Cap. 33
Lista y preparada se enfiló para el foto estudio, no quería perder un minuto más sin saber o por lo menos aclarar una de sus tantas interrogantes, ya eran demasiadas para una sola persona y era inconcebible que Mauricio no se dignara, por lo menos, en darle una pista, no con lo que había visto anoche. Entró al local con una sonrisa, saludando con los buenos días, cuya sonrisa se esfumó en un santiamén cuando vio a… “esa”, hablando con ¿Mauricio?, y no solo eso, ¡ella tenía su mano sujetada y muy pegada a Mauricio! Y eso no era un gesto de ser simples amigos. ─ Hola, Daniela ─ Buenos… días… Dani ─ saludaron Carlos y Walter con cautela y un poco tensos cuando vieron la reacción de Daniela, en cambio Mauricio sonrió y… ─ ¡Daniela! ─ (dientes apretados), ¿Qué hace ella aquí? ─ preguntó Daniela hecha una furia, haciendo de tripas corazón para no partirle el bastón en la cabeza al primero que se le acercase, en cambio Mauricio captó su temperamento y trató de explicarse. ─ Antes de que digas algo, permíteme aclarar…─ no, pensándolo mejor… alzó su barbilla dignamente y dijo tensando cada músculo de su mentón. ─ No hace falta que expliques nada, ya entiendo todo y… de todos modos tu y yo no somos nada, todo será como habíamos quedado ─ Daniela…─ No, Mauricio, no es necesario, sigue con tu vida que… yo seguiré con la mía ─ tomó una profunda bocanada de aire para no gritar o… ─ No Dani, aquí no ─ Te dije que no escucha ─ se burló la mujer y Daniela cerró los ojos, solo faltó un poco para olvidarse de cualquier indicio de sociabilidad, pero antes que nada ella era una dama y sus padres estaban en casa de Mauricio, así que… muy serenamente tomó el bastón y todos se tensaron, pero lo que no se esperaron fue que con la misma serenidad, le entregó el bastón a Carlos, le sonrió y. ─ Gracias, había venido para entregártelo, eres muy amable ─ Daniela, creo que deberías ─ No, Carlos, no te preocupes ─ Daniela volvió a respirar profundamente y tragó duro para no permitir que su rabia saliera de ella, y no solo eso, le dolía ver a Mauricio que aun seguía tratando aquella perra que… ─ Daniela, no creo…─ No te preocupes, ya dije que no hacía falta que expliques. Ya todo quedó claro. Por lo menos para mi ─ con la misma rabia y dolor a partes iguales, salió del local, y debido a su orgullo, trató de no demostrar cojera alguna, y por primera vez, tanto Carlos como Walter quedaron decepcionados de Mauricio.
Los padres de Daniela escuchan desde la cocina a alguien gimotear cuando las puertas del elevador se abrieron, cruzando miradas, se sorprenden al reconocer que quien lloraba no era nada más y nada menos que Daniela, ambos se levantan y ven a su hija entre ligeras cojeras subir las escaleras. ─ Hija ─ llamó su madre, pero fue ignorada por una Daniela sollozante, ambos padres vuelven a cruzar miradas llenas de preocupación y salieron a ver que había pasado.
Cuando llegaron a la habitación, encontraron a Daniela empacando sus cosas de mala gana, tomando la ropa, haciendo una bola como podía con una sola mano y metiéndola en su bolso, y por cada prenda gruñía y sollozaba, ella nunca se había sentido tan humillada, y más cuando Mauricio le había mentido, y eso le dolía más que cualquier cosa en la vida, ¿pero por qué le dolía?, Mauricio solo fue un idiota más del montón y no sabía si culpar a Carlos, pero él la había motivado en darle el voto de confianza y vaya mierda con la que salió, odiándose ella misma por lo estúpida en posar su confianza en alguien como él. ─ Hija, ¿Qué pasa? ─ (dientes apretados) Nada, mamá, que nos vamos ─ ¿Nos? ─ Si, mamá, (sorbe por la nariz), Nos ─ Pero…─ Daniela, hija ─ Papá, no… pregunten ─ Pero, ¿Qué ocurrió? ─ Solo vámonos, ¿Si?, no quiero estar más aquí ─ rogaba Daniela aun luchando por guardar la ropa a empujones, pero su madre tomó sus manos y su hija rompió en llanto aforrándose a su madre ─ Soy una estúpida, soy una estúpida, mamá ─ repetía una y otra vez llorando desconsoladamente, lo único que pudieron hacer sus padres fue abrazarla y ella se aferró a ellos. ─ Creo que tendré una palabras…─ No papá, (sollozo), no hace falta que te rebajes, (sorbe por la nariz), solo vámonos, me quiero ir, no quiero estar más aquí, (sollozo) ─ Daniela se peina con los dedos y su madre con mucho cariño le ayudó a doblar la ropa. ─ Arno, ¿Por qué no empacas? ─ el padre de Daniela tenía en mente algo mucho más que eso, en cruzar un par de “puntos” con Mauricio, porque la única forma o razón para que su hija subiera destrozada tenía nombre y apellido, no obstante, al ver a su hija de ese modo, no quiso agregar más leña al fuego y se enfiló a la habitación a realizar lo solicitado por su esposa.
La conversación en el local estaba un poco acalorada, era todo un debate, Carlos y Walter contra Mauricio y su acompañante, sus dos mejores amigos le replicaban y protestaban por haber sido tan descuidado con Daniela, y por no haber sido claro desde el principio, en cambio él replicaba que sus cosas no eran de incumbencia de nadie y que había sido explícitamente claro en haberle pedido un tiempo, un plazo. ─ Ahí tienes tu plazo ─ replicó Walter señalando por donde se había ido Daniela. ─ Y tenlo por seguro que esa niña está destrozada ─ agregó Carlos, pero su acompañante solo podía defender la causa de Mauricio, porque en primer lugar, Daniela debió preguntar primero antes de sacar conclusiones precipitadas. ─ Para empezar, tu solo eres un fantasma ─ replicó Carlos usando su mano como cortina para no verle a la cara. ─ Y en segundo lugar, esto pasó por un mal entendido, mal entendido que podía aclararse desde el principio ─ ¿Y?, ¿Qué querían que hiciera? ─ Ser honesto, Mauricio, que fueras honesto desde el principio ─ replicó Walter a punto de perder la paciencia. ─ ¡Fui honesto! ─ No, no lo fuiste, porque si le hubieras hablado de Emily…─ ¿Qué querías que hiciera, Carlos? ─ Alto ahí, Mauricio, me haces el favor y no vengas tu con cara de niño sufrido porque ya es suficiente, ahora me vas a escuchar ─ y por primera vez, tanto Walter como Mauricio, se asombraron por el exaltar de Carlos, él muy poco se enfadaba, y cuando lo hacía, podía ser tan contundente con sus palabras como una patada por los huevos. ─ Ya han pasado tres años, Mauricio. Tres. Años, no puedes seguir haciéndote el mártir por algo que no fue TU culpa ─ Carlos…─ Te dije que te callaras, me haces el favor. Si, lo intentaste, hiciste todo lo que tuviste en tus manos pero no se pudo, ¿Ne oyes?, No. Se. Pudo y tienes que vivir con ello te guste o no y recordar lo más bonito que vivieron juntos ─ (bufido) ¿Eres capaz de defender a esa?, Carlos, no creo…─ Tu no te metas, fantasma, el hecho de que seas la hermana no te da el derecho, ¿Okay?. Mauricio, Daniela confiaba en ti, estaba dispuesta a posar mucho más que su confianza y yo la motivé y no sé si lamentarme por ello, porque lo más seguro es que esa niña me odie ─ Pero veo que no era suficiente su confianza…─ ¿Cómo crees que te sentirías si su ex viniera a verle y los consiguieras muy acaramelados y tomados de la mano? ─ Mauricio hizo una mueca que trató de ocultarla lo más que pudo, y Carlos vio que le dio justo en el blanco. ─ ¿No te gustaría verdad?, y si, ya sé que la fantasma no es tu ex, pero eso no lo sabe Daniela porque TU con tu complejo de mártir no te dio la hombría para contárselo, y Daniela es… o mejor dicho iba a ser la llave de volver a empezar ─ ¿Empezar que? ─ ¿Empezar a superar la pérdida de Emily no es suficiente para ti?, porque vamos a estar claros, Mauricio, desde que conociste a esa niña cambiaste y digo que cambiaste porque lo hiciste para mejor y mira como la has cagado de lo lindo ─ Carlos estaba de verdad cabreado a niveles insospechados, hasta que pudo ver sus ojos enrojecidos y a punto de llorar. ─ ¡Y no quiero seguir discutiendo porque estoy a punto de perder los estribos! ─ dijo como punto final casi histérico y Walter terminó por abrazarlo y Carlos aferrándose al abrazo de su esposo.
Vaya epifanía que tuvo Mauricio ante aquella fuerte diatriba de Carlos que sollozaba en brazos de Walter mientras que éste solo le daba una mirada tensa a Mauricio. ─ No te diré lo que tienes que hacer, tampoco Carlos, ten en cuenta de que cometiste un error muy grande con ella ─ Mauricio solo podía saltar de un rostro a otro entre sus amigos con una expresión ilegible, pero tenían que entender que Daniela fue explícita, ellos no eran nada, ¿y los besos que?, ¿y el pasar la noche juntos?, las conversaciones y aquellos instantes donde podían hablar y reír por tonterías, y a decir verdad, Mauricio no quería perder a Daniela, todas las cosas que le había dicho Carlos eran verdad, solo que él no quería darse la oportunidad, ni mucho menos quería aceptar la realidad, así que se humedeció los labios y se disculpó saliendo disparado de la tienda sin importar las protestas de aquella joven.
En cambio la joven que se encontraba allí, solo pudo ver con la boca abierta como Mauricio se iba tras de aquella loca berrinchuda, le dio una mirada a Carlos y a Walter con aquella expresión de que no podía creer que Mauricio la había dejado allí plantada. Que para cuando llegó a su santuario llamando a Daniela, nadie le respondió, solo el eco de su voz y nada más, subió a su habitación, nada de Daniela y volvió a bajar al depósito y pudo percatarse de un pequeño brillo al lado de la puerta, eran las copias de las llaves que le había dado. Las tomó y volvió a subir, rebuscó por toda la casa, inclusive la volvió patas arriba para ver si encontraba alguna nota o algo, pero no había dejado nada, intentó desesperadamente de llamarla pero todos sus intentos caían directamente al buzón de voz y fue en ese mismo instante que supo lo que era la pérdida por segunda vez.
Daniela se sentía morir, aunque trataba por todos los medios no sentirse así era imposible, ¿Por qué tuvo que confiar?, sobre todo en Mauricio, ¿Por qué tuvo que hacerle caso a Carlos?, era inevitable que a pesar de que se formulase esa pregunta no sintiera cierto resentimiento contra Carlos, ya que él la había motivado en posar su confianza en alguien como Mauricio, y durante el camino de regreso a casa, sus padres solo le pudieron brindar su cariño incondicional como apoyo moral, no les gustaba para nada ver a su niña tan destrozada, y a pesar de que fue en tan poco tiempo, Daniela había desarrollado un sentimiento muy intenso por él, y todo para que le saliera con esto, el tener que verlo muy cercano a esa desgraciada que, por lo que pudo ver Daniela, aun lo tenía comiendo de su mano y ese punto le dolió aun más, que inclusive el pasado de Mauricio tuvo más fuerza que ella.
Llegando al silencioso apartamento, Daniela casi se enfiló a la carrera a su habitación, pero solo su cuerpo le dio para dar zancadas entre cojeras, dejando que sus padres hicieran lo que quisieran, en ese punto ella estaba consciente y no le importaba, el resto del mundo se podía ir a la mierda, el otro punto a su favor fue el no haber encontrado a Lucía para que la volviera a ver en ese estado, y fue cuando sus palabras le golpearon como una bofetada descarada. ─ No vengas llorando con las tablas en la cabeza ─ y su amiga, una vez más, tenía razón, ¡Dios!, como odiaba eso y no podía hacer nada para contradecirlo. ─ Hija ─ dijo su madre sentándose a un lado viendo como su hija sollozaba dándole la espalda a la puerta, tampoco le había importado en lo absoluto dejarla abierta, Arno se queda parado en el umbral de la habitación observando como su pequeña se caía a pedazos, haciendo que su corazón bullera mucha tristeza y rencor a partes iguales, se sentía impotente al no poder hacer nada para que su niña volviera a sonreír como hace un par de días. ─ ¿Por qué no le haces un té, amor ─ Arno pisó tierra y asintió.
Siete de la noche y Daniela dormía en su habitación, fue un esfuerzo bastante fuerte el tener que hacer para que Daniela tomara del té, pero la insistencia y el amor de sus padres pudo más, y que ella, también vio que sus padres no tenían la culpa de nada, ellos eran tan inocentes como ella misma y suponía que la entendían, así que tomando impulso y tragando grueso, se levantó y tomó del té mientras que su madre le acariciaba el cabello con mucho cariño y algo de tristeza, ella, tampoco quería ver a su hija en ese estado. ─ Duerme, mi hermosa ─ fueron las palabras de su madre acompañado de un beso en la frente, en cambio la respuesta de Daniela fue una mueca y se acostó.
Lucía hace acto de presencia con Amed que la acompañaba al apartamento, una vez más, ya se le estaba haciendo un hábito y a Lucía le gustaba ese detalle, porque hablaban de todo un poco y un beso de vez en cuando se colaban entre esas conversaciones, solo que ésta vez no hubo nada de eso, porque cuando abrió la puerta, se encontró con los padres de Daniela sentados en el sofá mirando la televisión, algo que le causó cierta curiosidad, y entendió todo cuando vio los bolsos de Daniela tirados a un lado y los maletines de sus padres junto a los de Daniela. ─ ¿Será que me llamas en la mañana? ─ ¿Por qué?, ¿Qué paso? ─ Algo delicado, después te cuento, ¿Vale? ─ Amed asintió y se despidió con un corto beso.
Tomando asiento delante de los padres de Daniela, Lucía pregunta lo que había sucedido y ellos solo pudieron contar solo lo que habían visto y lo que sospechaban, pero más de allí no pudieron dar más explicaciones porque ellos, también, tenían muchas interrogantes, pero en lo que si estaban seguros fue que Mauricio era el centro de todo aquello, pero Lucía no podía tomar partido ni estar de lado de nadie, porque como aun no tenía detalles y no sabía lo que había pasado, era mejor tratar de mantenerse al margen y mantenerlo todo en total discreción. ─ ¿Desde que hora está durmiendo? ─ Solo un par de horas ─ contestó Laura. ─ Bien, es mejor así…, por ahora… por ahora hay que evitar nombrarle a Mauricio, confíen en mi, sé por qué lo digo ─ ¿Y si aparece preguntando por ella? ─ Yo me encargaré…─ No, Arno, tu no harás nada ─ ¿Cómo que no?, mira como está nuestra pequeña…─ Señor Arno. Señora Laura, será mejor que yo me haga cargo de la situación con Mauricio, en la situación en la que se encuentra Daniela… no es conveniente una pelea en éste momento, si quieren… pueden acomodar sus cosas en mi habitación, yo me quedaré con Dani ─ Gracias, Lucía ─ No se preocupe, señora Laura, ¿Han cenado ya? ─ No, y no creo…─ Por lo menos permítanme prepararles algo ligero para la noche ─ se ofreció Lucía antes de enfilarse a la cocina dejando a que los padres de Daniela organizaran sus cosas.
Una hora más tarde, alguien llama por el comunicador del edificio, y antes de que los padres de Daniela se les ocurriera contestar, Lucía se adelantó, ya tenía las sospechas de saber quién era. ─ ¿Si? ─ ¿Lucía? ─ Ya bajo. Solo… espera segundo ─ dijo y cortó la llamada, no tardó en colocarse un abrigo y bajó para recibir a Mauricio que esperaba en la entrada del edificio, Lucía le abrió, pero lo tuvo que detener antes de que pusiera un pie dentro. ─ No─ ¿Por qué no?, necesito verla ─ No es seguro, Mauricio, y antes de que cometas una estupidez, dime una cosa…─ Todo fue un mal entendido ─ ¿Qué fue lo que pasó? ─ Ella… ella entró al local y encontró…─ ¿A Emily? ─ No ─ ¿Entonces? ─ Tengo que hablar con ella ─ Mauricio… ¿No lo entiendes?, ella está mal, no quiere ver a nadie, no quiere hablar con nadie y sus padres están cabreados ─ Por eso estoy aquí, para aclarar todo ─ Lucía tomó aire profundamente, eso era lo malo de una persona reservada, todo tenía que ver con la persona en cuestión y no hablaría a menos que sea con Esa persona, y por lo que pudo notar Lucía, Mauricio se veía impaciente. ─ Mauricio, quiero que me escuches, y… espero que lo entiendas, y es… que por ahora no es recomendable que veas a Daniela ─ Pero…─ A menos que me cuentes que fue lo que pasó─ Ya te lo dije ─ No, no me has dicho nada ─ Ella entró y encontró a la hermana de Emily en el local y ella la confundió ─ ¿La hermana de Emily? ─ Si ─ Mauricio se pina el cabello con las manos, de verdad se moría por ver a Daniela. ─ Podrías… ¿Podrías darme unos días para hablar con ella?, yo te llamaré cuando sea seguro ─ ¿Me lo prometes? ─ Lucía asintió y Mauricio se marchó con aquella esperanza en su corazón como un pequeño salvavidas, aunque su cara dijera lo contrario, pero Lucía sabía que no lo decía por Daniela, bueno en parte, si permitía que subiera no sería a Daniela con quien se encontraría, sino el puño del padre de Daniela en la cara y eso era lo que quería evitar, por lo menos Mauricio tuvo la decencia de escuchar, ni con Maximiliano tuvo partido en ello, ella prefirió mantenerse al margen dejando que ambos se dieran sus buenos encontronazos y discusiones y ella solo ser la almohada y hombro para llorar de Daniela.
El día siguiente era imposible intentar llegarse nuevamente al apartamento donde vivía Daniela, por muchas razones, y la principal era que Mauricio tendría aquella entrevista con aquella compañía para el calendario y eso lo mantendría muy ocupado, lo malo del asunto es que Mauricio muy poco prestaba atención a lo que se tenía planeado y muy poco participaba en la conferencia, porque todo su cerebro procesaba solo el nombre de Daniela mientras jugueteaba con el bolígrafo y miraba los documentos sin mirar. ─ Montenegro… ¿Montenegro?, (chasquido, chasquido) ─ He…─ Hombre, ¿Dónde está ese cerebro? ─ Bueno… yo…─ No importa donde se haya ido, tráelo de vuelta porque es tu ingenio lo que necesitamos, no tu cara ─ Mauricio carraspea. ─ Perdonen ─ dijo Mauricio acomodándose en su asiento volviendo su atención a los documentos.
Daniela aun no se disponía a salir de su habitación, no tenía ganas de nada, solo comía porque eran sus padres quienes le traían la comida, y desde muy temprano solo se mantenía en cama mirando el yeso pintado mientras lo repasaba con sus dedos los intrincados trazos que Mauricio le había dado, su mente viajaba desde el primer día, por cada trazó era una discusión, risas, más discusiones, luego más risas, abrazos, los momentos tiernos, románticos, los detalles y luego… los besos, y eso era lo que más le dolía, el tener esos recuerdos, porque cuando vio a esa mujer prendida de la mano de Mauricio, sintió un fuego surgiendo desde su estómago y aquel sentimiento de pertenencia oprimiendo su pecho que fue inevitable pasar por alto, pero lo que, también, le dolió aun más, fue el saber que ellos no eran nada, solo un noviazgo fingido para acallar los chismes de las redes sociales, ¿y si se le ocurría venir a verle?, su corazón retumbó de los nervios, no, no podía verle, no tendría el valor o las fuerzas, no ahora, no jamás, no nunca, él había fallado y punto, y ver el dibujo en su yeso, el que con tanto esmero y dedicación le pintó, le hacía replantearse la decisión, ¿y si pintaba el yeso para no tener más recuerdos?, porque ese dibujo eran como los recuerdos de Mauricio, se sentía que perdurarían hasta que el yeso se deshiciese, o tal vez no, el yeso se puede disolver, pero lo que sentía Daniela…
Lucía no se encontraba por ningún lado, porque había salido desde muy temprano para su trabajo dejando a Daniela profundamente dormida, ella no quería hablar y Lucía solo trataba de hacer que se desahogara, pero nunca le contó sobre la venida de Mauricio, sabía que Daniela no se lo tomaría para bien, así que solamente trataban de hablar de cualquier cosa, o a veces de sus vidas antes de conocer a Mauricio, las salidas a los club, los gimnasios, las reuniones con las chicas y conocer chicos lindos que al final Daniela dejaba plantados. ─ Dani, hija ─ llamó su padre tocando la jamba de la entrada como si llamara a la puerta, haciendo que Daniela pisara tierra. ─ ¿Si, papá? ─ ¿Estás bien? ─ Daniela afirma sorbiendo por la nariz y vio como su padre se debatía en si debía quedarse o no, pero al final se decidió y dijo: ─ Voy a salir un momento… ¿quieres que te traiga algo? ─ No. Estoy bien, gracias, papá ─ Arno le sonrió antes de irse y Daniela volvió a sus pensamientos, y una de sus reflexiones fue que ya debía poner un alto a la situación, ya basta de llorar. ─ ¿Pero cómo hacerle frente a éste sentimiento? ─ se preguntó. ─ Lo más viable es evitarlo del mismo modo que evitar a la persona ─ contestó la otra vocecita, y en cierto modo tenía… razón, y ¿Qué mejor forma que mantenerse ocupada?, a lo mejor con ello podría olvidarlo y ¡pum!, el recuerdo de los besos le pegó duro y cruel como un puñetazo, tan fuerte que le sacó un par de lágrimas. ¿Cómo alguien que puede besar y tener aquellos detalles tan hermosos pudiera ser tan… miserable? ─ Basta, Dani, basta, pareces una cría estúpida y llorona ─ se reprendió sorbiendo por la nariz mientras se limpiaba las lágrimas bruscamente, miró el yeso otra vez y…
Levantándose de la cama, se acercó a la cómoda y revisó entre los gabinetes. ─ ¿Dónde está?, ¿Dónde está, maldita sea? ─ farfullaba hurgando entre sus cosas desesperadamente, y… ─ Aquí está ─ dijo con triunfo y se volvió a sentar en la cama, detalló el dibujo del yeso por última vez, posiblemente se estaba despidiendo, y comenzó a borrar todo rastro de él, y deseó con todas sus fuerzas que así como estaba borrando el dibujo, se borraran sus sentimientos por él, y por cada trazo que daba para borrar el dibujo, una lágrima brotaba de sus ojos, y por cada trazo dado era como si una hojilla rasgara su corazón, pero debía hacerlo si quería olvidarlo.
─ Hija, el almuerzo… ¡Dios mío!, ¿Qué estás haciendo? ─ preguntó su madre horrorizada cuando vio a su hija haciendo algo a su brazo que no pudo ver con claridad, haciendo que su corazón se disparase pensando lo peor, Daniela se sobresalta al oír la voz de su madre tan alterada que la detuvo en seco, pero Laura, cuando vio que solo estaba borrando el dibujo con marcador, se calmó sintiendo un gran alivio, pero le dio cierto pesar ver a su hija borrar un dibujo tan bonito. ─ Ay, mi niña ─ dijo Laura abrazando a su hija, dándole un beso en la sien. ─ No quiero volver a verlo, mamá ─ dijo Daniela apoyándose en su madre, pero fue inevitable, le dolía demasiado que volvió a llorar.
En cambio en el estudio, Carlos y Walter mantenían una conversación un tanto triste, ya que desde muy temprano, Carlos se dedicó a hacerle la ley del hielo a Mauricio y había sido concordado con Walter, por lo menos de su parte, aunque el mismo Walter se veía un tanto distante con el mismo Mauricio antes de salir para la entrevista con la empresa Intens, y Walter fue explícito cuando Mauricio notó la indiferencia de Carlos. ─ Hasta que no arregles las cosas con Daniela ─ ¿Yo? ─ Si, tu, porque fue Carlos quien habló con Daniela, fue Carlos quien abogó por ti. No hace falta decir nada más. Ya todo está dicho ─ fueron sus palabras, y para Walter, fueron bien merecidas, porque Mauricio se había ido en silencio y muy pensativo, en cambio Carlos se sentía muy mal por haber intercedido en favor de Mauricio a la hora de hablar con Daniela. ─ ¿Y si esa niña me odia? ─ No tienes la culpa, todo fue un mal entendido ─ Si, yo sé, pero si te fijas bien, fui yo quien habló con ella y mira con lo que salió Mauricio…─ la respuesta de Walter fue un mohín que decía, te lo dije. ─ ¿Me aceptas unas disculpas? ─ ¿Por qué? ─ Tenías razón después de todo, debimos decirle, debimos haber sido nosotros en explicarle, y lo más seguro es que esa niña se esté muriendo por dentro ─ A veces es bueno que las cosas caigan por su propio peso para que de una vez por todas las personas abran de una vez los ojos ─ por esas palabras dichas por Walter, Carlos se le quedó mirando con cierta aprensión. ─ ¿Qué? ─ ¿Seguro que eres mi esposo? ─ (media sonrisa), ¿Qué clase pregunta es esa? ─ ¿De cuándo acá te sale tanta sabiduría? ─ fueron las palabras de Carlos y ambos rieron como tontos, se abrazaron y… ─ ¿Por qué no vamos a verle? ─ ¿Hoy? ─ No, chico, mañana ─ Mm… puede ser ─ Así me disculpo con ella ─ ¿Crees que sea buena idea? ─ Yo digo que sí, así me saco esto que me está comiendo la conciencia ─ un beso corto y Walter aceptó la idea de Carlos. ─ Mañana entonces ─.