Cap. 40
La temperatura subía y subía, los besos y las caricias se hacían cada vez más apremiantes e intensos al compás de sus respiraciones irregulares y aceleradas, ¡Dios!, Daniela no podía creer que estaba a punto de hacerlo con… con él, es que con la forma en que Mauricio le acariciaba y besaba incendiaba cada milímetro de su piel de una manera inimaginable, el como sus labios viajaban por su piel, el como su lengua jugaba con la suya o el simple hecho del como mordisqueaba el lóbulo de su oído, el como sus manos jugaban debajo de su camisola en su espalda y cintura… era… era como aquellos escultores que moldeaban una vasija de arcilla con sus manos, sutiles caricias que daban forma a la pasión, inclusive, era como un baile, cuya canción, solo ellos podían oír, y no cortaron sus besos, ni caricias saliendo de la cocina, solo le dieron una patada a la puerta vaivén con toda la intención de buscar un mejor lugar, por lo tanto, irían directo al sofá por ser lo más cercano, solo que… no midieron bien y Daniela tropezó llevándose a Mauricio con ella, y obviamente Mauricio trató por todos los medios de no caer encima de Daniela para no lastimarla, por ende, él trató de caer de espalda al suelo y ella, preocupada por Mauricio, aferró su brazo enyesado en el abdomen, se dio la vuelta rodando en el sofá sin ver la orilla y cayó encima de él incrustando el yeso en el estómago de ambos, ¡mierda!, se habían quedado sin aire, parecían dos nuevos en los asuntos del amor y el sexo, tanto así que no pudieron aguantar la risa una vez que encontraron aliento para reír, Mauricio pensó en la suerte que tuvo que el golpe fue en su estómago y no en los huevos, sería desfavorable en estos momentos.
─ Creo que debemos posponer el asunto de los besos después que te quiten el yeso ─ propuso Mauricio abrazando a Daniela aun tirados en el suelo, acariciando su espalda con la punta de sus dedos. ─ Estoy de acuerdo ─ concordó Daniela aun tratando de encontrar una mejor posición al brazo enyesado, pero cuando sintió la proximidad de Mauricio… y su… ¡Ho Dios!... ¿su dureza?, su corazón se aceleró y un calor nuevamente la azotó, sabía que no podría controlarse para volverlo a besar o… tal vez ir más allá…tal vez quitarle la bata, tal vez tomar su dura polla y… ─ ¡Cálmate, Daniela! ─ así que se levantó como un resorte, tal vez un poco ansiosa, tal vez un poco nerviosa o simplemente, tal vez estaba paranoica y… ─ Veré… ─ Daniela carraspea. ─ Veré si ya la ropa está seca ─ comentó lanzando miradas a un punto en específico en la anatomía de Mauricio, aquella erección destacando en la bata levantándola como una carpa, y por esa actitud, Mauricio estaba más que consciente en que estaba pensando, sintiendo y hasta mirando, por lo tanto, no pudo evitar sonreír con travesura, verla actuar de esa manera era como ver a una adolescente viviendo su primera experiencia “casi” sexual, y por dichos síntomas, Daniela se fue a zancadas a revisar la ropa en la secadora.
Llaves suenan a los pocos minutos después y Mauricio, sentado en el sofá leyendo una revista, desvía su atención para ver quien había llegado y era nada más y nada menos que Lucía y se veía bastante cargada con unas cosas, Mauricio supuso que era el mercado, por ende, todo se le cayó de las manos cuando vio a Mauricio en bata de baño… rosada y… unas pantuflas de oso panda. Las pantuflas de Daniela. ─ ¿Qué fue eso? ─ preguntó Daniela saliendo de donde solo Dios sabía con un montón de ropa doblada en las manos, la cual, Lucía supuso que era la ropa de Mauricio, en cambio Daniela se detiene en seco al ver quien era, ¡¿pero que…?!
Mauricio se sentía un tanto fuera de lugar al ser encontrado vestido en bata rosada y Daniela empalidecía, porque ya sabía lo que pensaría Lucía al ver a Mauricio desnudo… bueno casi desnudo, estaba en bata. ─ ¡Pero no carga ropa interior! ─ pensó Daniela saltando de un rostro a otro al igual que Lucía. En la sala del apartamento y ella en camisola y en un short bastante corto y su cabello tan alborotado como si hubiese pasado por un mal secado, era el escenario perfecto para un mal entendido. ─ No es lo que piensas ─ se apresuró en decir tirándole la ropa a Mauricio encima, luego agregó levantándolo a empujones para que fuera a su habitación a vestirse: ─ Simplemente nos mojamos por la lluvia… y… y… y yo me ofrecí… digo ─ Daniela carraspea. ─ Para secarle la ropa ─ luego recordó que peor sería el remedio si lo llevaba a su habitación, así que lo guio al baño, pero Mauricio solo sonrió y saludó a Lucía con travesura dejándose guiar por Daniela.
─ Vístete rápido ─ susurraba Daniela toda alterada, como si sus padres estuvieran a punto de llegar y encontrarla haciendo algo malo. ─ Pero si es Lucía ─ No importa, solo vístete ─ No, si no me das un beso ─ ¿Qué? ─ Estamos en período de prueba ¿Recuerdas?, dame un beso o no me visto ─ No es justo ─ Mauricio sonrió socarronamente, aquella sonrisa que Daniela no soportaba, bueno, pensándolo mejor… Daniela miró a varias direcciones y le dio un fugaz beso, sonrió y… ─ Ahora vístete ─ señaló antes de irse.
La puerta del baño se cierra de un portazo y Daniela aparece delante de Lucía toda agitada colocando sus manos en sus caderas. ─ ¿Qué tal tu día? ─ Lucía aun parecía no haber asimilado mucho la escena, pero… ─ Me fue bien ─ contestó tomando las bolsas del suelo nuevamente. ─ Déjame ayudarte ─ se ofreció y ese fue otro punto extraño, porque Daniela nunca se ofrecía a… nada, no si Lucía no se lo pedía o se lo recordaba. Ambas llevaron las bolsas a la cocina, cuando colocaron todo sobre la encimera… ─ Dime que lo hiciste con Mauricio ─ ¿Qué?, ¡No! ─ ¡Ay!, venga, no me vengas con gilipolleces, ¿Mauricio?, ¿Desnudo?, ¿En la sala? ─ No, no estaba desnudo, estaba en bata y no es lo que crees ─ Tu cara te delata ─ ¿Qué dice mi cara? ─ preguntó sobresaltada acomodándose el cabello. ─ Que aquí hubo fuego ─ bueno… eso no lo podía negar, ella estaba casi, casi que echaba humo en los brazos de Mauricio, así que solo sonrió como una idiota dejando caer los hombros. ─ ¡Lo sabía! ─ ¡Baja la voz! ─ a los pocos minutos entra Mauricio en la cocina, vestido, ya listo y arrugado. ─ Quedó genial ─ comentó viéndose a si mismo. ─ Daniela es buena como anfitriona ─ comentó Mauricio enarcando las cejas con picardía mientras abrazaba a Daniela y le daba un beso en la coronilla, en cambio Daniela solo le corresponde con un codazo y eso fue suficiente para Mauricio tambalearse y reírse. ─ ¿Dejó de llover? ─ preguntó Daniela tratando de cambiar el tema. ─ Solo un poco, nada más una llovizna ─ y dio gracias a Dios que funcionó, así acompañaría a Mauricio a la puerta para despedirlo o tal vez lo acompañe a la planta baja o… ─ Se me hace tarde ─ comentó Mauricio trayendo a Daniela a la realidad. ─ Te acompaño ─ se apresuró Daniela en decir.
Estando delante del elevador, Mauricio abraza a Daniela por la cintura y ella se dejó abrazar correspondiéndole el abrazo, algo extraño para Mauricio no haber recibido una réplica por estar posiblemente delante de todo el mundo. ─ Supongo que… ya no fingiremos una relación ─ Estamos en período de prueba ─ Por eso mismo ─ ¿Te puedo pedir algo? ─ Si, claro ─ Se siempre sincero conmigo ─ (Media sonrisa) De eso puedes estar tranquila… pero espero lo mismo de ti ─ Si te lo estoy pidiendo es porque yo lo seré, ¿No? ─ replicó apartándose de él dándole un manotazo en el hombro, pero Mauricio solo sonrió socarronamente y… ─ ¡Uy!, no te soporto ─ en ese instante Mauricio tomó a Daniela por la cintura, tiró de ella y la beso con pasión cortando toda réplica de Daniela en segundos.
Mauricio sale del edificio con manos en los bolsillos y una sonrisa que se le podía clasificar casual, pero por dentro se sentía brillar, volar, como si una enorme carga se le hubiera quitado de sus hombros, pero aun faltaba un paso más para terminar de cerrar ese ciclo de su vida y empezar con su nueva vida, y ya ese día estaba más cerca.
Los días fueron pasando y Daniela y Mauricio mantuvieron contacto por mensajería o a veces llamadas, sin embargo, la invasión de la pandilla exigiendo respuestas ante los acontecimientos recientes entre Daniela y Mauricio no se hicieron esperar, así del mismo modo el entusiasmo de Claudia en contarles a todas sobre la entrevista en Málaga, cuya historia ya todas se la sabían al derecho y al revés, y era de suponerse que aquella invasión era debido a que Lucía no se había podido aguantar la lengua, Daniela sabía que Lucía adoraba ponerla contra la pared en cuanto tenía la oportunidad y más cuando se trataba de algún hombre en su vida, por lo tanto, Daniela no le quedó más remedio que contarlo todo, bueno desde el punto de estar en período de prueba después de haber tenido una pelea de parejas, a veces era un tedio estar inventando cosas para no ser descubierta, porque si se enteran de que todo aquello nació de un plan para recuperar sus tarjetas de crédito… solo deseaba que un día pudiera hablar con las chicas sin tener que mentirles si tenía que ver con Mauricio.
El otro punto en cuestión fue que Claudia le pidió disculpas a Daniela por haber aparecido en un artículo del amarillista, Daniela supuso que Claudia se sentía culpable y que por eso ellos se habían peleado, pero Daniela le explicó que no era por ello, sino que la persona que publica los artículos quería perjudicarla de alguna manera, como prueba, le mostró la foto donde aparecía Mauricio con la hermana de Emily en un restaurante, y en pie de página, hablaban de otro presunto romance a espaldas de Daniela, y por tal aclaratoria, Claudia se sintió bastante aliviada haciendo que la velada entre chicas se hiciera más alegre.
Una mañana, Daniela se disponía a salir a la universidad y luego para el trabajo, es decir, volver a lo suyo, ya con la mano izquierda ya no se le complicaba tanto para escribir o hacer ciertas tareas, Dios, pero que frustrante fue el tenerlo que hacer todo con la izquierda. Recibe una llamada de Mauricio, en fin, la llamada de Mauricio la sorprendió y más fue su sorpresa al escuchar una hora y un lugar, o sea, la esperaría a la hora de la salida.
Por lo tanto, Daniela no se pudo encontrar más impaciente porque llegara la hora, de seguro la vendría a buscar en coche o ya a lo mejor tenía un plan para el resto del día o simplemente la acompañaría al trabajo y… ─ Iriarte ─ llamó el profesor Álamo trayendo a Daniela a la realidad con el mismo efecto que le da a un persona cuando le dan una bofetada. ─ ¿Algo que quiera compartir? ─ preguntó el profesor y Daniela no se había dado cuenta que había estado tamborileando con su bolígrafo todo el tiempo sobre su libreta, su impaciencia le había puesto al descubierto porque era el único sonido que hacía eco en aquel momento, cuando Daniela reparó en ese detalle. ─ He… no… no, profesor Álamo, solo estaba armando conceptos… ideas, usted sabe… ─ (sonrisa desafiante) ¿En serio?, por favor, no se lo reserve, comparta con el resto de la clase ─ el profesor se sentó en su escritorio y entrelazó los dedos esperando pacientemente.
─ ¿Y ahora qué hago? ─ se preguntó y tanto Alberta como Jenny quedaron a la expectativa de lo que diría Daniela, lo malo es que ellas no sabían que Daniela tenía la mente en blanco. ─ He… bueno, lo que estaba pensando era con referente al caso Domínguez, usted sabe, aquel sujeto que había publicado un artículo diciendo que era suyo y resulta que ya tenía registros y había caído una demanda sobre esa persona, y lo estaba comparando con una pregunta ─ Si, si… todos conocemos el caso, a ver…─ He… la pregunta es la siguiente: si hay un artículo registrado y aparece la imagen de cualquier persona, es decir, que la persona “A” que escribió el artículo tomó una foto de una persona “B” en la calle, y es la idónea para dicho artículo… ¿Cabría una demanda si el artículo desfavorece ética y moralmente a la persona fotografiada? ─ otra vez Daniela se la volvió a jugar dejando a todos en la espera de una respuesta o una réplica del profesor, sin embargo el mantuvo silencio, Daniela supuso que estaba esperando a que prosiguiera, así que… ─ Le he estado dando vueltas al asunto y mi respuesta es si ─ dijo Daniela y el profesor hizo el ademán con sus manos de lo obvio y agregó: ─ La demanda cabe aunque no la desfavorezca, porque fue una fotografía No autorizada por la persona ─ Gracias profesor ─ contestó Daniela con una sonrisa y fingió tomar apuntes y solo escribió el nombre de Mauricio en la última página de la libreta, lo contempló por un par de segundos, luego lo encerró dentro de un corazón, siguió estudiando el dibujo sin prestarle atención a la clase, volviendo la voz del profesor un eco lejano, que para cuando terminó, había dibujado el corazón con diablitos y tridentes con el nombre de Mauricio por dentro, aunque hayan quedado desastrosos los diablitos y los tridentes, ¡Madre!, parecía dibujitos de niño de preescolar.
El timbre suena y la hora del almuerzo llegó, y la llamada de Mauricio no se hizo esperar, recordándole que la pasaría buscando al salir de clases, la cual, solo faltaban un par de horas y Daniela no podía estar más de acuerdo y más impaciente, y desde lejos, Maximiliano observaba atentamente por si llegaba o si alguien que no fuera del círculo social de Daniela, se le acercara, dispuesto a tomar más fotografías. Lo otro que le llegó a su móvil, almorzando, fue el recordatorio para pasado mañana en pasar por el hospital para que su yeso fuera removido, en cuanto se imaginó en que el doctor destrozaría la obra de arte de Mauricio, le dolió en el corazón, pero aun así no dudó en llamarlo para recordarle para que la acompañara, no quería estar sola en un momento como ese, porque posiblemente Lucía estaría trabajando o con su novio, el pegoste de cazuela, ¡Santísima!, Daniela debía hacer algo con sus chistes racistas y sarcásticos, y más porque Lucía ha tenido la amabilidad y el cariño suficiente para no amedrentar a Mauricio con la misma moneda, al contrario, eran buenos amigos.
Mauricio fue puntual, y Daniela lo esperaba con una sonrisa plasmada en su rostro, pero aquella sonrisa se le desapareció al verlo llegar a pie con las manos en los bolsillos de sus vaqueros, cargando típicamente una chamarra de cuero negra, playera sin estampar color azul marino, desde luego con sus botas haciendo juego. ─ Hola ─ dijo recibiéndolo con un beso y un abrazo, pero aun se sentía un poco intrigada en saber por qué Mauricio no cargaba el coche. ─ Carlos lo llevó al taller, dijo que tiene alguna falla en la banda de frenos así que decidió llevarla para que se lo revisen ─ Mm ─ En cambio el mío aun no… (suspiro), aun no me siento…─ Espera… ¿El Maverick no es tuyo? ─ No ─ Mm, y… ¿Cuál es la sorpresa? ─ ¿Quién habló de sorpresa? ─ Bueno es lo que supongo que debes tener en estos momentos ¿No? ─ Bueno, si, es una sorpresa… en parte ─ ¿Entonces? ─ Solo ven conmigo y así te lo explico ─ Mm ─.
Anduvieron caminando en silencio, aun Mauricio mantenía sus manos en los bolsillos pensando en como exponerle su situación y Daniela se aferraba a su carpeta caminando a su lado, no es que le molestara, pero a veces el silencio era incómodo cuando te morías por saber que es eso tan importante. ─ ¿Me vas a decir cual es la sorpresa? ─ Bueno… en realidad es más que una sorpresa ─ Mau, me estás asustando ─ Quería pedirte algo ─ Aja ─ Y espero que no te molestes por ello ─ ¡Mau! ─ Okay, okay… esta semana cae la fecha de la muerte de Emily y… y… ─ Mau ─ Daniela dio un paso y tomó su mano, y gracias al cielo que el brazo enyesado tenía la posición correcta para poder sostener las carpetas. ─ Si tienes que ir… no me preocupa que vayas…─ Al contrario, quería pedirte que vinieras conmigo, pero si no quieres venir, lo entiendo… ─ Si ─ ¿Qué? ─ Que si, voy contigo ─ Mauricio se sintió aliviado soltando un poco de aire que ni el mismo sabía que contenía al saber que Daniela lo acompañaría a un lugar en un momento en el cual él se sentiría muy vulnerable y no quería estar solo, en cambio Daniela ya no le daba aquel arranque de ira al oír el nombre, al contrario, ahora entendía y quería acompañar a Mauricio en un momento tan delicado como ese. ─ ¿Puedo hacerte una pregunta? ─ Si claro ─ ¿Vienes conmigo porque te acompañaré al doctor? ─ Daniela suelta la mano de Mauricio para darle un empujón sintiéndose ligeramente ofendida, pero aun así rodó la mirada y sonrió. ─ Claro que no, idiota, bueno si, bueno no, bueno … he… ay no sé, bueno si… es que como lo del yeso es importante para mi, lo del cementerio es importante para ti y así como tu vas a acompañarme en un momento como ese, yo, también, quiero acompañarte y serte de apoyo, del mismo modo en que me estás apoyando a mi ─ ante aquellas palabras Mauricio sonrió y volvió a tomar la mano de Daniela y la apretó con cariño. ─ Gracias ─ Daniela volvió a soltarse para señalarlo con sus ojos bien abiertos en señal de advertencia frunciendo los labios y lo abrazó.
Siguieron caminando tomados de la mano por la plaza, y Mauricio le explicaba el plan con el cual actuarían por si el amarillista atacaba, por los momentos el plan tenía solidez, pero… ¿Cuándo saber el momento en qué el amarillista atacaría?, ese era el detalle más grande, pero debían tener en consideración en que las veces que el amarillista había atacado era cuando Mauricio había estado con alguna chica, pero que pasa si es al revés, el primer sospechoso era Maximiliano, por lo tanto tendrían un ojo sobre él mientras que el plan de Mauricio se iniciaba y lo pondrían en marcha un día después de que le quitaran el yeso a Daniela.
Tomaron el transporte público hasta el trabajo de Daniela, y aun así mantuvieron siempre una conversación trivial de cualquier cosa, planes, ideas, cosas favoritas, el como había ido las cosas en el foto estudio y hasta Daniela preguntó que si Mauricio no extrañaba a Lucho. ─ Es un buen perro, pero a quien les pegó más la ausencia del animal fue a Carlos y a Walter. A veces siento que abusé de ellos al pedirle que cuidaran de Lucho ─ Daniela rio, desvió la mirada hacia su mano y el como tenía sus dedos entrelazados con los de Mauricio y de pronto recordó sus propias palabras y lo que le causó tanta gracia es que ahora debía tragárselas, porque andaba en un transporte público con Mauricio, no sabía si tenía coche o no, pero según lo que había escuchado, aparentemente si, pero no estaba segura si lo tenía accidentado o no, eso era igual a no tener coche, y en el hospital le había recibido las flores que no eran sus favoritas, pero de igual forma le gustaron, ¿y ahora?, solo faltaba el despedirse con un beso después de una cita, pero…
─ ¿Te veré mañana? ─ preguntó Mauricio antes de dejar a Daniela en su trabajo. ─ (sonrisa radiante) Mauricio Montenegro… ¿Me estás preguntando si nos volveremos a ver? ─ ¿Tiene algo de malo? ─ No… no, no tiene nada de malo, es que me sorprende, porque hasta ahora es que me lo preguntas y… no sé… eso depende de ti ─ Hem…─ Hagamos algo… ¿Qué tal si antes de entrar al trabajo paso por tu tienda primero? ─ ¿No llegarás tarde? ─ Mm… (sonrisa), no sé ─ No quisiera que te regañaran por mi culpa ─ ¿Alguna vez te he culpado? ─ He…─ No me contestes ─ replicó Daniela y lo beso para callarlo y fue hermoso, porque… fue un hasta luego, una despedida que le supo a estrellas y a cielo dulce y no quería dejar de besarlo, pero la realidad era otra y el deber llamaba, así que con un suspiro de resignación, ella se despide y Mauricio antes de marcharse le da otro fugaz beso y un fuerte abrazo. ─ Te pasaré buscando pasado mañana para ir al hospital para que te quiten el yeso ─ comentó y Daniela asintió, otro fugaz beso y cada quien se fue a lo suyo.
─ Cuéntamelo todo ─ inició Lucía la conversación sentándose al lado de Daniela en el sofá, donde siempre ellas habían compartido tantas cosas, hasta los más íntimos chismes, y como era de suponerse, Daniela se mostraba un poco tímida al querer contar el como se sentía al estar con Mauricio, no fuera a pensar que ella era una tonta ilusa, que con tan solo estar al lado de alguien se sintiera de maravilla sin tener el sexo de por medio, aunque no podía negar que eso es fundamental en una relación, pero tanto ella como Mauricio se estaban tomando su tiempo, por lo menos eso suponía Daniela, porque hacen varios días estaba a punto de hacerlo con Mauricio en la sala del apartamento, ¡Dios!, ¿Cómo olvidar esos besos y caricias tan intensas?, en fin, Lucía tenía un tazón lleno de Doritos y una botella de Coca cola de dos litros reposaba sobre la mesita junto con dos vasos con hielo, habían colocado una película que solo Dios sabía como se llamaba, porque no le habían puesto la menor atención, solo para dedicarse a chismorrear como solían hacerlo, pero sabía que si trataba de desviar la conversación, Lucía insistiría hasta sacarle toda la historia, así que se preparó mentalmente y le contó como iban las cosas con Mauricio, no podía negarse, ella sabía toda la verdad de principio a fin, y ocultarle algo sería como una puñalada así que decidió no ocultarle nada, pero sobre todo, admitir que Lucía había tenido razón.
─ Y ahora te toca ─ ¿Qué me toca? ─ ¿Cómo van las cosas con tu peg… pequeño corazón de chocolate? ─ ¿Quién? ─ ¡Ay!, no te hagas, me refiero al doctor ─ ¿Amed? ─ Es el único doctor que conozco y que está saliendo contigo, ¿No?, a menos que estés saliendo con un ginecólogo ─ Déjame decirte que los ginecólogos Si conocen una vagina como es debido ─ Aunque recuerdo que tu una vez me dijiste que no importa el rango o el tamaño, si sabe usar los instrumentos es lo más importante ─ Eso si no te lo discuto ─ No desvíes el tema ─ No lo estoy desviando ─ Suelta la sopa entonces ─ Bueno…─ Por la cara, me estás diciendo que no pasó la prueba ─ He… si… no te equivocas, no pasó la prueba, ¿Puedes creer que es el tipo de persona que es extremadamente sentimentalista? ─ ¿Qué tiene eso de malo? ─ ¡Que son bipolares!, una cosa mal dicha, una leve discusión y ya creen que el mundo se acabó, ¡mátenlo! ─ ¿En serio? ─ Y no solo eso, se la pasa hablando de su mamá… no digo que no hable de ella. Sé que es hijo único. Lo entiendo, pero lo que de verdad me aturde es que si hago algo, si ve algo, enseguida lo compara con las “habitualidades” de su mamá, ¡por Dios!, nunca había visto a un hombre sufrir tanto de mamitis ─ (risas) ─ En serio, lo pondré en mis listas de incompatibilidad. Si no son gays, sufren de mamitis… créeme, espero que eso nunca te llegue a pasar con Mauricio ─ Bueno… por ahora él no se a comportado de esa manera. ¿Y por qué no cortas con él antes de que todo se vuelva más insoportable? ─ Estoy esperando el momento apropiado ─ ¿Ese momento es? ─ ¡Noche de farra! Y por favor, que sea fin de semana ─.
Daniela enarca las cejas sorprendida del como Lucía se tomaba las cosas con referente a las parejas y sus relaciones, a veces no entendía como diablos podían ser las mejores amigas si eran totalmente diferentes, a veces Lucía era demasiado liberal para sus gustos, y… ─ Lucy, ahora que recuerdo… ¿Qué pasó con el chico que me ibas a presentar? ─ ¿Cuál de tantos? ─ preguntó Lucía desapareciendo aquella sonrisa entusiasmada para cambiarla por la interrogante mientras tomaba un Doritos del tazón. ─ Hem… creo que era del equipo de Rugby ─ No… ni lo sueñes, usted ya está con Mauricio así que…─ No estoy diciendo para conocerlo… bueno si, pero no es para lo que piensas ─ ¿Entonces? ─ Es un plan ─ Dani…─ Está bien. Es un plan que Mauricio y yo queremos poner en marcha ─ ¿Quieren hacer un trío? ─ Daniela casi se ahoga con su refresco al escuchar semejante cosa, tuvo que devolverlo al vaso. ─ ¡¿Qué?!... ¡No! ─ Entonces no entiendo nada ─ Es un plan para descubrir quien es el amarillista ─ ¿Y qué tiene que ver el chico del equipo de Rugby? ─ Bueno…─ ¿Lo piensas utilizar? ─ No… bueno si… ojo, es plan de Mauricio. Verás, él quiere usar a Walter para ser de señuelo, pero algo me dice que no va a funcionar del todo bien, porque el amarillista ha de saber quien es quien, así que…─ Vas a usar al chico del equipo de Rugby para que el amarillista caiga ─ Exacto─ (mirada inquisitiva) ¿Segura que es plan de Mauricio? ─ Pues claro, si no me crees podemos ir mañana para su trabajo ─ Mm… confiaré en ti, porque por lo que veo estás… ¿Cómo lo diría?, Mm… ¿Ahogándote de felicidad en tu propia sopa? ─ ¿Qué quieres decir? ─ Que quisiste hacer un plan perfecto y terminaste enredada con Mauricio ─ Ja- ja- ja, muy graciosa, pero fíjate que eso fue la cosa más rara y no me arrepiento ─ Solo a ti, en las pelís y en las novelas ─ Aja ─ Hasta juraría que éste nuevo plan tuyo es para causarle celos ─ Pues no, ahí estás equivocada, es para hacer que el amarillista se descubra y podamos levantar formalmente una demanda ─ puntualizó Daniela tomando un Doritos del tazón con aires de superioridad y Lucía comprendió todo el asunto, así que por ahora, prefirió dejarlo y cambiaron de tema, como por ejemplo, el plan para ir de farra el fin de semana.