EL INICIO DEL APOCALIPSIS

La isla de Granada estaba ubicada 200 kilómetros al nororiente de las playas de Casagrande, en el mar Caribe y su suelo era de origen volcánico. Tenía una superficie de 20 kilómetros cuadrados, cuya longitud superaba un poco más de los 9 kilómetros y su anchura albergaba exactamente los 3 kilómetros.

El punto más elevado, un cerro de 70 metros llamado “El Rascacielos”.

Su población superaba los 50.000 habitantes. La mayoría de ellos dominaban el idioma español y sólo unos pocos hablaban el Coralino, la lengua oficial de los aborígenes en la isla. Soportaron las imposiciones de los colonizadores españoles al igual que otras culturas indígenas de Colombia y nunca perdieron sus costumbres ancestrales.

El clima en gran parte del año era cálido y los vientos ayudaban a aliviar el calor cuando soplaba al este, en momentos de tormentas en el mar Caribe. La isla de Granada fue considerada la hermana gemela de San Andrés, por muchas de sus similitudes.

Últimamente temblaba mucho, aunque los suaves movimientos telúricos no le afectaban en lo absoluto. Los dirigentes políticos se aprovechaban de los temblores para asignar contratos millonarios a empresas fantasmas. El dinero de las regalías se perdían y al final nadie respondía.

La mayoría de las personas asistían todos los días a las diferentes iglesias, con la intensión de pedir por la situación actual de su querida isla.

En las noches, los habitantes no se acercaban a la orilla porque no muy lejos de allí se podía presenciar una gigantesca sombra negra que merodeaba en los alrededores. Incluso, a veces aparecía una luz fluorescente del mismo tamaño.

Cada vez que pasaban los meses, la isla iba perdiendo el contacto directo con el país y estaba quedándose incomunicada con el exterior. Las embarcaciones no llegaban a ninguno de los dos puertos que tenía la isla porque todas se hundían misteriosamente y los tripulantes eran devorados por los tiburones.

Cualquier aeronave civil o militar, perdía el control en pleno vuelo y no conseguía evitar el descenso.

La fuerza aérea confirmó la existencia de un campo electromagnético en la zona. Se le atribuyó al mismo, la causa del descontrol y hundimiento de las embarcaciones / aeronaves.

Afortunadas fueron las únicas diez personas que pudieron salir de la isla en 1976, antes de que comenzara a ocurrir los extraños fenómenos naturales.

La zona crítica albergaba un radio de 15 kilómetros aproximadamente, partiendo de la orilla.

De las diez personas nombradas anteriormente, sólo se tienen datos oficiales de dos, un joven de veinte años llamado Oscar Gil y Vanesa Gallegos Solarte de treinta años de edad.

En la tarde del 6 de Junio de 1976 partió la fragata con las trece personas, incluyendo al capitán de la nave y los dos marineros; quienes pudieron salir sanos y salvos del puerto “La Redoma”, ubicado al suroccidente de la isla.

Su próximo destino sería el suelo firme de las playas de Casagrande.

El 1 de Enero de 1977 Juan Daniel Payares o mejor conocido como “El Loco Payares", afirmó haber visto a una criatura parecida a la que se oculta en las profundas aguas del lago Ness en Escocia.

Las declaraciones del hombre no fueron tomadas en serio por los isleños, ya que el hecho ocurrió en las primeras horas de la madrugada y él tenía la fama de no estar 100% seguro de lo que decía.

Lo juzgaban por el simple hecho de desahogar sus penas con el alcohol. No contaba con algún familiar que lo pudiera respaldar ante la opinión pública, y sin contar que su relato exageraba demasiado.

Esto fue lo que dijo ante una periodista de la prensa local:

“La bestia de tres ojos escupía fuego de su boca alargada como si fuese un dragón, aunque más bien se parecía a un cocodrilo prehistórico. En vez de alas con garras, portaba cuatro aletas. En la zona ventral se le podían ver los huesos y órganos internos, gracias a su tonalidad rojiza”.

“La cola, puntiaguda al final y muy larga, al igual que su cuerpo. En la parte superior traía consigo escamas gruesas y un filo de cuchilla que culminaba en la punta de su cola. Si la bestia se lo propusiera, podría estar dividiendo a la isla en dos pedazos”.

“Sus tres ojos ubicados en línea recta, se asemejaban a los de un ser humano; sólo cambiaban en el color. El iris iluminado de un color amarillo, acompañado de unas pequeñas manchas grises. En cambio, la pupila eran tres puntos rojos ubicados en forma triangular y el resto del ojo completamente negro”.

“La bestia enviada por Lucifer llegó desde los cielos. En el horizonte brilló un punto de luz blanca que poco a poco fue expandiéndose, hasta alcanzar unas dimensiones colosales. Estoy casi seguro de que el animal acostado hacia lo ancho de la isla, llegaría a la mitad de la distancia total”.

“Del enorme agujero pude observar varias cordilleras desérticas, rodeadas con lagunas de lava volcánica. La bestia salió de las aguas infernales de un gran salto y entró en nuestra dimensión. Cuando la criatura cayó en el mar, una inmensa cortina de agua se levantó al instante, debido al gran peso y tamaño de la misma. El agua se evaporó inmediatamente, agrupándose las nubes grises que dieron origen a la lluvia ácida que amenazó con dañar la fiesta navideña”.

“Antes de que la criatura se sumergiera, flotó en la superficie del agua, peces, ballenas, tiburones y demás especies marinas sin vida. Luego, la criatura desapareció. Me acerqué a la orilla y sumergí a un centímetro de profundidad el índice derecho para comprobar lo que estuve imaginándome: toda el agua que se arrimaba a la orilla, estaba demasiado caliente”.

Al siguiente día, el equipo de científicos encabezado por el doctor Rubén Guillermo Grisales Paz, iniciaron las respectivas investigaciones para esclarecer los fenómenos naturales ocurridos en la madrugada del primero de Enero. Las cinco mentes más brillantes de la isla recogieron varias muestras de todo tipo y en una semana publicaron los resultados.

Los datos se pudieron apreciar el día nueve de Enero, como noticia primordial del Periódico El Granadino:

INFORMACIÓN PRELIMINAR: El 1 de Enero de 1977 a las dos de la madrugada, se registró un sismo en suelo submarino (a 10 Km de profundidad) de 3,4 en la escala de Richter con epicentro a 137 kilómetros al sur de la isla. No se reportaron daños materiales.

El sismo llegó a sentirse con más fuerza en la ciudad de Casagrande.

50 kilómetros al norte del epicentro, se produjeron unas grietas que fueron ocasionadas por los temblores; sin olvidar las fallas geológicas que presentaba la topografía submarina del lugar.

De dichas grietas que superaban los 300 metros de longitud, emanó la lava volcánica que elevó la temperatura de las aguas hasta alcanzar los 100 grados centígrados, provocando la muerte de aquellas especies marinas que se encontraban en los alrededores.

A causa de la exagerada cantidad de lava volcánica (35% por cada litro de agua) surgió el dióxido de azufre que se combinó con otros gases que ya circulaban en el aire, entrando de inmediato en contacto con la atmósfera.

Todos los gases acumulados, reaccionaron y se transformaron en sulfato y ácido nítrico. Ambas partículas contaminantes se adhirieron a partículas naturales, de precipitación cayeron y formaron la lluvia ácida.

Se recomienda no consumir los alimentos provenientes del mar (pescados, marisco y demás especies), ni las cosechas posteriores al primero de Enero. Sólo se podrá utilizar el agua lluvia almacenada, en la limpieza de los hogares.

EQUIPO DE TRABAJO:

Dr. Rubén Guillermo Grisales Paz – Biólogo marino, Jefe de operaciones.

Dra. Nancy Clauss Ramos – Sismóloga.

Dr. Rooney James Watson – Hidrólogo y Topógrafo marino.

Dra. Janette Jáuregui Mesa – Bióloga marina.

Dr. Wilson González Obregón – Médico general, Jefe de laboratorio.

El resumen otorgado en la primera página del periódico, desmintió las palabras de El Loco Payares que juraba de antemano lo que presenciaron sus ojos achinados.

El hombre se sintió tan ofendido que abandonó su pequeña casa y se mudó cerca de la playa.

Cuando anochecía, no cesaba de gritar llamando a la criatura; incitándola a que lo devorara. Ya no le interesaba seguir con vida y mucho menos estar en una isla donde todos lo despreciaban.

En los cuatro días posteriores comenzaron a surgir los problemas sanitarios, producto de la putrefacción de aquellos cuerpos que flotaban sin vida a escasos metros de la orilla.

Por el momento, no había algún animal carroñero que se aprovechara de la situación.

Debido a la necesidad de conseguir alimentos y medicinas, los isleños tuvieron que salir de sus hogares para abastecerse. Las clases en las instituciones educativas nunca iniciaron y el desempleo acogió a todos por igual. Las personas más humildes crearon la nueva economía y ésta se basaba en el intercambio de productos. Así podían tener los granos, verduras y frutas que les hacían falta en los hogares.

La situación se volvió más difícil por culpa de la escasez.

Ellos decidieron cultivar algunos granos en sus propias viviendas. La alcaldía les otorgó a las familias un mercado donde venían las semillas que se debían cultivar y agua potable, almacenada en canecas de 20 litros.

Cada familia recibía semanalmente 100 litros de agua, mientras se recuperaba la planta que suministraba el preciado líquido.

La energía eléctrica siguió funcionando sin inconvenientes, aunque todos los aparatos electrónicos resultaron averiados. Los científicos dijeron que el radio de alcance del campo electromagnético, se incrementaría con el paso de los días.

En resumen, ese año fue el más difícil para los habitantes de la isla de Granada. Los bruscos cambios alteraron la normalidad de las cosas.

Entró en vigencia el año 1978 y las personas intentaron seguir con su vida cotidiana. Las actividades económicas fueron creciendo poco a poco, hasta que muchas familias lograron la anhelada estabilidad que anteriormente tenían de sobra.

El dinero se siguió usando y su costo real se hubo infravalorado. De nada servía tener exageradas cantidades de billetes y monedas, si los bancos no se encontraban en funcionamiento.

Las iglesias estaban más firmes que nunca. La lluvia ácida que seguía cayendo de los cielos, nunca pudo debilitar la fe de los creyentes. El daño lo sufrieron las estructuras de los templos religiosos, las edificaciones, monumentos y casas.

El temblor se mantuvo. La única novedad fue que comenzó a ocurrir algo extraño en el fondo del mar.

Ya no era una luz fluorescente, ni la sombra que merodeaba en los alrededores de la isla. Ahora, había surgido dentro de las aguas, una espesa neblina gris. No existía el primer hombre, capaz de tolerar durante mucho tiempo la putrefacción.

El nuevo olor superaba al de los animales muertos.

La contaminación en el aire se incrementó. Un día los científicos se reunieron nuevamente y contactaron a un ingeniero industrial llamado Rocky Novoa. Entre ellos, unieron sus conocimientos y crearon unos ventiladores grandes que funcionaban con la energía eólica.

No muy lejos de la isla, se formaban tormentas y los vendavales se manifestaban.

Se construyeron mil de estos artefactos en el transcurso del año, los cuales fueron ubicados en la cercanía de las orillas. Su función principal consistía en dispersar la neblina gris y alejar lo más posible de la orilla, aquellos cuerpos en estado de descomposición.

También eliminaba los malos olores al instante.

Para la creación de los ventiladores, fue necesaria la ayuda de cien personas que trajeron de sus hogares todo tipo de material metálico y además aportaron la mano de obra.

Los malos olores estaban enfermando a la gente. Aquellos que tenían el sistema inmunológico débil, se morían en un par de semanas.

El Periódico “El Granadino” seguía funcionando, con la utilización de las viejas máquinas de escribir; de tal modo que se tardaba en hacer llegar la información a los fieles lectores.

Las tecnologías de imprenta como el linotipo, quedaron inservibles.

Los científicos siguieron trabajando en los laboratorios, mientras la fuerza pública se encargaba de restablecer las comunicaciones con el resto del país.

El año pasado se intentó transportar algunos materiales, entre ellos había una carta escrita por el mismo alcalde donde solicitaba ayuda urgente. En el folio también se hallaba información relevante acerca de los extraños fenómenos naturales, ocurridos a escasos metros de la isla.

Se esperaba que la información pudiese llegar a las playas de Casagrande, Puerto Matero (en la ciudad de La Guarnía) o en el peor de los casos, hacia las playas de un país vecino.

Se guardó la información en uno de los tres veleros clásicos que realizarían la travesía, aprovechando los fuertes vientos y la tranquilidad de las aguas en aquel momento.

Los científicos monitorearon la trayectoria de las tres embarcaciones con un potente lente de telescopio, instalado en un punto alto y cerca del Puerto La Redoma.

Cuando las embarcaciones iban a un kilómetro de distancia, se formó de la nada un enorme remolino. Literalmente se devoró a las tres flotas.

La intención era que las embarcaciones pudiesen llegar a tierra firme, para asegurarse de enviar personas el próximo año.

El experimento terminó siendo otro fracaso más.

La desesperanza fue la principal protagonista en la mayoría de los corazones; sin embargo, ni con la situación más adversa, dejaron de sonreír. Realizaban sus quehaceres diarios y luego asistían a las iglesias correspondientes.

Pasaban la mayor parte del tiempo, dentro de los templos religiosos. Ellos creían que la situación cambiaría para bien.

En 1979 los temblores aumentaron la potencia. Se registraron tres sismos cuya magnitud no superaba los 6,1 en la escala de Richter.

Así consideró la doctora Nancy Clauss, debido a su gran conocimiento y lo hizo público el 8 de Noviembre. Los daños materiales fueron escasos y no hubo víctimas mortales.

Las ochenta personas que resultaron heridas, fueron trasladadas al hospital “Nueva Granada” donde se atendieron los casos de urgencia.

La entidad pública de salud, carecía de los medicamentos esenciales.

Aparte de los temblores, la marea creció y las olas chocaban contra la orilla intensamente. La velocidad de los fuertes vientos, en muchas ocasiones superaba los 230 km/h.

El alcalde Manuel Montes Ropero prohibió el acercamiento a la orilla el 5 de Junio, ya que los terribles vendavales destrozaron el 40% de los ventiladores.

Las especies marinas seguían falleciendo.

En la primera semana de verano, salió a flote los cuerpos sin vida. Rooney James Watson y Janette Jáuregui Mesa investigaron el caso y llegaron a la conclusión de que en las profundidades del suelo submarino, se seguía filtrando la lava volcánica.

Debido a la falla de los aparatos eléctricos e investigativos, no pudieron determinar la cantidad exacta de magma. Ambos estimaron que podría estar dos veces por encima de la cantidad de sal que hay en un litro de agua en el mar.

Ellos dos, junto con Nancy Clauss determinaron que los fenómenos naturales seguirían aumentando considerablemente, a tal punto que la destrucción de la isla sería inminente. Dieron un plazo máximo de cinco años para la evacuación de las personas.

Los resultados serían catastróficos, si no la abandonaran.

Entonces, la cámara de representantes aprobó la ley que autorizaba la construcción de las seis embarcaciones con las mismas dimensiones del arca que construyó Noé en el antiguo testamento.

Ésta ley la propusieron el 22 de Noviembre y se puso en marcha el 27 de Diciembre. Las arcas metálicas estarían terminadas a finales del año 1982 o a principios de 1983.

El proyecto lo dejaron a manos del ciudadano chino Yan Lee Wong, un ingeniero naval que llevaba cinco años en la isla y se desempeñaba como instructor en la Armada Nacional.

El ingeniero Wong tuvo el acompañamiento de Martín Rojas Ovalles, un ingeniero de manufacturas y procesos.

Estos hombres recibieron el apoyo de la Armada, Ejército y Policía.

Los vendavales destruyeron gran parte de los ventiladores. Se desinstalaron los restantes para la reutilización del material metálico, necesario en la construcción del arca.

Se utilizó el hierro y el acero disponible que había en la isla, incluyendo a todos los vehículos y aparatos electrónicos averiados. También se reciclaron materiales plásticos, necesarios para el interior.

Se aumentó la mano de obra a mil doscientas personas. La mayoría tenían conocimientos básicos en el campo de la metalurgia.

Misteriosamente, en gran parte del año 1980 transcurrió de forma normal. No se reportaron sismos, animales muertos, ni lluvia ácida. La neblina gris desapareció y los fuertes vientos cesaron.

La cámara de representantes decidió detener el proyecto de las arcas, a finales del mes de Julio. Los políticos concluyeron que no sería necesaria la evacuación de las personas.

El líder del equipo de científicos, solicitó de nuevo la continuación del proyecto y obtuvo una respuesta negativa.

El Loco Payares salió a evangelizar de puerta en puerta. Según él, se daría inicio al fin del mundo, con la destrucción de la isla.

- “No se confíen de la tranquilidad porque después de la calma, llegará otra vez la tempestad y con ella el apocalipsis” - Esto era lo que le decía a cualquier persona que se le cruzara en el camino. Lamentablemente, ninguno lo siguió.

El 2 de Septiembre se le vio por última vez cerca de la orilla, en el segundo puerto de la isla: en Puerto Robledo. Algunas personas solidarias se atrevieron a buscarlo hasta en los rincones más recónditos, pero no lo encontraron.

La única hipótesis que manejó la autoridad local, sería la de un posible ahogamiento en las aguas del mar.

…

Al caer la noche, unas nubes rojas se aglomeraron sobre la isla y de inmediato comenzó a llover sangre. Era la primera vez que ocurría un fenómeno así.

Una hora después, tembló tan fuerte que la mitad de las construcciones se vinieron al suelo.

El sismo no duró ni un cuarto de hora.

Se sintió el olor del azufre en el aire. El terrible hedor causó la muerte de los niños recién nacidos que anteriormente se habían salvado del temblor.

El caos reinaba. La mayoría de los sobrevivientes se refugiaron en las casas que aún se mantenían de pie.

En el transcurso de treinta minutos, la población se redujo a un poco menos de la mitad.

A pesar de la cantidad de personas fallecidas, los gritos y llantos de dolor se escuchaban muy fuertes. Volvió a temblar y no quedó ni una sola estructura donde resguardarse.

Los que buscaron la seguridad dentro de las casas, tuvieron una muerte infame.

Cesó el sufrimiento y se manifestó el silencio.

Del segundo temblor, puede que hayan sobrevivido cerca de cien personas. Ellos fueron testigos de la criatura que provocaba los desastres.

Nadie se percató del extraño movimiento de las aguas porque los sobrevivientes centraron la atención en el temblor que sacudió a la isla y en las enormes fisuras que aparecieron después. De allí emanaba agua marina y su filtración era mínima.

Por lo menos, se tardaría un día entero en hundirse el suelo.

La misma criatura que El Loco Payares describió al comienzo, surgió del sureste con un salto similar al de las ballenas. La bestia de gran peso y tamaño, hundió la mitad del terreno al caer de panza.

De su boca salía la espesa neblina gris y de la abertura muscular de la cloaca, expulsaba la lava volcánica que contaminaba el agua y elevaba la temperatura de la misma.

La otra fracción del terreno la destruyó con la cola.

El 2 de Noviembre de 1980, fue la última noche para todos los habitantes en la isla de Granada.