Sergio
Tomé asiento con ellos y Cristina me preguntó con cierta aflicción como estaba yendo mi trabajo, reconocí que no es tan agrade bale como un trabajo de oficina, pero, tiene sus momentos satisfactorios.
—¿Qué pasaría si te disparan?
—Soy donador de órganos y tengo una orden de desconectar a los 31 días tras el accidente—respondí con tranquilidad.
—Ahh—respondió irónico el papá de mi esposa. — ¿Y cuántos lleva mi hija ahí? Sergio han sido tres años. Nosotros no avanzamos porque está su cumpleaños y el día de su boda y algún cambio que nos hacía ilusión. Queremos pedirte que nos des el control sobre la salud de nuestra hija, si no vamos a tener que hacerlo por lo legal.
—Creo que es imposible, estamos casados te guste o no y ustedes pueden que estén listos, pero, yo no. Cristina, en cuanto pueda iré a visitarte.—Dije y sonreí. —En estos momentos mis hermanos se han esforzado por prepararme la comida.
Ambos se pusieron en pie y los acompañé a la salida de mi casa. Ella me miró a los ojos y me dio un abrazo largo, no era la única que se veía agotada. En sus ojos idénticos a los de Arabela, cafés, grandes y alguna vez brillantes, pero, los de Cristina cargaban un dolor que solo había visto en madres cuyos hijos eran arrancados de sus brazos para convertirse en parte de un aguerra sin fin. Sé que así se siente tener a Arabela en una cama, conectada a tubos y máquinas, como una guerra despiadada e infinita.
—Sergio yo voy a respetar tu decisión, sea lo que sea, pero quiero que pienses en esto: Tú vas a ir a cenar con tu familia, un plato caliente de comida, van a compartir historias y crear recuerdos, van a dormir y mañana puede que corras hasta quedar sin aliento, mi hija no tiene opción. Come todos los días un licuado de carbohidratos, lípidos y proteínas, le hidratan a través de otra bolsa, no tiene oportunidad de tomar una bocanada de aire porque una máquina lo hace todo por ella y su cuerpo se convirtió en una cárcel en la que no hay dolor. Tampoco hay paz para ti, para mí, o para ella.
Después de su partida me quedé en la escalera de mi casa viendo hacia el jardín que mi madre ha llenado de plantas y luces. Mi papá puso su mano sobre mi hombro y me preguntó si todo iba bien, asentí y él me besó en la mejilla antes de recordarme que tenía que sorprenderme con el postre que mi hermana preparó; libre de gluten y bajo en azúcar. Sonreí ante la cara de espanto de papá y juntos fuimos hacia el comedor en el cual mi madre me servía bastante de cada cosa. Le di un beso en la mejilla y las gracias por la cena.
—Gracias a todos, esta es la mejor bienvenida de la historia—dije a pesar del nudo que tenía en la garganta. Mily me acercó una bebida y apuró a mi mamá para que hiciera el brindis.
Mi mamá elevó su copa y todos elevaron sus vasos.
—Por la llegada de mi primogénito, mi primer amor.—mi papá frunció el ceño y yo sonreí. —Te amo infinitamente. Y espero que esta sea la primera y última vez que estás cerca de explosivos.
—Sí, quédate en Mainvillage, mamá es como un arma sensible llena de productos químicos—bromeó mi padre.
—Salud —Dijimos mis hermanos y yo ante el rostro indignado de mi madre.
—Te amo y te quiero tan seguro, protegido, amado y mimado. Como tu papá contando sus billetitos.
Todos reímos y mis hermanos hicieron una pausa para subrayar esas frases de “primer amor” y “primogénito”. Yo comí mientras se quejaban, mamá no se molestó en desviarlos o negarlo.
—Me quiere más a mí. —intervine finalmente. — ¿Qué quieren que haga?
—Sí, es de mala educación. No es como que seas hijo único —se quejó Milo.
—Sí, por ejemplo: Yo soy la última cuánto me quieres realmente.
—¿Y cómo hace esto sentir a Milena? —preguntó Bastian.
—¿O a papá?—dijo mi papá. —“Mi primer amor”... ¿Qué soy el sexto o el tercero? —Todos reímos.
—Hablen por ustedes yo me siento muy segura con el amor que recibo. Mi mamá es mi mamá aquí y en mi otra vida espero que también.
—Gracias, Mily. —Respondió mamá. —Los amo a todos por igual. Es diferente y Sergio es el primer hombre al que le dije te amo sin obligación.
—Creo que voy a dormir en la acera a ver si así me respetan o me valoran.
—Te amo Sebastian, pero, cuando quiere salirte con la tuya eres horrible.
—La primera vez que le dije te amo a su mamá , respondió: Gracias —Mis hermanos y yo reímos. —Y ahora ama más a mi hijo que a mí.
—Nuestros hijos son la combinación perfecta de nosotros y Milena es el amor de mi corazón. He vivido cosas con ella y por ella que no voy a volver a vivir con ustedes. Me fui a vivir contigo por ella, deberían estar muy agradecidos por su existencia —mi hermana le dio un beso y le guiñó el ojo.
—Pienso que sí prefieres a Sergio y Mily—Respondió Olimpia.
—¿Qué comes? Ehh—inspeccioné su plato, —¿celos crudos o cocidos?, ¿Quién no sabe en esta familia que papá te quiere más que a mamá?
—Yo sí quiero a todos mis hijos por igual—Dijo papá y todos reímos.
—Nunca en la vida castigas a Olimpia —le acusó Mily.
Mis papás rieron porque era increíble que de todos ella estuviese quejándose, su hija mayor a la que le perdonan todo y aman incondicionalmente, su primogénita y la razón de su amor ciego y ridículo el uno con el otro… Mily, por favor.
—Porque ella es una princesa que sabe comportarse— los dos compartieron una mirada de amor y los gemelos comenzaron que era duro ser los hijos de en medio que nadie ama o les recordamos que eran los favoritos por muchísimo de todos los hermanos; Mily, Olimpia y yo compartimos una mirada antes de terminar riendo, porque su papel en la familia es… ser ellos, un par de payasos quejones.
Mis papás no son mucho de dormir con nosotros, pero, mis hermanos y yo disfrutamos siempre de mudarnos de una habitación a otra mientras ellos hacen lo suyo.
Los gemelos entraron a mi habitación con una caja y Olimpia con unas mantas y almohadas, Milena traía una sonrisa enorme y reí antes de acomodar un poco la habitación con ellos, mis hermanos traen un monopolio tamaño grande.
Esto se va a poner serio.
—Hay espacio para mamá y papá.
—Solo tú, mamá, porque eres malísima y papá tú eres un ladrón de saco—La niña de sus ojos.
Damas y caballeros, mi hermana Olimpia.