes bien? ¿Deseas sentarte?” fueron sus comentarios. “Si, por favor, necesito tomar aire, salgamos” fue su respuesta. Ambos se encaminaron al patio, y ella siguió hacia la parte de atrás de una pequeña bodega sin advertir que el chico obedientemente iba detrás de ella.
“¿Qué haces aquí?” preguntó preocupada. “Me dijistes que te sentías mal y me pedistes que saliéramos” Ella se sonrió ante lo que había escuchado y por lo tierno que aquello fue expresado. Sin saber por qué, lo besó en los labios. El chico con los grandes ojos abiertos se sentía pasmado por aquel gesto.
“Dime algo, ¿Eres virgen?” ella le preguntó. “¿Quieres decir, si he estado con otra chica?” le dijo pausadamente. “Así es” le aclaro ella sonriendo. “No” fue la respuesta que ella al parecer esperaba escuchar. Ella siguió besándolo tiernamente en los labios mientras le quitaba el saco y luego la corbata. “Ayúdame con el cierre de mi vestido” le pidió a él. Al chico le temblaban las manos, pero pudo bajar el cierre. Ella se desprendió del vestido y luego ayudo a quitarle el pantalón al muchacho. Y luego su ropa interior.
Él, estaba completamente nervioso. Ella sonrió, y se bajó su pantaletas y se acostó en el césped. “Sabes, no tienes por qué estar tan nervioso, yo lo estoy un poco pero me siento bien contigo” fueron las palabras más reconfortantes que le dijo al chico. Ella, estaba excitada y húmeda. Desde los doce años inició la masturbación en el baño de su casa y luego en las noches en su dormitorio. El chico lo había experimentado no hace más de dos semanas atrás.
Ella, seguía besando al muchacho quien ya tenía una perfecta erección en cierne. “Ya estoy lista” le anunció. El chico, como si fueran de cristal, rozaba cuidadosamente los senos de ella. La luz de la luna la hacía ver irradiante como una muñeca de porcelana. Él, sin tanta prueba, sintió que su miembro entraba a un lugar húmedo y caliente. Ella, lo confirmo con un leve quejido y luego una sonrisa. “Estas bien duro” le comentó. El chico se sonrió. Ella movía su cuerpo lentamente, mientras que él iba sintiéndose cada vez más cómodo y presionaba su cuerpo para infundir fuerza a su miembro.
Eso le gustaba a ella. Aquella experiencia los llevo a conocer un placer insospechado. Ella lo miraba con aquellos ojos dulces mientras acariciaba sus brazos. Él, sintió dos veces una obstrucción, que luego se liberó, y se volvió más sencillo manejar su penetración. Ambos contribuyeron a que aquel hermoso momento fueran placenteros y armoniosos. Él sudaba por tanta actividad, mientras que ella respiraba más aceleradamente, lo que motivaba a que el siguiera el ritmo.
Ella, le pidió que continuara de esa misma manera, que no se detuviera. Él, estaba enamorado de la joven, se notaba en su mirada y su sonrisa, y obedeció su mandato. La estimulación fue perfecta, ella gimoteo sintiendo que el alma se le salía del cuerpo de tan exquisita sensación, que él eyaculo en su interior, desplomándose sobre el cuerpo de ella.
Ella, le besó la frente, mientras ambos cuerpos sudados yacían en el traspatio. “Estuvo bien, muy bien” le dijo ella. “Me alegra que te haya gustado princesa” fue lo que le manifestó el chico. La música se escuchaba a lo lejos, mientras su madre la buscaba por la casa porque llegaba el momento de apagar las velas y cortar el queque. Los dos jóvenes, ingresaron tomados de la mano a la sala, ante el aplauso de los presentes. Ella, se veía muy sonriente y él no quedaba atrás. “¿Dónde estabas?” le preguntó Carmen. “Luego te cuento mami” fue su respuesta. Esa noche fue inolvidable para Patricia.
Se abría todo un mundo delante de ella. Pero fue la última vez que vio a su príncipe. Los días siguiente, ella lo evito a toda costa, porque ella no estaba enamorada de él y se lo había confesado tantas veces, hasta que él finalmente desistió. Después de ahí, a escondidas, mantuvo relaciones con muchachos que ella escogía, y a quienes obligaba a utilizar un preservativo. Esto continúo hasta el final del bachillerato. Nada cambiaría al ingresar a la universidad. Esta vez, sus amantes fueron profesores, padres adinerados de sus compañeros de estudio y algunos jefes de departamento.
La idea de estudiar enfermería vino de su madre, pero realmente ella no deseaba estudiar en la universidad. Pero fue ahí donde conoció a Andrea, quien le hablo de la posibilidad de unírseles para ganar dinero fácil, aprovechando el gusto por el baile y la flexibilidad y agilidad del porrismo, presentando una variedad en clubes o bares. Ella, le encantó la idea, y comenzó a dejar de asistir a clases, hasta que se le canceló la beca por bajo rendimiento y se le expulsó del campo universitario.
Eso a ella no le importaba porque iba en busca de fama y gloria. Junto a Andrea, habían dos chicas más, que tenían sus parejas. Se trataban de hombres que trasegaban con drogas. Ante falta de dinero y un lugar donde vivir, ellas compartieron el mismo apartamento con sus dos nuevas amigas y sus novios. Patricia, no deseaba informarle a su madre de su decisión de abandonar la universidad para no ocasionarle angustia ni preocupación, así que decidió que era hora de que ella tomara las riendas de su vida.
Fue en ese apartamento donde ella probó la mariguana y en juergas con grupos de pandilla que también le hizo a la cocaína. El sexo era un lenguaje en estos grupos, en la que experimentaba las relaciones con otros chicos y también con chicas. Patricia, se sentía que había encontrado petróleo con estos muchachos que sabían cómo divertirse. Sin embargo, debía contribuir con los gastos, así que sus relaciones con los padres adinerados de sus ex compañeros, ahora venían a sacar réditos y comenzó a solicitarles dinero.
Su juventud y buena figura, le proporciono mucho dinero. Esto fue observado por uno de los novios de las amigas, quien le propuso vender su cuerpo al mejor postor en lugares recreativos para adulto. Ella se rehusó y fue expulsada del grupo. Con el dinero que los hombres casado le entregaban, ella se hizo de un pequeño cuarto, al momento que le llegó la noticia que su abuelo estaba enfermo en un hospital. Sabía que su abuela, a quien poco había visto a lo largo de su existencia estaría desbastada con la noticia, y decidió comunicarse con su mamá.
Carmen, la abrazó cuando la vio llegar al hospital, pero ya todo era tarde. Su abuelo había fallecido. Patricia, se quedó en el pasillo cuando vio llegar a su padre. Ella se le enfrento. “¿Qué haces aquí? Vamos, vete, aquí nadie te quiere. Deja en paz a mi mamá. Si no te vas te juro que voy a desquitarme por la bajeza que me hicistes cuando era una niña” Arturo, se retiró del lugar. Patricia, sentía que tenía el valor para no dejarse mal tratar por nadie. “hola”, fue lo que seguidamente escucho.
Y detrás de ella, reconoció a aquel chico piel canela que yacía junto a ella en el traspatio de la casa de sus padres. “Hola, wow, mira en qué guapo muchacho te has convertido” le dijo con su pícara sonrisa. “No te burles por favor, yo si puedo decir que sigues siendo la más bella de las universitarias. Tu madre me comentó que estudias enfermería” Patricia, trató de evadir la respuesta con cualquier otro tema “Si, así es, ¿y tú qué haces aquí?” Él, miro a todos lados como si estuviera de incognito en el lugar. “Aquí estoy haciendo mi último año de medicina” Y lanzo una tremenda carcajada.
“¿Doctor?” se preguntó ella en sus adentros. “¿Y qué haces aquí? No me digas que vas a hacer tu práctica en este mismo hospital” Patricia sonrío ante tal ocurrencia. “No, para nada, es un asunto familiar. Mi abuelo fue internado de emergencia, pero hoy murió” El rostro de él cambió mostrando su gran pesar ante tan fatal noticia. “Lo siento Patty” y la abrazo. “¿Patty? Eres el único quien me dice así” y sonrió. “¿Te disgusta?” le preguntó. “No, para nada. Está bien, viniendo de ti” Carmen, salió en ese momento y la llamó. “Bueno, creo que debo irme” Él, sentía que nuevamente aquella chica se iba de su lado. “Tal vez podamos vernos más tarde” fue lo que pudo expresarle. “No lo creo, pero quien sabe pueda que nos veamos por ahí” y se dirigió hacia el cuarto donde estaba la familia.
Después del entierro no volvió a ver a su mamá, aunque ella le había comunicado que se separaba de su papá, lo cual vio con buenos ojos tal decisión, y era una señal que las cosas marcharían mejor. A su cuarto, llego Andrea, en búsqueda de refugio ya que la policía había allanado el lugar en que estaban y arrestaron a casi todos. Ella salió al día siguiente por falta de pruebas pero ese evento la impactó para alejarse de las drogas y de las pandillas, no así de la prostitución.
Entre ellas existía un fuerte lazo, por lo que Patricia, la acogió en su hogar. Andrea, no había desistido de la idea de hacer un espectáculo de variedad erótica y no sexual, y volvió a insistirle a Patricia, que debían probar esa faceta para salir de la miseria. Patricia, ya estaba cansada de vivir de los viejos que le proporcionaban dinero, y sabía que la peor gestión era la que no se hacía, por lo que en pro de su sueño, decidió intentar aquella idea.
Fueron a una tienda de segunda donde compraron unos uniformes de porristas. Luego debían reclutar a otras dos chicas y hablar con algunos centros nocturnos para que les permitieran presentar su acto. Su mejor amiga del colegio, quien ahora divorciada se había quedado con la casa, así que sin oposición alguna acogió la idea de Patricia, así que las dos mujeres se mudaron a la casa de ésta última y ahí barajaron nombre de las antiguas compañeras de porrismo que desearan unirse al grupo. Una más llegó
. Con el equipo completo, comenzaron los ensayos. Eligieron la música y se entregaron de lleno a las coreografías sugestivas. Patricia y Andrea, recorrieron los principales centros nocturnos, pero ninguno deseaba a un grupo de chicas saltando como monos sin que existiera desnudo, así que tomaron la decisión drástica de quitarse completamente la indumentaria. Un ex novio de Andrea, les confeccionó un cartel para promocionar el evento.
El dueño de un local, fue quien les abrió la puerta, pero debían presentarse jueves, viernes y sábado. Así se cerró el trato. Y en lo que concernía a los ingresos, estos estarían conforme a la cantidad de asistentes y a la venta de los boletos, siendo lo justo la mitad para el grupo y la otra mitad para el negocio. Llego el tan esperado primer jueves, y las chicas llegaron nerviosas pero puntuales. Eran las ocho de la noche, y el lugar estaba completamente vacío. Ya eran las once, y solo había cinco varones, que silbaban por la variedad tan publicitada.
El administrador del lugar les aconsejo esperarse para el día siguiente y permitir que aumentara la clientela. Sin embargo, ese viernes, una de las chicas amaneció enferma y por tanto llamaron para posponer la presentación. Patricia, recién llegaba luego de haber visitado a su madre en su nuevo apartamento y se encontró con la mala noticia de que nuevamente no habría espectáculo esa noche.
“Bueno, pero debemos hacer algo mientras tanto” dijo preocupada Andrea. “Si, tienes razón, no nos hemos presentado para romper el hielo ante el público” añadió Patricia. “¿Y por qué no lo hacemos sin esperar a mañana? ¿Qué les parece si llamamos a unos amigos y que vengan a casa y les hacemos el espectáculo?” dijo la amiga de Patricia. “No, no tendría chiste. Tienen que ser completamente extraños” dijo Andrea. “Bueno, ya que somos estríperes, podríamos intentar hacerlo en un lugar al que llegan las personas buscando erotismo” sugirió la cuarta integrante que tenía gripe. “No es mala idea” dijo Patricia.