TORBELLINO DE PASIONES

Fernando, estaba atónito observando todo el espectáculo, como si ello fuera debidamente planificado. Pero sus ojos no podían apartarse de aquella joven, a quien le debía lo que estaba sucediendo, realmente le estaba salvando el pellejo. Ella, como que presintió su mirada, y pícaramente la encontró y sus hermosos ojos le respondía con un grácil contacto. Fue el turno de las chicas, al despojar en forma rápida de la ropa interior a los estríperes, y sin mayor anuncio, se abrazaron entre sí, y todo finalizo al instante que también terminaba la música.

Los aplausos inundaban todo el interior, mientras tanto porristas como estríperes volvían a vestirse con una sonrisa de agradecimiento, algunos incluso se acercaron donde Fernando, estaba detrás del mostrador y lo saludaban como si fuera el salvador del universo, e incluso muchos le admiraron el supuesto gasto en que se haya incurrido en semejante espectáculo por solo unos quince dólares en productos. Hasta demandaban tomarse una selfie con quienes creían era un afortunado playboy. Todos estos saludos realmente lo llenaron de orgullo, y se le notaba en su actitud, sacando pecho, el tono de su voz y la sonrisa a flor de piel.

Cuando se fue hasta el último de los presentes, incluso aquellos que aún consultaban si habría otra función más tarde, solo quedo la chica y él. “Fue un show grandioso el que distes hoy” le dijo con una mirada de gratitud. “No fue nada, realmente lo tomé como un ensayo con mis compañeras porque hoy no vamos a tener presentación en un local no muy lejos de aquí” respondió mientras se sentaba exhausta en la silla. “Lo sé, vi el mural que anunciaba tu actuación”, le dijo mientras cerraba la gaveta de la caja registradora. “¿En serio? ¿Entonces ya sabes a qué me dedico por las noches?” y tímidamente soltó una sonrisa.

“Creo que es una buena forma de ganar dinero, máximo con un cuerpo tan privilegiado como el tuyo” fue su manera de evitar juzgar lo que hacía. Ella lo miró y lanzó su confesión: “pero mi madre no lo sabe, ella cree que soy estudiante de enfermería y que mis cursos son nocturnos, por eso hoy en el edificio me cachaste llegando, anoche tuvimos mucho público, y casi venía dormida cuanto tuve ese pequeño accidente con usted”.

Y por un instante como si su mirada pudiera revelar algún sentimiento hacia él, la aparto al finalizar la oración. “No te preocupes, tu secreto está seguro conmigo, igual, no conozco a tu familia, y aunque así fuera tampoco diría nada. ¿Y ganas bien?” Salió del mostrador hacia donde ella estaba sentada. “¿Por qué? ¿Quieres bailar conmigo?” y emitió una carcajada muy graciosa que lo contagio a él. “No, para nada, eso te luce mejor a ti”

El sonido del teléfono interrumpió la amena conversación que tenían. Él se disculpó para contestar, pero sin percatarse que la joven se deslizo muy callado hacia la puerta y salió sin decir nada. Para cuando él se enteró ya no estaba y sobre todo que se trataba de una llamada equivocada. Aunque no era un consuelo, pero su mejor amigo Andrés y una desconocida de la raza negra pero con un cuerpo descomunal, ingresaron en ese momento al lugar. “Ahí estas mi amigo del alma” fue su grito de inicio. “Andrés, ¿Cómo estas hermano? ¿Qué placer verte por aquí?”, le respondió mientras que lo abrazaba, advirtiendo que la desconocida no soltaba a su amigo y tenía una mirada perdida, signo inequívoco que se encontraba volando por la estratosfera.

“Mira te presento a Cleopatra, una buena amiga que conocí no hace mucho” y sin pedir permiso le estampo un beso en los grandes labios de ella mientras metía su mano izquierda en su escotada blusa y le aprisionaba el seno. Ella respondió con una sonrisa insulsa y extendió su mano izquierda para acariciar la entrepierna de él y no de Andrés. “Ella es muy efusiva y amigable, ¿cierto?” le dijo Andrés. Sin ser grosero él aparto la mano de la mujer, y se regresó detrás del mostrador. “¿Y qué hacen por aquí?” preguntó con una voz entrecortada.

El reloj en la pared con la figura de la sexy muñeca Betty boo, con su característica voz anunciaban que era las seis de la tarde. “Mira, necesito llevarme un calzón comestible de esos que me contastes que mientras uno tiene sexo, al mismo tiempo también se alimenta” y la carcajada no se hizo esperar ante el desconcierto del amigo. Sin aviso alguno, la desconocida, comenzó a desprenderse de su blusa y exhibió un lindo sostén color morado con ribetes, pero cuya transparencia dejaba claramente ver los enormes atributos de la mujer.

Andrés, tomó la blusa y la coloco sobre el mostrador, mostrando que no le importaba lo que su amiga hiciera. Fernando, un poco perturbado, los condujo hacia la otra sección, donde estaba la ropa interior comestible, en diferentes estilos y sabores. “¿Qué te parece amor?” le preguntó Andrés a su amiga. Aquella, se bajó la falda corta, y acto seguido su panty, y abrió una caja, y extrajo una tanga color café con sabor a chocolate. Los dos hombres miraban extasiados aquella figura escultural caoba, sobre todo Fernando, pudo mirar que la abundancia de vellos era un rasgo de la mujer en la entrepierna, y en las axilas. “¿Parece que le gusto a tu amiga?” le hizo ver a Andrés.

La mujer parecía que no tenía escrúpulo alguno, sin invitación alguna, comenzó a besar a Andrés, delante del amigo. Ese contacto era tierno, la mujer parecía buscar más que un consuelo en ese instante. Sus labios humedecían los de él, y poco a poco comenzó a introducir su lengua dentro de su boca. Ella tenía la iniciativa, mientras abrazaba a Andrés. Las manos de Andrés, ya estaban posicionadas sobre los redondos glúteos de la mujer.

Ella con su mirada fija, destellando sensualidad, aparto sus labios, y con sus manos busco el cierre del pantalón de Andrés, y le extrajo poco a poco su miembro viril, y mientras le seguía mirando, sus manos trabajaban como una hábil escultora, amasando el barro fálico, endureciéndolo para sus sexuales propósitos. Ella se agacho sin perder de vista los ojos de Andrés, para entonces en éxtasis, y acto seguido ella sabía besar dulcemente cada centímetro de su piel, hasta que los labios carnosos cubrían completamente toda la erección. Andrés vio a su amigo, y lanzo una sonrisa de satisfacción llevando el claro mensaje del placer que estaba teniendo en ese instante.

La mujer, lentamente comenzó a levantarse, mientras besaba el abdomen de Andrés, hasta que volvió a encontrar sus labios. Esta vez, los brazos de la mujer se extendieron hacia atrás, alcanzando la cintura Fernando. Era una clara invitación a que se les uniera. Él acepto la misma. Se aproximó hacia su espalda, en el mismo instante que ella echaba hacia atrás sus nalgas para contactar el bulto erecto de él.

Ella, nuevamente busco las manos de él para guiarlas a que le tomara sus pechos, para entonces Andrés, estaba frenético besando a la morena. Su amigo, se había quitado la camisa y luego el pantalón y la ropa interior, y acto seguido, besaba el cuello de la mujer con su lengua viperina, humedeciendo cada centímetro de la piel. Ella, sabía usar bien sus manos. La derecha tratando de tomar la nalga de ese sector de Fernando, y la izquierda acariciando los pezones de Andrés. El momento más sublime para ambos amigos.

Ella se inclinó levemente hacia adelante para iniciar la experiencia anterior de besar el falo de Andrés, pero con la motivación que ella deseaba que el amigo de Andrés, la penetrara por detrás. Y eso fue lo que sucedió. Fernando, sin esperar invitación, se agacho al nivel de la concha, y comenzó a comerse el calzón de chocolate como desesperado, para alcanzar el tesoro detrás de ese y recordando la experiencia de aquella mujer madura encerrada en el sanitario, utilizo la punta de su lengua para masajear su clítoris y luego sus alrededores, la paredes elásticas celestiales se llenaron de fluidos que bombardearon a mares la lengua de él, quien no le importo, continuando saboreándolos con el aroma del cacao azucarado.

La mujer, cerraba los ojos, gemía mientras mordía sus labios, y besaba el falo de Andrés, y con sus dos manos lo frotaban, escupiéndolo para lubricar cada masaje, que brindaba un gran placer.

Aquel orificio estaba listo para recibir al amigo de Andrés, quien más por excitación que por ignorancia, olvido ingresar con prudencia, y se lanzó al ataque con frenesí que causo un grito a la mujer y que lanzara todo tipo de alusiones que motivaran que aquello no se detuviera, y se profundizara más y más hondo. Él tomo de la cabellera a la mujer, y se la jalo un poco fuerte hacia atrás, mientras que con la mano derecha le sujetaba la cintura, y sus ojos se habían tornado malévolo y sus dientes se apretaban fuertemente, como queriendo provocar el mayor dolor en cada arremetida.

Andrés, se sentó a masturbarse para observar aquella escena con una cara de satisfacción. Su amigo, estaba gozando aquella experiencia. La mujer de pronto, con su mano le extrajo el miembro, y luego lo sentó en una silla, para ella subirse encima del falo erecto y continuar con aquel placer que estaba experimentando sin límites. Ella, literalmente estrujaba sus pechos mientras él se sujetaba de los lados de la silla. Aquello era un terremoto, que cimbraba la silla y los cimientos. Andrés, se apresuró a poner el cierre de la puerta de la entrada para evitar interrupciones y cambio el letreo a cerrado, y luego apago parte de las luces del lobby del lugar.

La mujer, se levantó nuevamente y seguidamente se inclinó buscando aquel falo húmedo de sudor y fluidos femeninos, y sin miramientos, literalmente lo succionó. Se notaba la energía que le imprimía. Su cabeza iba y venía en un ritmo constante ante la fuerte sensación que él experimentaba que le obligaba a sostenerse la cabeza en señal de un torrente total de sensibilidad que recorría todo el cuerpo. La mujer estaba como poseída, que besaba cada pulgada, incluyendo los testículos y las piernas.

Él no pretendía que todo el acto estuviera en manos de ella, así que se levantó de la silla, y con fuerza la acomodo para que se sostuviera de espaldas a la silla, y sus dedos entraron con fuerza en donde menos esperaría que podría hacer. La mujer no dijo nada, simplemente quería más y más, así que cuando él la penetró en el segundo orificio, se notaba que no era nada nuevo para ella, pero si para él, quien ante tal sensación, no pudo evitar hacer más ruido con la boca que ella. La expulsión de la excitación llegó de la misma fuerza con la que se realizó el acto sexual, expeliendo un grito final mientras que la mujer sentía el calor del líquido trasparente de él por todos lados.

La mujer quería más, aquello fue la mitad de su capacidad, así que tomo su blusa y se limpió, para luego buscar a Andrés. Le quitó completamente el pantalón y se sentó sobre él, y nuevamente al mismo ritmo de los carruseles donde los caballitos suben y baja, ella logro su cometido, y la cantidad eyaculada por Andrés, volvió a llenarla en sus piernas. “¿Cómo estás?” le preguntó Andrés a su amigo. “Me falta el aire” es lo que pudo responder sudando copiosamente. “Pues, amigo, este fue mi regalo, feliz cumpleaños” y seguidamente se sonrió. “¿Qué te puedo decir? Gracias amigo” y se abrazaron entre ellos.

“Mejor nos separamos ¿no crees? Aun sigo excitado” y se volvió a reír. La mujer, mientras tanto ya había abierto una de las cajas de los consoladores y mantenía un festín privado con uno que tenía dos puntas, las cuales penetraban simétricamente los dos orificios que aún solicitaban descargas de adrenalina para apaciguar su libido insaciable.

“Disculpa, amigo, yo te pago el calzón, pero lo otro creo que lo puedes lavar y volverlo a colocar en el estante ¿No?” fue la sugerencia de Andrés sobre el consolador. “Si, está bien, no te preocupes” le respondió como una manera de pagar la deferencia por la aventura que acababa de ocurrir. “y ¿ella es limpia?” pregunto preocupado a Andrés. “Tranquilo amigo, no hay problema. Ella es la profesora de ballet de mi hija menor. ¿Flexible, verdad?” respondió con picardía. “Bien, ahora debo de cerrar, no quiero ser grosero, pero tengo que llegar a mi casa para bañarme y alistarme para una salida esta noche” le conversó mientras guardaba las sillas.

“¿Salida? ¿Una cita? Oye eso me suena que habrá romance esta noche. ¿Y quién es la afortunada?” y se encaminó a la sección de perfumes para oler uno de ellos. “No la conoces, es una nueva vecina que se mudo esta mañana, nada serio” fue la respuesta final. “Bien, entiendo, pero en todo caso te sugiero que te laves bien por si tienes acción esta noche” y le guiño un ojo. La mujer ya estaba vestida, y acompaño a Andrés a la puerta, éste le dio un apretón de manos y la mujer le dio un dulce beso en los labios, y luego se marcharon.

“¿Qué gran día?” se decía asimismo, luego de cerrar la puerta, dibujando una leve sonrisa. “Bien, ya casi las siete de la noche, hora de que este chico se vaya directo a casita, se ponga bien guapo y ver que le depara esta noche” se decía así mismo en un monologo mirando a una muñeca inflable que se exhibía en la vitrina. “Lo siento, nena, pero ya este chico está ocupado” y luego apago las luces, y salió colocando el candado en la puerta. Miró aterrorizado que el último bus estaba cerrando la puerta, por lo que no bajo las ventanas de metal de la vidriera principal y corrió a detener el autobús.

Fue en el instante que el bus iniciaba su recorrido que él se ubicó delante, obligando al chofer a detener el transporte. “gracias, muchas gracias, me acaba de salvar la vida”, pagó el monto y recorrió el pasadizo hasta llegar al fondo. Se percató que solo había diez personas en el enorme automotor. Entre ellos, una chica vestida elegantemente que desde que él subió no dejo de mirarlo. Él se sentía complacido que una chica tan hermosa le mirará de esa forma. De hecho, ella se había virado para observarlo mejor, y él comenzó a ruborizarse ante tanta atención. Ella parecía como artista de cine. Él, se puso de pie y tímidamente llegó hasta donde ella estaba.

“¿Está ocupado?” preguntó sobre la silla contigua a ella. La mujer disintió con la cabeza. Él se sentó a su lado, y pudo observar que ella utilizaba medias negras transparente, lo cual hacía muy atractiva a su compañera de viaje. El tono del lápiz labial que ella utilizaba también era muy sugestivo un rojo intenso, ella se percató que él la miraba, y de un modo sutil mojaba sus labios con su lengua de un lado a otro. Él le sonrió. Ella tenía unos ojos color miel. Él, miraba su reloj, sabía que el tiempo era importante pero en ese momento toda su atención se centraba en la hermosa mujer a su lado.

Por todos los medios, sin que aquella dama se percatara buscaba mirar por encima del escote, pues la mujer exhibía dos grandes razones para que cualquier hombre las admirara. Ella, se dio cuenta y sonrió mientras miraba al exterior de la ventana. Para entonces, cada una de esas acciones había surtido el efecto de provocar la excitación necesaria para una erección. Esta vez no tenía nada que pudiera ocultarlo, así que cruzó las piernas y aparto su mirada de la mujer, sintiéndose avergonzado. Ella ya lo había notado.

Su mano derecha se coló entre las piernas de él, ante su desconcierto, y seguidamente comenzó a acariciarlo. Él consideró que aquello era una muestra de compasión femenina por lo que atravesaba un hombre admirando el hermoso cuerpo de una mujer, o al menos él considero fue una forma de justificar lo que estaba aconteciendo en ese instante. El masaje era lento pero firme, notándose una maestría en el oficio. La erección era insoportable dentro del pantalón y eso al parecer ella lo advirtió, como si ambos estuvieran interconectados.

Así que le bajo el cierre y sin importar la presencia del resto de pasajeros, ella se inclinó hacia su falo y demostró el por qué las cosas siguen un curso que va abriendo brechas como cuando se inicia con un pequeño fosforo y luego va en aumento como un ardiente fuego que arrasa todo a su paso. Él, cerró sus ojos y se dispuso a dejarse llevar por aquel momento único en su vida. La sensación, era similar a la que sentía en las mañanas solitarias cuando su única compañera era su mano derecha. Solo tres pasajeros contemplaban lo que sucedía a la mitad del autobús.

El transporte de servicio público iba recorriendo las calles nocturnas de la capital, bajo las luces resplandecientes de los alumbrados públicos, bajo el manto del cielo negro que ocultaba sus estrellas. Algunos vehículos circulaban a su lado, y el ruido raudo de la sirena de una patrulla de policía a lo lejos, y dentro del mismo, todo impávido, como si por un instante los sonidos del exterior no existieran, la pareja continuaba en su acto de goce, una actuando y el otro recibiendo.

Esta forma de práctica sexual, un poco egoísta, ha sido la crítica de muchas féminas, porque resienten que quien disfruta es el que recibe el beneficio que la pareja le hace, cuando en realidad, hay una reciprocidad que trasciende más allá de un individualismo monolítico. Quien ofrece el masaje bucal piensa en autosatisfacer su emoción personal, procurando ser bien recompensado con una pareja excitada, para continuar con otra posición diferente. Es un mensaje corporal que no requiere de comentarios, ni solicitudes, simplemente pensando tanto en sí mismo como del otro.

Él, muy complacido, acariciaba su cabellera, haciendo remolinos con las hebras de su pelo, mientras ella continuaba con aquel ejercicio, pronto la mano izquierda de él buscaba uno de los senos de ella. La sensación a la que estaba siendo llevado por parte de aquella mujer, sobrepasaba los límites de estimulación que hasta ese momento conocía, no podía quitarla de encima pero tampoco podía detenerla.

Todo aquello parecía pronto terminar, pero ella lo sabía y se contenía, y lo volvía a ver, para simplemente calmar la llegada del clímax y nuevamente regresaba a su posición de inicio, y ese juego estaba debilitándolo, pero no le importaba. Sus pierna flaqueaban. Su exhalación era constante y fuerte, aunque buscaba la forma de no ser escuchado por el resto de pasajeros. Se trataba de una nueva forma de tortura que jamás había experimentado en un sexo oral de tal envergadura, y esto si era algo que lo atemorizaba porque no sabía hasta donde llegaría todo esas explosiones de delirio.

Así estaba, cuando logro alcanzar el final de la falda corta de ella, e introducir sus dedos por encima del orificio anal, atravesando la media elástica, y realizando un masaje circular que pareció tener un efecto deseado en la mujer. Gimoteo, y como algo gutural, aquello parecía un disfrute personal, por lo que él continuó hasta introducir el dedo medio de su mano izquierda, y sin pedir permiso, luego junto con aquel introdujo el anular, y luego el índice, mientras rítmicamente entraba y salía de aquel agujero rosado, que no sólo producía en la mujer alguna respuesta, sino también él sintió que aquello le provocaba cierto poder de seducción que se tornaba en una posesión sobre el cuerpo de ella.

Apretaba sus labios y exhalaba con cierta rapidez y al mismo tiempo furia, mientras sus tres dedos continuaban violando aquel pasadizo que estimulaba a la mujer a quejarse de placer. Esa combinación entre lo que él le hacía y el sexo oral, produjeron el final anhelado por él. La eyaculación termino dentro de su boca, sin que eso le importara a ella, que como si se tratara de una máquina de ordeño continuaba manteniendo su boca cubriendo el falo para luego su lengua recogiera cada gota del néctar que ella había extraído.

Una muchacha de veinte y tantos años, que estaba diagonal a ellos, lo había visto todo, y privadamente le sacó provecho a toda la danza que la pareja había bailado en todo el recorrido. Su rostro reflejaba lujuria, y su cuerpo vibrante eran mudo testigo de su auto satisfacción, al haberse desabotonado el pantalón e introducido su mano izquierdo debajo de su ropa interior, mientras frotaba sus senos con su otra mano sobre la blusa color gris.

Por la insignia en su bolsillo izquierdo, era cajera de un banco privado de alguna zona de la capital, aunque su anillo en el dedo anular revelaba que estaba sujeta a una relación matrimonial. Él la miró y dibujo una sonrisa en su rostro, y aquella joven, con un nudo en la garganta del estruendo que había ocurrido dentro de su cuerpo, le guiño un ojo y respondió con una sonrisa mientras acomodaba nuevamente el botón en el ojal del pantalón.

Era el preciso momento en que el bus llegaba a la parada que correspondía la calle en que él debía descender, por lo que se apresuró a tocar el timbre, mientras miró a la mujer que le había llevado a conocer las estrellas del firmamento del sexo oral. “Aquí me tengo que bajar, espero que continué bien en su viaje señorita” y le extendió su mano para despedirse. <> fue su respuesta con una voz grave que lo perturbo a él.

Al agarrarle la mano, sintió la piel áspera que anunciaba inequívocamente que había sido una víctima más de las cuasi mujeres que hoy en día son difíciles de detectar a simple vista por el avance tecnológico de los trasplantes de silicona y cirugía facial, y que como en este caso, aún las hormonas no le habían cambiado el timbre de voz de su antigua personalidad masculina. Él se asustó, se sintió extraño, y alejo su mano, y sin más que decir, busco la puerta de salida y descendió del automotor, observando que detrás de él no le persiguiera aquel ser extraño.

El bus continúo su camino, mientras él se llevó los dedos de su mano izquierda y los olfateó, ocasionándole repugnancia y nausea. Logro asirse de un poste del alumbrado público y se inclinó para tomar aire. Realmente no lo podía creer la experiencia que recientemente había experimentado con semejante personaje. “Un travesti, dios mío. Un travesti me chupo la p…” sus ojos parecían agrandarse tratando de creer lo sucedido, pero luego de calmarse, dirigió su mirada hacia el sector en que el bus había continuado su marcha. “Pero ese condenado parecía mujer, que increíble, y viéndolo bien, no estaba tan feo” y seguidamente sonrió, y cambió su desventura por carcajadas ante tan singular forma de ir terminando su día de cumpleaños. Así que se encamino hacia su apartamento para lavarse las manos lo antes posible.