LA FANTASIA HECHA REALIDAD
“Aquí a unas cuantas cuadras hay una tienda que venden esos juguetes sexuales, me imagino que llegaran su clientela” dijo la amiga de Patricia, un poco entusiasmada. “Bien, ya que estamos uniformadas, vamos hacia allá entonces” sentenció Patricia.
Las chicas cerraron cuidadosamente la puerta de la casa, y luego pasaron por una farmacia para que la cuarta integrante se tomara un capsula antigripal. Y, se sentaron a esperar el autobús para no llegar sudadas con la caminata, y así poder lucir fresca y radiantes. El automotor llegó colmado de pasajeros, así que de vez en cuando algunos de los varones en su interior rosaban las nalgas de las muchachas, lo que les originaba cierta molestia. “Oiga, cuidado con esas manos” le grito Andrea a un tipo que iba sentado cerca del pasadizo.
Aunque se trataba de ocho cuadras, se sintió que existía más distancia de la esperada por el denso tránsito de la hora, incluso un accidente que obstruía el paso de los vehículos. Pero finalmente llegaron al lugar. Ellas advirtieron que había una afluencia inesperada de personas que entraban a la pequeña tienda. La causa era que se anunciaba una gran oferta por la compra de algún producto que se ofrecía al público en su interior.
Patricia, se aproximó a la puerta principal y desde ahí pudo divisar al extraño con quien esa mañana había tenido el altercado fuera del ascensor del edificio donde vivía su madre, y quien al parecer era el dependiente del negocio, y que intentaba informarle a los presentes que había existido un error, así que sonrió y decidió entrar al lugar para hacer el espectáculo sin anunciarse.
Ahora, Victoria, Carmen y Patricia, se encontraban en una misma habitación, con un único hombre, como jamás hubieran pensado cada una de ellas finalizaría una reunión familiar. Aunque, estaban en ese preciso lugar, cada una de ellas se centró en lo que hacían, sin considerar que existiera un vínculo consanguíneo entre ellas que pudiera ser necesaria tomar en cuenta para que les permitiera u obstaculizara lo que cada una estaba realizando.
Victoria, veía en aquel hombre la oportunidad que la vida le concedía para recuperar el tiempo que como mujer se le había negado para el pleno disfrute de su sexualidad. Carmen, en cambio, no tenía pensamiento alguno, y su proceder, al igual que un velero sin capitán, era guiado con el vaivén de las olas, hacia donde éstas la llevaran por el inmenso mar de la pasión. Dentro de su mente no existía remordimiento ni culpabilidad, por fin, una paz la embargo en su ser, y como si se le hubiera concedido la oportunidad de regresar el tiempo hacia atrás, ahora ella estaba como una aprendiz en el arte del goce carnal.
Patricia, fiel defensora de los derechos sexuales de la mujer, se regocijaba por un lado porque el destino quiso que aquellas tres féminas estuvieran ligadas, en el mismo espacio y tiempo, en un mismo lenguaje que las caracterizaba como sujetos de cariño y ternura. El gran peso que llevaba con el secreto a cuesta por su deserción de la universidad, finalmente había terminado y ahora sólo quedaba esperar por la redención de sus actos.
Él, se puso de pie, y sentó a Carmen, en una silla alta del desayunador y debajo de ella coloco a Patricia. De esa forma, mientras lamía todo el sexo de la madre, podía copular a la hija. Victoria, se masturbaba detrás de él, y acariciaba con su mano derecha, la entrepierna de él. Carmen, estaba completamente húmeda y apretaba fuertemente sus pechos con sus manos.
Patricia, gemía en cada penetración que él realizaba, y los sonidos que ambas mujeres hacían, lo excitaban a él y a Victoria, quien manipulaba su clítoris asemejando el mismo ritmo con el cuál escuchaba a las otras exhalaban toda su estimulación, y como guiada por la fuerza de la costumbre, introdujo alguno de sus dedos en el orificio de él, quien ante el asombro de las presentes, gritó que lo ingresará más fuerte, lo cual ella hizo desfigurando su rostro, tornándose igual de furiosa que él. Sus ojos lo decían todo, el grupo se había contagiado de un arranque de euforia que transpiraba en sus poros, y se estaban rompiendo los límites de la cordura.
Él, tomó a Carmen nuevamente, y la llevo al dormitorio seguido de las otras incondicionales, y la acostó sobre la cama. Carmen, no era dueña de sus propios actos, se había dejado abandonar por aquella experiencia que debilitaron sus sentidos y cegaron su raciocinio. Increíblemente, la longitud de la erección no era tema que a ella le interesara hasta que él la introdujo por toda su cavidad originando que ella exhalara un sonido de satisfacción, recompensando a este gran amante abriendo completamente sus piernas y dejándolo entrar hasta donde él quisiera.
Sin nada que decir, ella comenzó a gritar que continuara. “Hazme tuya por favor” repetía con un quejido que venía desde lo más profundo de su interior. “Rómpeme, soy completamente tuya” no dejaba de decirle mirándolo directamente a sus ojos. Sus labios buscaron los de él, tomándole la cabeza, deseaba hacerle sentir que él la liberaba de años de dolor y sufrimiento y ahora lo que importaba era aquel momento sublime de pleno placer y excitación.
Las otras dos mujeres que se masturbaban viendo aquella escena, seguras de que en aquel instante, Carmen, disipaba toda conceptualización de la sexualidad en pareja y se unía al grupo de las mujeres que podían expresarse sin ideas preconcebidas, ni limitaciones. Sus quejidos lo decían todo. El sudor que caía del rostro de él, como rocío matutino, la bañaban como un nuevo bautizo a la liberación de su propia alma. Ellas sabían, que desde ese punto de su existencia, Carmen, sería una mujer diferente. Y realmente seria así.
Sus ojos se tornaron llorosos, y unas lágrimas salían recorriendo hacia un lado, muestra de su primera llegada al clímax, que representaba su pleno disfrute a aquel juego amoroso sin compromiso ni reglas. El cielo era el límite. Él, no cesaba en su intento de definir una posición ante aquellas mujeres, y pretendía culminar aquel final en el día de su cumpleaños, estableciendo su supremacía como el único macho en el lugar.
Sin avisar a las mujeres, tomo a Victoria, y la acostó a la par de Carmen, y lamiendo su rostro, sus ojos, su nariz y su boca, una de sus manos le informó que aquella señora aún se encontraba bien húmeda, y dispuso entrar sin tocar la puerta. Mientras eso hacía, su mano izquierda, había reemplazado su miembro dentro del monte de Venus de Carmen.
Ambas mujeres, yacían sobre la cama, vibrando de placer, mientras aquel hombre las poseía. Patricia, de pie, a la orilla de la cama, viendo aquella escena, le estimulaba para continuar con su auto satisfacción. Victoria, extendió su mano derecha y se encontró la de su hija, y la apretó. Ambas mujeres, estaban ahora inter conectada, transmitiendo la una a la otra, la plenitud que estaban experimentando, como si fuera un mensaje en clave de que ambas compartieron una vida desdichada que llego a su fin, ahora estando juntas viviendo aquella vibrante experiencia. Él, no se percató de aquella unión, solo sentía dicha que en una noche tenía el placer de contar con tres cuerpos para él solo.
Finalmente, aparto a las mujeres, para acostar en medio a Patricia, quien obediente, hizo lo que el hombre quería, e inmediatamente abrió sus piernas para que aquel no tardara más en poseerla. Él, arremetió contra ella con mayor dureza ante la esbelta figura que se le ofrecía nuevamente. Él, hizo un enorme esfuerzo para mantener sus manos trabajando en las otras dos.
Ahí en esa cama yacían tres mujeres desnudas, excitadas y dispuestas a todo. Habían perdido la noción del tiempo y del espacio. Victoria, sentía la mano de aquel ser ingresando y saliendo como quisiera dentro de ella, al igual que Carmen, que movía su cuerpo sin distinguir que se trataba de la otra mano de su amante. Fue un prodigio que aquel varón coordinara sus miembros para brindar placer a aquellas bellas mujeres.
Él, comenzó a besar a Patricia, y luego con esfuerzo a Victoria y finalmente a Carmen. Lo hizo dos veces más. Ellas, se prestaron dócilmente a aquel acto. Así, que delicadamente él, coloco su mano con los jugos de Victoria, dentro de la boca de Patricia, quien como si fuera de un dulce, lo lamía y gozaba. Luego hizo lo mismo con su otra mano impregnada con el fluido de Carmen. Y de la misma forma respondió a tanto deleite. Eso lo excitó. Y aquello lo tomo como el inicio de un juego. En el orden que quiso, se montó sobre Carmen, luego Patricia y Victoria, o en forma aleatoria. Cada mujer ahora compartía parte de su zona erógena. Luego, ceso en ese intercambio con ellas, y luego ideó un juego diferente. Primero besó a Victoria, y luego a Patricia, y lo hizo más repetido, hasta que unió los labios de las mujeres, quienes se enfrascaron en un beso, mientras coloco a Carmen, en su entrepierna para que no dejara que su erección se disipara.
Al ver a aquellas dos mujeres besándose, él se sintió que pronto acabaría. Levanto la barbilla de Carmen, y la besó para luego aproximarla a los labios de Patricia. Incitó a Victoria, a besar los pechos de Patricia, el cual obediente hizo. En esa circunstancia, intercambio a las mujeres. Luego Patricia, hacía lo propio con los pechos de Carmen, mientras que los labios de Carmen, se encontraban unidos a los de Victoria. Aquello, era simplemente momentos mágicos. Como Patricia, se encontraba inclinada sobre Carmen, él la tomo por detrás y sabía que debía buscar la sensación máxima en esa sinfonía de perversión y placer. Y le realizó el sexo anal. Patricia, tomo aquello como un cambio de la rutina que el grupo venía realizando, por lo que lo acepto de buen gusto.
No tomo mucho tiempo para que él se lo realizara a Carmen, quien siendo primeriza, ni siquiera objeto ni se opuso, continuaba hipnotizada por la libertad plena que sentía desatarse de las reglas y costumbres que le habían enseñado desde adolescente. El turno final le correspondió a Victoria, quien siendo la mujer entrada en más años, tuvo sus dudas mientras aquel hombre dirigía la punta hacia atrás. Fueron segundos de un flash para considerar lo que estaba a punto de suceder, más sin embargo, tomo la decisión que a esa altura del partido, ya había jugado todas sus cartas y aquello no haría la diferencia en la realización de su libertad plena. Así, que disipo sus dudas y le dio la bienvenida a esa nueva experiencia.
Fue casualmente con ella, que él ya no pudo aguantarse, y se apresuró a retirar su miembro para eyacular, por lo que les grito a las mujeres que ya se venía. Patricia, fue la primera en reaccionar, seguido de Carmen y por último Victoria, él se puso de pie frente al rostro de las féminas, y las roció completamente mientras aquella recibía aquella lluvia como una recompensa a un buen trabajo que se acreditaba al grupo en general.
Así, que Patricia, tomo un poco para guardarlo dentro de su boca, Carmen, la esparcía en su cara y su cuello y Victoria, hacía lo suyo en sus senos. Un poco más de dos horas había tomado aquella singular sesión lúdica entre ellos. “Eso fue grandioso cariño” dijo Victoria. “Estoy completamente exhausta” agregó Carmen. “No tengo casi fuerzas” refirió Patricia. “Las tres son unas delicias, son incomparables muchachas” fue la respuesta a la participación que ellas hicieron esa gran noche.
“Pero yo estoy con más ganas papito” le dijo Victoria, muy sonriente. “Me imagino, pero debo recuperarme un poco” le contestó con voz agotada. “¿Qué tal si mientras tanto continuamos nosotras con algunos de los juguetes de la tienda, me imagino que tendrás algunos?” sugirió Patricia. La idea no era del todo descabellada, pues, él desde que entró a laborar, se había apoderado de muchos productos que por alguna razón, habían llegado fallados y debían venderse con descuentos, aunque no era de interés alguno del Jefe, por lo que él pensó que no los iba a extrañar en el inventario. “Espérenme aquí, que ya regreso” les dijo mientras a como pudo buscaba su pantalón y camisa para ir descalzo a su departamento por los dispositivos. Las mujeres, se quedaron en la cama tratando de recuperar el aliento.
Atravesó el corredor y apresurado abrió la puerta de su apartamento. Luego, fue a la cocina en donde abrió la alacena y busco debajo de un estante unas cajas en las que se encontraban dos vibradores de hule, tamaño extra grande. Sonrió al encontrarlos y luego se fue a su dormitorio a buscar un preservativo. En eso estaba cuando tocaron a su puerta. Pensando que se trataba de una de las mujeres, sonriente fue a abrir, y entonces el susto de su vida, fue encontrar a su Jefe de pie en la puerta. “No puede ser que aquí estés tan tranquilo y yo tuviera que dejar mi casa para ir a cerrar los portones de la tienda, ya que mi empleado al que le pago para que lo haga se le olvide, y simplemente se viene a su casa, al parecer a penetrarse con unos vibradores, que de paso espero que no sean de mi local” No sabía que decir. Estaba en shock, las piernas no le respondían. “Jefe, ¿Qué hace aquí?” atino a preguntar. “¿Qué parte de todo lo que te dije no escuchastes tarado? Vine para decirte personalmente que estas despedido” No podía creer que estuviera escuchando aquella palabra precisamente el día de su cumpleaños.
“Por favor Jefe, usted no puede hacer eso”, le dijo con un tono de desesperación. “Déjame ver para estar seguro que no te trajistes algo más de mi tienda” y a empujón ingreso al apartamento para revisar la cocina y el dormitorio. Su empleado lo seguía a donde el tipo caminaba, pidiéndole que reconsiderara su decisión. “Bueno, veo que no hay nada más, así que dame esos dos aparatos que me los llevo y pasa mañana por tu liquidación” Y luego se dirigió muy molesto a la puerta. Al abrirla, se encontró cara a cara con Victoria, que vestía únicamente la ropa interior. El jefe se quedó boquiabierto. Victoria, le miró fijamente y luego le sonrió al observar que éste llevaba en sus manos los dos vibradores. “Entonces, si tenían, que bien. Y veo que invitastes a un guapo amigo a la fiesta ¿Cuál es tu nombre cariño?” le preguntó a aquel tipo de cincuenta y tantos años. “Carlos, señora, Carlos, a sus órdenes” le contestó completamente perplejo. “Ay, qué lindo y muy educado, pues pido mano con Carlitos, claro, ¿Si a usted no le importa?” y le tomo de la mano, mientras con la otra agarro los consoladores. “No, del todo, es un placer señora mía” con voz cambiada. Se encaminaron al apartamento de Carmen, mientras el otro regresó a buscar el preservativo.
Finalmente, mejor dejo de buscar para enterarse que estaba ocurriendo en el otro aposento, así que se enrumbo a la salida, cuando se topó con su amigo del alma, Andrés. “Hola, hola ¿para dónde tan rápido?” le pregunto con una gran sonrisa, pero cuya imagen que proyectaba era la de una persona que recién sale de una juerga de mucho alcohol. “Mira, hoy no podemos hablar, pero te espero mañana para que me cuentes todo lo que te haya pasado, adiós” se apresuró a decirle. “No, no, para nada, ¿Cómo crees que me voy a ir este mismo día de tu cumpleaños? Por favor, ¿Qué me crees un mal amigo?” le manifestaba mientras le rodeaba con su brazo izquierdo. “¿Y no es que andabas con aquella negra despampanante? ¿Qué la hicistes?” recordando a la mujer que en la tarde él había llevado como regalo de cumpleaños.
“Ella, se quedó en casa de unos amigos bien tiesa. Vas a creer que aspiro polvo de ángel como si fuera confite, y pues, como angelito se quedó volando, volando, viendo el firmamento, así que me dije, es joven la noche, y voy a estar al lado de mi carnal, de mi cuate, de mi broder, y te compré esta botella de Vodka” y tambaleando le mostró la bolsa de papel café de donde extrajo una botella de vidrio.
“¿Pero no era que estabas corto de dinero?” le preguntó dudoso. “Tienes razón me descubristes, no la compre, me la traje de la fiesta, pero de por si esos tipos ya no la iban a tomar, todos estaban tirados ahí en el suelo.” Y se carcajeó de su propio comentario. “Bueno, pero está bien todo eso, gracias por el Vodka, yo me lo tomare, pero ahora tienes que irte, porque…” en eso se abrió la puerta del otro apartamento y Carmen, completamente desnuda y una gran sonrisa, salió al corredor. “Amor, ¿Qué te pasa? ¿Te seguimos esperando?” Andrés, miraba a Carmen, y volvía su mirada a su amigo, y lo hizo una vez más. “Ay, sinvergüenza, ya veo porque me estabas corriendo. Bella señora, es un inmerecido placer conocerla en estos momentos…” y tal fue lo tomada que estaba Carmen, que tomo de la cabeza a Andrés, y lo beso.
Rápidamente, el cumpleañero, los metió a ambos al apartamento de Carmen, para evitar que los otros vecinos pudieran verlo. Patricia, seguía bailando desnuda en la sala. “¿Y Victoria?” le preguntó. “Adentro en la recamara con un tipo” fue su respuesta. Mientras, Carmen, desvestía a Andrés, él fue a observar al dormitorio, y se encontró con la sorpresa que Victoria, tenía amarrado a Carlos, en el respaldar de la cama, mientras ella le hacía un trabajo manual en sus genitales. “Por favor, no vayas a decir a nada” fue la súplica del hombre con una pronunciada barriga. “Eso es lo malo que no hay nada que me ate a no delatarlo” a modo de indirecta. “Vamos, tranquilo, mañana te espero como siempre mi empleado estrella” le respondió en tono inquieto. “Cállate, perro, ahora eres mío” le gritó Victoria. “Si mi amor” le contestó.
Andrés y Carmen, fornicaban en el suelo de la sala, como si fueran amantes de hace mucho tiempo. Él se sentó sobre la alfombra, y Carmen, se subió sobre él para continuar copulando. “Amor, te voy a enseñar todas las posiciones del Kama Sutra, aunque me parta la espalda” le dijo a ella. “Haz lo que quieras conmigo, soy toda tuya mi cielo” fue la respuesta que le ofreció. El cumpleañeros, abrió la botella de Vodka, y sirvió dos vasos y busco a Patricia. “Aquí tienes” Ella, finalmente se sentó en una de las sillas del comedor y subió sus dos piernas en la misma, ya un poco más calmada. “Fue una locura ¿no?”
Él sabía que a diferencia de la madre y la abuela, aquella joven, tenía los pies bien puestos sobre la tierra, demostrando una gran madurez. “Todo me tomo por sorpresa, realmente no se ni cómo empezó todo”, le dijo a la chica. “Lo importante es que celebraras tu cumpleaños, aunque esto no era la idea de una fiesta, ni tampoco se planificó así, quiero que al menos sepa que mi madre y mi abuela no son de esos tipos de mujeres”, le comentó mientras su mirada tierna se clavaba en sus ojos. “No te preocupes, lo entiendo. Fue el licor, las malas noticias, el momento, es algo que difícilmente creo que se repita.”
Patricia, quedó mirando a Andrés. “¿Es un tipo de fiar tu amigo?” También él volteó a mirar. “Es buena persona, y al igual que yo, no nos complicamos con problemas y siempre buscamos estar con mujeres que estén limpias” Se miraron entre ellos y sonrieron. “No había visto a mi madre tan feliz como hoy”, se tomó rápido el contenido del vaso que sostenía en la mano. “Es una mujer increíble, al igual que tu madre, pero…” y se detuvo a admirar a Patricia. “¿Qué? ¿Qué me ves?” le pregunto un poco incomoda. “Tú eres la más maravillosa, si me permites decirlo. Tienes un cuerpo de una chica joven pero la madurez de muchas mujeres juntas, es decir, no había conocido a alguien como tú” Ella se sonrojo. “Es lo que debes de decirle a muchas”
Él, se apresuró a llenar los vasos nuevamente. “No, eso no es así, no soy tampoco del tipo de hombre fiestero que se levanta a una mujer cada noche. Más bien, aunque no lo creas soy del tipo tranquilo, que le gustaría tener a una sola mujer, la adecuada, para que me acompañe en mi vida” Ella volvió a mirar a su madre. “¿Y no te gusta mi mamá?” Esa pregunta no la esperaba. “Pues no hablaba de tu madre realmente” Ella, se bebió el vodka, y luego se puso de pie para sentarse en las piernas de él. “Por favor, no hablemos de esas cosas en estos momentos, no arruinemos la noche, ves que me estoy divirtiendo.” Y comenzó a besarlo, eso ponía fin al tema.